viernes, 27 de octubre de 2017

Hostias y ostias.

Hostias 

Sentencia la Real Academia Española en su inmensa pedantería que hostia procede del latín “hostia”, que significaba "víctima de un sacrificio" (ofrecida en principio como expiación para apaciguar la ira de los dioses, por oposición a “uictima”, que se ofrendaba en señal de acción de gracias) y nos da como primera acepción "Hoja redonda y delgada de pan ácimo, que se consagra en la misa y con la que se comulga", es decir, la famosa oblea, y en segunda: Cosa que se ofrece en sacrificio”. Recoge, además, como no podía ser menos una tercera acepción, que califica de malsonante, y que es la que más se utiliza a día de hoy en castellano, cuya etimología sería la misma según la RAE.: “golpe, trastazo, bofetada”. Cuando se dice en medio de una discusión acalorada que “aquí va a haber algo más que palabras”, sabemos que ese algo más no puede ser otra cosa que hostias desgraciadamente. Pero ¿qué relación tienen estas últimas hostias con las primeras? Ninguna, sencillamente.


No se entiende muy bien cómo la oblea ha podido llegar a ser sinónimo de bofetada, golpe y trastazo, hasta el punto de que su origen etimológico sea común y el mismo según los sabihondos académicos. Es verdad que cuando la misa era como Dios manda, en latín, el sacerdote daba una hostia al feligrés que comulgaba, arrodillado ante el altar, depositándola en su boca, pero de ahí a que eso sea sinónimo de un bofetón va a un abismo.

No debería la RAE perder de vista el latín FVSTIGARE, que era golpear con el FVSTEM, es decir, con palo, vara, bastón o garrote, de donde nos viene al castellano la palabra “fuste”, como madera o parte sólida de los árboles y de ahí fundamento de una cosa, y también “fusta” con el significado de “vara flexible empleada como látigo o rebenque”; este FVSTIGARE es el origen del cultismo fustigar “golpear con la fusta”, y de las palabras patrimoniales hostigar y hostiar. Esta última, que es la más común y es puro castellano, no la recoge el Diccionario de la RAE todavía por lo que he visto. 


Se llega a ella a través de un paso intermedio que es fostigar, documentado por ejemplo en el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. En la estrofa 1168, verso 3º, leemos en efecto: fostigarás tus carnes con santa disçiplina. También en los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo (XVI, 359) leemos: menazólo el padre porque avié tardado, / que mereciente era de seer fostigado. También en el Cancionero de don Juan Alfonso de Baena leemos seres de mi palmatoria / muy mal fostigado. Pero baste con estos ejemplos.

En gallego y en asturiano existe un descendiente de este fostigar que es FOSTIAR, a veces con prefijo A-, AFOSTIAR, que persiste en algunos otros ámbitos del español oficial contemporáneo, donde está claro que la f- inicial no puede proceder de la h- latina, y sí al revés, que nuestra h- inicial provenga de una f- latina.

Ostias 

 Según el Diccionario de la RAE, ostia es vocablo que está en desuso y que procede del latín “ostrea”, que significa “ostra”, y que en castellano viejo se decía “ostria” u “ostia”. Advierte Corominas que el deseo de rehuir la confusión sacrílega de esta ostia con la hostia consagrada hizo que se generalizara la forma portuguesa “ostra” en detrimento de la primera, que dejó de usarse (aunque todavía se dice ostión en Andalucía y en algunas zonas de Sudamérica). 


El conocido cómic de la posguerra española Roberto Alcázar y Pedrín popularizó entre nosotros la frase ¡Ostras, Pedrín!, que empleaba el personaje Roberto Alcázar como eufemismo de ¡Hostias, Pedrín! para expresar asombro a su compañero de aventuras. Y algunos se empeñan todavía en exclamar “ostras” en lugar de “hostias” para evitar la malsonancia de la confluencia con lo sacrosanto. Son los mismos que en lugar de exclamar mierda profieren miércoles, o cáspita y córcholis en vez de vaya usted a saber qué, y  rediós y cago en Dios o mejor cagüendiós, como dice a veces la gente, en lugar de rediez y cagüendiez, para parecer más finos y educados, quedando ya algo obsoleto pardiez que sustituía a par Dios o sea por Dios hace mucho tiempo; esos mismos escriben a veces también “ostias” sin hache, para no incurrir claramente en la blasfemia, y sí en la falta de ortografía.

La expresión que se oía antaño en España, cuando los hijos les preguntaban a las madres de una forma insistente e insolente, que qué había para comer, solía ser: "¡Hostias en vinagre!". Ignoro el origen de esta locución de la que se me ocurren dos explicaciones:

-Que sea en realidad “Ostias (es decir, ostras) en vinagre”. Las ostras suelen comerse crudas, pero a veces se riegan en vinagre (o en zumo de limón) para que suelten las impurezas, o se preparan a la vinagreta.

 Viñeta del cómic Roberto Alcázar y Pedrín

-Que sea, en efecto “Hostias (es decir, obleas consagradas) en vinagre”. Lo que nos lleva a la ceremonia de la eucaristía, en la que el sacerdote divide la hostia consagrada en dos porciones, y, acto seguido, parte una de esas porciones en otra más pequeña y procede a la inmixtión echándola en el cáliz donde está el vino consagrado. Como advierte el Vaticano, debe procurarse que el vino no esté avinagrado; si lo estuviera, avinagraría también la hostia.

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