martes, 13 de septiembre de 2016

Vía Valerio Catulo, Verona

Una calle dedicada al poeta Valerio Catulo.  En Verona, su ciudad natal. Más conocida por ser la ciudad de la trágica historia de Romeo y Julieta, enamorados adolescentes a los que se les prohibió el amor, igual que a Píramo y Tisbe, sus antepasados mitológicos en los que se inspiró William Shakespeare. 

Una calle al poeta que amó y odió con la misma intensidad, y que escribió:
Odi et amo. Quare id faciam fortasse requiris, 
nescio sed fieri sentio et excrucior. 
Te odio y te quiero.  Quizás te preguntes cómo lo hago,
no lo sé, pero así    siento que es y es mi cruz.

Una triste calle dedicada al poeta del amor, que nos ha dejado una breve pero intensa obra que casi nadie lee ya ni en versión original ni en una triste traducción siquiera,  en una ciudad donde se rinde culto fervoroso a Romeo y Julieta, y donde se muestra el balcón al que se asomaba la enamorada y ahora se asoman los turistas para hacerse la foto reglamentaria y consabida.  Se cuentan por millones los turistas que recibe la ciudad al reclamo de los enamorados shakespeareanos, y que no han oído hablar ni de Catulo ni de Clodia, su gran amor, apodada Lesbia en los poemas del veronés.


Debajo del balcón de la supuesta casa de Julieta se halla la estatua de ella que realizó el escultor italiano Nereo Constantini, a la que se acercan los curiosos para tocarle una teta y hacerse la típica foto de recuerdo. Dicen que si le tocas la teta a Julieta encontrarás el verdadero amor... pero no hay amor verdadero, no hay amor sin engaño, no hay amor que no sea desgraciado, como sintieron en sus propias carnes Catulo y Lesbia, Romeo y Julieta, Píramo y Tisbe. Ya lo cantaba Georges Brassens, que puso música a este melancólico poema de Louis Aragon: Il n' y a pas d' amour heureux (No hay amor feliz), del que por cierto hay una hermosa versión jazzística de Nina Simone también.



Un muro, además, donde los enamorados graban sus corazones atravesados por las flechas de Cupido y sus nombres propios, para dejar constancia del romanticismo de su amor, un amor que, al declararlo, están matándolo.


Si uno se aleja un poco del casco viejo o recorrido monumental de Verona, puede acercarse al lugar donde se dice que se conserva la tumba de Julieta, el recóndito monasterio de San Francesco al Corso, cuyo pozo es este:

Y a la cripta donde se encuentra, según dicen,  la tumba de Julieta, aunque hasta allí no suelen llegar las hordas de turistas. Obviamente, el sarcófago está vacío y los restos de Julieta no reposan en él, porque, huelga decirlo, Julieta, nombre de un personaje literario, nunca existió.


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