sábado, 9 de septiembre de 2017

Casa de citas: Ovidio, Livio, Gautier, Roger de Rabutin y Maupassant.

El poeta Ovidio, desterrado de Roma por el emperador Augusto, en Tomis, la actual Constanza (Rumanía) a orillas del Mar Negro, escribe a su amigo Cota Máximo una larga Carta desde el Ponto (I, 5) sobre las bondades de la literatura. En su destierro tiene que esforzarse por escribir en verso, que ya no le sale espontáneamente como en su juventud antes del exilio, pero tiene que hacerlo por la paradoja de que lo más útil es lo que no tiene ninguna utilidad práctica: la poesía como consuelo de males: el que canta su mal espanta, que dice nuestro refranero popular. Y es que el verso, a la vez que nos recuerda la prosaica cárcel en la que vivimos, nos consuela y libera de ella. 

Cum bene quaesieris quid agam, magis utile nil est
 artibus his, quae nil     utilitatis habent. 
(Ovidio, Epistulae ex Ponto I, 5, v. 53-54)

Estatua de Ovidio en Constanza (Rumanía)

  Si con razón me preguntas que qué hago, no hay nada más útil
 que estas artes que no     tienen en sí utilidad.

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Dice en alguna parte Théophile Gautier: Il n'y a de vraiment beau que ce qui ne peut servir à rien; tout ce qui est utile est laid, car c'est l'expression de quelque besoin, et ceux de l'homme sont ignobles et dégoûtants, comme sa pauvre et infirme nature. – L’endroit le plus utile d’une maison, ce sont les latrines. 


"No hay verdaderamente bello más que lo que no puede servir para nada; todo lo que es útil es feo, pues es la expresión de alguna necesidad, y las del hombre son innobles y repugnantes, como su pobre y enferma naturaleza. -El lugar más útil de una casa son las letrinas.”

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¿De qué lado está Dios?
 

Roger de Rabutin (1618-1693), conde de Bussy,  en una carta al conde de Limoges fechada el 18 de octubre de 1677,  había escrito:  Dieu est d'ordinaire pour les gros escadrons contre les petits: (Dios suele estar a favor de los grandes escuadrones contra los pequeños). La idea que subyace detrás de esta cita es que la mayoría (les gros escadrons) siempre vence a la minoría (les petits) porque es numéricamente superior, y eso Dios lo aprueba, sin entrar en qué partido es cualitativamente mejor.


 Ya antes Tito Livio había dejado escrito que la mayoría siempre vencía a la, por así decirlo, mejoría: “sed, ut plerumque fit, maior pars meliorem uicit” (Livio, XXI, 4, 1): Pero, como casi siempre pasa, la mayor parte venció a la mejor. Livio lo dijo a propósito de las guerras púnicas, cuando los aristócratas cartagineses, capitaneados por Hannón, que para nuestro historiador representaba la mejor parte porque era la nobleza cartaginesa y defendía la paz con los romanos, se opusieron a que Aníbal, aclamado general con el griterío unánime del fervor popular, sucediera a Asdrúbal, conscientes de que esa chispa (paruus hic ignis) podría provocar un gran incendio (incendium ingens). Anón (o Hannón), que quería la paz con los romanos, no veía bien el nombramiento de Aníbal, que contaba con el apoyo del partido de los Barca y de la mayoría. Así traduce José Antonio Villar Vidal el pasaje: “Pocos, pero prácticamente los mejores se mostraban de acuerdo con Hannón, pero como ocurre las más de las veces, la cantidad se impuso a la calidad”.  (Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación, Biblioteca Básica Gredos, Madrid 2001).   Una célebre redondilla castellana anónima, basada probablemente en la batalla de Guadalete entre moros y cristianos en el año 711, recoge la misma idea: "Vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos, / que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos."


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En carta fechada el 3 de agosto de 1878 dirigida al novelista francés Gustave Flaubert, el escritor Guy de Maupassant (1850-1893,  considerado como uno de los grandes maestros del cuento de la literatura universal) le decía literalmente: «Je ne comprends plus qu'un mot de la langue française, parce qu'il exprime le changement, la transformation éternelle des meilleures choses et la désillusion avec énergie: c'est "merde"».Lo que, traducido literalmente por si acaso alguien no lo entiende, quiere decir: “Ya no comprendo más que una palabra de la lengua francesa, porque expresa el cambio, la transformación eterna de las mejores cosas y la desilusión con energía: es "mierda"”.


Podemos parafrasear a de Maupassant, y hacer extensible la cita a nuestra lengua y a la realidad, tan falsa como real, que nos enmierda, a fin de cuentas "merde" y "mierda" son palabras hermanas que proceden de la latina "merda".

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