domingo, 12 de abril de 2015

Fanatismo religioso



Si algo revela el expediente etimológico de la palabra “fan”, abreviación anglosajona de “fanatic”,  procedente de “fanaticus” –inspirado, lleno de entusiasmo, exaltado, frenético-, es su parentesco genealógico con el término latino “fanum”, que es otro nombre del “templum”, o sea del  santuario o recinto consagrado a la divinidad, lo que está claro hasta para el profano, es decir, para aquél que está delante y, por lo tanto, fuera y no en el corazón del templo. Se establece así una íntima relación entre el fanatismo, por consiguiente, con el fenómeno religioso, de forma que la expresión “fanatismo religioso” resulta un pleonasmo.



La raíz a la que remonta la palabra en primer término no es fan-, como podría parecer a simple vista,  sino *fas-, la misma que encontramos en los términos latinos  “fas” y “nefas”, y, por lo tanto, en nuestro fasto (autorizado por los dioses; se decía del día en que era lícito en la antigua Roma tratar los negocios públicos y administrar justicia.) y nefasto (prohibido, y, por contraposición a fasto, día triste, funesto, desgraciado o detestable); el radical sería en concreto *fas-nom, como revela la comparación con otras lenguas itálicas, tal el osco fíísnú y el umbro fesnafe, que leo en Meillet. 

"Fanum” sería el resultado de la pérdida de la /s/ ante el sufijo -no- que provoca su desaparición y el alargamiento compensatorio de la /a/ en latín: “faanum”. Esta raíz *fas-, en grado cero,  estaba en alternancia vocálica indoeuropea con *fes-, por lo que nuestra palabra “fanum” está emparentada con “fes-tus” y “fes-tiuos”, de donde proceden nuestras fiestas y festividades, así como con el viejo latín “fes-iae”, palabra que en virtud del rotacismo se convirtió en “fer-iae”,  un antiguo término religioso que ha dado origen a nuestras ferias.

Remontándonos más atrás, la /f-/ inicial latina procede de /dh-/ indoeuropea, por lo que deberíamos reconstruir la raíz así: *dhes- con e larga o, mejor quizá,  *dheHs- con laringal. La evolución de /dh-/ indoeuropea es la normal:  /f-/  en latín, y osco-umbro (o itálico si se prefiere), y /th-/ en griego, como se ve en los compuestos thés-phatos “inspirado por los dioses”, thés-pis “de voz divina”, thés-kelos “semejante a dioses”, de donde “maravilloso”, por lo que el significado general sería algo así como “relacionado con los dioses”.



Pero lo más curioso de todo es que esa raíz en grado cero *dhes-  más el sufijo adjetival /o/, anterior a la historia de los dialectos griegos, es decir *dhes-o-, con el significado de "divino", sería el origen del griego *thesós, es decir, de theós  “divino o propio de dioses”, de donde vienen, por ejemplo,  nuestra teología y nuestros politeísmos, monoteísmos y ateísmos

Lo que implicaría que estaríamos no ante una raíz nueva, sino ante la vieja raíz corriente y moliente *dheH- “poner o hacer ser tal o cual cosa”.  De esta raíz, por cierto, también deriva con vocalismo /o/ y sufijo /-t-/, es decir bajo la forma *dho-t-: sacer-do(t)-s, esto es, el sacerdote o encargado de celebrar los ritos sagrados. Y, como curiosidad, el verbo latino "credo", que sería un compuesto de la raíz *kerd- "corazón" más la raíz que nos ocupa *dheH "poner", significaría "poner en el corazón, poner confianza", y de ahí nuestro creer, nuestras creencias, nuestros credenciales y, no nos olvidemos de la economía,  nuestros créditos. 

Con lo cual, emparentaríamos directamente todo el campo semántico latino de lo fasto y lo nefasto, lo festivo y las ferias, lo profano, las creencias, los sacerdotes y el fanatismo con los dioses mismos, y se argumentaría etimológicamente el aserto inicial de que el fanatismo religioso era una redundancia etimológica: quod erat demonstrandum.

viernes, 10 de abril de 2015

Muerte y resurrección de Adonis



El despertar de Adonis, J.P. Waterhouse (1849-1917)


Los antiguos griegos celebraban, antes de la irrupción del cristianismo, la muerte prematura y resurrección de Adonis, una divinidad de origen sirio, cuyo culto, a través de la isla de Chipre, se introdujo en Grecia en el siglo VII y floreció en Atenas en los siglos V y IV a. de C. El nombre propio de este dios deriva de una palabra hebrea que significa “Señor”,  lo que revela su origen semítico.

¿Quién era este Adonis, que se convertirá en prototipo de la juventud y belleza masculina, rivalizando con el mismísimo Apolo?  Según la leyenda dorada, era el hijo del rey de Chipre, Cíniras, o Tías según otras versiones, y de su hija Esmirna, también llamada Mirra, que castigada por la cólera de la diosa Afrodita concibió un amor incestuoso hacia su padre que acabó consumando. Esmirna, que llevaba en su vientre el fruto prohibido de su unión carnal, perseguida por remordimientos de conciencia y sentimientos de culpa,   invocó la protección de los dioses,  que, compadecidos, hicieron que sus lágrimas se mezclaran con la resina de un árbol que crece en Arabia, y la transformaron en la planta que destila el bálsamo de la aromática mirra, uno de los tres dones que los Reyes Magos según la tradición cristiana le ofrecieron al Niño Jesús.

Un jabalí corneará el árbol –metamorfosis de la madre-  y provocará el parto de su vientre, del que nacerá Adonis, hijo y nieto a la vez del rey de Chipre, príncipe que nunca llegará a reinar. Se diría a juzgar por su rostro que es una mujer tan bella o más que su propia madre, una mujer si no fuera por el sexo  inequívocamente masculino que florece en sus ingles.

La diosa del amor pronto admiró la belleza de la criatura recién nacida y se enamoró perdidamente, entregándole el niño a Perséfone, la reina del inframundo, para que lo criara y creciera allí, en el otro mundo. Cuando Adonis alcanzó la mayoría de edad, Perséfone, enamorada de él, se negó a devolvérselo a Afrodita, y Zeus, como árbitro, zanjó la disputa entre las dos diosas, dictaminando que Adonis pasara cuatro meses con Perséfone, cuatro con Afrodita y cuatro solo o con quien quisiera… Él eligió a Afrodita, no podía ser otra,  para sus meses de libre disposición.   La estancia de Adonis con Perséfone, en el otro mundo, simboliza la siembra de la semilla, su soterramiento, y la temporada con Afrodita su germinación, el renacimiento, dentro del ciclo del eterno retorno de la extinción de la naturaleza durante el invierno,  y su resurrección con la llegada de la primavera.  

¿Quién iba a decirle a la diosa de los muchos amores que ella misma acabaría enamorándose locamente del lindo mancebo, del hideputa de aquella rival suya a la que había infundido una pasión incestuosa? La diosa que inspira a otros el amor, cayó también enamorada, sucumbiendo víctima del amor que los otros, muy pocos a la sazón, pero algunos, a ella le inspiran. Ante Adonis desceñirá el ceñidor que libera sus senos divinos y desata su codiciada cintura.

El hijo de Esmirna amaba el riesgo y la aventura. Por eso se entregaba como un devoto a la caza mayor. Si ponía en peligro su vida, sentía bullir la sangre en sus venas y latir su corazón palpitante. Hará caso omiso de todas las súplicas de la diosa que le invitan a la prudencia, diosa que todas las noches comparte su lecho y se le entrega en cuerpo y alma desnuda. Durante una cacería, sin embargo, un jabalí, el mismo animal que había provocado su nacimiento de una dentellada, herirá gravemente a Adonis, causando su muerte. Resultará, pues, Adonis, el cazador cazado. Morirá Adonis como nació, violentamente, víctima del ataque del colmillo retorcido de un jabalí sañudo. El mismo animal que le dio la vida le dará la muerte. Adonis, pues, perecerá en la flor de la juventud. Los seres amados por los dioses mueren como cantó Menando en griego, y repetirá Plauto en latín y lord Byron en inglés, en la flor de la juventud, trágicamente, por siempre jóvenes, antes de que el tiempo asignado al hilo de la trama de sus vidas por las Parcas concluya: los dioses aman al que muere joven. 




El poeta Bion de Esmirna cuenta que Afrodita derramó tantas lágrimas como su bienamado Adonis gotas de sangre, y que de cada lágrima nació una rosa blanca, símbolo de la diosa, y una anémona de cada gota de sangre, metamorfosis de Adonis. La tierra se embebió de su sangre, pero brotarán todas las primaveras mil flores de color carmesí, tiñéndose de rojo las rosas blancas, trocándose en anémonas bermejas y efímeras que mece y arranca el viento con su soplo que aúlla.  

Le llorarán las mujeres todos los años, en una fiesta patética, las Adonias, lamentando como plañideras la tragedia del mozo, golpeándose con las manos en el pecho, mesándose los cabellos y rasgándose las túnicas. Le llorarán las Gracias y las Ninfas montaraces. La propia diosa del amor entonará por él su endecha, de la que nos quedará, después de tantísimo tiempo, sólo el eco de un verso quejumbroso que recitan todas las Musas.

"¡Ay de mi Adonis!" Será un verso breve como efímera, aunque intensa, fue la vida del joven. Será un verso de sólo cinco sílabas, colofón de la copla sáfica, que así se llama en honor de Safo de Lesbos, una estrofa de inspiración clásica compuesta por tres hendecasílabos y un pentasílabo fugaz como la ráfaga de viento que viene y que va, tenue como la brisa y su suave susurro; será como el céfiro, como cantó el poeta don Esteban Manuel de Villegas, que cultivó dicha estrofa entre nosotros, evocando el dulce soplo de la verde selva, verde de vida y de savia, que es el aliento vital de la madre Venus gemebunda por la pérdida irreparable del amado. Una bocanada de aire fresco: céfiro blando, suave dulzura.

En honor de Adonis cada año,  en la Grecia continental se celebraban las fiestas adonias, unas fiestas de carácter privado, extraconyugales, al margen de los cultos oficiales y ceremonias públicas, no sufragadas ni subvencionadas con fondos estatales, y en las que los participantes, hombres y fundamentalmente mujeres, se reclutaban sobre todo entre los amantes, entre las rameras y sus clientes, según escribe Marcel Detienne en su libro “Los jardines de Adonis”.  Las fiestas son organizadas por cortesanas que invitan a los hombres, dando origen a francachelas  y alegres borracheras. Al parecer se celebraban en la época más calurosa del año, a mediados de julio. El primer día de las adonias era un día de luto por la muerte del dios.

Uno de los aspectos más conocidos de las adonias es el hacer crecer cereales y hortalizas en unos pocos días, sembrados en pequeñas macetas al aire libre. Se trataría de unos productos que brotan de la tierra en dos o tres días y perecen en seguida, debido al propio calor que ha favorecido su rápido crecimiento y los sofoca. “Jardines de Adonis” es una expresión que alude a todo lo que es superficial, ligero e inmaduro, todo lo que carece de raíces y tiene poco que ver con la agricultura productiva, todo lo que perece bajo el sol canicular. El segundo día de las adonias, era un día de alegría y celebración de la resurrección del dios, durante el cual se comía y bebía en abundancia.

Ahora que los cristianos celebran la Pascua, coincidiendo con el comienzo de la primavera, conviene recordar que los antiguos paganos también celebraban unas fiestas en las que se daban la mano la muerte y la resurrección.

Venus y Adonis, Tiziano (1554)

miércoles, 8 de abril de 2015

Pluto, por Javier Gurruchaga

El verano pasado se estrenó Pluto, la última comedia que escribió Aristófanes, en el Festival de Teatro Clásico de Mérida, en versión de Emilio Hernández dirigida por Magüi Mira. Puede disfrutarse todavía de este espectáculo -no le cuadra mejor ninguna otra palabra-  en el teatro madrileño de La Latina hasta el 3 de mayo.  He aquí el cartel de la obra, encabezada por Javier Gurruchaga, que interpreta magistralmente un papel que parece haber sido creado especialmente para él :


La comedia se ha revelado totalmente clásica y, por lo tanto, de gran actualidad -hoy es siempre todavía, Machado dixit- en estos tiempos de crisis económica donde tanto manda el poderoso caballero que es don Dinero. "Dinero" y no otra cosa es lo que quiere decir "Pluto": un dios ciego que, por lo tanto, no ve a qué manos va a parar, pero que recobra milagrosamente la vista y, a partir de entonces,  puede decidir a quiénes va a dar la riqueza, repartiéndola entre la gente de bien. Precisamente lo que cuestiona la comedia es que la riqueza está mal repartida, no llega nunca al pueblo, y que ese dios se ha revelado el más poderoso del panteón olímpico griego, hasta tal punto que dos mil quinientos años después sigue estando vigente y siendo el único dios todopoderoso que hay.



Así define la RAE, precisamente el término, PLUTOCRACIA, derivado del nombre de este dios:
( Del gr. πλουτοκρατία, gobierno de los ricos).
1. f. Preponderancia de los ricos en el gobierno del Estado.
2. f. Predominio de la clase más rica de un país.


El tío Gilito o Gilito McPato, también llamado Rico McPato o Tío Rico en Hispanoamérica (Scrooge McDuck, en la lengua del Imperio; lo de Scrooge le viene por el personaje de Un cuento de Navidad de Dickens) fue creado por Carl Barks para Walt Disney, que lo popularizó. Él podría ser, mejor que ningún otro, la moderna encarnación de Pluto.


viernes, 3 de abril de 2015

In taberna Gloria

In extremo es un grupo musical alemán de lo que se ha dado en llamar "folk metal", un estilo musical desarrollado principalmente en Europa a finales del siglo pasado, que fusiona el rock duro o "heavy metal" con la música folk medieval europea, por lo que incluye muchos instrumentos tradicionales al lado de los eléctricos y diversas lenguas y cantares tradicionales. Su nombre, el  singualr de nuestro latinajo “in extremis”, significa “en el último momento, en un caso extremo”. Se fundó en Berlín en 1995. La banda destaca por sus actuaciones en directo, en las que a menudo usa pirotecnia, y porque cantan en varias lenguas y, entre ellas, en nuestra entrañable lengua muerta,  que es el latín. Sus letras están a menudo inspiradas en canciones medievales anónimas de los goliardos, es decir, de clérigos golfos que llevaban una vida irregular. Se los llamaba goliardos (gouliards en francés) porque eran la “gens Goliae”, es decir, gentuza del demonio, propiamente, del gigante Goliat.

 In Extremo
El tema que os presento (In taberna Gloria) está basada en una de estas canciones goliardescas, claramente tabernaria. Comienza con un verso que deja bien clara  su intención: Magis quam ecclesiam diligo tabernam: Es decir, yo amo, más que la iglesia, la taberna. Se hace una proclamación de última voluntad de morir en ella, cerca del trago de vino. Y se hace incluso una apología del vino, que purga los gases del cuerpo. La canción, pese a su aire impío (o por eso mismo), acaba con unos latines eclesiásticos te Deum laudamus, uno de los primeros himnos cristianos de acción de gracias, y con un rasgo humorístico: Te alabamos, Señor, mientras tengamos abundancia de vino y no nos falte.


No hace falta recordar aquí la importancia del vino en nuestra cultura mediterránea: por un lado es un dios, Dioniso o Baco, que castiga a los que desprecian su culto, y, por otro lado, en la tradición cristiana, es, ni más ni menos,  la sangre de Jesucristo.   He aquí la letra en traducción rítmica:

Yo, más que la iglesia, quiero la taberna,
Que hace a los colegas buen latín hablar.
Tengo yo el propósito de morir en ella,
Cerca el vino esté del seco paladar.

Gloria en la taberna, Gloria en la taberna.

Vino sobre todo bueno prefiramos,
Pues se purgan gases mientras trasegamos.
Si pedimos vino, cantidad tengamos,
Dios, a ti que en gloria vives, te alabamos.


El concierto en el huevo  (El Bosco, 1480)

Magis quam ecclesiam diligo tabernam,
Loqui facit socios optimum Latinum.
Meum est propositum in taberna mori, .
Vinum sit appositum sitientis oris.

In taberna Gloria,  in taberna Gloria.

Vinum super omnia bonum diligamus,
Nam purgantur visia, dum vinum potamus.
Cum nobis sit copia,  vinum dum clamamus,
Qui vivis in gloria, te Deum laudamus.



La letra de la canción me recuerda algunos versos de los Rubaiyat del poeta persa Omar Kheyyam: (4) En la taberna,  el gallo lanzó su agudo canto. / Los que al umbral esperan exclaman impacientes:  / "Abrid, que es breve el tiempo que nos queda, y el viaje / que aún hemos de emprender, jamás tiene retorno".  (198) Una vez encontré en la taberna a un sabio / venerable. "¿Qué puedes -le pregunté- decirme / de aquellos que se fueron?" "Bebe -dijo solícito-, / porque muchos marcharon, pero ninguno ha vuelto".  (243) En iglesias,  mezquitas y sinagogas, sólo  / se refugian los débiles que temen al infierno. / Aquel que bebe vino en su pecho no siembra / las dañosas semillas del ruego y el espanto. (Traducción de José Gibert y versificación de Diego Navarro).


domingo, 29 de marzo de 2015

¿Quién orienta a los orientadores?

Me cuentan que un Departamento de Orientación bastante desorientado, por cierto, es decir, que no sabe muy bien por dónde sale el Sol ni dónde está el poniente, y, además,  no poco desnortado, o sea que ha perdido el norte, de un IES o Instituto de Educación Secundaria (¡lástima que se haya sustituido la E de enseñanza por la de educación, lo que no deja de ser poco significativo!),   de cuyo nombre no quiero ni acordarme ni hacer aquí mención, pero que no es un caso único sino, por desgracia, bastante generalizado en estos malos tiempos para la lírica que corren, pretende que los alumnos y las alumnas, cedamos a la moda, de su Centro estudien todos y todas Ciencias, a ser posible, porque tienen más salidas (laborales, se entiende) que las Letras, lo que implica que están dirigiendo a los alumnos (y a las alumnas) como si se tratara de una recua hacia el mercado laboral, a ganarse el pan con el sudor de su frente, como Dios manda, un mercado laboral que, por otra parte, nunca es idéntico a sí mismo, porque sujeto como está a los vaivenes de la oferta y la demanda es esencialmente inestable y voluble como él solo.

Como mal menor se aconseja a los que tengan problemas con Física y Química que estudien Ciencias Sociales, no vayan a econtrarse con un escollo insuperable; y en último extremo Humanidades, o sea, Latín, Griego y Literatura Universal, por ejemplo, porque es la opción que menos salidas (laborales) tiene, la que más puertas comerciales les cierra a los estudiantes, y la que no sirve absolutamente para nada, una chifladura. No es nada nuevo: Ya en mis tiempos, que siguen siendo estos mismos, por aquello de don Antonio Machado de que "hoy es siempre todavía", nos  espetaban a los de Letras aquella vieja afrenta de: "El que vale, vale; y el que no para Letras".

Así hemos llegado a la precaria siutación presente, en que muchos de nuestros jóvenes ingenieros,  académicamente bien preparados, se convierten en pre-parados, y tienen que ponerse a estudiar apresuradamente alemán para emigrar allende nuestras fronteras a encontrar el trabajo que les prometieron aquí.


 Estos consejos, hechos con la mejor voluntad posible, cabe suponer, no voy yo a dudarlo, son sin embargo un auténtico despropósito pedagógico porque no tienen en cuenta las capacidades y cualidades del alumnado: pretenden que los intereses de los alumnos y sus consiguientes demandas se acomoden a lo que hay, a la realidad existente, es decir, al Mercado. De este modo, nunca se cuestiona la realidad existente, porque, como suele decirse, no sin cierta resignación cristiana, "esto es lo que hay, o lo coges o lo dejas". Sin embargo, hay muchas otras posibilidades de estudio: hay carreras o grados, como dicen ahora, interesantísimos que no sirven para nada práctico, hay saberes improductivos, como estas humanidades nuestras, que nos recuerdan el significado original de la palabra STUDIUM: lo que se hace por gusto y por amor, pero no por interés económico. En nuestra época se ha perdido el gusto por el STUDIUM como tal (así lo define un diccionario escolar de latín: empeño, afición, afán, afecto, desvelo, incluido el político, como cuando un historiador como Tácito decía que escribía "sine ira et studio", o sea, sin encono ni parcialidad política, sin odio ni amor, dicho con otras palabras). Se pretende que el STUDIUM sirva para algo práctico como es la inserción del alumnado en el mundo y la cadena laboral, lo que lo desvirtúa como tal actividad que se hacía por puro placer, desinteresadamente, sin ánimo de lucro.

Si les dicen a los padres que lo que quieren estudiar sus hijos "no tiene salidas", estos, como es natural, se llevan las manos a la cabeza considerando que cómo van a permitir que sus hijos se metan en un callejón sin salida, como se supone que son las Humanidades, unos saberes gloriosamente inútiles que nunca han servido para nada práctico, totalmente improductivos, nada rentables.

Pero, puesto que todo lo que diga yo aquí, que soy profesor de lenguas clásicas, parecerá interesado y corporativista, le cedo la palabra a Antonio Gramsci, el teórico marxista, filósofo y periodista, que opinaba lo siguiente sobre la enseñanza del latín y el griego allá por el año 1932 en una página de sus Cuadernos de la cárcel:



En la vieja escuela, el estudio gramatical de las lenguas latina y griega, unido al estudio de las literaturas e historias políticas respectivas, era un principio educativo en cuanto que el ideal humanístico, que se personifica en Atenas y Roma, estaba difundido en toda la sociedad, era un elemento esencial de la vida y de la cultura nacionales. Incluso la mecanicidad del estudio gramatical era animada por la perspectiva cultural. Las nociones aisladas no se aprendían con un objetivo inmediato práctico-profesional: el objetivo parecía desinteresado, porque el interés era el desarrollo interior de la personalidad, la formación del carácter a través de la absorción y la asimilación de todo el pasado cultural de la moderna civilización europea. No se aprendían el latín o el griego para hablarlos, para trabajar de camarero, de intérprete, de corresponsal comercial. Se aprendían para conocer directamente la civilización de ambos pueblos, presupuesto necesario de la civilización moderna; es decir, para ser uno mismo y conocerse uno a sí mismo conscientemente […] 


El latín no se estudia para aprenderlo; desde hace mucho tiempo […] se estudia como elemento de un programa escolar ideal, elemento que engloba y satisface una serie de exigencias pedagógicas y psicológicas; se estudia para acostumbrar a los niños a estudiar de un modo determinado, a analizar un cuerpo histórico que puede tratarse como un cadáver que se recompone continuamente en la vida, para acostumbrarlos a razonar, a abstraer esquemáticamente –capacitándolos para pasar de la abstracción a la vida real inmediata-, para ver en cada hecho o en cada dato lo que tiene de general y de particular, el concepto y el individuo.


Me permitiré, para acabar, recordar aquí también a Marcel Duchamp  y su famosa puerta del portal número 11 de la calle Larrey de París,  el apartamento donde vivió el artista, que utilizaba para dos pasos: entre el estudio y el dormitorio, y entre el estudio y el baño, de manera que la puerta  nunca estaba cerrada sin estar  paradójicamente abierta al mismo tiempo. La puerta nunca podía cerrar una habitación sin abrir otra. Y es que siempre que se cerraba una puerta se abría otra, y ¿quién le pone puertas al campo? Siempre que se afirma algo se oculta otra cosa: cuando se cierra la puerta de Duchamp, queda cerrada una habitación, es cierto, pero se ha abierto otra.

 La puerta del número 11 de la calle Larrey de París, Marcel Duchamp (1927)

Lo mismo que Juvenal se preguntaba en una de sus sátiras:  Quis custodiet ipsos custodes?  (¿Quién vigilará a los propios vigilantes?) me pregunto yo ahora: ¿Quién orientará a los orientadores?

miércoles, 25 de marzo de 2015

A lo hecho, pecho



Vamos a sacar pecho, como suele decirse,  para diseccionar la anatomía de la palabra pecho, precisamente, y sus derivados y compuestos.  Procede, como se sabe, del latín PECTUS PECTORIS, sustantivo de género neutro.  Notamos, lo primero de todo, que en las lenguas hermanas pasa a ser masculino (salvo en francés, donde es femenino). Así tenemos peitto en gallego y en portugués, pit en catalán, petto en italiano, piept en rumano, peitz, pietz y pech, en provenzal, la lengua de los trovadores, y en la lengua de Molière poitrine, término que deriva de una forma popular PECTORINA,  procedente de la raíz PECTOR-, que ha sufrido el rotacismo o conversión de la /s/ silbante en /r/ al quedar entre vocales.


Repasemos algunas expresiones populares castellanas donde aparece la palabra “pecho”, como, por ejemplo, el castizo refrán “a lo hecho, pecho”, donde pecho está por ánimo, lo que quiere decir que hay que afrontar los hechos con responsabilidad y alegría, encararlos y no darles la espalda. Tomarse las cosas muy a pecho, sin embargo, denota no sólo interés y empeño, sino también una actitud tremebunda, pues si nos tomamos las cosas demasiado a pecho podemos llegar a indignarnos demasiado por nimiedades. Otra expresión muy popular es “entre pecho y espalda”, sinónima de “en el estómago”, en frases como “se metió entre pecho y espalda un cocido lebaniego con toda la sopa y todo el compango”. También puede uno pegarse una pechada de algo, lo que sería algo así como un empacho, un atracón o un gran esfuerzo.


Es conocida la expresión “ser hombre de pelo en pecho” que indicaba que un hombre era muy varonil en una época en que no estaba extendida la depilación masculina y era proverbial aquello de “el hombre y el oso cuanto más feo, más hermoso”. Se ha popularizado últimamente la expresión “pecho lobo” para eso mismo, para decir que un hombre tiene vello en el pecho o para ridiculizarlo si no lo tiene. Ir a pecho descubierto es otra expresión que significa ir sin armas defensivas ni una coraza que nos proteja. La palabra en plural es sinónimo de tetas o mamas, como en  “criar un niño a los pechos”, pero también en  singular en “dar el pecho”.


En cuanto a los derivados, cojamos la palabra por la pechera, que es la parte de la camisa y otras prendas que cubre el pecho, o cualquier lienzo o paño con que se abriga éste, y veamos que con ella nos tapamos la pechuga, que además de ser el pecho de las aves dividido en dos, es, coloquialmente, el pecho humano. Y de esta palabra viene el vocablo apechugar, que significa empujar con el pecho, pero también coloquialmente  apechar o sea afrontar, como en la manida frase “hay que apechugar con las consecuencias”. Y es que apechar es cargar, por ejemplo,  con las responsabilidades, hacerles frente, encararlas, y no darles la espalda. 


Entre los compuestos, tenemos antepecho que entre sus varios significados, es un pretil o baranda que se coloca para poder asomarse en las alturas sin peligro de caer. Por cierto que pretil, la palabra  utilizada en la definición,  es un derivado de PECTORILE, que, como se ve, procede también de PECTUS PECTORIS. 


Otro compuesto es repecho, donde el prefijo re- tiene un sentido de oposición, y por lo tanto sugiere que algo, generalmente una dificultad, se le pone al pecho por delante,  por lo que se suele denomianr así a una cuesta bastante pendiente, como muy bien saben los ciclistas. Así en esta declaración de Contador, uno de los más notables, por ejemplo: "Teniendo en cuenta que era un repecho de 1,8 km,  he hecho un gran trabajo".


Cultismos de la raíz PECTOR son los pectorales, como se denominan los músculos del pecho,  y el verbo expectorar, que propiamente significa expulsar las flemas y secreciones acumuladas en el pecho


El pechicolorado, pechirrojo o petirrojo, que de las tres formas se puede decir, es un pájaro con el pecho de color rojo vivo, como su nombre indica.



A través del italiano petto, nos viene, con simplificación de las dos consonantes iguales y seguidas, peto,  que era la armadura del pecho (la coraza estaba compuesta de peto y espaldar) pero también una prenda sin más que cubre el pecho, y los compuestos  parapetar y parapeto, que evoca el muro o baranda que sirve para evitar caídas en escaleras y puentes, pero también el terraplén que en las trincheras protege el pecho de los soldados.


Pero el derivado más curioso, tanto que parece difícil a primera vista de relacionar con esta parte del cuerpo, es la palabra “apretar”, que procede de appectorare, que en principios significaba “arrimar algo al pecho y estrecharlo. Appectorare evoluciona de la siguiente manera: appectorar, por apócope de /e/ final en los infinitivos;   apectorar, tras la simplificación de geminadas; apetorar, por la asimilación de /c/ a /t/ y posterior simplificación de las dos /t/;   apetrar, por síncopa de la /o/ pretónica, y finalmente  apretar, por metátesis del sonido /r/. Y de ahí vienen todos nuestros aprietos y apretones  que tanto nos apretujan. Y también, claro está, el adjetivo prieto, con el significado de apretado y espeso. 



No todas las palabras que acaban en -pecho, sin embargo, proceden de PECTUS y tienen algo que ver con esa parte de nuestra anatomía de la que estamos tratando, como podría parecer a primera vista. Un ejemplo muy claro es despecho, que, aunque puede ser un sinónimo coloquial de “destete”, este uso está ya muy restringido en español oficial contemporáneo. En la acepción más extendida, despecho significa desprecio o menosprecio, como se ve en las locuciones a despecho de (a pesar de)  o cuando decimos  obrar por despecho. Procede del participio latino DESPECTUS, del verbo DE-SPICERE, que propiamente significa mirar algo desde arriba y de ahí mirar por encima del hombro y por lo tanto desdeñar, como se ve en el cultismo despectivo. Este DESPECTUS está relacionado con RESPECTUS, del verbo RE-SPICERE, que quiere decir mirar hacia atrás, volver a mirar, lo que implica una actitud de cierta consideración y respeto,   donde el grupo /ct/ sigue otra evolución: no palataliza en /ch/ sino que el sonido /c/ se asimila a /t/ y posteriormente se simplifica, por lo que desemboca en respeto, es decir, en miramiento, como cuando campa alguien por sus respetos aunque, por la vía culta, siempre conservadora porque es la vía escrita,  se mantenga el grupo en respectivo; y también con ADSPECTUS, del verbo AD-SPICERE mirar hacia, admirar, donde se ha conservado el grupo /ct/, como en aspecto, que es sinónimo de apariencia, y en PROSPECTUS, de PRO-SPICERE, mirar antes, examinar algo con vistas al futuro, y en SU-SPECTUS, de SUB-SCIPERE, propiamente mirar por debajo de las apariencias de una realidad dada lo supuestamente oculto, de donde vienen nuestra sospechas y suspicacias. 

Nos encontramos en el campo semántico de *SPICERE, reforzado en época clásica por el frecuentativo SPECTARE, que es el verbo latente, el verbo "mirar": de ahí espectador, especie, espécimen, espejo y espectro, circunspección o cuidado cuando miramos a nuestro alrededor, prospección, cuando miramos hacia delante,  inspeccción, cuando miramos hacia adentro, y expectativa, cuando miramos con esperanza hacia afuera; estamos ante el verbo que caracteriza a nuestra sociedad, la sociedad del espectáculo, como bien supo ver el llorado Guy Debord, padre del situacionismo,   y ante la sociedad de las muchas expectativas o miras puestas en un futuro esperanzador,  pero nos estamos alejando mucho de la parte de nuestra anatomía donde habíamos puesto nuestras miras.



martes, 17 de marzo de 2015

El corazón y la sesera



Vamos a tratar de encontrarle el sentido a la palabra latina sensus y a la cosa que hay detrás, palabra que significa precisamente "sentido",  como puede verse en los latinajos fosilizados stricto sensu y lato sensu (“en sentido restringido” y “en sentido amplio” respectivamente),  que utlizan en castellano los cultiparlantes. Sensus   vino a desembocar enseguida en castellano en  seso, por asimilación del sonido nasal al silbante y posterior simplificación de ambos. Esta palabra pasó de querer decir, como señala Corominas, “prudencia, discreción”, uso del que deriva el adjetivo sesudo,  a “cerebro, masa encefálica”, de donde tenemos, además del susodicho seso, la coloquial sesera, que es la sede de los sesos pero también un sinónimo de buen juicio e inteligencia.

Conservamos también su raíz culta “sens-“ en palabras como sensual –referente a los cinco sentidos-, sensible, y, con cierto matiz despectivo, sensiblero, y, además, en  sensorial, sensación, sensitivo o sensato –prudente,  dotado de sentido común. Este sensus communis, por cierto, según la expresión que parece que acuñó Cicerón para referirse en el sentido intelectual a la manera ordinaria de pensar y concebir las cosas de las personas, a lo que también denominó vulgaris popularisque sensus  es, según el dicho moderno, el menos común de todos los sentidos, frase que parece que debemos atribuir al periodista norteamericano Horace Greeley,  quien dijo lapidariamente “common sense is very uncommon”, o, lo que es lo mismo, que el sentido común era muy poco común, algo no por contradictorio menos verdadero.

Pero la raíz latina e indoeuropea que está detrás de este vocablo, vamos a ponernos un poco sentimentales y a buscarle un poco el sentido a la cosa, o sea lo mismo, a la palabra, es "sent-", que es la del verbo sentire, ya que sensus es el participio de perfecto de dicho verbo. De ese verbo procede nuestro sentir, y sus compuestos asentir (de ad- en una dirección), consentir (de cum-, que denuncia complicidad), disentir (de dis- prefijo negativo),  presentir (de prae-, con antelación) y resentir (de re- prefijo intensivo y repetitivo), y también, no los perdamos de vista, asenso, consenso y disenso.

También la palabra centinela, pronunciada con ceceo,  tiene su origen en estos latines que estamos tratando, pues nos llega a través del italiano “sentinella”, que era la vigilancia que prestaba un soldado en su puesto de guardia, y, por extensión, el soldado mismo que “percibía”.



Es curioso y no ningún contrasentido cómo se han unido el corazón y la razón, el sentimiento y el pensamiento,  en la evolución del significado de la palabra sensus. Y es que sentire en latín no significaba sólo “percibir por los cinco sentidos, sentir”, sino, además, “pensar, opinar”, como se ve en algunos derivados suyos que todavía conservamos nosotros, por ejemplo en sentencia, sentenciar, sentencioso. 

Este uso se recoge en aquel célebre dicho del comediógrafo Terencio  quot homines, tot sententiae: cuantas personas, tantos pareceres u opiniones. Venía Terencio a decir algo que se ha convertido con el paso del tiempo en un lugar común, un tópico típico: que cada cual tiene su opinión, una opinión propia que sería tan respetable como si fuera una propiedad privada. Pero ya nos advirtió el filósofo de Éfeso cuando dijo que siendo la razón común la mayoría de las personas vivían sin embargo con una opinión personal que no dejaba de ser un idiotismo o una idiotez, un contrasentido o particularidad privada de razón precisamente por su propia pretensión de singularidad.

 

Pensar no quiere decir hacerse ideas de las cosas y expresar opiniones personales sobre las ideas que uno tiene y se va haciendo de las cosas, sino razonar sin pretender llegar a ninguna conclusión o meta, lo que suele traducirse, precisamente, en todo lo contrario: en irse desprendiendo de todas y cada una de las ideas previas que uno tiene guardadas en la sesera; lo mismo que sentir no quiere decir experimentar sensaciones o sentimientos previamente consabidos, sino  no saber  qué es lo que se siente. En ese sentido pensar y sentir vendrían a ser lo mismo: lo mismo razón y corazón, como demuestra la evolución del lenguaje popular, a diferencia de la jerga culta de los políticos, filósofos y pedantes en general, que tiende a separar ambas cosas, el corazón y la razón.

domingo, 15 de marzo de 2015

Las idus de marzo



A Julio César, que fue asesiando el día de las idus de marzo del año 44 antes de Cristo,  le dedicó Borges  (1899-1986) este soneto de su último libro de poemas Los conjurados (1985).
 
CÉSAR



Aquí lo que dejaron los puñales.
Aquí esa pobre cosa, un hombre muerto
que se llamaba César. Le han abierto
cráteres en la carne los metales.

Aquí la atroz, aquí la detenida
máquina usada ayer para la gloria,
para escribir y ejecutar la historia
y para el goce pleno de la vida.

Aquí también el otro, aquel prudente
emperador que declinó laureles,
que comandó batallas y bajeles

y que rigió el oriente y el poniente.
Aquí también el otro, el venidero
cuya gran sombra será el orbe entero.

(Jorge Luis Borges)

oOo

Otra referencia inevitable para un día como hoy es la novela de Thornton Wilder (1948) "Los idus de marzo" (en latín tanto idus, como nonas y calendas tenían género femenino, por lo que sería preferible aplicarle el género femenino a la palabra "idus", pero es algo que no le podemos achacar a Thornton Wilder, que tituló su novela "The Ides of March", sino a su traductor a nuestra lengua).

Es una novela muy aconsejable no sólo para lectores interesados en la novela histórica, sino para interesados en la literatura en general. El propio autor nos advierte en el prólogo de la obra sobre ello: "La reconstrucción histórica no figura entre los propósitos primarios de esta obra, que podría calificarse como una ficción sobre determiandos hechos y personas pertenecientes a los días postreros de la República Romana".

Dividida en cuatro partes, tiene formato epistolar. Marco Antonio, Cleopatra, Julio César, al que se alude como el Dictador,  y el poeta Catulo se escriben e intercambian cartas, lo que le permite al autor narrar un mismo hecho desde diferentes perspectivas, técnica con la que profundiza en la complejidad de los hechos históricos relatados.  

domingo, 8 de marzo de 2015

En el día de la mujer

En el mundo antiguo hubo mujeres escritoras, y, en concreto, poetas o poetisas, si se prefiere, como Safó de Lesbos (siglo VIII a. de C.), considerada la décima Musa, que escribió espléndidos poemas de amor a otras mujeres, científicas y filósofas como Hipacia de Alejandría (siglo III d. de C.), célebre entre nosotros por la espléndida película que le dedicó Alejandro Amenábar (Ágora, 2009), que murió a manos de fanáticos cristianos, entre otras menos conocidas, por no citar a las célebres hetairas como Aspasia, la compañera sentimental de Periclés.


Un artículo de Sofía G., publicado en la revista nihilista Nada, reivindica ahora la figura de Hiparquia como primera filósofa y por lo tanto antecesora de Hipacia de Alejandría y, sobre todo, como precursora del feminismo crítico, una postura que se rebela contra el papel que la sociedad patriarcal le ha asignado a la mujer, que reproduzco por su interés a continuación:

La primera feminista de la historia, entiendiéndose feminismo como la crítica y cuestionamiento de la asignación de roles sociales en base al género y la lucha contra el patriarcado, no fue ni Christine de Pizan (1364) -como sostenía Simone de Beauvoir- ni Mary Wollstonecraft (1759); fue Hiparquía (IV a.C.). Hiparquía fue una perra, única componente femenina de la Secta del Perro y la escuela de los cínicos griegos, discípula de Diógenes de Sínope y compañera sentimental de Crates. Además fue ella, y no Hipatia (s. IV-V), la primera mujer filósofa de la historia.


Lamentablemente no se conservan en la actualidad ninguna de sus obras. Diógenes Laercio habla de ella en su famosa obra “Vida de los filósofos más ilustres” (VI,2) dentro del apartado de Crates, su compañero sentimental, siendo la única mujer citada como filósofa en toda la obra aunque, qué sorpresa, sin tener un apartado propio. Gracias al lexicógrafo griego Suidas (s. X) sabemos que escribió al menos tres obras: Hípotesis filosóficas, Epiqueremas y “Cuestiones sobre Teodoro el ateo”. Teodoro -filósofo cirenaico- tuvo un encontronazo algo más que dialéctico con Hiparquía en Atenas. Teodoro no era muy partidario de que Hiparquía asistiese, por ser mujer, a los banquetes con Crates; según él sólo las hetairas podían hacerlo. La despreciaba sobre todo porque se dedicó a la filosofía. Al parecer durante un banquete en casa de Lisímaco, Hiparquía le dejó en evidencia. Teodoro le preguntó si era ella la que había cambiado la rueca por la filosofía, a lo que Hiparquía le contestó con una pregunta retórica si creía él que había hecho mal en dedicarle al estudio lo que por su condición femenina le hubiese correspondido dedicarle a las tareas domésticas. Enfadado Teodoro, parece ser que le arrancó la ropa intentando dejarla en evidencia, pero al igual que una Friné, su desnudez sólo sirvió para justificar su acción:


A esto nada opuso Teodoro, contentándose con tirarla de la ropa; pero ella no se asustó ni turbó como mujer, sino que como Teodoro la dijese: ¿Eres la que dejaste la tela y lanzadera? respondió: «Yo soy, Teodoro: ¿te parece, por ventura, que he mirado poco por mí en dar a las ciencias el tiempo que había de gastar en la tela?.

 Laercio VI



                                                    Crates e Hiparquia, filósofos cínicos.


Hiparquía procedía de una familia acomodada pero pronto abandonó, con 15 años, todas sus riquezas y su poder social heredado para unirse a los cínicos junto a Crates, viviendo sin propiedades,  públicamente. Se cuenta que Hiparquía y Crates sellaron su amor fornicando en las escaleras de un portal público, algo muy común entre los cinicos, que solían orinar e incluso masturbarse en público sin ningún problema basándose en la anaideia (falta del sentido del ridículo). El discípulo de Hiparquia y Crates, Zenón de Citio, fue el fundador del Estoicismo, corriente que abogaba por la igualdad de sexos y el amor libre.


Hiparquía rechazó la cultura oficial ateniense que recluía, excluía y subordinaba a la mujer, expulsándola del espacio público, tanto cultural, política como sociológicamente. Participaba de la vida pública y tenia “visibilidad”, frente a la “invisibilidad” femenina del momento. Desafió con su comportamiento público, su rechazo a la oikonomía y con su interés intelectual, a una sociedad patriarcal, machista y misógina.


 

viernes, 6 de marzo de 2015

Más sobre Alejandro

Iron Maiden, el legendario grupo británico de heavy metal de la Doncella de Hierro, cuyo nombre evoca una terrible máquina de tortura medieval, dedicó una canción a la figura de Alejandro Magno. El tema está extraído de su álbum Somewhere in Time, publicado en 1986.



La letra refleja bastante bien algunas de las facetas más importantes de la figura histórica de Alejandro: la conquista de Asia Menor, la difusión del helenismo, la fundación de Alejandría en Egipto, ciudad que todavía lleva su nombre, la anécdota del nudo gordiano... No se entiende sin embargo muy bien la afirmación que hace la canción de "He paved the way for Christianity" (¿allanó el camino a la cristiandad?). Se pueden afirmar muchas cosas sobre Alejandro, pero esa, precisamente, y en sentido estricto y riguroso, no. Alejandro es pagano, vivió y murió en el siglo IV antes de Cristo (366-323), y bajo ningún concepto puede considerarse un precursor del cristianismo.

La letra de la canción comienza con una cita de Plutarco, que pone en boca de Filipo de Macedonia, padre de Alejandro, cuando este cumplió 16 años: "My son,  ask for thyself another Kingdom, for that which I leave is too small for thee": Hijo mío, reclama para tí otro reino, porque este que te dejo es demasiado pequeño para ti".

He aquí un vídeo que subtitula la letra de la canción en castellano sobre imágenes de la fallida y espléndida película que Oliver Stone consagró a la figura de Alejandro en el año 2004.


martes, 3 de marzo de 2015

Nuestra herencia política

Los alumnos de Latín y Griego del IES "Manuel Gutiérrez Aragón" de Viérnoles (Cantabria), dirigidos por su profesora Azucena Vidal, hicieron una lectura pública el 5 de febrero en el salón de plenos del Ayuntamiento de Suances, junto con los compañeros del IES "Ría San Marín". El profesor de audiovisuales Juan Carlos Fernández Izquierdo hizo este magnífico trabajo videográfico de once minutos de duración para presentar al concurso "Yo conozco mi herencia, ¿Y tú?", que organiza por tercer año consecutivo la Asociación de Profesores de Latín y Griego de Murcia AMUPROLAG para reivindicar el lugar que merecen las humanidades clásicas en el sistema educativo y el mundo moderno, este año bajo el tema de las instituciones políticas.

El vídeo acaba con una cita en griego moderno del actual presidente de Grecia Alexis Tsipras, al que le toca ahora la ingrata tarea de gobernar y de descubrir que los que mandan son los más mandados, subordinados como están los políticos y la política a los designios económicos de los mercados y al capital: Σήμερα ο ελληνικός λαός έγραψε ιστορία, η ελπίδα έγραψε ιστορία. Ο κυρίαρχος ελληνικός λαός έδωσε σήμερα καθαρή, ισχυρή, αδιαμφισβήτητη εντολή. Η Ελλάδα γυρίζει σελίδα. Palabras que quieren decir:  "Hoy el pueblo griego ha escrito historia, la esperanza ha escrito historia. El pueblo griego soberano ha dado hoy un mandato claro, fuerte, indiscutible.  Grecia pasa página".

¡Suerte a los compañeros que han hecho posible este estupendo trabajo!



domingo, 1 de marzo de 2015

Ópera rock Alejandro

Se estrena ahora en Atenas la ópera rock Alexander,  sobre la figura histórica de Alejandro Magno, con música del compositor griego Costas Atiridis y libreto, en inglés, of course, faltaría más, que es el idioma del rock, de Alexandra Jaranis, aunque se representa con supertítulos en griego para el público heleno.  

La historia comienza en Samotracia, un año antes del nacimiento de Alejandro, cuando Olimpia, la que será la madre del que será a su vez el dueño del mundo, y el rey de Macedonia Filipo se conocen durante los misterios de los Cabiros, y concluye con la muerte de Alejandro en Babilonia 34 años después. ¿Quién era realmente este hombre que cambió la historia del mundo influyendo en la cultura de millones de personas? La ópera intenta aproximar la figura de Alejandro al gran público, especialmente a las nuevas generaciones, en un intento similar al de otra ópera rock Jesucristo Superstar,  que en los años setenta del siglo pasado intentó atraer a la juventud hacia el cristianismo hippy con su mensaje de "paz y amor".

Una orquesta en directo compuesta por diez músicos y un reparto de treinta actores, bailarines y cantantes, interpretan este musical, que está llamado a concitar audiencias internacionales, dado que espera iniciar en breve una gira por todo el mundo.


Un intento similar a éste de acercar la figura del macedonio al público en general, dentro del campo de la cinematografía, fue el de la fallida y a la vez espléndida película de Oliver Stone,  Alexander, del año 2004, que destacó sobre todo por algunas de sus insólitas imágenes y por la música grandiosa de Vangelis.




He aquí un vídeo de la ópera rock: