I
– Dea Fortuna unam ad rotandum habebat. II
- Operis /opus ; oneris / ____ III-
Sum / fui ; fero / ____ IV
Pars mundi, Pergami regnum et Romana prouincia quoque.
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– Nullus homo. II
– Amo / amabam ; sum / ____ III
–Bonus / malus ; bene / ____ IV
– Augurium, auspicium, praesagium.
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– Vbi, in loco, in ____
II
Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum III
Numeri Romani: III IV
Quod cum oculis uidetur, percipitur de ____
A propósito de los nombres de los dedos (digiti) de la mano (manus), dice Isidoro de Sevilla, en el libro noveno de sus Etimologías (70-71):
I.- Primus pollex uocatur, eo quod inter ceteros polleat uirtute et potestate. El primero se llama pulgar, porque entre los otros goza de poder y potestad. Relaciona el santo sevillano el nombre latino de este dedo pollex con el verbo polleo, que quiere decir"tener mucho poder", lo que no deja de ser un juego de palabras motivado por la homofonía. No tiene razón el santo, porque pollex quiere decir "pulga" y "dedo gordo". Nuestro nombre para ese dedo, pulgar, procede de pollicarem, un adjetivo formado sobre pollex, y se llama así porque sirve para
matar las pulgas descabezándolas con la uña.
Se decía en latín "pollicem (com)premere" (apretar el pulgar) para indicar aprobación y “pollicem
(con)uertere” (volver el pulgar) para
indicar desaprobación. Por ejemplo en la Sátira III de Juvenal se dice que en
los combates de gladiadores la chusma (uolgus)
cuando lo pide (cum iubet) con el
pulgar vuelto (uerso pollice) se mata
para agradar al pueblo(occidunt
populariter). Pero Juvenal no nos indica hacia dónde vuelve el pulgar el
pueblo.
Otro poeta, esta vez el tardío Prudencio, del siglo IV de nuestra era,
dijo: “pectusque iacentis / uirgo
modesta iubet conuerso pollice rumpi”:
una joven doncella virtuosa ordena con el
pulgar vuelto que se le abra el pecho del que está postrado. Le horrorizaba al poeta que las vírgenes
vestales asistieran a los combates de gladiadores, un espectáculo tan
sangriento, y expresaran su deseo de que degollaran o
mataran al gladiador caído.
El pulgar, en nuestros días, gracias a las redes sociales en las que caen presos los incautos que dejan de ser peces para convertirse en pescados, sirve
para expresar aprobación o desaprobación según lo volvamos hacia arriba o hacia
abajo. Pero en realidad este significado procede del cristianismo donde el pulgar hacia
arriba indica el cielo o la salvación y el pulgar hacia abajo el infierno o la
muerte. Parece, sin embargo, que en su origen las cosas eran de otro modo: el pulgar hacia
arriba significaba espada desenvainada y por lo tanto muerte, y era el pulgar hacia abajo, “compressus” o encerrado en el puño el que
indicaba el favor. Digamos que el pulgar representa la
espada: hacia arriba está desenfundada y amenazante, si queremos envaninarla debemos apretar
el puño, guardando el pulgar.
Otro gesto que se hace cerrando el puño y colocando el pulgar entre el dedo índice y el cordial, con el que se señalaba a las personas infames o se hacía burla de ellas, es el de hacer la higa, que probablemente sea la representación del sexo femenino, donde el pulgar simularía el clítoris, y que se hacía contra el aojo o mal de ojo. Los romanos llevaban amuletos de manos cerradas en forma de puño con el pulgar haciendo la higa.
Una higa.
II.- Secundus index et salutaris seu demonstratorius, quia eo fere salutamus uel ostendimus.El segundo índice, y también saludador o indicativo, precisamente porque con él saludamos o señalamos.
III. Tertius impudicus, quod plerumque per eum probri insectatio exprimitur. El tercero impúdico porque con frecuencia se expresa con él la ofensa de un insulto.El dedo corazón, que es el dedo más largo de
la mano y que ocupa el lugar central entre los cinco se llamaba en latín “impudīcus” (palabra llana, no esdrújula como en castellano, con el prefijo negativo in- escrito con eme antes de pe y el adjetivo pudīcus, vergonzoso). Alude
Isidoro a que el gesto de estirar el dedo corazón y encoger los otros
cuatro es
un ademán obsceno, un símbolo itifálico, mientras que los otros cuatro
dedos cerrados en puño envocan los testículos, por lo que esuna amenaza grosera, lo que entre nosotros se denomina “peineta”.
IV.- Quartus anularis, eo quod in ipso anulus geritur. Idem et medicinalis, quod eo trita collyria a medicis colliguntur. El cuarto anular, porque en él se lleva el anillo. El mismo también medicinal porque con él aplican los médicos los ungüentos (colirios triturados, literalmente).
V.- Quintus auricularis, pro eo quod eo aurem scalpimus. El quinto auricular, porque con él nos rascamos (o escarbamos) el oído. Nosotros lo llamamos "meñique" porque es el dedo más pequeño, mínimo.
El filósofo neoplatónico Porfirio de Tiro escribió
alrededor del año 270 en Sicilia un tratado en griego titulado Katà
Christianón, Contra los Cristianos, que no se ha conservado, y no porque
careciera de valor, que lo tenía al parecer, y mucho, sinoporque no interesaba su difusión entre la ya pujante
e influyente comunidad cristiana del imperio romano de los siglos III y IV, ya
que,como dice el profesor y editor de
los fragmentos, Adolf von Harnack sobre la obra, «es
quizás el escrito más rico y fundamentado que se ha escrito jamás contra el
cristianismo».
Esta obra, maldita como pocas, en efecto, fue condenada tres veces a la
hoguera y quemada, según leo en el artículo de Jordi Morillas Contra Christianos: la crítica filológica de
Porfirio al cristianismo, publicado originalmente en la revista filosófica
Daímony ahora en la red: la primera
condena vino por parte del emperador Constantino,antes del concilio de Nicea, a la que siguieron un edicto de Valentiniano III, el emperador de Occidente, en el año
448, y Teodosio II,emperador de Oriente, que ordenaron la
destrucción de todo aquello que Porfirio había escrito contra el culto santo de
los cristianos, por lo que a mediados del siglo V ya no podía encontrarse esta
obra en ninguna biblioteca.
Averroes, a la izquierda, conversando con Porfirio de Tiro
Sin embargo, nos han llegado
algunos fragmentos, alrededor de 110, del tratado perdido gracias,
precisamente, a los autores
cristianos que pretendían refutarlo y, que para hacerlo, citaban algunos
pasajes. En uno de estos fragmentos conservados afirma Porfirio de los
evangelistas cristianos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) que compusieron el Nuevo
Testamento: “Los evangelistas son los
inventores, no los historiadores de los hechos acaecidos a Jesús”. Y añade
en otro fragmento: «esos astutos y hábiles
sofistas (sic) hipotetizan, ya que se inventaron lo que nunca tuvo lugar y
adscribieron a su maestro lo que no le había sucedido a él mismo».
Porfirio encuentra en la Última Cena rasgos de canibalismo
y antropofagia que repugnan a su mentalidad helénica,
y, en concreto, en las palabras de Cristo, recogidas en Juan 6, 53: «De verdad,
de verdad os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su
sangre, no tendréis vida en vosotros». Ante esta afirmación, tomada
literalmente, Porfirio responde: «Pues esto no es ni salvaje ni extravagante,
sino que de todas las extravagancias es la más extravagante y de todas las
cosas salvajes la más salvaje el hecho de que humanos prueben carne humana y
beban sangre de la misma especie y de la misma familia y que haciendo esto
obtengan vida eterna».
El célebre árbol porfiriano
Una cita de la obra perdida de
Porfirio nos la brinda san Agustín, en su Epístola 102.28. Su interlocutor le
pregunta si es verdad lo que afirma Porfirio, en concreto, si Salomón lo dice
en alguna parte, y la cita del neoplatónico es en latín: “Filium Deus non habet”. Lo que quiere decir: “Dios no tiene un
hijo”. A lo que se apresura el santo de Hipona a responderle rápidamente que sí
que lo tuvo. Porfirio constataría que si Dios es único, no puede tener un hijo, y por lo tanto la identidad de Cristo no consistiría en ser el «Hijo de Dios». Junto a esta imposibilidad divina o teológica de ser Hijo de Dios, está el hecho de que tuvo una madre carnal e, incluso, hermanos.
Este es el célebre pasaje sobre
los hermanos de Jesús de Mateo (12, 46-49), donde Jesús habla de la
superioridad de los lazos espirituales o afectivos sobre los carnales o
familiares propiamente dichos. Dice en la traducción del griego a nuestra
lengua de Nácar-Colungar: "Mientras Él hablaba a la muchedumbre, su
madre y sus hermanos estaban fuera y pretendían hablarle. Alguien le dijo: Tu
madre y tus hermanos están fuera y desean hablarte. Él, respondiendo, dijo al
que le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su
mano sobre sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos".
La destrucción del árbol de Porfirio (circa 1550)
En efecto, en los Evangelios, escritos originalmente en griego y no en
hebreo,se emplea el término
"adelphós" que como se sabe significa siempre "hermano
carnal", "nacido de la misma matriz" para referirse a los
hermanos de Jesús. Si los evangelistas hubieran pretendido expresar
"primo" o "pariente" tenían a su disposición otras palabras
griegas como "anepsiós", por ejemplo, que no hubieran inducido a una
innecesaria confusión a sus lectores griegos. El caso es que tanto Mateo como
Marcos aluden con normalidad a los hermanos de Jesús "adelphoi" y nos
dan hasta sus nombres Santiago, José, Simón y Judas, y al menos dos hermanas
"adelphái", de las que no nos dan sus nombres propios.
Una
palabra griega, que definecomo ninguna otra una de las
principales características de la cultura de la Grecia antigua, es
"filoxenia", que significa "hospitalidad, agasajo al huésped". La lengua
griega se caracteriza por su gran maleabilidad, que la hace idónea para
la creación de nuevas palabras, nuevos conceptos, nuevas ideas, lo que
resulta de todo punto enriquecedor. Tal es el caso de "filóxenos", un
adjetivo compuesto de "filo-" que significa "amigo" y "xénos", que
quiere decir extranjero o forastero. Filóxeno,
es por lo tanto, aquel que gusta de hospedar a los extranjeros,
hospitalario, acogedor; todo lo contrario, por cierto, de "xenófobo",
una palabra que nos resulta más familiar. ¿Por qué será? Muy sencillo,
porque nuestro mundo moderno se caracteriza precisamente por su
xenofobia y no por su filoxenia o, si se prefiere, xenofilia. Nuestra
sociedad es xenófoba porque tiene miedo del extranjero, desconfía del
foráneo, al que acaba odiando y haciéndolo responsable de todos
nuestros males, que no son pocos,cargando al forastero con connotaciones negativas y despectivas: forajido.
Pero
en la antigüedad una de las advocaciones de Zeus era precisamente el
epíteto Zeus hospitalario, Zeus "xenios", el dios protector de los
extranjeros, el dios de la hospitalidad.
La
leyenda de Baucis y Filemón, una pareja de ancianos pobres que vivían
en una humildísima cabaña, ilustra este punto. Un día llamaron a su
puerta dos extraños. Baucis y Filemón, pese a su pobreza, los recibieron
invitándolos a pasar y a acomododarse. Acto seguido compartieron su
mesa con los forasteros. Sobre la mesa no había grandes manjares, nada
que hubieran comprado: todo procedía de su propia y modesta huerta. A
punto estuvieron de sacrificar incluso el único ganso que tenían para
agasajar a los recién llegados, a lo que estos se opusieron, por lo que
el ganso se salvó de acabar en la cazuela. Los extraños, sin embargo,
comieron y bebieron. Comían y bebían, y algo raro sucedía... El vino fluía sin fin, no
se acababa nunca. Pronto barruntaron los ancianos anfitriones que aquellos forasteros no eran
dos hombres cualesquiera, sino dos divinidades: el propio Zeus y Hermes, o, si se prefiere, Júpiter y Mercurio
eran los que habían llamado a su puerta haciéndose pasar por dos
extranjeros. Como antes habían recorrido toda la ciudad sin que nadie
los hubiera recibido, los dioses decidieron castigarlos a todos haciendo
que perecieran en una inundación, salvo aquellos dos ancianos y su
humilde cabaña, que se convertiría en un templo dorado y
resplandeciente. Baucis y Filemón, por su parte, llegarían a ser los
guardianes del templo, y rogarían a los dioses que les concedieran el
deseo de morir juntos: ambos fueron convertidos en dos árboles que
crecieron a la par a la puerta del templo y se entrelazaron para
siempre.
Júpiter y Mercurio en casa de Filemón y Baucis, Rubens (1630-1633)
Esta leyenda que nos transmite Ovidio en sus Metamorfosis expresa muy bien el carácter sagrado e inviolable
que entre los antiguos tenía la ley de la hospitalidad con los forasteros
no hostiles, a los que se les brindaba alimentación y, si lo requerían,
un lugar para pasar la noche. Todos los extranjeros y
pobres estaban bajo la protección directa de Zeus, dios supremo y padre
de dioses y de hombres, y cualquier persona que no acatara esta ley
cometía el más abominable de los sacrilegios. Zeus, pues,
protegía al fugitivo que suplicaba clemencia y amparo, y al
extranjero que no poseía derechos legales, pero que gozaba como huésped
del
amparo que consagraba la religión. Resulta,
pues, paradójico que una gran parte de la opinión pública griega
moderna, y española también, -pero no toda afortunadamente- criminalice ahora a los extranjeros tachándolos de responsables
del desempleo, de la delincuencia, del virus del Nilo occidental, de la
crisis económica, de la tuberculosis, del terrorismo y de un larguísimo etcétera. Y essarcástico que se haya denominado en Grecia a una
operación policial contra la inmigración ilegal "Zeus xenios" (Zeus hospitalario). ¿No es cuando menos irónico recordar el nombre de Zeus a la hora de detener a
unas personas cuyo único delito es no tener papeles y buscar la hospitalidad de los
griegos?
No
obstante, los griegos de a pie, el pueblo llano sigue siendo, pese a
todos los pesares de sus gobernantes, bastante hospitalario y amable,
bastante filóxeno o, si se prefiere, xenófilo. El siguiente vídeo de la
Oficina de Turismo de Creta exporta esta imagen un tanto tópica, pero no
por ello menos real, de la hospitalidad griega. Dicha Oficina de
Turismo intenta atraer a los extranjeros ricos, a los turistas europeos,
principalmente alemanes y británicos adinerados, haciendo gala de la
proverbial hospitalidad griega. El vídeo, tomado de aquí, no tiene desperdicio.
Mucho antes de que la
Unión Europea frenase el éxodo de los migrantes sirios bloqueándolos dentro de
la península turca de Anatolia en campos de concentración de refugiados, pagando al
actual sultán de Turquía no pocos millones de euros a tal fin, miles de
personas intentaban llegar desesperadamente a las costas europeas en busca de
una vida mejor.
Ya lo hicieron, en la
antigüedad, sus predecesores Eneas y los troyanos
supervivientes de la guerra de Troya, y, por lo tanto, víctimas de esa guerra, que emigraron hacia Europa en busca de nuevos
asentamientos. Nadie le puso trabas
entonces a su huída. Hoy a los refugiados no se les deja pasar aEuropa.
La hospitalidad es una
idea griega –que aparece ya en Homero. Tanto entre
los helenos como entre sus adversarios troyanos, la filoxenia es
sagrada. Glauco, que es un héroe troyano, se enfrenta con Diomedes que es
griego, y por lo tanto, su rival, en el canto sexto de la Ilíada (119-236).
Su enfrentamiento se salda con el intercambio de presentes y los dones de
hospitalidad (xeineia, en griego, xenia, en latín –regalos o dádivas que se
hacen a un huésped-). Intercambian sus armas, independientemente de su valor económico, porque sus antepasados habían mantenido un
lazo de hospitalidad, lo que reforzaba dicho vínculo creando una relación de amistad
y hospedaje.
Copio como muestra, para corroborar lo dicho, el pasaje arriba mencionado de la estupenda traducción de la Ilíadaque hace Emilio Crespo Güemes:
Glauco, hijo de Hipólico, y el hijo de Tideo
Coincidieron, ávidos de luchas, en el espacio entre ambos
bandos.
Cuando ya estaban cerca, avanzando el uno contra el otro,
Díjole el primero Diomedes, valeroso en el grito de guerra:
“¡Sobresaliente guerrero! ¿Quién eres tú de los mortales?
Nunca te he visto en la lucha, que otorga gloria a los
hombres,
Antes. Sin embargo, ahora estás muy por delante de todos
Y tienes la osadía de aguardar mi pica, de luenga sombra.
¡Desdichados son los padres cuyos hijos se oponen a mi
furia!
Pero si eres algún inmortal y has descendido del cielo,
Desde luego yo no lucharía con los celestiales dioses.
(…)
Mas si eres un mortal de los que comen el fruto de la tierra
Acércate más y así llegarás antes al cabo de tu ruina.”
Respondióle, a su vez, el esclarecido hijo de Hipóloco:
“¡Magnánimo Tidida! ¿Por qué me preguntas mi linaje?
Como el linaje de las hojas, tal es también el de los
hombres.
(…)
E Hipóloco me engendró a mí, y de él afirmo haber nacido.
Me envió a Troya y con gran insistencia me encargó
Descollar siempre, sobresalir por encima de los demás
Y no mancillar el linaje de mis padres, que los mejores
Con mucho fueron en Éfira y en la anchurosa Licia.
Ésas son la alcurnia y la sangre de las que me jacto de ser.”
Así habló, y Diomedes, valeroso en el grito de guerra,
Se alegró y clavó la pica en el suelo, nutricio de muchos,
Y dijo con lisonjeras palabras al pastor de huestes:
“¡Luego eres antiguo huésped de la familia de mi padre!
(…)
Por eso ahora yo soy huésped tuyo en pleno Argos,
Y tú lo eres mío en Licia para cuando vaya al país de los
tuyos. (…)
Glauco y Diomedes intercambian sus armas.
Troquemos nuestras armas, que también estos se enteren
De que nos jactamos de ser huéspedes por nuestro padres.”
Tras pronunciar estas palabras, ambos saltaron del carro,
Se cogieron mutuamente las manos y sellaron su compromiso.
Entonces Zeus Crónida hizo perder el juicio a Glauco,
Que con el Tidida Diomedes intercambió las armas,
Oro por bronce, unas que valían cien bueyes por otras de
nueve”.