sábado, 13 de junio de 2015

Ruinas de Palmira

El poeta griego, que yo desconocía totalmente,  Nicos-Alexis Aslánoglu, nacido en Salónica en 1931 y muerto en 1996, es autor de este espléndido poema titulado "Las ruinas de Palmira", dedicado a la antigua ciudad romana de Palmira, situada en Siria, que ha saltado a la actualidad recientemente por el peligro que corre su conservación, situada en pleno epicentro de una guerra incomprensible como todas. Considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la histórica ciudad podría encontrarse en peligro ante la ofensiva del Estado Islámico para hacerse con ella, a la que ha respondido el régimen sirio de Bashar al Assad realizando bombardeos.

La histórica ciudad de Palmira en peligro ante el avance de Estado Islámico

La histórica ciudad de Palmira, considerada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, podría estar en peligro ante la ofensiva que ha lanzado el grupo terrorista Estado Islámico para hacerse con ella y a la que ha respondido el régimen de Bashar al Assad llevando a cabo bombardeos, según informan fuentes sirias.

Leer mas: http://www.europapress.es/internacional/noticia-historica-ciudad-palmira-peligro-avance-estado-islamico-20150514132954.html

(c) 2015 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.
La histórica ciudad de Palmira en peligro ante el avance de Estado Islámico

La histórica ciudad de Palmira, considerada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, podría estar en peligro ante la ofensiva que ha lanzado el grupo terrorista Estado Islámico para hacerse con ella y a la que ha respondido el régimen de Bashar al Assad llevando a cabo bombardeos, según informan fuentes sirias.

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(Vista panorámica del teatro romano de Palmira)

oOo 


Cuanto más pasa el tiempo y hago un avance
A fondo en la aceptación,  tanto más comprendo
Por qué das peso y haces tuyo el significado
Que los hombres dan a las ruinas. Allí donde todo
Es barrido, los mármoles y las piedras y la historia,
Permaneces tú con tu  cálido aliento para recordarnos
El paso hacia la belleza, la memoria
De aquel que guardó silencio imperceptiblemente dentro de mí,
Debatiéndose en su propio derrumbamiento y también
En el de los otros que caen insospechados en un profundo sueño.

Cuanto más pasa el tiempo,  y avanzo más a fondo
En el otoño inmóvil que ablanda las aceras lavándolas
Con luz, tanto más veo
En el don dorado del sol un abandono
De todo lo que espero y no he tenido, de todo
lo que me pidieron y rechacé no teniéndolo, de todo
lo que repartí irreflexivamente, y permanezco
extranjero y harapiento ahora.

Pero cuando
En el recuerdo fragmentado revuelvo
Las ruinas, encuentro una honda respuesta  a por qué los mármoles
Y las piedras y la historia permanecen para recordarnos
Tu paso hacia la belleza – respuesta
A todo lo que espero y no he tenido.

Nicos-Alexis Aslánoglu




sábado, 30 de mayo de 2015

La curiosa historia del sufijo *-tlo-



Los sufijos son morfemas que se unen a una palabra para formar otra que modifica el significado de la primera, precisando o imprecisando su significado cuantitativa o cualitativamente. El sufijo del diminutivo difumina el significado empequeñeciéndolo y añadiéndole a veces un indudable valor afectivo que revela el cariño por las cosas pequeñas. En castellano tenemos -ito, por ejemplo, y cuando decimos  "dentro de una horita" en lugar de "dentro de una hora" estamos intentando disminuir la duración de esa hora para que no se haga tan larga la sucesión de sus sesenta minutos. Hay también sufijos de diminutivo regionales como -ino, -ico,  o -uco, que usamos en Cantabria, donde predomina el valor afectivo: "mi casuca" sería algo así como "mi pequeña casa donde yo me siento muy a gusto o que yo tanto quiero pese a lo humilde que es". 

Distribución geográfica de algunos diminutivos en la península ibérica e islas Canarias



En latín tenemos el sufijo de diminutivo  –culus –cula –culum, procedente del indoeuropeo *-tlo-, que evoluciona a *–klo-, de ahí a *-kolo- y finalmente a –culus –cula –culum. El asterisco que le colocamos al sufijo indica que no está atestiguado por escrito, dado que la lengua indoueropea no conoció la escritura y por lo tanto no hay testimonios materiales de ella, pero podemos reconstruir sus raíces aplicando el método comparativo: la comparación de las lenguas derivadas de ella nos ayuda a reconstruirla, lo mismo que podríamos reconstruir el latín,  aunque no nos hubiera dejado una rica literatura,  comparando las lenguas que de él derivan. Cuando reconstruímos una raíz le ponemos delante un * para indicar su carácter hipotético.    Este sufijo *-tlo-, conservado por la vía culta en castellano como -culo,  ha servido, además de para indicar el diminutivo (montículo, montecillo), también para aplicarlo a nombres de instrumentos con la connotación de finalidad (vehículo, medio de transporte), como veremos.

Precisamente era característica del latín vulgar su marcada preferencia por el uso de estos diminutivos, como se ve en la evolución fonética de algunos términos de nuestra lengua.  Abeja, por ejemplo, que se decía en latín clásico apis,  no procede directamente de ahí, sino de su diminutivo apícula; lo mismo le sucede a aguja,  que viene de acúcula, diminutivo de acus; a hinojo, que usamos en la expresión ponerse de hinojos, que procede de genúculu y no de genu, que es como se decía normalmente rodilla en latín;  a oreja, de aurícula y no de auris;  a oveja de ovícula y no de ovis. 


Algunos ejemplos recogidos aquí y allá sin pretensión de ser exhaustivos, y presentados en orden alfabético, serían: artículo y artejo de artus (miembro), aurícula de auris (oreja), cálculo de calx calcis (piedra, los famosos "cálculos de riñón" o el hecho de "calcular", que consistía en enseñar a contar a los niños con guijarros), canícula de canis (perro, por la forma de perrito de la constelación veraniega),  círculo de circus -i (redondel), clavícula de clavis (clave y llave), corpúsculo de corpus (cuerpo), cuadrícula de quadrum –i (cuadrado, cuadro),  cutícula de cutis cutis (piel),  dentícula de dens dentis (diente), fécula de faex faecis (hez), febrícula de febris -is (fiebre), funículo o funicular de funus (cuerda, como en funámbulo, que es el nombre del que camina sobre una cuerda), homúnculo de homo (hombre), másculo o masculino de mas (macho),  matrícula de matrix matricis (matriz, con el significado de molde), mayúsculo de maius (mayor),  minúsculo de minus (menos),   molécula de moles (masa, volumen) montículo, de monte, músculo y su palabra patrimonial muslo de mus muris (ratón, por la forma de ratoncito que aparece en el brazo o en la pierna, por ejemplo, al hacer una flexión), opúsculo de opus (obra, generalmente literaria), ósculo de os oris (boca, y de ahí beso),  partícula de pars partis (parte), película de pell pellis (piel),  retícula de rete (red), tabernáculo de taberna (tienda de campaña), testículo de testis  (testigo o testimonio del sexo en un recién nacido), tubérculo de tuber tuberis  (hinchazón, protuberancia),  ventrículo de venter ventris (vientre),  vernáculo de verna –ae (esclavo nacido en casa) y versículo de versus -us (verso).

Concurre con este sufijo, y aplicado sobre todo a palabras de la primera y segunda declinación la forma –ulus –a –um,. que encontramos en cápsula de capsa (caja), capítulo de caput capitis (cabeza), escrúpulo de scrupus –i (piedrecilla puntiaguda y, de ahí, en sentido figurado, inquietud, preocupación, ansiedad), folículo y hollejo de follis (fuelle, odre), glándula de glans glandis (bellota),  glóbulo de globus –i (globo), gránulo de granus –i (grano),  libélula de libra –ae (balanza) o más propiamente de libella -ae (balancita, hipercaracterizado como diminutivo), lóbulo del griego lobós (perilla de la oreja), lúpulo de lupus –i (lobo), módulo de modus –i (modo), nódulo de nodus –i (nudo), ondular de unda –ae (onda, ola), óvulo de ovum –i (huevo), párvulo de parvus –a –um (pequeño), pómulo de pomum –i (manzana), régulo de rex regis (rey), rótula y rótulo, rodilla y rollo de rota –ae (rueda), ruiseñor de luscinius –i, a través de su diminutivo lusciniolus, ungulado de unguis –is (uña),  válvula de valva –ae (puerta) y viejo de vetulus (diminutivo de vetus veteris: anciano, viejo).


                                              
Entre los diminutivos latinos en -ulus hay uno tan curioso que casi pasa desapercibido, es ullus, derivado de *oin-lus>*unlus>ullus, que en princpio significa “alguno” y que ha sobrevivido en castellano bajo su forma negativa nullus, que significa “ninguno” y que evoluciona a “nulo”, como por ejemplo en la frase de Plinio el Viejo, que se ha convertido en máxima proverbial para todos aquellos que gustan de la escritura y de la lectura nulla dies sine linea: ningún día sin una línea. 

También, como se decía más arriba, hay un sufijo latino –culum, que aplicado a raíces verbales significa instrumento que sirve para desarrollar la acción de un verbo: cubículo y la palabra patrimonial cobijo de cubo (dormir), currículo de curro (correr),  espectáculo de specto (contemplar), espejo de spec-ulum (la misma raíz),  habitáculo de habito (vivir), obstáculo de obsto (impedir), oráculo de oro (proclamar), milagro de *miraculo de miror (admirar), receptáculo de recepto (recibir), ridículo de rideo (reír), tentáculo de tempto (tocar),   vehículo de ueho (llevar) y vínculo de uincio (atar).

Con ese mismo valor instrumental concurría otro sufijo *-dhlo- que evolucionó a –bulum, como en conciliábulo, lugar para reunirse, estab(u)lo,  lugar para estar el ganado, pábulo, comestible (de la raíz de pasto, pan, y el verbo pasco), patíbulo,  lugar que está patente a la vista,   prostíbulo lugar delante del cual se planta alguien de pie para ejercer el oficio más viejo del mundo,  venab(u)lo, instrumento para cazar,  vestíbulo, lugar para vestirse, vocab(u)lo, que sirve para llamar. La forma femenina –bula, añadida a la raíz del verbo fari “hablar”, nos da fabula, de donde viene habla. Otra forma femenina en –bula es mandíbula, instrumento para masticar. También  el sufijo –ulo se aplica a raíces verbales  y da origen a adjetivos como crédulo  de credo (creer) o trémulo de tremo (temblar) y a sustantivos como cíngulo, cincho o cincha de cingo (ceñir) o péndulo de pendeo (colgar).

A través de estos avatares, el sufijo indoeuropeo *-tlo- se ha conservado en castellano en su forma culta terminado en -culo tanto en diminutivos como en instrumentales y en su forma popular evolucionado a -jo, tras la caída de la /u/ átona postónica y la conversión de /c/ en yod,  en diminutivos como canijo (del latín canículum, perrito) o botija (de butticula, pequeña vasija)  e instrumentales como cobijo (del latín cubículum, lugar para dormir).

lunes, 25 de mayo de 2015

Un anglicismo: blog.



El término 'blog' es anglosajón -¿qué no lo es hoy en día?- y proviene de las palabras 'web', que significa red y telaraña en inglés, es decir, la tela que teje en forma de fina retícula la araña, y de 'log', que es la abreviación de la palabra griega “logos”, con sus dos sentidos, de lenguaje y pensamiento. Incluso en un término inglés nos encontramos con una raíz griega.

El término 'weblog' fue acuñado por Jorn Barger a finales de 1997. La abreviación monosilábica 'blog' fue hallada por Peter Merholz quien dividió en 1999 la palabra 'weblog' no como corresponde etimológicamente web-log (algo así como empleo del lenguaje en cuanto escrito en la Red), sino como un verbo cuyo sujeto fuese nosotros, en inglés “we”, y el recién creado verbo “blog”: 'we blog', como si dijéramos: nosotros hacemos blog o blogueamos, es decir, nosotros escribimos conectados a la red para que otros puedan leer y comentar. Un blog, así pues, es una herramienta para la comunicación o puesta en común que permite la participación de los lectores con sus comentarios.

 

La palabra fue adoptada rápidamente como nombre y verbo. Su adaptación al castellano es 'bloguear', que implica tanto editar el 'weblog', como añadir un mensaje en el 'weblog' de alguien. Y de ahí han venido palabras como “blogueros”, que es la castellanización de “blogger” e incluso “blogosfera”, para aludir al mundo redondo –la esfera de Parménides- de los blogs.

Si buscamos una palabra en nuestro acervo lingüístico para reemplazarla tal vez deberíamos acudir, como han sugerido algunos, a la expresión "cuaderno de bitácora", que se define como "libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación". La palabra "bitácora", que procede del latín habitacula,  entró en castellano, según Corominas, hacia 1538 para referirse a una "especie de armario inmediato al timón, en el que se pone la brújula o aguja de marear". La propuesta no ha cuajado mucho porque  tiene dos desventajas frente a "blog": una su longitud -cuaderno de bitácora, o simplemente, bitácora son muchas sílabas frente al monosílabo blog-, y otra su arcaísmo.  Aunque es una palabra bonita por su sonoridad, está prácticamente en desuso.

 

Se ha resucitado gracias a internet, me temo que también vía anglosajona, la palabra de origen latino foro (de forum vienen nuestro foro y nuestros forenses, pero también nuestro fuero interno y nuestros desaforados desafueros), que en la antigua Roma designaba a la plaza pública donde se trataban los negocios y el pretor celebraba los juicios -el equivalente al ágora griega- con el sentido de lugar virtual para discutir asuntos de interés donde se puede participar con comentarios y opiniones. 

Lo malo de la mayoría de los foros que se pueden frecuentar en internet es que se han convertido en un cementerio de lugares comunes o tópicos, donde, en vez de discutirse las ideas expuestas en consideración para la crítica destructiva, que es la más constructiva que hay, valga la contradicción, se exhiben en el mejor de los casos opiniones personales sin ningún pudor. Y ya se sabe: quot homines, tot sententiae: hay tantas opiniones como personas.  Cada cual tiene la suya y todas son tan respetables, según dicen, que no nos atrevemos a contradecirlas, cuando no debería ser así. Las ideas, al contrario de las personas que las expresan, no tiene por qué ser respetables, todas están sujetas a la crítica y todas deberían ser pasadas por el tamiz de la duda.


 

viernes, 22 de mayo de 2015

Pitágoras vegetariano

Pitágoras de Samos, el matemático que descubrió el teorema que lleva su nombre y que establece que en un triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma del cuadrado de los catetos, no sólo era vegetariano, sino que probablemente fue el primer vegetariano moderno de Occidente. De hecho, la palabra "pitagórico" ha sido sinónimo hasta el siglo XIX de persona que no come carne. En el último libro de Las Metamorfosis, el poeta Ovidio  pone en boca del sabio estas palabras:

"¡Hombres, dejad de manchar vuestros cuerpos con criminales
viandas! Hay mieses, hay frutas que doblan las ramas del  propio
peso y racimos de uvas turgentes hay en las vides;
hay deliciosas verduras, las hay que al fuego cocerse y hacerse
tiernas pueden, y no se os quita  la líquida  leche,
no, ni la miel que exhala el aroma de flor de tomillo;
pródiga, ofrece la tierra riqueza y dulce alimento
y os suministra comida sin que haya matanza ni sangre."



Se hace allí un elogio del vegetarianismo, y se condena el carnivorismo, que es propio de animales depredadores ("tigres de Armenia y los iracundos leones y lobos / junto con osos se gozan de ensangrentada comida"). Considera el sabio un crimen alimentarse de otro ser vivo. Y hace un elogio de la Edad de Oro en la que las aves volaban seguras en el cielo sin peligro de ser cazadas y los peces nadaban confiados en mares y ríos sin conocer pesca ni anzuelo. La mejor de las Madres, la Tierra, alimentaba con sus frutos a todos los seres vivos. 

Razona Pitágoras que quizá los hombres comenzaron a matar animales para defenderse de ellos, no para comerlos, pero dieron un paso más allá, y acabaron consumiendo el animal matado. Se mató a los cerdos porque hozaban los sembrados, y a las cabras porque devoraban las vides consagradas a Baco. El paso siguiente fue engullir a esos animales.

Conscientes de alguna manera de que era un crimen matar a un ser vivo, los hombres acabaron consagrándolos a los dioses. Era, en efecto, costumbre en la Antigüedad grecorromana comer sólo carne previamente sacrificada a los dioses. Precisamente esto es lo que más critica Pitágoras,  que los animales  sean sacrificados (sacrificare es hacer sagrada una cosa, consagrarla, lo que, paradójicamente, significa matarla, privarla de vida al darle un sentido que la justifique) o inmolados (inmolari era untar con una harina salada que se llamaba "mola"  el animal que se iba a sacrificar) para aplacar a los dioses, como si ellos exigieran dichos sacrificios.

Nec satis est, quod tale nefas commititur: ipsos
inscripsere deos sceleri numenque supernum
caede laboriferi credunt gaudere iuuenci.

Ni el cometer tal crimen les basta: el mal a los propios
dioses se lo han achacado y creen que su numen celeste
con la matanza disfruta de un laborioso novillo.

 
 
Marguerite Yourcenar, la gran amante del mundo clásico y autora de las espléndidas Memorias de Adriano,  nos ha dejado escrito lo siguiente sobre el maltrato animal:  Seamos subversivos. Hay que rebelarse contra la ignorancia, la indiferencia, la crueldad que, por lo demás, suelen aplicarse a menudo contra el hombre porque antes se han ejercitado con el animal. Recordemos, puesto que hay que relacionarlo todo con nosotros mismos, que habría menos niños mártires si hubiese menos animales torturados, menos vagones precintados llevando hacia la muerte a las víctimas de  ciertas dictaduras, si  no nos hubiéramos acostumbrado a ver furgones en donde las reses agonizan sin alimento y sin agua, de camino hacia el matadero; menos caza humana derribada de un tiro si la afición y la costumbre de matar no fueran patrimonio de los cazadores. Y en la humilde medida de lo posible, cambiemos (es decir, mejoremos, si es que se puede) la vida. 
(Tomado de El tiempo, gran escultor  de M. Yourcenar 1981, en traducción de Emma Calatayud)




 
  

viernes, 8 de mayo de 2015

Seis metamorfosis de Ovidio para oboe

Las Metamorfosis de Ovidio no sólo han tenido influencia en la literatura, la escultura y la pintura universales, lo que ya supone bastante de por sí, sino también en la música. Prueba de ello, por ejemplo,  son estas seis metamorfosis para oboe solo del compositor británico Benjamin Britten (1913-1976).

La obra recoge seis de las 246 fábulas que componen el poema de Ovidio. Britten con su música trata de evocar la leyenda de Pan y su amor por Siringe;  la tragedia de Faetón, que estrelló el carro del Sol; las lágrimas de Níobe por la pérdida de sus catorce hijos; las fiestas de Baco y sus bacantes; la historia de amor de  Narciso y Eco,  y la leyenda de Aretusa, que acabó fluyendo como una fuente.

martes, 5 de mayo de 2015

"El Eunuco" de Terencio

He aquí el cartel de la versión que  Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez hicieron de El Eunuco del comediógrafo latino Terencio, estrenada en Mérida en el verano de 2014  con gran éxito de público y crítica:
 

Y la presentación que escribió Pep Anton Gómez:

Imagínate en Atenas. Un joven fogoso con las hormonas alborotadas. Se enamora de una esclava. La esclava, lo es de una cortesana. La cortesana tiene un amante. El amante es el hermano mayor del joven fogoso, que quiere hacerle un regalo. A la cortesana. Por eso, le compra un eunuco. Pero aún no se lo ha dado. El joven se entera. De lo del regalo, de lo del eunuco. Y, como acceder a la casa de la cortesana para poder enamorar a la esclava, tarea fácil no es, decide suplantarlo, reemplazarlo. Al eunuco. ¿Te lo imaginas? Imagínatelo.

Y, a todo eso, ahora añádele un criado que no quiere, y una criada que no se entera, y un soldadete enamorado de un generalete, y un generalete que no sabe, que duda, que si carne que si pescado, y un cilindro, –bueno, no, un cilindro no. Un hombre, pobre, que así se llama, Cilindro–, y pasillos, súmale muchos pasillos.

¿Lo tienes?... ¡Bien!... Pues, si llegados a este punto, aún no tienes la cabeza hecha un lío, ahí va el acertijo: Todo esto, junto... ¿qué es?...

Va, te damos una pista... Drama, no es.

Solución: EL EUNUCO, de Terencio. Esta vez en una versión divertida, trepidante y felizmente libre de Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez. Nueve personajes enloquecidos por el amor, el dinero, la pasión, el orgullo, los celos y los equívocos (¡tantos equívocos!). Nueve personajes, sí. Y otras tantas historias que se entrecruzan en un montaje que transita sin rubor por el teatro clásico grecolatino y el musical, la comedia de situación y el vaudeville. Nueve personajes, otras tantas historias y un ritmo endiablado en lo que pretende ser y será toda una fiesta de principio a fin.


Conviene tener en cuenta aquí que la idea que tenemos los modernos de la originalidad es muy diferente de la que tenían los clásicos.   Entre los escritores romanos era práctica habitual imitar modelos griegos, es lo que se suele denomianr "imitatio", que no hay que confundir con el plagio. Se trataba de adaptar una comedia griega (a veces varias refundiéndolas en una, lo que se denominaba "contaminatio") al latín, y era una práctica habitual.

Terencio no es una excepción. Él mismo reconoce que ha tomado la comedia griega de Menandro "Colax" (El adulador) como modelo para su Eunuco. Fue acusado de plagio en el sentido de que no había tomado la comedia directamente de Menandro, que eso era lo habitual traduciéndola y adaptándola al latín, sino que la había tomado de Nevio y Plauto, que a su vez la habían tomado del griego antes que él. Así se defiende el propio Terencio de esta acusación.

Colax Menandri est; in ea est parasitus Colax
et miles gloriosus; eas se non negat 
personas transtulisse in "Eunuchum" suam
ex Graeca; sed eas fabulas factas prius
Latinas scisse sese, id uero pernegat. 

   De Menandro es Cólax; un gorrón hay en ella, Cólax,
y un militroncho fanfarrón; el autor no niega
haber trasladado los personajes a su Eunuco
de la griega; pero que supiese que esas obras
se hicieran antes en latín, lo niega por completo. 

Como sentencia el propio Terencio "Denique / nullum est iam dictum quod non dictum sit prius". O lo que es lo mismo: "En fin / no hay dicho que antes  no haya sido dicho ya." Lo dice en el prólogo del Eunuco, verso 41, donde Terencio se defiende de las acusaciones de plagio, lo que nos recuerda de algún modo a nuestro Eugenio d´Ors: "Todo lo que no es tradición es plagio". En ese sentido, no puede parecernos mal a nosotros, sino todo lo contrario, que Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez hayan hecho con su versión "divertida, trepidante y felizmente libre" lo mismo que hizo Terencio con Menandro. También es de agradecer que hayan "resucitado" la música de la comedia antigua. No me refiero a las partituras, que se han perdido, sino al acompañamiento musical de las obras, que en parte eran cantadas y en parte recitadas.

De Terencio hay tres citas famosas más, aparte de la comentada, que merece la pena conocer:
 
1.- Homo sum, humani nihil a me alienum puto. Soy hombre, nada humano considero ajeno a mí. Así se expresa el ideal del humanismo, un alegato contra la indiferencia ante el dolor humano. Cita sacada de la comedia Heutontimorúmenos, o El verdugo de sí mismo, verso  77. Es quizá la cita más conocida y repetida de Terencio.Fiodor Dostoievski (o quizá deberíamos escribir Dostoyesqui)  convirtió la frase en "Satan sum et nihil humanum a me alienum puto". Pertenece a su novela Los hermanos Karamázov, en concreto a la pesadilla de la entrevista entre Iván y el Diablo, que le dice: "Soy Satanás y nada humano me es ajeno."

 

2.- Quot homines, tot sententiae. –Cuantas personas, tantas opiniones, o Cuantos hombres tantos pareceres. La cita Terencio en Formión, verso 454, y Cicerón se hace eco de ella recitándola en varias ocasiones.  La frase quiere decir que cada cual tiene una opinión propia, la suya, una “sentencia”, en el sentido etimológico de la palabra, es decir, una manera y de sentir y de pensar, un punto de vista o parecer particulares que se caracteriza por su singularidad. Es como si dijéramos que cada cual tiene su personalidad, con sus gustos propios que lo individualizan. Hay algo, sin embargo, que es común a toda la humanidad, como formuló en griego Heraclito: el logos o razón. Sin embargo, nadie posee la exclusividad de la razón, porque no es una propiedad privada, como las opiniones, como las ideas, sino común. Lo que poseemos es idiotismo, porque todos somos “idiotas”, en el sentido etimológico de la palabra, y por eso hablamos “idiomas”. Se cita a veces para defender que cada cual tenga su opinión, su ideología, como si fuera un derecho humano inalienable, olvidando que las opiniones no son más que un impedimento para la razón común, tras el que se esconde nuestra idiocia, nuestra idiotez. 


Las opiniones, dicen los norteamericanos, son como los culos, todo el mundo tiene uno. O, en palabras de la autora de bestsellers Simone Elkeles: “Opinions are like assholes, everybody' s got one and everyone thinks everyone else's stink.”  Las opiniones son como los ojetes, todo el mundo tiene uno y piensa que el que huele mal es el de los demás


3.- Sine Cerere et Libero friget Venus. –Sin pan y vino se enfría la pasión. Sin Ceres y Baco se enfria Venus, es decir, el deseo sexual, la sensualidad. Pertenece, también,  al Eunuco, donde Cremes en la quinta escena del acto cuarto (732) le dice a Pitias literalmente con un octonario yámbico: «Verbum, hercle, hoc uerum erit: sine Cerere et Libero friget Venus»; va a ser,  recristo, el refrán verdad de que no hay sin pan ni vino amor. En la versión que doy del verso he resuelto el juramento hercle -¡por Hércules!- por un más moderno "¡recristo!". En español tenemos las siguientes paráfrasis: Sin Ceres y Baco el amor es flaco; Vulcano ni Venus -es decir, marido y mujer-, sin Ceres y Baco, no valen un caco; sin pan y vino, Venus tiene frío; sin Ceres y Baco Venus se vuelve frígida; sin comer ni beber, no hay del otro placer; sin pan ni vino no hay amor fino; sin buen yantar y  beber, se enfría pronto el placer. La frase enseguida se convirtió en un motivo típico y tópico de la pintura. Un ejemplo el lienzo de Goltzius, donde vemos a Venus con su hijo Cupido, que porta una antorcha, alimentada la diosa por los dones de Baco, el dios que desinhibe y libera, por eso llamado también Libre por los romanos -Lïbero, en el verso de Terencio-, caracterizado por los cuernos, y por la madre de los frutos de la tierra, Ceres.

 Sine Cerere et Libero friget Venus (Hendrick Goltzius, 1558 – 1617)





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La palabra eunuco procede del latín "eunuchus" y está tomada del griego de "eunûchos", término compuesto de "euné", que significa lecho (nupcial), y el verbo "ékho" guardar, custodiar. Etimológicamente, por lo tanto, significa "aquel que custodia la cama (de las mujeres)".  No hace falta decir que estos vigilantes de las mujeres estaban castrados, práctica muy extendida en los harenes orientales de los sultanes. Así define el término el diccionario de la academia:  Hombre castrado que se destinaba en los serrallos a la custodia de las mujeres. De ahí, hombre castrado, sin más, y, por consiguiente, hombre poco viril, afeminado.  La palabra se utilizaba en griego además por extensión y analogía para referirse a los frutos que carecían de semilla, grano o hueso y por lo tanto eran estériles.

La palabra contaminatio (contaminación) se relaciona con contactus, y contingere,  formada como está por el prefijo con- que indica instrumento y compañía, la raíz verbal -tag- del verbo tangere "tocar", que hallamos en con-tag-io, y los sufijos -men-/-min- que indica resultado y -tion- que señala acción, por lo que su significado es no sólo el negativo de corrupción o suciedad producida por el contacto con otra cosa, como general mente se entiende, sino también el positivo de mezcla de cosas que al fusionarse dan lugar a otra. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Enseñanza memorística

“Difícilmente la pasión por la filosofía o por la poesía, por la historia del arte o por la música, podrá brotar de la lectura de materiales didácticos que, siendo en principio simples apoyos, acaban por sustituir definitivamente a las obras de las que hablan: los textos, en definitiva, se convierten en puros pretextos”.

Nuccio Ordine La utilidad de lo inútil,   Barcelona 2013,  Ed. Acantilado, traducción de Jordi Bayod.

Nadie como Nuccio Ordine ha sabido reflejar últimamente lo que ha sucedido en la enseñanza de las disciplinas humanísticas. Hemos sustituido la literatura, el arte, la música, la filosofía y demás materias por sus correspondientes historias: Historia de la Literatura, Historia del Arte, Historia de la Música etc. Y así la Historia de la Filosofía, por ejemplo, ha suplantado a la simple y llana filosofía. Es decir se ha incluido en el programa de estudios la historia de las vidas y obras de los filósofos más ilustres, lo que seguramente es una manera de impedir que los alumnos se acerquen algún día a las obras de esos filósofos ni por mera y remota curiosidad.

Ya hemos dado, dicen algunos alumnos a estas alturas de curso a Platón, ya sabemos lo que hay que saber de él. Ahora toca estudiárselo para volcarlo en un examen y demostrar así que hemos asimilado y aprendido algo que no tardaremos mucho en olvidar. ¿Para qué vamos a leer a Platón, con el placentero trabajo de pérdida de tiempo que eso conlleva,  si ya lo hemos “dado”?

“Dar” a Platón, sin embargo, nunca podrá sustituir a leer a Platón. Cualquier profesor reconoce honestamente que es preferible que los alumnos lean a Platón y saquen sus propias conclusiones. Lo que nos cuesta un poco más reconocer es que la manera de conseguir que lo lean no es precisamente “darlo” en clase, sino todo lo contrario: explicarlo en clase sólo sirve para que pierdan toda curiosidad y no se acerquen nunca ya a él en su vida.

El comentario de texto se ha convertido en el sucedáneo light de la lectura de la obra completa. O dicho de otra manera: el comentario de textos ha suplantado a la lectura de textos. El profesor elige unos pasajes con el mejor de los criterios, escoge unos fragmentos significativos de un autor, facilitándoles su vocabulario, y les enseña a los alumnos a comentarlos. Esos materiales didácticos –antologías, resúmenes, adaptaciones, recensiones- sustituyen a los textos originales. En vez de sumergirnos directamente y en versión original en la lectura de Platón, por ejemplo o de Shakespeare, que nos llevaría mucho tiempo y muchos esfuerzos, se nos facilitan traducciones, no siempre las mejores ni las más deseables, fragmentos elegidos que sustituyen a la totalidad de la obra, lo que nos lleva a que los alumnos no lean nunca un texto completo en primer lugar y en segundo lugar a que no sepan comentar un texto que no hayan comentado previamente en clase.


Después de execrar tanto la enseñanza memorística, hemos recaído en el más puro y rancio memorismo. Los alumnos estudian los comentarios de los textos que tendrán que vomitar, si se me permite la expresión, en  los exámenes.

Lo mismo ha sucedido en la enseñanza del latín y el griego. Ya no se leen, comentan y traducen textos desconocidos, sino textos previamente leídos, analizados y traducidos en clase, con lo que se consigue no que nuestros alumnos aprendan a comentar y traducir textos latinos, sino a memorizar los que se han trabajado previamente en clase. Pero si les ponemos delante un texto que no conozcan serán probablemente incapaces de entenderlo. Después de maldecir tanto la enseñanza memorística, también nosotros, los profesores de lenguas clásicas, hemos recaído en el más anacrónico memorismo.



Es cierto que hay cosas que es mejor memorizar, por ejemplo la tabla de multiplicar, o, en lo que atañe a las lenguas clásicas, las declinaciones y el vocabulario más elemental a fin de no tener que estar consultando una gramática o un diccionario cada vez que leamos una simple frase escrita en esas lenguas. La memoria, como dejó dicho Cicerón, minuitur nisi eam exerceas, esto es,  se atrofia si no la ejercitas. Resulta paradójico que, después de haber despotricado los modernos pedagogos tanto contra la enseñanza memorística que nos obligaba a aprender la lista de los reyes godos, los afluentes del Ebro, o el pretérito perfecto de subjuntivo por activa y por pasiva, ahora vengan las autoridades sanitarias a decirnos que una de las maneras de luchar contra el mal de Alzheimer es precisamente aprender cosas indiscriminadamente de memoria, sea lo que sea.

Hay que cultivar la memoria, por supuesto. Eso ya nadie lo pone en duda. Hay que conseguirlo con mucha más práctica que teoría, pero no como un fin en sí mismo, sino para ser capaces de leer y comentar cualesquiera textos, no los textos de una antología previamente seleccionados, comentados y facilitados.

sábado, 25 de abril de 2015

Salustio en la prensa

    De la columna "El ruido de la calle" del periodista Raúl del Pozo publicada en El Mundo el martes 21 de abril de 2015  entresaco este párrafo: "Salvando las distancias y pidiendo perdón a Salustio -recordemos al primer gran historiador de Roma, el que decía que sólo unos pocos prefieren la libertad-, la mayoría prefiere los amos y la corrupción." La cita de Salustio que hace el periodista es la siguiente:  Namque pauci libertatem, pars magna iustos dominos uolunt. Literalmente quiere decir: "Pues unos pocos quieren la libertad; la mayoría, unos amos justos". 

Estatua de Salustio frente al parlamento austriaco en Viena

    Está tomada de las Historias, la que fue la gran obra historiográfica de Salustio que, desgraciadamente, sólo se ha conservado fragmentariamente. De este autor sólo disponemos íntegras sus dos monografías sobre la conjuración de  Catilina y la guerra de Jugurta. Y la cita que nos ocupa está sacada de la carta de Mitridates al rey de los persas Ársaces, donde achaca al pueblo romano una "cupido profunda imperi et diuitiarum", es decir, una honda ambición de poder y de riquezas.  

    La cita de Salustio pone de manifiesto el miedo subyacente a la libertad,  del que habló el psicólogo, filósofo y psicoanalista Erich Fromm en su libro homónimo de 1941. La mayoría de los esclavos se conformaba con que les hubieran tocado unos amos o señores justos, que, si bien les obligaban a trabajar para ellos, les garantizaban a cambio un techo y alimento. En este sentido, cabe recordar que los estoicos como Séneca y la iglesia católica no pugnaron por la abolición de la esclavitud en el mundo antiguo, sino porque se diera un trato humanitario a los esclavos ya que al fin y al cabo también eran seres humanos, lo que lejos de desacreditar la existencia de esta lacra de la humanidad, la justificaba.




    Muy célebre también, en otro orden de cosas y a propósito de Salustio,  es el retrato que nos ha dejado de Catón para la posteridad como si de un broche de oro se tratara: esse quam uideri bonus malebat: prefería ser bueno a parecerlo. Salustio está comparando a dos personajes históricos: César, que pasa por ser uno de los más importantes hombres de Estado de todos los tiempos, y Catón. Al describirnos a Catón con esa pincelada magistral, está de rebote por contraposición pintándonos a César, que prefiere parecer bueno a serlo efectivamente porque le importan más las apariencias que la realidad.

    Esto cuadra bastante bien con la anécdota que nos cuenta Plutarco en la biografía del dictador sobre su divorcio de Pompeya, cuando supo que había asistido al festival de la Bona Dea, reservado a las matronas romanas exclusivamente, en el que había incurrido Clodio travestido de mujer.  

    La frase, que encuentro citada en latín en muchos lugares, como "Mulier Caesaris etiam suspicione uacare debet", con variantes como "uxor" en vez de "mulier" o "carere" en lugar de "uacare",  esto es La mujer del César también  debe estar fuera de toda sospecha, y como "Caesaris mulier non fit suspecta", es decir La mujer del César no se hace sospechosa, se ha popularizado como "La mujer del César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo."    
 
    César, sin culpar a su mujer de infidelidad, le reprocha sin embargo que haya dado una mala imagen. Es algo que está a la orden del día: lo que importa es la imagen que damos y que los medios masivos de comunicación proyectan de los personajes políticos, hasta el punto de que estos deben cuidar más su apariencia que su persona. 

    No  hay que fiarse de las apariencias, decían nuestros mayores, porque engañan, y es verdad. Lo triste es, sin embargo, que la realidad no existe, que no hay más que una tupida red entretejida de apariencias y de engaños y que poco importa ya lo que pudiera haber por debajo de las máscaras.

martes, 21 de abril de 2015

Dido y Eneas, ópera barroca de Purcell






Compuesta por el compositor Henry Purcell en 1689, sobre libreto de Nahum Tate basado en La Eneida de Virgilio, la ópera Dido y Eneas narra los amores de la legendaria reina de Cartago y el príncipe troyano. Tras la partida de Eneas, la reina Dido, abandonada por el héroe,  cae en una profunda desesperación que la lleva a la muerte.

Para componer la ópera, Purcell siguió el modelo de Venus y Adonis de su maestro y amigo
John Blow. Las dos comienzan con un prólogo y una obertura a la francesa, seguidos de tres actos, y ponen en escena los amores  desgraciados de una mujer autoritaria con un hombre vanidoso; además, ambas acaban con la trágica muerte de uno de sus protagonistas, de Adonis en el primer caso y de Dido en el que nos ocupa, algo único en la ópera barroca del siglo XVII. Aunque consta de tres actos, es una ópera breve, con una duración aproximada de una hora. A pesar de esta brevedad, la ópera de Purcell contiene una gran fuerza escénica y  una insuperable belleza musical. El Lamento que Dido canta al morir, “When I am laid in earth” (Cuando descanse en la tierra), es uno de los momentos más hermosos y célebres de la historia de la ópera. Podemos escucharlo aquí en la voz de Tatiana Troyanos.




When I am laid, am laid in earth, may my wrongs create
No trouble, no trouble in thy breast;(bis)
Remember me, but ah! forget my fate,(bis)
Remember me, remember me, but ah! forget my fate.(bis)

Cuando descanse, descanse  en la tierra,  no causen mis errores
Ningún problema, ningún problema  en tu pecho; (bis)
Recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino; (bis)
Recuérdame, recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino. (bis)

Dido y Eneas de Henry Purcell se basa en la historia de amor,  extraída del libro IV de La Eneida de Virgilio, de la reina de Cartago, Dido, y el príncipe troyano Eneas, que ha sobrevivido a la destrucción de la ciudad y tiene la misión de fundar una nueva Troya en suelo italiano con los supervivientes que lo siguen. Cuando Eneas y su tropa naufragan frente a las costas de Cartago, él y la reina viven una apasionada historia de amor. Pero unas brujas, envidiosas de la felicidad de la reina, se confabulan y le recuerdan al héroe que debe partir porque su destino es refundar Troya. Dido se lamenta ya que no puede vivir sin su amor; sin embargo, cuando Eneas decide quedarse, ella lo rechaza, y se deja morir.


ACTO I
Escena I
Palacio de Dido: Dido, reina de Cartago, se lamenta de su desgracia, convencida de que su amor no es correspondido. Belinda, su confidente, trata de animar a la reina. (En la Eneida de Virgilio, este papel lo desempeña Ana, su hermana y amiga). Su amor es Eneas, héroe huido de Troya, que ha recibido el mandato de Júpiter de fundar una nueva Troya, que será Roma. Decide interrumpir su viaje en barco y hacer escala en Cartago para cargar provisiones (En la Eneida, Eneas y su flota naufragan en Cartago por una tormenta desencadenada por mandato de Juno, que odia a los troyanos). Al ver a Dido, cautivado, le declara su amor. El acontecimiento es celebrado con gran alegría por la prosperidad que promete esta unión a ambos reinos.

ACTO II
Escena I
Cueva de la hechicera: una hechicera y sus brujas conspiran para acabar con la unión de los dos amantes y provocar la caída de Cartago. Convocan a los espíritus y uno de ellos toma la apariencia de Mercurio para entregar a Eneas un falso mensaje de Júpiter: debe abandonar Cartago y retomar su misión inmediatamente. (Es esta la gran innovación de la ópera de Purcell: son una hechicera y sus brujas las causantes de la desgracia, envidiosas de la felicidad de la reina. En La Eneida, el propio Júpiter le recuerda a Eneas, a través de su mensajero alado el dios Mercurio, cuál es su misión; lo que provoca que el héroe abandone Cartago y a Dido en contra de su voluntad: "Italiam non sponte sequor").



"Eneas contándole a Dido las desgracias de Troya" de Pierre-Narcisse Guérin (1815)

Escena II
Bosque: la corte disfruta de un encantador día de caza cuando, de repente, se desencadena una violenta tormenta que hace regresar a la ciudad a todos menos a Eneas, que recibe la visita del falso mensajero de los dioses mensajero. Esa misma noche debe partir si no quiere enojar a Júpiter. Eneas acepta su misión, apesadumbrado, pero se lamenta por su amor por Dido, sin saber cómo explicarle su partida.

ACTO III
Escena I
Naves en el puerto: los marineros de Eneas se preparan alegremente para partir, antes incluso de que Dido conozca la inminente marcha de Eneas. Las brujas observan la escena encantadas de su maldad y prediciendo la próxima muerte de la reina Dido. Las brujas y los marineros bailan juntos.
Escena II
Palacio de Dido: Eneas intenta persuadir a Dido de que su intención no es abandonarla, tan grande es su amor, sino obedecer únicamente el mandato de los dioses. Dido, ofendida, insiste a Eneas en que cumpla con su destino y la abandone, pues ese es su deseo. Ella sabe que tras su partida sólo le queda la muerte. En su aria de despedida, “When I am laid in earth”, la palabra “recuérdame” se repite una y otra vez. Sobre el cadáver de Dido aparece un coro de Cupidos que se lamentan de tan desgraciado amor.  

El cantautor y guitarrista Jeff Buckley se atrevió en 1995 a interpretar el aria de la ópera de Purcell con su prodigiosa voz:




viernes, 17 de abril de 2015

Contradictio in adiecto



Contradictio in adiecto (mejor que contradictio in adjecto, porque en latín nunca hubo jotas): expresión que se traduce como contradicción en lo añadido, es decir, en el adjetivo que acompaña a un sustantivo para calificarlo o determinarlo. Refiere a aquellos casos en los que en un sintagma nominal se verifica una contradicción entre el sustantivo y el adjetivo que lo complementa.

Es técnicamente un tipo específico de la contradictio in terminis o, lo que es lo mismo, de la contradicción en los términos,  o, con voz griega, oxímoron, que significa “agudo sinsentido”. Un ejemplo de contradictio in adiecto seria la expresión un “silencio elocuente”, porque se observa una contraposición semántica entre la definición de silencio y la nota que le añade el adjetivo “elocuente”, o sea, "hablador", pues este último hace referencia a una característica contraria a la implicada por el sustantivo. Estamos armonizando dos conceptos opuestos en una sola expresión, formando así un tercer concepto: el silencio por definición no puede hablar ni ser elocuente; sin embargo, hay algunos silencios... que lo dicen todo.



Lo contrario del oxímoron u oximoro, con acentuación latina ya que la penúltima sílaba es larga, es el pleonasmo, o sea, la redundancia  viciosa de palabras distintas pero con el mismo significado o parecido: lo vi con mis propios ojos, por ejemplo. 

Propongo como ejemplo de pleonasmo o de redundancia viciosa este: líder negativo. Me explico: un líder (anglicismo, porque es un préstamo del inglés leader, conductor) es por definición siempre malo. Me diréis que hay conductores buenos y malos. Y es verdad. No tengo nada que objetar a eso. Pero la palabra líder no es sinónimo de conductor exactamente. Veamos lo que dice la Academia al respecto:   Persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora. Es decir: un líder es un jefe reconocido como tal. Pues bien no hay ni ha habido ni habrá nunca ningún líder positivo: todos los líderes o jefes reconocidos como tales son malos. Un líder positivo o bueno sería, por lo tanto, como decir un buen demagogo (o conductor de pueblo):  una contradictio in adiecto.  

¿Qué voy a decir entonces de la expresión “líder positivo” que tanto fomentan algunos psicólogos hodiernos? Pues que estamos dando por sentado que es positivo que haya líderes, y que, por lo tanto, hay líderes buenos que saben a dónde van (que saben lo que quieren, que saben cuál es su fuerza, que saben...) y a dónde conducen a sus seguidores. Estamos dando por bueno que hay un liderazgo positivo que se opondría a un liderazgo negativo, sin cuestionarnos que cualquier liderazgo de por sí es intrínsecamente perverso.  Y eso es, como cualquiera siente, sencillamente falso: todos los líderes son negativos, porque lo positivo, me daréis la razón, es que no haya líderes: que no sigamos a ningún pastor, porque tampoco somos en definitiva ningún rebaño.
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miércoles, 15 de abril de 2015

Miles gloriosus

La comedia "Miles gloriosus" o, lo que es lo mismo, "El soldado fanfarrón" de Plauto es muy divertida. De hecho se sigue representando sobre las tablas en todo el mundo, y se siguen haciendo versiones. Su simple lectura es bastante recomendable, aunque siempre será mejor asistir a una buena representación teatral de la comedia, con un buen reparto y dirección artística. Tampoco está mal que, para comparar,  se vea la estupenda película que se tituló entre nosotros "Golfus de Roma", y que en inglés tenía un título muchísimo más largo: "A Funny Thing Happened on the Way to the Forum" (Una cosa divertida sucedió de camino al foro). Se trata de una muy divertida película británica del año 1966 que dirigió Richard Lester, en la que hay que destacar la actuación de Zero Mostel, en el papel del astuto esclavo Palestrión, y del cómico Buster Keaton, aunque desempeñe un papel secundario.


La película, muy bien ambientada, refleja muy bien el mundo de la comedia plautina, la fábula paliata, una adaptación latina de una comedia griega donde los protagonistas visten el típico palio heleno en vez de la romana toga, con sus múltiples enredos amorosos, astutos esclavos, soldados tontorrones, fiel espejo de aquella sociedad.

Así empieza la versión española de la película. Tiene partes de comedia musical, ya que la comedia plautina era muy parecida a nuestra zarzuela, con partes cantadas y partes dialogadas.