viernes, 3 de noviembre de 2017

Patriotismo: odiar las patrias

A pesar de que “nadie es profeta en su tierra” (nemo propheta acceptus est in patria sua), a pesar de que nunca vas a ser reconocido en tu patria, en la que te nutrió, educó e hizo un hombre; donde habitan tus padres, hermanos, hermanas, cuñados, familiares, y en fin ciudadanos, y todos los que de algún modo te atañen (in patria tua, quae te nutriuit, educauit et in uirum euexit; ubi parentes, fratres, sorores, cognati, familiares, ciuesque denique, et omnes qui ad te aliquo modo pertinent, habitant ), a pesar de eso no conviene odiar la patria (patriam odisse) pues otra cosa impone el orden de la naturaleza establecido por Dios (aliud enim praecipit ordo naturae a Deo institutus), escribe Jacques-Paul Minge en sus Comentarios a los evangelios de San Marcos y San Lucas, publicados en París en 1840.


Otros autores cristianos como Tomás de Aquino cuando hablan de la patria no se refieren a la terrenal, sino a la celestial, la “caelestis patria”, ya que para los cristianos la patria terrena tiene poca importancia. Es más, algunos autores invitan a abandonarla e incluso a depreciarla para poder alcanzar la celestial. Ambrosio de Milán, por ejemplo, llega a escribir en sus Comentarios al Cantar de los Cantares: “Huyamos entonces a la patria más verdadera. Allí nuestra patria, y el padre por el que hemos sido creados, donde está la ciudad de Jerusalén, que es la madre de todas: Fugiamus ergo in patriam uerissimam. Illic patria nobis, et pater a quo creati sumus, ubi est Hierusalem ciuitas quae est mater omnium. En términos cristianos el patriotismo más acrisolado consiste en odiar las patrias terrenales todas porque ninguna de ellas es la patria celestial, que es la verdadera; y en términos platónicos, odiar las patrias materiales porque ninguna es la espiritual.

Bertolt Brecht, desde su óptica laica y atea, definió a mi modo de ver con más acierto en sus “Historias del señor Keuner” el patriotismo o, más literalmente el amor (Liebe) a la patria (Vaterland) como el odio a las diversas patrias (Vaterländer, en plural), porque precisamente ese odio está motivado por amor a la patria que no existe en la realidad, dado que ninguna de las que hay, y menos la nuestra propia, habiendo tantas como hay,  es la verdadera de verdad.  



VATERLANDSLIEBE, DER HASS GEGEN VATERLÄNDER

Herr K. hielt es nicht für nötig, in einem bestimmten Lande zu leben. Er sagte: „Ich kann überall hungern“.
Eines Tages aber ging er durch eine Stadt, die vom Feind des Landes besetzt war, in dem er lebte. Da kam ihm entgegen ein Offizier dieses Feindes und zwang ihn, vom Bürgersteig herunterzugehen.
Herr K. ging herunter und nahm an sich wahr, dass er gegen diesen Mann empört war; und zwar nicht nur gegen diesen Mann, sondern besonders gegen das Land, dem der Mann angehörte; also dass er wünschte, es möchte vom Erdboden vertilgt werden.
– „Wodurch“, fragte Herr K., „bin ich für diese Minute ein Nationalist geworden? Dadurch, dass ich einem Nationalisten begegnete. Aber darum muss man die Dummheit ja ausrotten; weil sie dumm macht, die ihr begegnen.’


PATRIOTISMO: ODIAR LAS PATRIAS.

El señor K. no consideraba necesario vivir en un país determinado. Decía:
– “Puedo morirme de hambre en cualquier parte”
Pero un día iba por una ciudad que estaba ocupada por el enemigo del país en el que él vivía. Entonces se topó con un oficial del enemigo y le obligó a bajar de la acera.
El señor K. se bajó, y se dio cuenta de que odiaba a este hombre, y no solamente a ese hombre, sino sobre todo al país al que pertenecía el hombre; hasta tal punto que deseaba que fuese borrado de la faz de la tierra por un terremoto.
-“¿Por qué, preguntó el señor K. me he convertido en este instante en un nacionalista? Porque me he topado con un nacionalista. Pero por eso hay que erradicar la estupidez, porque vuelve estúpidos a los que se topan con ella.”

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