sábado, 21 de octubre de 2017

La misa no mola si no es en latín.


En 1965 por primera vez un papa, Pablo VI, dijo una misa en italiano y no en latín “como Dios mandaba” hasta entonces al menos. A partir de ese momento, comenzaron a celebrarse las misas en lengua vernácula (en cada país la suya) y se perdió con ello uno de los mayores encantos de la ceremonia de la liturgia católica, la utilización de las divinas palabras que decía Valle Inclán. 

Pero esa no fue la única innovación: el sacerdote dejó de celebrar la misa mirando “ad Orientem”, es decir, igual que los fieles, hacia Jerusalén (ex Oriente lux), dándoles la espalda como el conductor de un tren o autobús, y se puso de cara a los fieles como un político que suelta un mitin demagógico. Se perdió la genuflexión a la hora de la eucaristía, que se recibía entonces en la boca, y no de pie y en la mano como ahora. Se ha perdido el gregoriano y la música sacra. Ahora predominan las guitarras y hasta el rock-and-roll y demás mandangas populares y más propias de los 40 principales, en detrimento del gran patrimonio musical del que disponía la Iglesia de misas solemnes de Mozart, Bach, Palestrina… Ahora hay monaguillas, además de monaguillos, no iba la Iglesia a discriminar a la mujer más de lo que ya lo hace no permitiendo su acceso al sacerdocio. Sólo el sacerdote podía leer la Epístola y el Evangelio, mientras que ahora cualquier feligrés puede hacerlo. En el antiguo rito tampoco se interrumpía la misa para saludar y darle la paz al vecino y a los del banco de atrás, como se hace ahora...

Lo que ha hecho la simplificación de la liturgia, so pretexto de ser más accesible a la gente, es empobrecerse,  y que la gente se desentienda cada vez más de la celebración de la eucaristía, que ya no tiene el encanto, la solemnidad, la magia y el misterio que tenía antaño. Y, como cantaba Brassens, sin el latín, sin el latín, la misa nos aburre, o ya no mola como molaba.

  Ite, missa est,  momias en una iglesia del sur de Italia. M.C. Escher (1898-1972)

Por cierto. Al final el sacerdote decía: Ite, missa est, que significa literalmente: “Marchad, ha sido enviada”. Y de ese “missa”, participio de perfecto del verbo mittere,  es de donde le viene el nombre a la misa. Pero ¿qué cosa ha sido y adónde y a quién ha sido enviada esa cosa? O dicho en términos gramaticales escolares y pedantes: ¿Cuál es el sujeto omitido y que se sobreentiende de la frase? Pues parece que no puede ser otro más que la propia asamblea, o la ceremonia, o la eucaristía, dicho a la griega, o la “hostia” dicho en latín. En efecto, tenemos que el sacerdote decía en el ofertorio: “Suscipe, sancte Pater, omnipotens aeterne Deus, hanc immaculatam hostiam” (Recibe, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, esta hostia inmaculada), y después de la consagración: “...hostiam puram, hostiam sanctam, hostiam immaculatam, Panem sanctum vitae aeternae et Calicem salutis perpetuae” ( ...la hostia pura, hostia consagrada, hostia inmaculada: consagrado Pan de vida eterna y Cáliz de eterna salvación). Cabe preguntarse: ¿A quién ha sido enviada la víctima? La respuesta sería obvia: in Deum, a Dios, o in caelum, al cielo.  Hay sin embargo quien piensa, y es la opinión más extendida, que "missa" es un sustantivo que significaría "licencia", por lo que las últimas palabra del sacerdote significarían: Idos (o iros, como admite la Academia ahora), hay licencia.

Entiéndase que hostia es “sacrificio” o más propiamente la víctima expiatoria que se sacrificaba, es decir, se mataba para comérsela en honor de los dioses paganos y que en el ritual de la misa católica, apostólica y romana, suele ser una oblea de trigo, no desprovista de gluten, para escándalo de los celíacos, que se ven así privados de la sagrada comunión si el Vaticano no admite las hostias sin gluten, que representa la carne de Cristo, que es el agnus Dei o cordero del Dios cristiano que quita los pecados del mundo y  que se autoinmola para rendención de la humanidad. 


He aquí la letra de la canción “Tempête dans un bénitier (Tormenta en la pila de agua bendita)” de Georges Brassens, que le dedicó al asunto de la vulgarización de la misa en lengua vernácula, a la que antes se aludía, en versión de Agustín García Calvo (19 canciones con versión para cantar, Georges Brassens, editorial Lucina, Madrid, 1983).

Tormenta en el agua bendita: / el Sumo Pontífice con / Concilio y con Congregación / nos la arman que hasta Dios tirita. / No ven lo que les ocurre, / bonetillos de adoquín: / sin el latín, sin el latín, / la Misa nos aburre. / Ya el Sagrado Ministerio / queda sin don y sin din: / sin el latín, sin el latín, / ni magia ni misterio. / Ya el rito no nos fascina, / ya dice el fiel “A mí, plín”; / sin el latín, sin el latín, / es como la oficina. / Oh Santa Madre del Hijo de / Dios, dile tú a ese jollín / de grajos que nos carga ýjode / sin el latín. / No soy el único, rediez, / desde que han dado tal respingo, / que sólo si llueve el Domingo / acudo al Templo alguna vez. / No saben lo que se guisa, / tejas de poco serrín: / sin el latín, sin el latín / nos aburre la Misa. / Al renunciar a lo oculto, / poco va a hacer retintín, / sin el latín, sin el latín, / el cepillo del culto. / Sacristán y monaguillos, / cuando les haga tilín, / sin el latín, sin el latín, / se irán a hacer novillos. / Oh Santa Madre del Hijo de / Dios, dile tú a ese jollín / de grajos que nos carga ýjode / sin el latín. / Esos pajarracos chiflaos / royendo están en rabia insana / la sola vieja rama sana / de la cruz donde están posaos. / No ven lo que les ocurre, / bonetillos de adoquín: / sin el latín, sin el latín, / la Misa nos aburre. / El vino en la Eucaristía / se transmuta en alpechín / sin el latín, sin el latín, / y su virtud se enfría. / En Lurdes, Fátima, Otranto, / como en Tolú y en Pequín, / la Iglesia ya, sin el latín / ha perdido su encanto. / Oh Santa Madre del Hijo de / Dios, dile tú a ese jollín / de grajos que nos carga ýjode / sin el latín.



En la letra de la canción de Brassens hay una curiosa y sacrílega homofonía: Sainte Marie mèr' de / Dieu, (Santa María madre de / mierda Dios). En la versión para cantar de García Calvo, se ha sustituido por otra que tiene su miga de sugerente gracia: “Oh Santa Madre del Hijo de... / Dios”, que suena igual que “nos carga / ý jode sin el latín”.

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