martes, 31 de enero de 2017

Hospitalidad griega

Una palabra griega, que define como ninguna otra una de las principales características de la cultura de la Grecia antigua, es "filoxenia", que significa "hospitalidad, agasajo al huésped". La lengua griega se caracteriza por su gran maleabilidad, que la hace idónea para la creación de nuevas palabras, nuevos conceptos, nuevas ideas, lo que resulta de todo punto enriquecedor. Tal es el caso de "filóxenos", un adjetivo compuesto de "filo-" que significa "amigo" y "xénos", que quiere decir extranjero o forastero. Filóxeno, es por lo tanto, aquel  que gusta de hospedar a los extranjeros, hospitalario, acogedor; todo lo contrario, por cierto, de "xenófobo", una palabra que nos resulta más familiar. ¿Por qué será? Muy sencillo, porque nuestro mundo moderno se caracteriza precisamente por su xenofobia y no por su filoxenia o, si se prefiere, xenofilia. Nuestra sociedad es xenófoba porque tiene miedo del extranjero,  desconfía del foráneo,  al que acaba odiando y haciéndolo responsable de todos nuestros males, que no son pocos,cargando al forastero con connotaciones negativas y despectivas: forajido. 

 



Pero en la antigüedad una de las advocaciones de Zeus era precisamente el epíteto Zeus hospitalario, Zeus "xenios", el dios protector de los extranjeros, el dios de la hospitalidad. 



La leyenda de Baucis y Filemón, una pareja de ancianos pobres que vivían en una humildísima cabaña, ilustra este punto. Un día llamaron a su puerta dos extraños. Baucis y Filemón, pese a su pobreza, los recibieron invitándolos a pasar y a acomododarse. Acto seguido compartieron su mesa con los forasteros. Sobre la mesa no había grandes manjares, nada que hubieran comprado: todo procedía de su propia y modesta huerta. A punto estuvieron de sacrificar incluso el único ganso que tenían para agasajar a los recién llegados, a lo que estos se opusieron, por lo que el ganso se salvó de acabar en la cazuela. Los extraños, sin embargo, comieron y bebieron. Comían y bebían, y algo raro sucedía... El vino fluía sin fin, no se acababa nunca.

Pronto barruntaron  los ancianos anfitriones que aquellos forasteros no eran dos hombres cualesquiera, sino dos divinidades: el propio Zeus y Hermes, o, si se prefiere, Júpiter y Mercurio eran los que habían llamado a su puerta haciéndose pasar por dos extranjeros. Como antes habían recorrido toda la ciudad sin que nadie los hubiera recibido, los dioses decidieron castigarlos a todos haciendo que perecieran en una inundación, salvo aquellos dos ancianos y su humilde cabaña, que se convertiría en un templo dorado y resplandeciente. Baucis y Filemón, por su parte, llegarían a ser los guardianes del templo, y rogarían a los dioses que les concedieran el deseo de morir juntos: ambos fueron convertidos en dos árboles que crecieron a la par a la puerta del templo y se entrelazaron para siempre. 



Júpiter y Mercurio en casa de Filemón y Baucis, Rubens (1630-1633)

Esta leyenda que nos transmite Ovidio en sus Metamorfosis expresa muy bien el carácter sagrado e inviolable que entre los antiguos tenía la ley de la hospitalidad con los forasteros no hostiles, a los que se les brindaba alimentación y, si lo requerían, un lugar para pasar la noche. Todos los extranjeros y pobres estaban bajo la protección directa de Zeus, dios supremo y padre de dioses y de hombres, y cualquier persona que no acatara esta ley cometía el más abominable de los sacrilegios. Zeus, pues, protegía al fugitivo que suplicaba clemencia y amparo, y al extranjero que no poseía derechos legales, pero que gozaba como huésped del amparo que consagraba la religión.

Resulta, pues, paradójico que una gran parte de la opinión pública griega moderna, y española también,  -pero no toda afortunadamente- criminalice ahora a los extranjeros tachándolos de responsables del desempleo, de la delincuencia, del virus del Nilo occidental, de la crisis económica, de la tuberculosis, del terrorismo y de un larguísimo etcétera. Y es  sarcástico que se haya denominado en Grecia a una operación policial contra la inmigración ilegal "Zeus xenios" (Zeus hospitalario). ¿No es cuando menos irónico recordar el nombre de Zeus a la hora de detener a unas personas cuyo único delito es no tener papeles y buscar la hospitalidad de los griegos? 



No obstante, los griegos de a pie, el pueblo llano sigue siendo, pese a todos los pesares de sus gobernantes, bastante hospitalario y amable, bastante filóxeno o, si se prefiere, xenófilo. El siguiente vídeo de la Oficina de Turismo de Creta exporta esta imagen un tanto tópica, pero no por ello menos real, de la hospitalidad griega. Dicha Oficina de Turismo intenta atraer a los extranjeros ricos, a los turistas europeos, principalmente alemanes y británicos adinerados, haciendo gala de la proverbial hospitalidad griega. El vídeo, tomado de aquí, no tiene desperdicio. 


Mucho antes de que la Unión Europea frenase el éxodo de los migrantes sirios bloqueándolos dentro de la península turca de Anatolia en campos de concentración de refugiados, pagando al actual sultán de Turquía no pocos millones de euros a tal fin, miles de personas intentaban llegar desesperadamente a las costas europeas en busca de una vida mejor. 


Ya lo hicieron, en la antigüedad, sus predecesores Eneas y los troyanos supervivientes de la guerra de Troya, y, por lo tanto, víctimas de esa guerra,  que emigraron hacia Europa en busca de nuevos asentamientos.  Nadie le puso trabas entonces a su huída. Hoy a los refugiados no se les deja pasar a Europa. 

La hospitalidad es una idea griega –que aparece ya en Homero. Tanto entre los helenos como entre sus adversarios troyanos, la filoxenia es sagrada. Glauco, que es un héroe troyano, se enfrenta con Diomedes que es griego, y por lo tanto, su rival, en el canto sexto de la Ilíada (119-236). Su enfrentamiento se salda con el intercambio de presentes y los dones de hospitalidad (xeineia, en griego, xenia, en latín –regalos o dádivas que se hacen a un huésped-). Intercambian sus armas, independientemente de su valor económico, porque sus antepasados habían mantenido un lazo de hospitalidad, lo que reforzaba dicho vínculo creando una relación de amistad y hospedaje.

Copio como muestra, para corroborar lo dicho, el pasaje arriba mencionado de la estupenda traducción de la Ilíada que hace Emilio Crespo Güemes:

Glauco, hijo de Hipólico, y el hijo de Tideo
Coincidieron, ávidos de luchas, en el espacio entre ambos bandos.
Cuando ya estaban cerca, avanzando el uno contra el otro,
Díjole el primero Diomedes, valeroso en el grito de guerra:
“¡Sobresaliente guerrero! ¿Quién eres tú de los mortales?
Nunca te he visto en la lucha, que otorga gloria a los hombres,
Antes. Sin embargo, ahora estás muy por delante de todos
Y tienes la osadía de aguardar mi pica, de luenga sombra.
¡Desdichados son los padres cuyos hijos se oponen a mi furia!
Pero si eres algún inmortal y has descendido del cielo,
Desde luego yo no lucharía con los celestiales dioses.
(…)
Mas si eres un mortal de los que comen el fruto de la tierra
Acércate más y así llegarás antes al cabo de tu ruina.”
Respondióle, a su vez, el esclarecido hijo de Hipóloco:
“¡Magnánimo Tidida! ¿Por qué me preguntas mi linaje?
Como el linaje de las hojas, tal es también el de los hombres.
(…)
E Hipóloco me engendró a mí, y de él afirmo haber nacido.
Me envió a Troya y con gran insistencia me encargó
Descollar siempre, sobresalir por encima de los demás
Y no mancillar el linaje de mis padres, que los mejores
Con mucho fueron en Éfira y en la anchurosa Licia.
Ésas son la alcurnia y la sangre de las que me jacto de ser.”
Así habló, y Diomedes, valeroso en el grito de guerra,
Se alegró y clavó la pica en el suelo, nutricio de muchos,
Y dijo con lisonjeras palabras al pastor de huestes:
“¡Luego eres antiguo huésped de la familia de mi padre!
(…)
Por eso ahora yo soy huésped tuyo en pleno Argos,
Y tú lo eres mío en Licia para cuando vaya al país de los tuyos.
(…)

 Glauco y Diomedes intercambian sus armas.
Troquemos nuestras armas, que también estos se enteren
De que nos jactamos de ser huéspedes por nuestro padres.”
Tras pronunciar estas palabras, ambos saltaron del carro,
Se cogieron mutuamente las manos y sellaron su compromiso.
Entonces Zeus Crónida hizo perder el juicio a Glauco,
Que con el Tidida Diomedes intercambió las armas,
Oro por bronce, unas que valían cien bueyes por otras de nueve”.

miércoles, 18 de enero de 2017

Quitadme de los ojos ese Cristo...



Quitadme de los ojos ese Cristo
de mustia faz y demacrado pecho;
quitadme de los ojos esa Virgen
de ingrácil rostro y desgarbado cuerpo.


 El nancimiento de Vennus, William-Adolphe Bouguereau (1879)

Vengan a mí los Dioses del Olimpo,
vengan los Dioses jóvenes y bellos,
con las miradas invitando al goce,
con las sonrisas incitando al beso.



 El nacimiento de Venus, Alexandnre Cabanel (1863) 

Surge, oh Belleza, surge y resplandece
en el blanco esplendor de tus misterios
sin recatar a mis voraces ojos
las tentadoras curvas de tu seno.

Otro, infestado de pudor tartufo,
cubra la Forma con profano velo:
yo adoro de rodillas, yo bendigo
la victoriosa desnudez de Venus.


Manuel González Prada  (1844-1918)


jueves, 12 de enero de 2017

Ni he ni she: ze o xe.

En inglés actual no existe el género gramatical ni en sustantivos ni en adjetivos, ha quedado reducido al pronombre personal de tercera persona del singular, precisamente a la no persona, es decir, al tema del que se habla dado que las personas gramaticales se reducen al hablante y al oyente, donde se distingue una forma masculina he, una femenina she y otra neutra it, no diferenciándose en plural, donde sólo hay they.

 

Es probable que así comenzara el género en protoindoeuropeo, es decir, en la lengua madre de la mayoría de las lenguas europeas actuales, incluidas el inglés y el castellano. Pero recuérdese que  la mayoría no son todas, dado que hay lenguas europeas que no pertenecen a este tronco, como el vasco, el húngaro o el finés.

Hay una distinción mucho más antigua que la sexual, que es la de personas,  a las que se puede tutear tomándolas como interlocutores, y que también pueden hablar, ocupando nuestro lugar, y tutearnos a nosotros (el género animado, que dicen los gramáticos), y las cosas (el género inanimado, que en nuestras lenguas vendrá a ser el género neutro). Algo de esta situación que todavía no distingue géneros gramaticales masculinos ni femeninos se conserva en latín en los interrogativos QVIS (quién, who), que pregunta por las personas, y QVID (qué, what) que lo hace por las cosas.

El invento del género gramatical arranca de los pronombres de tercera persona. El de primera persona, yo, no distingue en ninguna lengua sexo, porque yo es cualquiera que tome la palabra, cualquier hablante, independientemente de su sexo y condición social, ni tampoco el de segunda persona , si se exceptúa el caso peculiar del hebreo. Pero en tercera persona surgió, una vez establecida la familia patriarcal que conocemos allá en la prehistoria, la necesidad de distinguir las figuras destacadas, y así se generalizó una forma *so para él y otra *sa para ella, que utilizarían los hijos para referirse al padre y a la madre, y los esclavos al amo y al ama, generalizándose después, a partir de ahí, para el hijo y la hija, y acabando en la distinción hombres y mujeres, machos y hembras, y en las abstracciones masculino y femenino. Como era interesante distinguir también el sexo de los animales domésticos, vino a aplicarse también a caballos y yeguas, gallos y gallinas, quedando los salvajes en su mayoría en la indeterminación sexual, dado que su sexo no interesa mucho a la economía familiar. Frente a las formas mencionadas, que tenían en común el índice S,  existía el índice T bajo la la forma *to, conservada en el artículo neutro griego, para las cosas. (Esta última forma, por cierto, también desarrolló un índice *ta, que acabó sintiéndose como singular colectivo antes que como auténtico plural).


El orden social, digámoslo así, de la familia patriarcal obligó a diferenciar en tercera persona los sexos de personas y animales allegados al núcleo familiar, lo que era de vital importancia. Así como en plural no era tan importante distinguir ellos de ellas, en singular se impuso enseguida la separación de él y de ella. A partir de aquí se extendió el género a los adjetivos, y finalmente acabó contaminando a los nombres.

Se ve así cómo la ordenación social llegó a intervenir en la gramática de la lengua, sin nada que ver con el sexo natural, sino con la institución sexual que distingue una clase, la masculina, como la dominante y otra, la femenina, como la dominada.

¿He, she o ze/xe??

Un sindicato estudiantil de la universidad de Oxford quiere imponer el uso de “ze” para las personas sin especificar su condición sexual, animando a los estudiantes a utilizar, en lugar de “he” o “she” una forma neutra del pronombre, no “it” que se reserva para las cosas, sino “ze”: un pronombre inventado que está ganando terreno como alternativa posible al masculino y femenino tradicionales. Otros prefieren escribirlo con la forma "xe", rescatando quizá el valor de la equis como incógnita matemática.

El problema que se trata de resolver con este empleo es prescindir de connotaciones de género que resultarían discriminatorias para quien no se acomoda a ninguna de las dos categorías (macho y hembra). Hay, por ejemplo, estudiantes transexuales que no se identifican ni con “he” ni con “she”. Con este pronombre neutro personal se trata de no ofender a las personas transexuales, bisexuales, pansexuales o asexuales, evitando la sexualización reduccionista masculina/femenina. No se trata, dicen, de corrección política, sino de respetar el derecho a no autodefinirse ni como macho ni como hembra. El pronombre “ze” tiene también su propia declinación: hir o zir para el acusativo y zirs o hirs para el genitivo, así como zirself para el reflexivo, aunque no hay consenso sobre estas formas todavía.


Algo así ya se hace en sueco, con las bendiciones académicas, donde se ha impuesto un pronombre inexistente *hen, neutro personal frente a la dicotomía masculina y femenina, como comentamos aquí. Y algo así se ha pretendido también, a través de la red social Twitter, en España con la etiqueta #ElleEnLaRae, que trataba de pedirle a la Real Academia Española de la Lengua, como si ella fuera el Dios creador de la lengua que prescribe lo que es correcto y lo incorrecto, el bien y el mal, que aceptara el pronombre de tercera persona "elle" para acabar con la opresión machista y destruir la norma arcaica existente en nuestra lengua de que el género masculino es el no marcado y, por lo tanto, puede usarse como indiferente o neutro en la oposición gramatical. Pensar que de esta forma, invirtiendo el proceso y volviendo a la indiferenciación originaria en que no se distinguía todavía *so de *sa, podemos conseguir cambiar la ordenación social es,  además de errar el tiro, una ingenuidad imperdonable. Acabar con el género gramatical no significa acabar con la dominación masculina, sino probablemente disimularla porque no es políticamente correcto visibilizarla.

No porque vistamos hombres y mujeres prácticamente igual, desde que las mujeres adoptaron como ropa de a diario los pantalones allá por los años sesenta del siglo pasado -todavía recuerdo a una profesora mía de la facultad que nos contaba que el bedel no le permitió la entrada en la universidad el glorioso año de 1968 por ir vestida con vaqueros-, no por eso hemos acabado con la discriminación femenina ni con el patriarcado que la consolidó, sino que lo que hemos hecho es probablemente invisibilizarla, lo que no quiere decir que hayamos acabado con ella, sino todo lo contrario: ella es la que ha acabado ocultándose para pasar inadvertida. 

sábado, 7 de enero de 2017

El mito de Calistó o la insinuación lésbica

Calistó, a pesar de ser la hija del rey Licaón, una princesa, no vivía en palacio: era una ninfa virgen de los bosques, consagrada a la caza, que formaba parte del cortejo de Diana. Su nombre del que mantengo la acentuación aguda original  significa Bellísima en griego, por lo que hemos de suponer que era de una gran belleza. Las ninfas que acompañan a la diosa de la caza y de la Luna que es Diana han hecho un voto de castidad que las mantiene apartadas de los varones y del rol que destina a las mujeres a la familia y la maternidad en el seno de la sociedad patriarcal: más próximas a las amazonas que a una matrona romana, viven en la naturaleza, al aire libre, lejos de la ciudad y del ámbito doméstico, y se dedican a la caza, alejadas de las labores del hogar que se consideran propias de su sexo.

El poeta Ovidio en el libro II de sus Metamorfosis, relata la historia de Calistó (vv. 401-532). Júpiter repara enseguida en su belleza y se da cuenta de que no era su oficio cardar la lana ni arreglarse el pelo como las mujeres que solía seducir (non erat huius opus lanam mollire trahendo / nec positu uariare comas), sino que "miles erat Phoebes" pertenecía al ejército de Febe, o sea, de Diana, la hermana gemela de Febo o Apolo.

Júpiter la vio un día y se enamoró enseguida de ella, como nos cuenta Higino, en su De Astronomia. Para seducir a una doncella que rechaza a los hombres, Júpiter adopta la forma de la diosa Diana, y decide acompañar a la ninfa en una cacería como ayudante, ocasión que aprovecha para apartándola de la vista de sus compañeras tomarla por la fuerza. La historia tiene un indudable trasfondo lésbico de amor entre mujeres. Calistó rechazaría a Júpiter como prototipo masculino, pero no a su hija Diana, por lo que aquél decide tomar el aspecto de Diana para acercarse a la bellísima ninfa, y aprovecharse de ella.. Para mantener una relación sexual con ella, adoptó la figura femenina, sabedor como era de que su hija Diana y sus ninfas, entre las que estaba Calistó, rehuían a los hombres. Seducida por la femenina apariencia del dios, Calistó accedió a su reclamo y quedó embarazada. 

Cuando se descubre con ocasión del baño de las ninfas que Calistó está embarazada, la diosa que rechaza a los varones y el papel que la sociedad le otorga a la mujer le pide explicaciones a su acólita de su preñez, y ella le reprocha que lo abultado de su vientre es culpa de ella (illius peccato id evenisse dixit). Diana castiga a la ninfa convirtiéndola en una osa, que preñada vagará por los montes errante y sola como el animal  salvaje que ha llegado a ser, y acabará dando a luz a Árcade, que se convertirá en el héroe epónimo de los arcadios. 

Perseguida la osa años después por unos cazadores, entre los que quizá estaba su hijo Árcade, sin saberlo, será capturada y llevada ante el rey Licaón -bajo cuyo nombre propio se encuentra el  nombre común del lobo en griego, lykos-, que no reconoce a su hija, y ella se refugiará en el templo de Júpiter Liceo -o Lobuno-, ignorando que estaba prohibido penetrar en su recinto sagrado. Su hijo la siguió instintivamente, según cuenta Higino. No se podía entrar en dicho santuario bajo pena de muerte. Tanto la madre como el hijo han entrado, por lo que deben ser ejecutados. Pero justamente allí encontrarán ambos la protección divina que buscaban, pues cuando los arcadios se disponían a darles muerte,  Júpiter, sin embargo, recordando su culpa, se apiadará de ambos, y, no pudiendo deshacer la metamorfosis sufrida por Calistó, la catasterizará, es decir, la colocará como la osa que es entre los astros y estrellas del firmamento, convirtiéndola en la constelación de la Osa Mayor, y a su hijo, el héroe Árcade, lo convertirá en Artofílace, es decir, en el Guardián de la Osa.
  
Algunos pintores se han servido de este mito para insinuar y representar los amores femeninos entre mujeres. Es el caso de, por ejemplo, de François Boucher, que representa a Júpiter transformado en su hija Diana, figura de la derecha -nótese la media luna sobre la frente de la diosa-,  cortejando a Calistó. Los amores -esos putti o Cupidos juguetones y alados- nos sugieren el trasfondo erótico de la romántica escena, en la que el arco y las flechas yacen por los suelos.

Júpiter y Calisto, de François Boucher (1744)

El mismo pintor trató el tema del amor lésbico de un modo más explícito en esta otra obra:

Júpiter disfrazado de Diana y la ninfa Calisto, François Boucher ( 1757)

Otro tratamiento, muy parecido, es el de Jacopo Amigoni (1682-1752), que representa a Calisto semidesnuda, y a Júpiter-Diana a la derecha con la media luna sobre la frente. Al arco y las flechas de ambas se suman los perros de caza.

  Júpiter y Calisto, Jacopo Amigoni 

El tratamiento que hace Rubens del tema es diferente. Rubens se centra en el personaje de Calisto, a la que presenta completamente desnuda y blanca en primer plano, quedando Diana en segundo término, y como trasfondo el águila y los rayos jupeterinos que evocan el carácter predador y violento del dios.

 Diana y Calisto, Rubens (ca.1635)

Más explícito a la hora de tratar el amor lésbico, Nicolas-René Jollain (1732-1804), nos presenta a ambos personajes desnudas,  acariciándose y besándose. La figura de la izquierda -media luna sobre su cabeza- es Diana, y la de la derecha, toda sensualidad y erotismo, la ninfa Calistó.

Diana y Calisto, Nicolas-René Jollain (1770)

Jean-Honoré Fragonard presenta a Diana y a Calistó abrazándose amablemente a la luz de la luna -de fondo puede adivinarse la silueta del águila que simboliza al dios que se encarna en Diana.


El tratamiento más moderno que conozco es el de la pintora impresionista Berthe Morisot, que basándose en un cuadro de Boucheer sobre el mismo tema, pintó este sugerente lienzo:

 Júpiter y Calisto según cuadro de Boucher, Berthe Morisot (1841-1895)

 

domingo, 1 de enero de 2017

Cambio de año

Así refleja el dibujante griego Arkás su escepticismo ante el cambio de año que hemos inaugurado en  nuestro calendario. El texto, que está en griego moderno, podría ser perfectamente leído y comprendido por cualquier griego antiguo, porque es la misma lengua


sábado, 31 de diciembre de 2016

The end. Lo que le dice el año viejo al año nuevo

Vuelve a recordarnos Arkás lo que le dice el año envejecido y canoso, medio calvo y barbudo al nuevo e imberbe que entra, y que es, en dos palabras: obsolescencia programada: está previsto que tú, el año supuestamente nuevo,  dures trescientos sesenta y cinco días igual que yo, y que las promesas de mejora en general que conllevas (felicidad, realización de todos nuestros más íntimos deseos y sueños de paz en la tierra, armonía, libertad, fraternidad y  demás zarandajas) se queden en agua de borrajas y caigan en desuso y el saco roto del olvido por la fuerza misma de la costumbre y el propio funcionamiento de la maquinaria que prevé que así sea y que se alimenta de esas mismas y falsas ilusiones de novedad,  de modo que, cuando uno está a punto de descubrir y denunciar el engaño en el que vivimos,  se abre paso una nueva institución temporal, que hará su aparición estelar en todos los calendarios y que es "el año nuevo" con idénticas y falsas promesas e ilusiones.  ¿Descubrirán alguna vez los humanos seres que el año viejo y el año nuevo, tú y yo, no somos sino el mismo año que gira como la tierra en torno al sol, la misma ave Fénix que muere incinerada y renace de sus propias cenizas?

The end, el fin de...



La gente quiere que llegue el finde, como se dice ahora, o el fin de semana, que se decía antes,  llegar a fin de mes, celebrar el fin de año:

-que llegue el finde para descansar y desconectar de la rutina, libre de las cadenas del trabajo asalariado o de la educación preparatoria, que es la cara moderna de la antigua esclavitud abolida de la faz del mundo para seguir subsistiendo bajo nuevas formas;

-llegar a fin de mes, económicamente hablando, porque el dinero es aquello en que se convierte nuestra vida, time is money, money is time; llegar a fin de mes significa cobrar a mes vencido, obtener la recompensa económica  por nuestra prostitución, cobrar el estipendio que debería alcanzar hasta el próximo fin de mes y que sólo nos durará unos días, quizá unas semanas…

-celebrar el fin de año con burbujas espiritosas de champagne para que parezca que damos carpetazo y hacemos borrón y cuenta nueva, dispuestos a que el año que comienza sea de verdad un año nuevo y no, lo que acabará inevitablemente siendo, una repetición de lo mismo de siempre.

Porque lo que en realidad queremos es el fin del tiempo que nos venden como futuro siempre: el fin de la semana, el fin del mes y el fin de todos los años que pretenden computar el paso del tiempo: feliz fin de semana, por lo pronto, y feliz fin de mes y de año todo junto. Esperando el porvenir, y el porvenir nunca llega.


martes, 27 de diciembre de 2016

Tibulo no quiere dinero ni riquezas

diuitias alius fuluo sibi congerat auro
et teneat culti iugera multa soli,
Que para sí otro acapare tesoros de oro bruñido
y acres posea mil de un cultivado solar

quem labor adsiduus uicino terreat hoste,
Martia cui somnos classica pulsa fugent:
al que continua inquietud, próximo el enemigo, atormente,
y haga su sueño huir son de trompeta marcial:

me mea paupertas uita traducat inerti,
dum meus adsiduo luceat igne focus.
Lléveme a mí mi pobreza a través de una vida tranquila
mientras relumbre mi hogar de un cotidiano fulgor. 
 
 Esbozo de Tibulo, Dante Gabriel Rossetti

ipse seram teneras maturo tempore uites
rusticus et facili grandia poma manu;
He de plantar a su tiempo debido jóvenes cepas
rústico yo y frutal mucho con diestra sagaz.

nec spes destituat, sed frugum semper aceruos
praebeat et pleno pinguia musta lacu.
ni que me falte esperanza, sino que abundancia de frutos
siempre y espesos me dé mostos, a tope el tonel.

nam ueneror, seu stipes habet desertus in agris
seu uetus in triuio florida serta lapis,
Pues me emociono si un tronco perdido en el campo o vetusta
piedra en crucero vial tienen corona de flor,

et quodcumque mihi pomum nouus educat annus,
libatum agricolae ponitur ante deo.
y es todo fruto que a mí me produzca la nueva cosecha
tras consagrarlo, a los pies puesto de rústico dios.



Flaua Ceres, tibi sit nostro de rure corona
spicea, quae templi pendeat ante fores,
Blonda Ceres, de nuestro terruño corona de espigas
tengas, que ha de colgar ante tu templo y altar,

pomosisque ruber custos ponatur in hortis,
terreat ut saeua falce Priapus aues.
y en mis huertos frutales se yerga guardián rojecido
Príapo a fin de espantar pájaros a hoz de temer.

uos quoque, felicis quondam, nunc pauperis agri
custodes, fertis munera uestra, Lares.
Lares, vosotros también, guardianes de fértil terruño
antes y pobre ya hoy vuestras ofrendas tenéis.

Esbozo de Delia, Dante Gabriel Rossetti

tunc uitula innumeros lustrabat caesa iuuencos,
nunc agna exigui est hostia parua soli.
Vaca matada entonces purgaba a novillos sin cuento,
ruin cordera es hoy don de mi humilde solar.

agna cadet uobis, quam circum rustica pubes
clamet ‘io messes et bona uina date’.
Se os matará una cordera, en torno a la cual pueblerina
moza diga: “Buen vino otorgadnos y mies.”

iam modo iam possim contentus uiuere paruo
nec semper longae deditus esse uiae,
Ya solo ya podría vivir contento con poco
no a larga marcha estar siempre entregándome yo,

sed Canis aestiuos ortus uitare sub umbra
arboris ad riuos praetereuntis aquae.
sino a librarme de ardiente irrupción del estío a la sombra
de árbol junto a caudal de agua que fluye sin fin.

nec tamen interdum pudeat tenuisse bidentem
aut stimulo tardos increpuisse boues,
Ni iba a darme vergüenza a veces llevar zapapico
o con aijada azuzar bueyes que queden atrás,

non agnamue sinu pigeat fetumue capellae
desertum oblita matre referre domum.
ni importaría llevar hasta casa a cordera o cabrito
que una su madre atrás cabra olvidada dejó.

at uos exiguo pecori, furesque lupique,
parcite: de magno est praeda petenda grege.
Pero dejad a mi humilde ganado, ladrones y lobos:
de una cabaña mayor id a buscar el botín.

hic ego pastoremque meum lustrare quotannis
et placidam soleo spargere lacte Palem.
Suelo aquí a mi pastor cada año purificarlo
y a la pacífica yo Pales de leche rociar.

adsitis, diui, neu uos e paupere mensa
dona nec e puris spernite fictilibus.
Dioses, venidme aquí y vosotros de pobre mi mesa
dones no desdeñéis ni de sencillo tazón.

fictilia antiquus primum sibi fecit agrestis
pocula, de facili conposuitque luto.
Se hizo al principio el antiguo hombre del campo de arcilla
tazas, de barro las fue blando a poder modelar

non ego diuitias patrum fructusque requiro,
quos tulit antiquo condita messis auo:
Yo no pido riquezas de herencia paterna ni rentas
que al bisabuelo la mies almacenada le dio:

parva seges satis est, satis requiescere lecto
si licet et solito membra leuare toro.
poca cosecha me basta, me basta dormir en un lecho
si es que se puede y tender cuerpo en el catre habitual.

quam iuuat inmites uentos audire cubantem
et dominam tenero continuisse sinu
¡Cómo gusta oír acostado los vientos furiosos
y a la amada abrazar contra su pecho gentil

aut, gelidas hibernus aquas cum fuderit Auster,
securum somnos igne iuuante sequi.
o, cuando el Austro invernal haya frías lluvias traído,
reanudar en paz sueños del fuego al amor!

hoc mihi contingat. sit diues iure, furorem
qui maris et tristes ferre potest pluvias.
Que esto me toque. De pleno derecho, rico que sea
quien tristes lluvias sufrir puede y la furia del mar.

o quantum est auri pereat potiusque smaragdi,
quam fleat ob nostras ulla puella uias.
¡Oh que se acabe el oro que haya y cuanta esmeralda
antes que llore cualquier niña por irme de aquí!

te bellare decet terra, Messalla, marique,
ut domus hostiles praeferat exuuias;
Cuadra, Mesala, a ti el guerrear por mar y por tierra,
para exhibir galardón del enemigo tu hogar. 


 El poeta Tibulo en casa de Delia (detalle), Lawrence Alma-Tadema, 1866

me retinent uinctum formosae uincla puellae,
et sedeo duras ianitor ante fores.
Preso me tienen los lazos a mí de mi linda chiquilla,
y me arrellano, ujier, ante su sordo portal.

non ego laudari curo, mea Delia; tecum
dum modo sim, quaeso segnis inersque uocer.
Delia querida, no quiero que nadie me alabe: contigo
mientras esté, por favor, llámenme flojo y gandul.

te spectem, suprema mihi cum uenerit hora,
te teneam moriens deficiente manu.
Véate, cuando me haya llegado la última hora,
téngate yo con temblor de esta mi mano al morir.

flebis et arsuro positum me, Delia, lecto,
tristibus et lacrimis oscula mixta dabis.
Me llorarás y, tendido en la pira, Delia, que arda
besos con lágrimas mil tristes a mí me darás.

flebis: non tua sunt duro praecordia ferro
uincta, neque in tenero stat tibi corde silex.
Me llorarás: no están tus entrañas forradas de duro
hierro, ni hay pedernal en tu gentil corazón.

illo non iuuenis poterit de funere quisquam
lumina, non uirgo, sicca referre domum.
De ese mi funeral ningún muchacho ni chica
secos sus ojos podrá hasta su casa llevar.

tu manes ne laede meos, sed parce solutis
crinibus et teneris, Delia, parce genis.
Tú no turbes mis Manes, mas deja en paz tu cabello
suelto, Delia, y tu faz tan delicada también.

interea, dum fata sinunt, iungamus amores:
iam ueniet tenebris Mors adoperta caput,
Mientras el sino nos deje, aunemos amor entre tanto:
Muerte de sombras ya va encapuchada a venir.

iam subrepet iners aetas, nec amare decebit,
dicere nec cano blanditias capite.
Ya vendrá la torpe vejez y amar no podremos,
ni ternezas decir cuando platee la sien.

nunc leuis est tractanda Venus, dum frangere postes
non pudet et rixas inseruisse iuuat.
Hay que buscar el frívolo amor, mientras mal no se vea
puertas romper y nos dé gusto pelea librar. 


El regreso de Tibulo a Delia, Dante Gabriel Rossetti (1867) 

hic ego dux milesque bonus: uos, signa tubaeque,
ite procul, cupidis uolnera ferte uiris,
Buen general y soldado yo entonces: vosotros, clarines y enseñas,
lejos marchad: malherid a hombres de tal ambición.

ferte et opes: ego conposito securus aceruo
despiciam dites despiciamque famem.
Bienes llevaos también: tranquilo en mi cuenta ajustada
despreciaré al ricachón, despreciaré hambre también. 

(Tibulo, Elegías I, 1) 

domingo, 18 de diciembre de 2016

Himno a Baco de Propercio

Baco, Caravaggio (1595)

Nunc, o Bacche, tuis humiles aduoluimur aris:
da mihi pacato uela secunda, pater.
Ya, oh padre Baco, en tu altar nos arrodillamos humildes;
dame, aplacándome, buen viento que sople a favor.

te quoque enim non esse rudem testatur amoris
lyncibus ad caelum uecta Ariadna tuis.
Dice también que libre no estás de amores Ariadna
que en tus linces subió hasta la bóveda astral.

Baco y Ariadna, Tiziano 1520-23

tu potes insanae Veneris compescere flatus,
curarumque tuo fit medicina mero.
Puedes tú apaciguar huracanes de amor alocado,
y en tu bebida hay bálsamo de la pasión.

per te iunguntur, per te soluuntur amantes:
tu uitium ex animo dilue, Bacche, meo.
Dos se hacen uno por ti, por ti se hacen dos los amantes;
Baco, de mi alma tú quítame tal pudrición.

hoc mihi quod ueteres custodit in ossibus ignes
funera sanabunt aut tua uina malum.
Esta desgracia que vieja pasión conserva en mis huesos
sólo me la curarán muerte o beber tu licor.

semper enim uacuos nox sobria torquet amantes;
spesque timorque animum uersat utroque modo.
Siempre la noche sin vino atormenta a lejanos amantes;
y esperanza y temor turban sus almas al par.

quod si, Bacche, tuis per feruida tempora donis
accersitus erit somnus in ossa mea,
Pero si gracias, Baco, a tu don por mis sienes ardientes,
llega el sueño a posar sobre mis miembros su paz,

ipse seram colles pangamque ex ordine uites,
quas carpant nullae me uigilante ferae.
cerros yo sembraré y plantaré en hilera las viñas
que ningún animal hoce, cuidándolas yo.

El triunfo de Baco o Los borrachos, Velázquez 1626-28

dum modo purpureo spument mihi dolia musto,
et noua pressantes inquinet uua pedes,
Siempre que a mí me rebosen barricas de mosto bermejo
y uva fresca en lagar manche al pisarla mis pies,

quod superest uitae per te et tua cornua uiuam,
uirtutisque tuae, Bacche, poeta ferar.
he de vivir lo que quede de vida por ti y por tu cuerna,
Baco, y poeta a mí de tu poder me dirán.

dicam ego maternos Aetnaeo fulmine partus,
Indica Nysaeis arma fugata choris,
Yo cantaré que tu madre a ti te parió fulminada,
y armas indias que al son van de tus danzas a huir,

uesanumque noua nequiquam in uite Lycurgum,
Pentheos in triplici funera grata gregi,
loco a Licurgo, en vano contrario a la viña reciente,
fin de Penteo que fue víctima de bacanal,

curuaque Tyrrhenos delphinum corpora nautas
in uada pampinea desiluisse rate,
los piratas tirrenos, delfines de cuerpo ondulante
del pampanoso bajel que se arrojaron al mar,


et tibi per mediam bene olentia flumina Diam,
unde tuum potant Naxia turba merum.
y bienolientes por ti los ríos en la isla de Naxo
donde la gente de allí bebe tu puro licor.

candida laxatis onerabo colla corymbis;
cinget Bassaricas Lydia mitra comas;
Yo cargaré blanquecino tu cuello de largos corimbos;
un turbante oriental va tu cabello a ceñir;

leuis odorato ceruix manabit oliuo,
et feries nudos ueste fluente pedes.
exhalará tu cerviz delicada aromáticos olios,
y tus descalzos pies vas con la túnica a herir.

mollia Dircaeae pulsabunt tympana Thebae;
capripedes calamo Panes hiante canent,
Retumbará femeninos timbales Tebas de Dirce;
sátiros van a sonar flautas soplando de Pan,

uertice turrigero iuxta dea magna Cybebe
tundet ad Idaeos cymbala rauca choros;
con su cabeza de torre a su lado gran diosa Cibeles
címbalos roncos hará para la danza sonar;

ante fores templi, cratere antistes et auro
libabit, fundens in tua sacra merum,
Ante las puertas del templo hará el sacerdote con cáliz
de oro la libación, vino vertiendo en tu honor. 

 
Baco joven, de Joaquín Agrasot (1872)
 
haec ego non humili referam memoranda coturno,
qualis Pindarico spiritus ore tonat:
Yo cantaré con alto coturno estas hazañas
como la inspiración truena de Píndaro al son:

tu modo seruitio uacuum me siste superbo,
atque hoc sollicitum uince sopore caput.
tú sólo vuélveme libre de mi esclavitud altanera,
y mi cabeza febril véncela con tu sopor.

El sueño de Dioniso, óleo de A. Bloemaert (1591).


El dios Baco, ebrio de vino, se abandona a un profundo sueño reparador. Su culto estuvo muy extendido en la antigüedad. En Roma un decreto del senado llegó  a prohibir la celebración de las bacanales, esos antiguos "botellones", por los desórdenes públicos que provocaban.

No sólo se veneraba en Dioniso al inventor del vino, sino también al inspirador de todo entusiasmo, de la ebriedad y la transgresión. Los romanos lo denominaban a veces Líber, porque liberaba a los seres humanos de sus inhibiciones. Un antiguo aforismo rezaba: In uino ueritas: En el vino está la verdad.   

El himno a Baco de Propercio (Elegías III, 17), compuesto en dísticos elegíacos de hexámetro y pentámetro dactílico,  es a la vez una súplica al dios, rogándole la paz del olvido que quita las penas, y un recuerdo de sus hazañas. Se cita, por ejemplo, a Ariadna, que después de ser abandonada por Teseo, fue amada por Baco, cuyo carro era arrastrado por linces.  Evoca Propercio, sin citar su nombre propio, a la madre del dios, Sémele, que fue fulmiada por el rayo de Júpiter cuando éste, accediendo a sus deseos, se le manifestó con todos sus atributos. Recuerda el poeta a Licurgo, rey de Tracia que se opuso al culto dionisíaco; enloquecido como castigo, mató a su hijo creyendo que cortaba una viña; y recuerda también a Penteo, otro rey que se opuso al culto de Baco,  porque hacía que las mujeres se desmandaran, abandonaran la ciudad y, convertidas en bacantes, se entregaran a una orgía de música y danza; Penteo fue descuartizado vivo por las ménades o bacantes poseídas por el espíritu del dios, entre las que se encontraban su propia madre y sus hermanas. Ambos reyes, Licurgo y Penteo, encarnan el espíritu racional de la prohibición, el espíritu apolíneo, que diría Nietzsche, de la "ley seca"; basándose en argumentos de orden público quieren prohibir el vino, pero ambos mueren víctimas del espíritu dionisíaco, que, inherente a la naturaleza humana, no puede ser reprimido impunemente.  Los piratas tirrenos quisieron vender a Baco, que viajaba en su barco de Icaria a Naxos, como esclavo. De alguna manera, pretendían también ellos someter, esto es, dominar al dios más libre y libertador del panteón olímpico, y por eso fueron castigados enloqueciendo y arrojándose al mar, donde se convirtieron en delfines.