Este vídeo, rodado en Atenas, tiene la gracia de que es un tango cantado en español por el grupo griego Apurimac al que acompaña la cantante Eli Paspalá. La letra y la música del tema "Mi último tango en Atenas" han sido compuestas por el argentino Daniel Armando. Se trata de un curioso experimento de fusión de música griega con el tango argentino. La letra consta de cien helenismos o palabras de origen griego de uso corriente en nuestra lengua que describen muy bien la crítica situación que atraviesa hoy el país heleno. Son esas palabras raras y casi siempre esdrújulas que leemos y oímos todos los días. Son genéticamente griegas y no somos conscientes de que hablamos griego sin darnos cuenta. Las imágenes nos invitan a dar un melancólico paseo por las calles de Atenas, hasta llegar a la meta final, que es ho ánthropos, el hombre.
Mi último tango en
Atenas
Armonía neurótica en
el microcosmοs de la metrópoli,
cultura narcisista en una monarquía dogmática,
sinfonía cacofónica, pandemonium en la atmósfera,
melodía, símbolo, melodrama y tragedia.
Orgasmo ideológico
del barbarismο a la teoría
político disléxico en parodia onírica,
tiranía fantasma, dilema megalómano
de un metabolismο retórico sin tesis ni antítesis.
[Estribillo] Este es mi último tango en Atenas,
tango llorón, que corre por mis venas.
Este es mi último tango en Atenas,
tango cabrón, que corre por mis venas.
Patriota heroicο, trágicο,
sistemático,
hipocresía paranoica sin diálogo esotéricο,
teatro irónicο, sindicato plásticο,
y epicentro de la epidemia, una quimera, una utopía.
Energía, hipérbole, antídotο democráticο,
laberinto crítico sin entusiasmo, sin rima
música epidérmica en un pentagrama masoquista
y la simetría tóxica de un epílogo necrológico.
[Estribillo]
Hay un oasis aromático,
paralelo, fisiológico,
profeta enigmático, fenómeno crónico y ortodoxo,
sin racismos ni extremismos, sin tabúes étnicos,
en lírica, éxtasis y sus praxis,
es el melódico y fantástico ántropo.
Podemos leer en el Archivo Pessoa este hermoso texto de Ricardo Reis, heterónimo del gran poeta Fernando Pessoa: O regresso dos deuses, escrito en lengua portuguesa, una de las metamorfosis de la lengua latina, que se habla actualmente no sólo en el rabo del toro de Europa que es Portugal sino sobre todo en Brasil y algunos otros lugares de África y del universo mundo, lengua emparentada genéticamente con el gallego.
Se trata de una reivindicación del politeísmo pagano, de un neopaganismo que critica, en su último párrafo, el monoteísmo cristiano. Os copio el texto en portugués y os doy a continuación una versión en castellano, aunque casi no hace falta. Probad a leerlo en portugués y os sorprenderá la gran cantidad de cosas que entendéis. ¿Por qué será?
Fernando Pessoa
Os deuses não morreram: o que morreu foi a nossa visão
deles. Não se foram: deixámos de os ver. Ou fechámos os olhos, ou entre eles e
nós uma névoa qualquer se entremeteu. Subsistem, vivem como viveram, com a
mesma divindade e a mesma calma.
Los dioses no han muerto: lo que ha muerto ha sido nuestra visión de ellos. No se fueron: dejamos de verlos. O cerramos los
ojos, o entre ellos y nosotros se interpuso alguna forma de niebla. Subsisten,
viven como vivieron, con la misma divinidad y la misma calma.
(…)
A mais antiga tradição da nossa civilização é a tradição grega. Devemos
reatá-la. Temos que nos criar uma alma grega, para podermos continuar a
obra da Grécia. Tudo posterior à Grécia tem sido um erro e um desvio. As
nossas instituições políticas sofrem do colectivismo romano e do
sentimentalismo Cristão. Misturámos à dureza administrativa de Roma a
moleza humanitária dos sermões de Cristo. E uma prova de quão longe
andamos da alma grega, como ela era verdadeiramente.
La más antigua tradición de nuestra civilización es la tradición griega. Debemos reanudarla. Tenemos que crearnos un alma griega, para poder continuar la obra de Grecia. Todo lo posterior a Grecia ha sido un error o un extravío. Nuestras instituciones políticas sufren del colectivismo romano y del sentimentalismo cristiano. Mezclamos la dureza administrativa de Roma con la ternura humanitaria de los sermones de Cristo. Es una prueba de lo lejos que andamos del alma griega, de cómo era verdaderamente.
(…)
Creio nos Deuses como numa verdade e numa salvação. A sua presença adoça
e simplifica. Nada lógico me leva a preferir-lhes qualquer outro deus,
mais antigo ou mais recente. Ver as fontes e os bosques habitados
realmente por entes reais de outra espécie não me parece mais absurdo do
que acreditar que tudo isto derivou do nada, que Deus é a essência
disto tudo. E eu tive a felicidade de tal nascer que naturalmente sinto a
presença de entes reais nos bosques e nas fontes, que, sem preconceitos
clássicos, Neptuno é para mim uma personalidade real, Vénus um ente
verdadeiro e Júpiter o pai terrível e existente dos calmos deuses todos.
Creo en nuestros Dioses como en una verdad y una
salvación. Su presencia endulza y simplifica. Nada lógico me lleva a preferir
antes que ellos cualquier otro dios, más antiguo o más reciente. Ver las
fuentes y los bosques habitados realmente por entes reales de otra especie no
me parece más absurdo que creer que todo esto derivó de la nada, que Dios es la
esencia de todo esto. Y yo tuve la felicidad de nacer tal que naturalmente siento
la presencia real de entes reales en los bosques y en las fuentes, que, sin
prejuicios clásicos, Neptuno es para mí una personalidad real, Venus un ser
verdadero y Júpiter el padre terrible y existente de todos los dioses tranquilos.
Nada me interpreta a natureza melhor, nem me faz amá-la mais. A presença
de uma nereida alegra-me quando me encontro ao lado de uma fonte. E é
grata companhia a dos silêncios quando atravesso, humanamente sozinho, o
sossego sóbrio dos bosques frescos.
Nada me hace interpretar la naturaleza mejor, ni
me hace amarla más. La presencia de una nereida me alegra cuando me encuentro
al lado de una fuente. Y es grata la compañía de los silenos cuando atravieso,
humanamente solo, el sosiego sobrio de los bosques frescos.
Os amores dos deuses, a sua humanidade afastada não me dói nem me
repugna. Repugna-me a morte de um Deus, Cristo na cruz, vítima de seu
próprio pai numa religião que pretende ser enternecida.
Los amores de los dioses, su humanidad alejada no
me duele ni me repugna. Me repugna la muerte de un Dios, Cristo en la cruz,
víctima de su propio padre en una religión que pretende ser compasiva.
oOo
Os dejo con esta bella oda de Ricardo Reis, y la traducción a nuestra lengua de Ángel Campos Pámpano:
Docendo
discitur: Suele compendiarse así (“enseñando se aprende”) la frase de Séneca
“homines dum docent discunt” (los hombres aprenden mientras enseñan”), que está
entresacada del siguiente párrafo de la carta séptima a Lucilio, en la que
aconseja a su amigo que se aparte de la multitud (turbam, en latín, que también significa “masa, agitación,
perturbación, tumulto, turbamulta; de turbam
derivan las palabras francesas “troupe” (tropa) y “troupeau” (rebaño); y con esta palabra está relacionado todo
nuestro campo semántico de “turbar, perturbar, estorbar, enturbiar, disturbio,
turbulencia y torbellino”). Dice así el párrafo: Recede in te ipse quantum potes; cum his
uersare qui te meliorem facturi sunt, illos admitte quos tu potes facere
meliores. Mutuo ista fiunt, et homines dum docent discunt. Enciérrate tú mismo en ti cuanto puedas,
relaciónate con aquellos que han de hacerte mejor, admite a aquellos a los que
tú puedes hacer mejores. Estas cosas suceden recíprocamente, y los hombres
aprenden mientras enseñan. Es verdad que enseñando se aprende porque -esto lo digo yo-
se desaprende mucho de lo mal aprendido que teníamos.
Docencia.La docencia es una de las profesiones
más nobles. Por eso se la llama magisterio, que en latín quiere decir “lo más
importante” (magis esmás),
y es lo contrario de ministerio, “lo menos importante” (minus es menos). De ahí
que lo propio de los que mandan sea, aunque no lo parezca, obedecer, la
servidumbre. De hecho los que mandan, nuestros gobernantes elegidos
democráticamente, son los más mandados; nuestros ministros, los más
administrados, los que sólo pueden hacer lo que Dios manda (o sea el Estado y
el Capital en estos tiempos laicos que corren donde la política se ha
subordinado a la economía y al dinero y viceversa).
¿Qué es la docencia? No se reduce sólo a la transmisión de unos conocimientos, sino que conlleva también algo mucho más importante: hacer que
despierte la inteligencia, para lo que es contraproducente, paradójicamente, la
acumulación de conocimientos. Lo conocido, no nos deja asimilar
lo desconocido, lo nuevo. Sobre este punto, llega incluso a decir la gente a
veces, siguiendo un refrán estúpido y
necio como pocos, que vale más lo malo
conocido que lo bueno por conocer: es mentira; lo bueno, conocido o no, siempre
valdrá más que lo malo. Y eso lo sabemos todos.
La mentira de las verdades.- Recordemos lo que decía el maestro
Agustín García Calvo en el prólogo inolvidable de su espléndida traducción de
los “Diálogos socráticos” de Platón (editorial Salvat, 1972) que aquellas
conversaciones de viva voz de Sócrates, que no escribió nunca nada, y que el joven Platón nos transmitía con
bastante probable fidelidad “dejarán siempre insatisfechos y quejosos de su
inutilidad y falta de fin y de soluciones a todos los que crean todavía que lo
eficaz –Dios sabe para qué- es adquirir ideas y verdades, y no ver la mentira
de las verdades que ya tenemos”.
Aprender es desaprender lo aprendido. Aprender no es acumular
conocimientos, sino desengaños, aprender es desprenderse de lo mal aprendido:
aprender es desaprender, olvidar lo malo que nos han enseñado e inculcado. La verdadera
sabiduría, esa a la que aspira la filosofía, consiste en considerar humildemente,
al modo socrático, que no sabemos nada,reconociendo
los límites de nuestra vastísima ignorancia.
Nuevo Servicio Militar Obligatorio. - Si el Ejército y la Policía
tienen el monopolio de la violencia del Estado, no es menos cierto que la Escuela ejerce una violencia no menos real, no menos violenta, aunque de
otra índole, haciendo que el niño se adapte a la sociedad adulta suministrándole la inyección letal de la
preocupación por el Futuro. La obligatoriedad de la asistencia a clase desde
los seis hasta los dieciséis años convierte al niño en un prisionero a tiempo
parcial, sometido a unos horarios de clases y segmentos de ocio, y a la educación o instrucción en un
larguísimo Servicio Militar Obligatorio que dura diez años, del que no se libra ni Dios, con perdón, ni la Santísima Virgen María ni el Espíritu Santo.
Un solo pedagogo hubo: La Escuela de hoy no es la de ayer. Afortunadamente
dirán algunos. Desgraciadamente dirán otros. Pero lo cierto es que la Escuela de hoy
es, mutatis mutandis, la misma que la de ayer. Es verdad que se han abandonado
los procedimientos autoritarios de antaño, que se han visto sustituidos por
otros más democráticos, mucho más sutiles pero no menos efectivos en el sentido
de coactivos y perniciosos. El profesor actual es un colega, un Herodes progresista cuyo fin es la pedagogía, es
decir, el asesinato de los inocentes: hacer que los niños (y las niñas, que
dirían los feministas, como si ellas no estuvieran incluidas ya en ellos)
entren por el aro, por donde no deberían entrar, como fierecillas domadas.
Sentido crítico: El propio sistema educativo con sus distintos
planes de estudios y leyes orgánicas se encarga de anestesiar la capacidad
crítica, que es lo bueno que el niño trae consigo, aniquilando su curiosidad,
sus preguntas, respondiéndole a cuestiones que él no se ha formulado todavía,
e invitándolo a entrar en una dinámica participativa que conlleva la sumisión
al modelo examinatorio y evaluador: el niño no sólo debe examinarse como antaño,
sino también autoevaluarse y hacer examen de conciencia, todo en aras del
futuro ciudadano que se pretende hacer de él. El alumno ahora se autocalifica o llega al
acuerdo consensuado con el profesor en su evaluación.
Eso de la ESO: ESO es el acrónimo de EducaciónSecundaria Obligatoria. ¿Por qué no lo dejamos
en Enseñanza (en lugar de Educación) Secundaria Voluntaria (en lugar de
Obligatoria)?
(In)competencias: Las competencias, en la jerga pedagógica hodierna,
eran las supuestas demandas educativas que “la vida moderna” o “la sociedad” en
general exigía a los futuros ciudadanos. Fueron elaboradas por la OCDE
(Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), organismo que
agrupa a los 30 estados más poderosos del universo mundo. No hace falta decir
que los parámetros de dichas competencias son funcionales, subordinados a la
lógica de la dominación del Estado y el Capital y a la inserción de los niños y
adolescentes en la sociedad y edad adulta. Estas propuestas están guiadas por
un enfoque bastante mercantilista de la enseñanza, el aprendizaje y la
educación: ¿Qué habilidades, por ejemplo, deben poseer los ciudadanos para
encontrar y retener un trabajo aparte del inglés y las nuevas tecnologías? ¿Qué
deben tener los ciudadanos para funcionar bien en la sociedad tal y como está
establecida? ¿Qué pasa si uno no alcanza dichos objetivos?
No importa, se hacen ajustes
curriculares para poder obtener el título que le permita a uno someterse a la
lógica del mercado laboral. No se buscan personas críticas, sino todo lo
contrario: gente que se amolde a la explotación, a la precariedad, y que no
sueñe con transformar la realidad que le ha tocado vivir, sino que se adapte a
ella sin mayor problema, votando en la feria de la democracia y contribuyendo
económicamente con el diezmo de sus impuestos directos e indirectos al sostenimiento
del Estado.
Objetivo: es un término propio de la estrategia militar. ¿Cuál es
el objetivo? El objetivo es derribar al enemigo, mi capitán. Los pedagogos se
han apoderado de ese término para ocultar su auténtica finalidad: matar al niño
a fuerza de educarlo, llevarlo al matadero que es la sociedad a la que
pretenden adaptarlo, una sociedad enferma. No es saludable, como dijo
Crisnamurti, adaptarse a una sociedad enferma.
Roma es una ciudad fascinante, en la que uno descubre nuevos rincones cada día a cada paso que dé, en cada paseo por cualquiera de sus calles, en cada una de sus iglesias, en cada puente, en cada monumento, en cada museo, en cada esquina. Lo bueno de este cortometraje sobre la ciudad eterna es que nos la muestra, lejos de los tópicos turísticos y monumentales al uso de la fontana de Trevi y la Plaza de España y demás, con los ojos de un romano actual, como la soberbia película, más que reportaje, Gente di Roma (2005) de Ettore Scola, que se centra como indica su título más en la ciudadanía que en la ciudad.
El vídeo está hecho con mucho amor. Ya en latín clásico ROMA leído de derecha a izquierda resultaba otra palabra, un nombre común muy significativo: AMOR. Dice el autor del video, que se hace llamar Oliver Astrologo, que ha dedicado varios meses de su vida a filmar estos breves instantes -tres minutos y medio- de la vida cotidiana de la ciudad. Este pequeño reportaje es el resultado. Merece la pena.
Dice un eslogan o grito de guerra -del inglés slogan, y este del celta sluagh "guerra" y gheun "grito"- de una escuela de idiomas griegas, de la que no vamos a hacer publicidad aquí-: "Ninguna lengua es extranjera". Lo dice, claro, para animar a los jóvenes griegos a aprender idiomas fomentando la alianza de civilizaciones y el intercambio intercultural y poder recibir así al turismo amablemente, esos extranjeros adinerados -no esos otros pobres refugiados políticos y económicos, la misma cosa, que cruzan ilegalmente de Turquía a las islas griegas y de ahí al resto de Europa-, que visitan el país heleno para dejar en él sus divisas, fascinados por su historia y su cultura, su luz, sus costumbres y gastronomía, la hospitalaria bonhomía de sus gentes y sus islas llenas de pequeños pueblecitos azules y blancos y playas paradisíacas.
La foto que lo acompaña es una pareja besándose en la boca con los ojos cerrados: ella, vestida probablemente con un quimono, tiene rasgos orientales -china o japonesa tal vez- y él, griego, a juzgar por su típico atuendo. El simbolismo de la imagen es evidente: el prototipo heleno masculino que por su conocimiento del idioma seduce a la extranjera asiática, que representa un enorme capital turístico tanto cuantitativamente -los chinos son muchos millones- como cualitativamente -los japoneses suelen tener un enorme potencial económico-, lo que abre unas perspectivas muy halagüeñas al país a través de este sector para la resolución de su cacareada crisis económica y situación crítica, que es la misma que la nuestra...
"Ninguna lengua es extranjera"
El chico recuerda a uno de esos évzones o soldados griegos
que montan guardia en Atenas frente al Parlamento
y la tumba del soldado desconocido –esa víctima anónima de todas las guerras
que llena las fosas comunes de todos los cementerios de todos los lugares del mundo a lo
largo de la historia. El uniforme de estos évzones es muy peculiar: lo más característico
no se ve en la foto: el calzado, que
tanto llama la atención por su pompón negro en la punta, y por el sonido metálico que emite la chapa metálica
de su suela al andar, que va marcando su paso; y la fustanela, que es la falda plisada
masculina típica de los Balcanes, recuerdo de los cleftés -de ahí cleptomanía-, o bandoleros que
desafiaron el poder del Imperio Otomano en la lucha por la independencia
griega, con sus cuatrocientos pliegues, ni uno más ni uno menos, que recuerdan
los cuatro siglos de dominación turca y consiguiente sumisión griega al imperio,
que duró cuatro siglos. Por algo decía Nicos Dimu en La desgracia de ser griegoque el refrán de Cuello griego no soporta yugo, que tanto les gusta repetir orgullosamente a los descendientes de Homero, es un cuento muy bonito pero muy falso porque pocos pueblos habrá cuyo cuello haya soportado
a lo largo de su historia tantos yugos como el griego...
Lo que sí muestra el chico de la
fotografía, como buen évzon, es
el gorro de color rojo con su larga coleta negra en uno de los lados, y el chaleco de terciopelo bordado y recamado con hilos de seda.
Évzones
La palabra griega évzones remonta a Homero. Literalmente significa “de bello cinturón o ceñidor”. Por ejemplo en la Ilíada (I, 429), donde Aquiles
invoca a su madre Tetis para que interceda por él ante Zeus por la afrenta
que ha sufrido por parte de Agamenón, que le ha robado a Criseide, la muchacha
a la que aplica el epíteto "bien ceñida", “euzónoio
gunaikós”.De ahí que hablando de hombres, posteriormente,
signifique que los évzones llevan la túnica, o en su caso la fustanela, bien ajustada a la cintura, por lo que están
dispuestos para la marcha, el combate o el trabajo, esto es, bien pertrechados y ataviados. La palabra está compuesta del prefijo eu que significa "bien", "bueno"(eu-tanasia, eu-femismo, eu-fonía, ev-angelio...) y del sustantivo zone que quiere decir "cinturón, ceñidor" y es el origen de nuestra palabra zona. La palabra griega deriva del verbo zónnymi "ceñir". ¿Qué relación tiene nuestra zona con un cinturón o una faja? Llamamos así a una extensión de terreno que tiene forma de banda o de franja, y, más en general, a una superficie encuadrada, y de ahí ceñida, en ciertos límites políticos o administrativos.
¿Qué decir del eslogan de la escuela de idiomas? Pues que es verdad que ninguna lengua es extranjera, porque todas son humanas y, como diría Terencio, nada humano nos es ajeno, pero que, paradójicamente y desde el mismo punto de vista, todas también lo son, porque todas nos parecen extrañas excepto la nuestra, pero la nuestra es una lengua extranjera para los oídos de los vecinos.
Una lengua extranjera es una segunda vida
El problema no son las lenguas, sino el hecho de que haya fronteras y perros cancerberos que las custodian a capa y espada; el problema son las fronteras que justifican la denominación de origen de "extranjero" -se dice xénos en griego clásico y moderno- y la conisiguiente xenofobia. Frente a esa denominación de origen de extranjero o foráneo se han levantado siempre algunas voces, como la de Rafael Amor en esta vieja canción No me llames extranjero.
Parce
metu, Cytherea:
Le dice Júpiter a Venus en la Eneida de Virgilio «Pierde el miedo, Citerea» o, más
llanamente, “No tengas miedo, Citerea”, dirigiéndose
a la diosa con este curioso epíteto de origen griego, como revela la presencia
delatora de la i griega. Otro poeta como Ovidio usa la forma del adjetivo acabada
en –eius Cythereius y se la aplica a
los sustantivos heros (héroe) y mensis (mes): el Cythereius heros es Eneas, hijo de la diosa Venus y del mortal Anquises,
y el Cythereius mensis es el mes de abril, que estaba consagrado a Venus.
¿A qué alude Virgilio cuando llama a Venus, la
Afrodita griega, Citerea? Pues a una isla griega precisamente, llamada Citera,Kýthira en griego moderno, una de las
llamadas jónicas, que se encuentra al sur del Peloponeso, donde era
especialmente adorada esta diosa en la antigüedad. Fue aquí donde la diosa de la belleza y del amor pisó tierra por primera vez después de surgir de las espumas del mar. De aquí se dirigió a Chipre, sede de su santuario más antiguo y venerado, donde se estableció tomando la isla bajo su protección, según el Atlas mitológico de Grecia de Pedro Olalla.
Andrew Bostock, autor de una guía de viajes sobre
el Peloponeso, se pregunta en un artículo publicado en The Guardian si Citera,
precisamente, es la isla griega perfecta. Lleva treinta años frecuentando las
islas griegas y durante este tiempo ha visitado cuarenta. ¿Qué es lo que
buscaba? Un pueblecito pequeño con su puerto, dos o tres playas y, con un poco
de suerte, alguna ruina o iglesia en lo alto de una colina con vistas al mar. No
menos importante era para él que la isla no estuviera literalmente invadida por
los turistas. Este año ha encontrado la isla idílica con la que llevaba soñando
muchos años, con sus gargantas, cascadas de agua y playas paradisíacas -tiene más de treinta- de cristalinas
aguas azules y fina arena blanca: ha descubierto Citera, y se ha enamorado de
ella.
Playa de Calami, de difícil acceso, pero según el autor, paradisíaca.
Citera está, nunca mejor dicho, bastante aislada:
está lejos de otras islas más conocidas y populosas. Se puede llegar a ella
volando siempre que sea en vuelo nacional, pero la mejor manera de arribar a
ella es por mar.
A principios del siglo XX, muchos isleños
emigraron a Australia (o "La Gran Citera," como se la conoce allí).
Muchos de sus descendientes vuelven cada verano y a menudo incluso los
lugareños hablan con un acento australiano no poco sorprendente y delator de
esa emigración. Aparte de estos, sin embargo, la isla recibe pocos turistas.
Me sorprendía el otro día encontrar este tuit de Propercio que evoca una antigua ciudad de la Italia meridional fundada por los griegos y hoy conocida por el recinto arqueológico de sus bien conservados
templos dóricos, pero no por sus rosas, que es por lo que la recordaba el poeta: Vidi ego odorati uictura rosaria
Paesti, / sub matutino cocta iacere Noto, que viene a decir Vi yo a punto de
abrirse las rosas de Pesto aromada / mustias al alba yacer ante el aliento del Sur (4, 5, vv. 61-62). Contrastan el participio de futuro "uictura", aplicado a los rosales "destinados a vivir" con el "iacere", que evoca la muerte repentina por el cálido soplo del Noto. Estamos, una vez más,
ante el tópico literario del “Carpe diem”, en su versión horaciana, o
“Collige, uirgo, rosas” en la variante de Ausonio: disfruta de la juventud y de la vida antes de que te lleguen la vejez y la muerte (como si se pudiera gozar con esa perspectiva mortal de futuro...)
Templos de Pesto, G. B. Lusieri (1755-1821)
Pesto, ciudad del sur de Italia,
enclavada en la Lucania, abajo de Nápoles, fue fundada por los griegos de Síbaris, los célebres sibaritas en el golfo de Salerno, y bautizada como Posidonia, pero sus habitantes prefirieron enseguida llamarla Paiston en griego, Paestum en latín.
Otros poetas, además de Propercio, nos han hablado de sus rosales, rosedales o rosaledas, como Virgilio en
sus Geórgicas (4, 118), en la siguiente mención: biferique rosaria Paesti, donde destaca el neologismo biferi,
compuesto de bis que significa dos veces y del verbo fero, que quiere
decir producir: rosales de doble floración, lo que explica el "odorati" de Propercio: la ciudad de Pesto exhala fragancias de rosa dos veces al año.
Ovidio, por su parte, en las
Metamorfosis (15, 708) menciona: tepidique rosaria Paesti: los rosedales de la cálida Pesto. El poeta se
refiere a la ciudad de Pesto con el calificativo de “tepidi”, es decir,
“templada, que goza de buena temperatura, cálida”. Y en sus Epístolas desde el
Ponto (2, 4, v. 28), un pentámetro evoca también el aroma de sus rosas:Calthaque
Paestanas uincet odore rosas.Dice
allí Ovidio que antes de que alguien se olvide de su amistad la caléndula olerá mejor
que las rosas de Pesto, lo que, en rigor, es imposible porque la caléndula,
calta o margarita anaranjada apenas tiene fragancia, o, si la tiene, no puede
competir ni compararse siquiera con las aromáticas rosas pestanas.
Primer templo de Hera en Pesto.
El poeta Marcial, por su parte, resalta
otra cualidad de estas rosas además de su aroma y su doble floración: su color.
Cuando describe en uno de sus epigramas asu esclavo ideal (4, 42, 10) dice en un pentámetro: Paestanis rubeant aemula labra rosis: que enrojezcan sus labios como las rosas de Pesto. Ese color es el rojo
o, más propiamente, el rosado o propio de la rosa, que es el mismo color que el
del rubor cuando aflora en un rostro humano.
Por último, otro poeta, el tardío Ausonio
en su célebre poema De rosis nascentibus,
que otros atribuyen a Virgilio e incluyen en la Appendix Vergiliana, canta igualmente los rosales de Pesto: Vidi
Paestano gaudere rosaria cultu, / exoriente nouo roscida Lucifero: Víen
jardines de Pesto las rosas llenarse de gozo / por el rocío recién frescas del
amanecer.
Recapitulando, los
rosales de Pesto eran famosos porque florecían dos veces al año dada la
bonanza del clima de la ciudad mediterránea, por su color rojo, y por la
fragancia de sus rosas, que crecerían, suponemos, no lejos de esos templos cuyas ruinas conservamos, e inundarían la
ciudad con su aroma.
Por cierto, Ausonio formula así el tópico del carpe diem al final de su poema De las rosas que brotan, llamado a tener tanto predicamento en las letras de nuestro Siglo de Oro: collige, uirgo, rosas dum flos nouus et noua
pubes, / et memor esto aeuum sic properare tuum: Coge, chiquilla, las rosas en tanto florecen y aroman, / y recuerda que así pasa volando tu edad.
Gather ye rosebuds while ye may, J. W. Waterhouse (1909)
¿Dónde están, me pregunto yo ahora, -ubi sunt?, otro tópico literario- esas rosaledas
que florecían dos veces al año y que inundaban la ciudad con su perfume? ¿Qué queda ahora de aquellas rosas que inspiraron a los poetas? Hoy no se conservan esos
rosedales célebres por su fragancia. Babilonia no guarda tampoco nada más
que un vago recuerdo de sus célebres jardines, una de las siete maravillas sin
embargo del mundo antiguo. Sólo queda el
aroma de su recuerdo, en el caso de Pesto una mención erudita e insignificante, una nota a pie de página en una traducción que se precie de unos versos de unos poetas olvidados que ya casi nadie lee, porque ¿para qué sirve la poesía?
El poeta Luis Alberto de Cuenca nos recita en este vídeo su particular versión del “Collige, uirgo, rosas”, una de las últimas
variaciones del tópico clásico en un lenguaje contemporáneo y asequible. Oigamos y escuchemos de su propia y viva voz el poema. La poesía, que no sirve para nada práctico, nació para el oído, y no para el ojo, pero para que quede constancia escrita de estos versos allá va el texto a fin de que otras voces puedan recitar estos versos o, por lo menos, leerlos en voz alta, que es como hay que leer la poesía:
Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.