jueves, 28 de julio de 2016

Del efebo de Antequera y la efebofilia

El efebo de Antequera es una escultura romana del siglo I tallada en bronce que representa a un adolescente desnudo y que se encontró casualmente en un cortijo cerca de Antequera (Málaga) en 1955.   

Ha salido el sol, un sol pagano de bronce antiguo
desenterrado de las ruinas del pasado
por Antequera,  esplendoroso y deslumbrante,
contra el oscurantismo de estos tiempos nuestros.
El efebo de Antequera tiene a sus espaldas
casi dos mil años. Representa la belleza
masculina sin tapujos de la juventud
en la plenitud de la edad y vida, sin pudor,
y la rebeldía contra el orden establecido
y la moral cristiana que ensombrecerá
durante dos milenios este mundo nuestro
y que revestirá los cuerpos de ignominia
y los espíritus de ignorancia y ciega fe.
Ha resurgido de la noche de los tiempos
y el olvido, fruto de un feliz renacimiento.
Salió, quién iba a imaginarlo, por Antequera, 
para resplandecer ahora donde quiera. 

Así define la RAE "efebo": Del latín ephēbus 'adolescente', y este del griego ἔφηβος éphēbos. m. Mancebo o adolescente de belleza afeminada.

El observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, cuyo nombre propio omito por cortesía, ha inventado y puesto en circulación un neologismo o nuevo palabro. Ha dicho el representante de la Iglesia Católica que “no se debería hablar de pedofilia sino de homosexuales atraídos por adolescentes.” Y a esta atracción la ha bautizado con el término griego hasta ahora inusitado por lo que a mí se me alcanza de “efebofilia”,  y ha definido su práctica como las relaciones que establecen varones mayores de edad con congéneres de su propio sexo que están en la efebía, o sea que tienen de los 11 (sic) a los 17 años”. Ha dicho que los clérigos menoreros acusados de pedofilia no son pedófilos sensu stricto sino efebófilos, propiamente hablando, como si pretendiera quitarle así un poco de hierro a la acusación. 

Resulta por lo menos curioso que alguien haya introducido este término que obliga a que se reserve exclusivamente el de pedofilia para los menores de 11 años, desgravando a la Iglesia que dejaba que los niños se acercaran a ella para meterles mano y algo más, de algunos de sus pecados capitales, y poniéndolo en circulación para los mayores de 11 pero menores de edad o preadolescentes todavía, como si fuera menos grave violar a un (pre)adolescente, abusando de él, que a un niño.

 "-Sinite parvulos venire ad me, ne prohibueritis eos"
(Dejad que los niños vengan a mí,  no se lo impidáis)

No se puede estar de acuerdo con el representante de la curia vaticana, donde asienta sus posaderas el actual pontífice y vicario de Cristo, en su definición de la franja de edad que corresponde a la efebía, porque choca con la consideración clásica, que cifraba este período en los dieciocho años en Esparta, o, por lo menos, en los dieciséis, según otros autores,  en Atenas, pero nunca en lo que hoy llamaríamos la preadolescencia. 

Entiendo, como los griegos, que la efebía comienza a los dieciséis años, cuando el niño ya ha alcanzado la corpulencia definitiva, es decir, el desarrollo, la altura y el peso que lo caracterizarán en adelante, es apto para el servicio militar y ya es capaz de levantarle la mano a su padre  pues está en la plenitud de su fortaleza física, aunque no haya nada más feo por otra parte que pegar a un padre

Los efebos estaban bajo la protección de la divina Hebe. Era Hebe, precisamente, la hija de Zeus y de Hera, diosa de la mocedad que, esposa de Heraclés en el Olimpo, servía el néctar a los inmortales antes de la llegada del efebo Ganimedes. Y eran los efebos los que habían alcanzado el estado de gracia de Hebe.

 Hebe, Carolus Duran (1837-1917)

viernes, 15 de julio de 2016

De la publicidad y el suplicio de Tántalo

La publicidad además de ser una actividad comercial es un lenguaje. Tiene sus propios códigos. Como todo lenguaje, sirve para comunicar algo, generalmente que consumamos algún producto. Hoy en día la publicidad tiene un poder tan fuerte que no se puede explicar nuestra realidad y ciertos hábitos de comportamiento de las personas sin tenerla en cuenta.

Tántalo con el agua al cuello intentando tomar las manzanas

Pero la publicidad no sólo nos invita a consumir creándonos necesidades que no teníamos, sino que sirve también para transmitir determinadas formas de ver o entender la vida. Y aquí es donde radica su mayor éxito y su mayor peligro: la publicidad influye cada día, incluso sin darnos cuenta, en nuestra forma de pensar y de actuar.


Tántalo, Justin McElroy (diseñador gráfico)

Eduardo Galeano escribió en "Lecciones de la sociedad de consumo": El suplicio de Tántalo atormenta a los pobres. Condenados a la sed y al hambre,están también condenados a contemplar los manjares que la publicidad ofrece. Cuando acercan la boca o estiran la mano, esas maravillas se alejan. Y si alguna atrapan, lanzándose al asalto, van a parar a la cárcel o al cementerio. Manjares de plástico, sueños de plástico. Es de plástico el paraíso que la televisión promete a todos y a pocos otorga. A su servicio estamos. En esta civilización, donde las cosas importan cada vez más y las personas cada vez menos, los fines han sido secuestrados por los medios: las cosas te compran, el automóvil te maneja, la computadora te programa, la TV te ve.


Tántalo, Giambattista Langetti (1625-1676)

Tántalo es célebre en la mitología por el castigo que tuvo que sufrir en los Infiernos. Sin embargo no hay acuerdo entre los autores sobre cuál fue el motivo de su castigo. De la descripción de su tormento hay también dos versiones: se hallaba en los Infiernos colocado debajo de una enorme roca que amenazaba siempre con caer, a modo de espada de Damoclés; pero que se mantenía en eterno equilibrio; o que, sumergido en agua hasta el cuello, no podía beber y calmar su sed porque el líquido elemento retrocedía cada vez que trataba de introducirlo en su boca; y una rama cargada de frutos -generalmente manzanas- pendía sobre su cabeza, pero si levantaba el brazo e intentaba tomar la fruta para saciar su hambre, la rama se levantaba bruscamente y quedaba fuera de su alcance. Es este último tormento el que más han reflejado las artes gráficas y al que se refiere Eduardo Galeano en el texto que hemos leído.

Lucrecio en su De rerum natura versos 980 y 981 se hace eco del primero: "nec miser inpendens magnum timet aëre saxum / Tantalus, ut famast, cassa formidine torpens": ni Tántalo, el pobre, está colgada en el aire temiendo / la enorme roca que caiga, en vano helado de miedo. Reflexiona en ese texto Lucrecio sobre cómo los tormentos infernales, que de por sí son imaginaciones absurdas, trasladan las penas y miserias de esta vida al reino de los muertos. Por eso dice: "Y aquello, sin duda, todo que en los profundos infiernos / contado nos han que lo hay, todo en vida aquí lo tenemos". Es decir que el suplicio de Tántalo es nuestro propio suplicio. Sólo hay que cambiar el nombre de Tántalo por el nuestro propio, como nos advirtió Horacio: Quid rides? Mutato nomine de te fabula narratur.

lunes, 4 de julio de 2016

La lengua muerta que sigue viva

Viñeta de El Roto, aparecida en El País el 4 de julio de 2016

El griego no es sólo la lengua muerta en la que hablaron Sócrates y Platón, entre otros. Sigue hablándose hoy día en Grecia y en Chipre. Y sigue escribiéndose. Y cantándose, amantes como son los griegos actuales de la poesía que se canta. Prueba de ello son los dos premios Nobel de literatura que han cosechado en el siglo XX: el poeta Yorgos Seferis en 1963 y el también poeta Odiseas Elitis en 1979. De este último os dejo el poema Marina, cantado por  María Faranduri, y musicado por Mikis Theodorakis.  Las imágenes del vídeo recogen secuencias de la película "Ifigenia" de Cacoyannis.

Con la venia de las espléndidas traducciones al castellano de Cristián Carandell y Román Bermejo, os ofrezco esta otra aproximación al poema de Elitis que pretende conservar no sólo la letra sino también la musicalidad del original, apta para cantar con la misma melodía.
       

 Marina


Dame a mí hierbabuena, luisa
            y albahaca que pueda oler,
que yo te bese de esta guisa
y  algo en el recuerdo tener

La fuente y palomas aquellas,
            la espada arcangelical,
el  sembrado de las estrellas,
            y el  hondo pozo sin final.

Las noches que te paseaba
al otro confín celestial
y tu ascenso yo contemplaba,
            hermana de Venus carnal.

Marina, verde estrella mía,
Marina, Venus matinal,
Marina, paloma bravía,
            y azucena primaveral.

viernes, 1 de julio de 2016

Algunos usos del prefijo AB- y sus variantes A- y ABS-

El preverbio latino AB con sus dos variantes contextuales A y ABS  indica separación o alejamiento del exterior de un límite, y conlleva nociones concomitantes de privación y desposeimiento. Se usa la forma ABS- cuando se une a palabras que generalmente empiezan por /t/,   y puede aparecer reducido a A- ante las consonantes nasales  /m/ (A-moral, alejado de los criterios morales maniqueos de bueno y malo, y por lo tanto ni moral ni inmoral, sino que está al modo nietzscheano más allá del bien y el mal, ya que bien y mal  no son cosas propiamente dichas sino consideraciones morales basadas en el mos maiorum o costumbre de los antepasados de las cosas)  y /n/ (A-normal, alejado de la norma). Pero este prefijo también significa "desde, a partir de"; por ejemplo se denomina AB-orígenes a los que habitan en un lugar desde siempre, desde sus orígenes.

La forma habitual en que se presenta en castellano  es AB-, en concurrencia con sus hermanos DE y E/EX. Un ejemplo es el nombre del sexto caso de la declinación latina: el AB-lativo (sin hache porque no tiene nada que ver con hablar),  que expresa entre otras nociones la de AB-lación en sentido propio, es decir, la procedencia del exterior de un límite que se toma como punto de partida. Esta palabra se utiliza más en contextos quirúrgicos como sinónimo de amputación, por ejemplo la bárbara práctica de la AB-lación o mutilación femenina del clítoris,  o científicos cuando se habla de AB-lación continental o glaciar.



No hay que confundir, sin embargo, la AB-lación con la AB-lución: el verbo latino LUERE significa lavar y con el prefijo AB-LUERE quiere decir quitar lavando, por eso cuando uno hace sus AB-luciones lava todo su cuerpo  o una parte de él con el fin de purificarlo, quitándole las impurezas, por ejemplo el polvo de los caminos que se adhiere a la planta de los pies.

Práctica de oraciones y abluciones a orillas del Ganges, en Benarés.

Veamos algunos ejemplos más: en la historia más reciente hemos asistido a dos AB-dicaciones: la del papa Benedicto XVI en el seno de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana y la del rey Juan Carlos I de España, que cedió la corona a su sucesor varón dinástico y renunció así a la soberanía de su pueblo.  AB-dicar no es, como dice el chiste, una empresa de alquiler de coches, sino un verbo latino AB-DICARE, compuesto de DICARE. Entró en castellano hacia 1450 tomado del latín, y ha sido conjugado en primera persona por el Rey Juan Carlos I.  Si  DICARE era "anunciar", AB-DICARE es "anunciar que uno se aleja, deja de hacer algo, renuncia, y, en concreto,  renunciar a la realeza”.  Si DICARE, derivado de DICERE "decir", era proclamar solemnemente, es decir, firmar Reales Decretos, para que nos entendamos, y hacer eso que se supone que hace un rey que, según el dicho, “reina pero no gobierna”, AB-DICARE es dejar de hacerlo.  De ese mismo verbo DICARE tenemos en castellano “de-dicar” con el sentido de consagrar pero tambén declarar y “pre-dicar”, que significa predecir, profetizar, decir algo antes de que suceda. Es decir que ab-dicar, lo que ha hecho el ahora rey emérito, es dejar de de-dicar-se a lo que  pre-dica-ba. Cuando uno AB-dica de alguna manera también está AB-jurando, porque está desdiciéndose de un juramento realizado previamente.


Cuando se interrumpe, ya sea voluntaria- o involuntariamente el embarazo, se AB-orta, porque estamos privando de nacimiento, que es el orto, que en astronomía es la salida o aparición del sol o de otro astro por el horizonte. Relacionado con el Sol y su salida está, precisamente, el oriente, que tienne la misma raíz que el orto y el AB-orto.



No es lo mismo el uso que el AB-uso. Y así como es bueno hacer uso de algunas cosas, no es aconsejable AB-usar de ellas, lo que resultaría AB-usivo, y propio de un AB-usador, por lo que podría considerarse AB-yecto o fruto de una AB-yección si se trata no ya de cosas, sino de personas y sobre todo de menores.  Precisamente la Iglesia Católica es acusada de pedofilia (propiamente de AB-uso de niños), aunque algún cardenal ha salido por ahí inventándose un neologismo y argumentando que más que pedofilia  lo que hay son casos de efebofilia (es decir, de AB-uso de efebos preadolescentes o adolescentes), queriendo quitarle así algo de gravedad a la acusación, aunque en ambos casos nos hallamos ante AB-uso de menores de edad. Este AB-uso sexual de menores es propiamente una AB-ducción, que resulta, como cualquier otro AB-uso sexual, de poder o autoridad, AB-ominable es decir,  alejado del buen agüero, y por lo tanto AB-orrecido, con horrible pérdida de la hache intercalada, pues no deja de ser una AB-errante AB-erración, valga la redundancia.  Algo resulta AB-errante cuando se desvía del curso normal, lo que se denomina AB-erración, sinónimo por lo tanto de extravío, es decir, de salirse del camino habitual.

 El rapto (o abducción) de Ganimedes, Damiano Mazza (1575)


Y es que un menor puede ser AB-ducido, es decir, arrebatado o apartado de su entorno inmediato, no tanto por una supuesta criatura extraterrestre como fue Ganimedes en la mitología por el águila de Zeus o por el dios mismo transformado en ave rapaz, sino también por un ser terrestre, como los prelados de la Iglesia, que siguen el mandato evangélico de "sinite parvulos venire ad me" (dejad que los niños se acerquen a mí). La AB-ducción es también el movimiento que realizan los músculos AB-ductores, que son los que ejecutan un  alejamiento del plano de simetría del cuerpo humano, como el que mueve el ojo hacia la sien.


Vayamos ahora a la forma ABS-:  Uno puede ABS-traerse y alejarse así de la tracción o empuje de las cosas, como hace por ejemplo el arte ABS-tracto, y uno puede también estar ABS-traído ante un cuadro ABS-tracto o ante una ABS-tracción.



No conviene confundir, porque no es lo mismo, el ABS-tencionismo,  que es la práctica política popular que consiste en apartarse de las urnas donde no se decide nunca nada, sino que se elige a alguien inscrito dentro de una lista cerrada para que decida en nuestro nombre, que la ABS-tinencia, que es la privación de algún voto religioso como el ayuno o la castidad.

ABS-temio, por otra parte, no tiene nada que ver desde el punto de vista etimológico con ABS-tención ni con ABS-tinencia, que son compuestos del verbo TENERE/TINERE. El ABS-temio es el que se aleja y priva del temetum, que propiamente era el mero o vino puro, es decir, el alcohol, y por lo tanto tiene más que ver con el temulentum,  que es el borracho.

En cuanto a la ABS-tención hay que decir que en las últimas elecciones celebradas en el reino de las Españas el 26 de junio pasado, fue la postura política mayoritaria del electorado español como revelan los datos.

De un total de 34.597.038 españoles censados, la participación fue del 69.84% del electorado y la ABS-tención del 30,16%, lo que supone que unos 10.435.955 millones de españoles no hemos ido a votar, frente a los  24.161.083 que, engañados por los cantos de sirenas de las promesas electorales de los candidatos de los partidos políticos concurrentes,  han acudido sumisamente -cívicamente, dicen ellos, confundiendo el civismo con la resignación- a las urnas. El Partido Popular, que dicen que es quien ha ganado las elecciones, no llega a los ocho millones de votantes.

 Pintada a favor de la abstención electoral

Hay gente que confunde el voto en blanco con la ABS-tención. No son lo mismo los 178.521 votos en blanco que se registraron en estas últimas elecciones, que son votos indecisos de votantes que acuden a las urnas y no saben a qué candidato elegir para que decida por ellos o les da igual uno que otro, conscientes como son en el fondo de que los que mandan son al fin y al cabo unos mandados, y de que da igual quién sea el mandado que pretenda gobernarnos.

En fin, no siempre que una palabra española empiece por abs- estamos ante la  forma  ABS del prefijo latino, pues podemos encontrarnos con AB más palabra que comienza por /s/, como en los casos de AB-solver y AB-sorber.  A uno se lo puede AB-solver cuando se le da la AB-solución o liberación, y entonces está AB-suelto. Algo AB-soluto es precisamente, algo que está liberado, desligado -esto es, no relacionado con lo demás, si es que hay algo así en AB-soluto en el mundo, donde todo parece relativo; de ahí, el AB-solutismo. Ahora bien, no es lo mismo AB-solver que AB-sorber, que es propiamente atraer y retener algo, generalmente un líquido como puede hacer una esponja.

lunes, 27 de junio de 2016

Algunas etimologías

EMOTICONOS: Uno, que siempre ha tenido vocación iconoclasta y aun más,  ideoclasta, y que es amigo por lo tanto no de dar una imagen rompedora, como se dice ahora, sino de romper todas las imágenes habidas y por haber esencialmente falsas todas ellas como son y, además, falsificadoras de la realidad que pretenden reflejar, uno, decía, no puede por menos ahora de declararse enemigo acérrimo o al menos poco amigo de esos engendros que se han dado en llamar emoticonos. 

No sé quién inventó este horrísono palabro, un neologismo que es mezcolanza del latín EMOTIO, acción de e-mouere, vía inglés "emotion",  y el griego "icono", o sea imagen, es decir imágenens emotivas que expresan estados de ánimo. Al parecer eran en su origen caretos que reflejaban emociones bastante básicas y primarias como la alegría y la tristeza o el amor y el odio. Volvemos, pues, a la escritura ideográfica, abandonando el registro alfabético que debemos a fenicios en primer lugar, y a griegos y romanos en segunda y no menos importante instancia.

El humorista chileno Alberto Montt describe así esta vuelta a la escritura jeroglífica en una de sus últimas viñetas.


oOo

LO FATAL: El hado (o los hados, si se prefiere decir en plural) es el nombre antiguo del destino. El expediente de la etimología puede ayudarnos a descubrir algo de su significado. Lo primero que surge de la investigación por vía etimológica es que la palabra latina FATVM se relaciona con FARI (hablar), FABVLA y el verbo FABVLARI, INFANS, INFANDVS, NEFANDVS, AFFABILIS, FAMA, INFAMIS... Al castellano nos han llegado así inefable, hada (femenino de hado), prefacio, y enfadar, propiamente entregarse a la fatalidad, al aburrimiento que provoca hacer algo que ya está hecho, planificado, que ya se sabe en qué consiste antes de hacerlo.

Es decir, está relacionado con una raíz indoeuropea *bhā- que evoluciona en griego ático a phee-, con el significado de decir, hablar... De ahí proceden algunos términos como afasia, disfasia, blasfemar, y por intermedio latino lastimar... En griego, con vocalismo o y sufijo -nā tenemos phoo-née, el nombre de la voz, el sonido. De este término vienen al castellano voces como: fonema, fonética, afonía, cacofonía, estereofonía, sinfonía, telefonía... 
 
Nos encontramos, pues, con que lo “fatal” es lo que ha sido dicho, lo que está dicho, lo que ya se sabe antes de que suceda o también lo que va a suceder porque se ha dicho que va a suceder y por el simple hecho de decirlo ya está sucediendo de alguna manera. De ahí procede la expresión latina FATA SIBYLLINA: los oráculos de la Sibila.

Como personificación FATA son las Parcas o hadas del destino. Resultan curiosas las expresiones FATO FVNCTVS: que ha cumplido su destino, que ha muerto, fallecido, y FATO CEDERE/OBIRE ceder/ir al encuentro de lo dicho, que significa morir. Resulta curioso, decía, cómo se equipara el sino con la muerte: aquello que nos ha sido prometido a todos es que, efectivamente, vamos a morir: ése es, pues, nuestro destino irremediable. Moriremos: morir hemos, hemos de morir: vamos a morir. Una de las imágenes más relacionadas con las Parcas es precisamente la de la muerte.

Identificadas con las Moiras griegas, se dice de estas hadas no muy benignas  que cada una preside uno de los acontecimientos más importantes en la vida del ser humano. Así una de las hermanas, Átropo, preside el nacimiento hilando el hilo de la vida humana, Clotó lo enrolla en el ovillo, patrocinando el matrimonio y la reproducción, y la tercera hilandera, Láquesis, la muerte, cortando el hilo cuando la correspondiente existencia llega a su término. 

 Átropos o Las Parcas, Francisco de Goya 1819-1823

Si nuestro FATVM es la muerte, también se puede dar la vuelta a la frase y decirlo del revés: la muerte de una cosa es el FATVM, o sea, el hecho de que se diga con palabras, que se sepa, que se convierta en idea. La idea es, pues, la muerte de la cosa... de lo que se podría deducir también que la muerte no es más que una idea, por otra parte. Lo fatal es, por consiguiente, que se sepa una cosa (porque ya está dicha) antes de haberla experimentado, y por mucha experiencia que tengamos de la vida de lo que no podemos tener ninguna experiencia es, desde luego, de nuestra propia muerte.

oOo

MAGISTER (en este caso Noam Chomsky)  DIXIT: 


 oOo

UN POCO DE MÚSICA: Os dejo con una simpática versión moderna de la preciosa suite número 1 en G para violonchelo de Bach, interpretada con un acompañamiento extraordinario de ocho chelos, en lugar de uno. Que la disfrutéis.



miércoles, 22 de junio de 2016

Cursum perficio

Cada vez que llega a su fin un cuso académico,  no está de más hacer alguna consideración siquiera etimológica sobre lo que es un curso escolar, aprovechando el silencio obligado y realmente educativo que se decreta en las aulas y por los pasillos durante el verano. La palabra "curso" es sinónima de "carrera" y de "recorrido", de ahí el transcurso o correr del tiempo, y el curso de un río o el discurso más prosaico de un político, que se reduce a leer lo que está escrito y a no decir nada que no se haya dicho ya. 

Los romanos llamaban a la carrera política la carrera de los honores. El "cursus honorum" era, en efecto, la sucesión de cargos públicos (cuestor, edil, pretor...)  por los que pasaba un político romano hasta llegar al consulado y a la jubilación en el senado. Muchos eran los que empezaban esa carrera pero sólo unos pocos los elegidos democráticamente que llegaban a la meta. Estos cargos públicos eran honoríficos, es decir, reportaban honor exclusivamente, lo que no es poco, pero nunca dinero, porque la honorabilidad no se retribuía económicamente, reñida como está con el vil metal.

Hemos llegado a un nuevo fin de curso, una vez más,  con la inmensa alegría y la no pequeña tristeza que eso supone, sentimientos contradictorios que se dan a la par. El curso escolar es una metáfora de una carrera competitiva con una salida y una meta de llegada, con un principio y un final, que se repite todos los años. ¡Lástima que sea siempre así! ¡Qué pena que todos los años tenga que empezar un nuevo curso escolar más viejo que el catarro, una nueva carrera siempre igual!  ¿No sería más deseable, pregunto yo, que no hubiera ninguna carrera ni ninguna competición, ningún camino previamente establecido que recorrer, ya que, como dijo el poeta, "caminante, no hay camino, / se hace camino al andar", que no hubiera ningún principio ni final, ya que el aprendizaje -o desaprendizaje, mejor dicho: siempre nos desprendemos de alguna idea o prejuicio mal inculcados y aprendidos- es un proceso que dura toda la vida? No olvidemos que la escuela (la scholé de los griegos o el ludus de los romanos) era el ocio, es decir la actividad que no se sometía al negocio del trabajo ni al de las vacaciones complementarias, que sólo sirven para justificación del trabajo. No olvidemos tampoco que el curso verdadero de nuestra vida, el verdadero curriculum uitae no tiene principio ni fin, por lo que no hay ni puede haber apertura ni fin de curso que valga.

Aquí os pongo, sin embargo, para celebrar con la alegría y la tristeza que merece este fin de curso al que estamos asistiendo, real como es pero falso esencialmente,  porque la vida sigue,  el "cursum perficio" de Enya, cuya letra en latín dice así:

Cursum perficio.
Verbum sapienti...
  Quo plus habent, eo plus cupiunt.
Post nubila, Phoebus.
Aeternum



Finalizo mi viaje
(ó concluyo el curso, ó acabo la carrera).
A buen entendedor,  pocas palabras.
Cuanto más tienen, tanto más quieren.
  Después de las nubes, el Sol.
Eternamente.

La letra, como podéis comprobar, no tiene mucha coherencia  interna, aunque resulta sugerente: es una repetición de máximas como "uerbum sapienti (sat est)", que quiere decir, una palabra (es suficiente) para el sabio, o sea, a buen entendedor pocas palabras bastan.  "Post nubila Phoebus": Después de las nubes, Apolo (o sea, Febo, es decir, el Sol), para indicar que después de la tormenta llega siempre la calma. Otro de los proverbios que repite Enya es "Quo plus habent, eo plus cupiunt" cuanto más tienen, tanto más desean. Y el lema que da título a la canción "cursum perficio": acabo el curso, concluyo mi carrera, mi viaje termina aquí. 

Era por cierto esta inscripción latina “Cursum perficio” la que se leía a la entrada de la pequeña casa que la actriz Marilyn Monroe tenía en Los Ángeles, su única propiedad, donde terminó el viaje de su vida en agosto del año 1962.


Buscando el origen de esa expresión, encuentro que “cursum perficio” es el lema del clan escocés de los Hunter, "cazador", un apellido muy común en Escocia y muy extendido también por el universo mundo. El escudo representa a un galgo sentado correctamente sobre sus cuartos traseros, con una antigua corona a modo de collar en el cuello. El lema latino podría estar basado en una frase de san Pablo con la que el apóstol resume su vida, concretamente en una carta a Timoteo, que reza literalmente: "Bonum certamen certaui, cursum consummaui, fidem seruaui", lo que quiere decir:  He librado un buen combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Lógicamente no es una cita literal, dado que el apóstol dice "he consumado mi carrera", y utiliza un pretérito perfecto, y nuestro lema usa el presente, pero el significado de ambos verbos latinos viene a ser muy parecido. La influencia y difusión de la Vulgata fue sin duda muy grande en toda Europa durante la Edad Media, lo que podría explicar el origen cristiano -concretamente paulino- del lema de los Hunter.

Leyendo posteriormente a Séneca encuentro esta cita de Virgilio (Eneida, IV, 653) que veo ahora que también puede relacionarse  con el lema que nos ocupa: Vixi et, quem dederat cursum Fortuna, peregi. (He vivido y carrera acabé que Fortuna me diera), las últimas palabras de Dido poco antes de quitarse la vida, donde aparece la fórmula cursum peregi: he completado mi carrera.

sábado, 11 de junio de 2016

Exámenes

Publica El Roto la siguiente viñeta en El País el 10 de junio de 2016, coincidiendo con el fin de la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad)  madrileña y con los exámenes de fin de curso. Se trata de una reflexión pedagógica donde las haya sobre la existencia de los exámenes en general: "Los llaman exámenes, pero se trata de saber si agachamos bien la cabeza". Lo dice una estudiante que, a diferencia de sus compañeros,  que mantienen las cabezas gachas sobre los pupitres en actitud de escribientes, muestra su perfil altivo y sus cabellos anaranjados -única concesión que el dibujante hace al color-, y no escribe, formula lo que los demás seguramente piensan pero no se atreven a decir, ocupados como están en  su examinación.


Si analizamos la etimología de la palabra EXAMEN, vemos que procede en su origen de *EXAGMEN y que está compuesta de tres elementos: un prefijo EX- que indica salida, movimiento del interior hacia el exterior, la raíz verbal AG- del verbo AGO, que quiere decir "llevar, conducir, hacer", cuya consonante desaparece al asimilarse a la siguiente y simplificarse, y el sufijo -MEN que indica instrumento, medio o resultado de la acción verbal. Este sufijo lo tenemos presente en certamen, dictamen, régimen, crimen, semen, volumen, germen, espécimen, etc. El significado etimológico de EXA(G)MEN sería "resultado de hacer salir algo", y, de ahí, comprobación, investigación... Lo curioso de esta palabra es que ha evolucionado en castellano a ENJAMBRE, y nos recuerda a las abejas que salen en tropel con su reina a formar una colonia. En latín significaba multitud, tropa, bandada, muchedumbre de animales (y de ahí el enjambre) o de personas, pero era también el nombre de la aguja o fiel de la balanza, por lo que sugiere la acción de pesar y de controlar. 

 Ilustración tomada del Orbis Pictus Latinus de Hermann Koller

Virgilio en la Eneida XII, 725, nos presenta al propio dios Júpiter sosteniendo los dos platos de una simbólica balanza: "Iuppiter ipse duas aequato examine lances / sustinet", sopesando la suerte de los dos héroes en la batalla "aequato examine", es decir, equilibrado el fiel.

El verbo *EX-AG-E-RE, del que deriva el sustantivo en cuestión EXAMEN, sufrió ya en latín apofonía vocálica y pasó a EX-IG-E-RE, y de ahí desembocó en nuestro "exigir"; y por otra parte, su participio de perfecto EX-AC-TUS, con ensordecimiento de la oclusiva gutural sonora G, ante -T, es el origen de nuestro "exacto", por lo que cabe ampliar el campo semántico del examen incluyendo la exigencia y la exactitud etimológicas. 


Se considera que el examen es algo inherente al sistema de enseñanza y fundamental, y que una clase de estudiantes debe ser examinada para valorar si ha adquirido los conocimientos necesarios. Pero un estudio sobre la historia de los exámenes demuestra lo falso que es esto. El examen es un instrumento creado por la burocracia china imperial para seleccionar a miembros de las castas inferiores, como recoge M. Weber en Economía y Sociedad:  «Para eludir la constante amenaza de apropiación de cargos, impedir la formación de clientela y la de monopolios de notables, el poder patrimonial de la China imperial tomó estas medidas: nombramientos a corto plazo, exclusión de cargo donde el funcionario tenía parientes, vigilancia mediante espías, agregando, por primera vez en la historia, la exigencia de exámenes.»  Hay constancia de que en Occidente, antes de la Edad Media, no hubo un sistema de exámenes ligado a la práctica docente, por lo que ni en la Grecia ni en la Roma clásicas hubo exámenes jamás.




Parece ser que el primer país del mundo, en efecto,  que implantó un sistema de exámenes nacionales fue la antigua China, llamado examen imperial, en concreto en el año 605 d. de C.. El propósito de estos exámenes era seleccionar candidatos para desempeñar puestos específicos de gobierno, es decir,  una especie de modernas oposiciones a funcionario de Estado. El examen imperial fue abolido en 1905 por la dinastía Qing. Inglaterra, siguiendo el modelo chino, adoptó el sistema de examinación en 1806, y a partir de entonces se extendió a otros lugares del mundo y se convirtió en la plaga pedagógica que hoy padecemos.  

¿De dónde vienen las notas que nos han puesto como estudiantes y que los profesores tenemos la obligación de asignar a nuestros alumnos? La asignación de calificaciones del trabajo escolar es una herencia de finales  del siglo XVIII, que seguimos padeciendo en el XXI. ¿Hay algo más básico en la enseñanza que hacer exámenes y poner notas? Nos parece algo tan normal y habitual que seguramente nunca nos hemos parado a pensar si esto ha sido así siempre, y, si no ha sido siempre así, ¿quién inventó los exámenes y las notas? La primera calificación de unos exámenes de estudiantes de la que tengo noticia se produjo en la Universidad de Cambridge en 1792, por sugerencia de un tutor llamado William Farish.

El procedimiento de reclamación contra la calificación de un profesor no cuestiona para nada la existencia de los exámenes en sí mismos, sino la adecuada aplicación práctica de los criterios de corrección y evaluación. Por otra parte, las notas se han convertido en un instrumento por parte de las autoridades académicas e inspección educativa para evaluar y controlar a los propios profesores, como muestra la conocida viñeta de Emmanuel Chaunu, originalmente en francés,  en que unos padres piden explicaciones por el elevado número de suspensos de su hijo no a la propia criatura sino a la profesora.


Siempre me ha resultado sorprendente que los estudiantes no se planteen ninguna huelga contra los exámenes -la más justa que pueden hacer-, y que cuando hacen una por cualquier otra razón como la subida de las tasas universitarias, la protesta contra la ley educativa de turno o contra los recortes ministeriales o la reivindicación que toque en ese momento,  respeten religiosamente la realización de los exámenes: faltan a las clases, pero nunca a los exámenes.

jueves, 9 de junio de 2016

¿Se acabó la pantomima?

Si buscamos los antecedentes clásicos de referencia a figuras del cine mudo como el entrañable Charlot, creación de Charles Chaplin,  o Buster Keaton, o ya mimos propiamente dichos, como el inolvidable Marcel Marceau, que dio vida a su célebre personaje Bip y que tanto debe a los anteriores, debemos remontarnos a la Roma clásica,  al año 22 a. de C., cuando hicieron su aparición en escena los pantomimos Pílades de Cilicia y Batilo de Alejandría. La pantomima se convirtió a partir de entonces en una parte esencial de las representaciones teatrales. 

 Marcel Marceau (1923-2007)

La pantomima (del griego panto todo, y mima imitación) fue, dentro del teatro romano de época imperial, un género bastante popular. La pantomima prescindía de la palabra, que se sustituía por la mímica. Se trata, pues, de una expresión teatral que recurre de manera exclusiva o preferente a los gestos y expresiones corporales, en detrimento del lenguaje verbal. El pantomimo, de figura habitualmente atlética y apuesta, vestido con una larga túnica de seda que le permitía libertad de movimientos y cubierto el rostro por una máscara con los labios cerrados, interpretaba piezas trágicas o cómicas mediante gestos y el movimiento de sus manos. 

Un solo bailarín, llamado pantomimo representaba asuntos mitológicos sin hacer uso de la voz. La innovación de Pílades de Cilicia consistió en añadir una orquesta de músicos y un coro. Por lo tanto el pantomimo se veía ahora acompañado de un coro que recitaba o cantaba ocasionalmente un texto y de los músicos, que se situaban con el coro tras él. El bailarín podía desempeñar en una misma pieza hasta cinco papeles diferentes. El poder del bailarín residía en sus pasos, posturas y toda clase de gestos.

De Batilo sabemos que fue liberto, es decir, un esclavo que alcanzó la libertad, del caballero romano Gayo Cilnio Mecenas, que fue tal vez el más íntimo de los amigos de Augusto, intermediario entre el príncipe y escritores de su época como Virgilio y Horacio, integrantes del llamado círculo de Mecenas, a los que protegió, hasta el punto de que su apellido se ha convertido en un nombre común “mecenas” que designa a todos los burgueses o capitalistas que se dedican a subvencionar a los artistas, denominándose “mecenazgo” su protección. 


El poeta satírico Juvenal se refiere a Batilo en un verso de su misógina sátira sexta contra las mujeres “chironomon Ledam molli saltante Bathyllo”, calificándolo de “mollis” blandengue, afeminado: cuando el blandengue de Batilo baila la pantomima de Leda. En el verso de Juvenal destacan dos cosas: la palabra griega "chironomon", que significa "movimiento de las manos o los brazos en cadencia, y por extensión también con las piernas", para referirse a la pantomima;  y que el nombre propio del pantomimo está tomado como nombre común y genérico de bailarín, porque es imposible cronológicamente hablando que Juvenal hubiera conocido a Batilo de Alejandría, el liberto de Mecenas. 

 Cuando el flojo Batilo ejecuta la danza de Leda,
Tucia se mea de gusto, y de gozo Ápula gime...
(Juvenal, VI 63-64)

El artista inglés Aubrey Beardsley (1872-1898), que murió a la temprana edad de 25 años de tuberculosis, realizó en 1896 varios grabados para ilustrar la sexta sátira de Juvenal “Contra las mujeres”. Dos de estos grabados representan a Batilo. Batilo es en Juvenal y en Beardsley la encarnación de un danzarín afeminado, muy admirado por el público romano decadente por sus actuaciones lascivas y sugerentes, especialmente por las damas. En el primer dibujo, Beardsley hace una referencia específica a una actuación de Batilo en la que da vida al personaje mitológico de Leda, la doncella que fue seducida por Júpiter/Zeus bajo la forma de un cisne según el mito clásico.

martes, 7 de junio de 2016

De reyes y leyes

Plinio el Joven alcanzó en el año 100 d. de C. el consulado y pronunció ante el Senado romano un discurso de acción de gracias al emperador Trajano, que ha llegado hasta nosotros. Inaugura así Plinio, con esta pieza oratoria, un nuevo género literario: el panegírico, un discurso en alabanza del jefe del Estado, un elogio desmesurado hasta la hez de la adulación.

La palabra panegírico procede del griego panēgyrikós, formado sobre panēgyris, que significa propiamente asamblea o reunión de todo el pueblo para la celebración de una solemnidad, de donde procede su significado actual de elogio público. El panegírico de Trajano que pronuncia y escribe Plinio el Joven se convertirá en modelo de futuros panegíricos. Desde el punto de vista estilísito, puede afirmarse que es un completo arsenal de figuras retóricas y estilísticas como dice Victor José Herrero Llorente en la introducción a su traducción española: “Abundan la disimetría y la variatio, las imágenes y los epítetos, las braquilogías y las antítesis”.

 Columna trajana, símbolo del poder imperial

Entre los muchos elogios que prodiga Plinio el Joven al emperador Trajano destaca el de que como príncipe que es no está por encima de las leyes, sino que las leyes están por encima de él (LXV): non est princeps supra leges, sed leges supra principem.

En un principio la palabra príncipe=princeps era una abreviación de la expresión princeps senatus: el primero del senado. Así, personajes de la antigua República romana como Escipión son frecuentemente denominados con el título de principes. El mismo Augusto escogió, entre todos, este título para disfrazar el poder absoluto de su monarquía, rehuyendo el ominoso de rex=rey.  Ser príncipe del Senado confería el privilegio de estar inscrito el primero en la lista de los senadores y de votar, por lo tanto, el primero en el Senado. Princeps est qui primum locum capit: Príncipe es el que ocupa el primer lugar.  El principado, fue, pues, el título de la nueva constitución, mezcla de monarquía que no osa decir su nombre y de aristocracia, que guardaba las viejas formas, sólo las formas, republicanas.

 La palabra imperator sólo significa en su origen jefe del ejército y se usaba, según Tácito, para todos los jefes militares victoriosos que hubieran sido aclamados por sus propias tropas. De ahí viene nuestra palabra “emperador” y “emperatriz”, con los sufijos de agente masculino –tor y femenino –trix, que encontramos en ac-tor y ac-trix, y la raíz del verbo “imperare” que en principio quiere decir “mandar, gobernar”.

Como es bien sabido, la inexistencia de responsabilidad política del Jefe del Estado es una característica común de todos los regímenes políticos contemporáneos, ya sean Monarquías, ya Repúblicas. En el caso de los regímenes monárquicos, la falta de responsabilidad es absoluta, llegando a extenderse la irresponsabilidad a los ámbitos civil y penal.


Según el artículo 56.3 de la constitución española de 1978, hoy vigente: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad.” No se puede perseguir criminalmente al monarca y, en cuanto se refiere a la responsabilidad civil, no se le puede demandar ante la jurisdicción ordinaria, por lo que, a diferencia de la situación que describe Plinio, aquí y ahora, en nuestra España hodierna,  princeps supra leges est, non leges supra principem: el monarca está por encima de las leyes, no las leyes por encima del monarca.

Esto entra en conflicto con el artículo 14 de la citada constitución,  que reza: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. La propia constitución se contradice: Todos los españoles no somos iguales ante la ley, el Rey está por encima de ella: rex supra leges est.

domingo, 5 de junio de 2016

Un (falso) dios nos dio esta (falsa) paz

ō Meliboee, deus nōbīs haec ōtia fēcit. 
(Virgilio, Égloga I, 6)


El pastor Títiro, acostado a la sombra de una frondosa haya, ensaya con su flauta una dulce melodía, cuando se le presenta Melibeo que ha sido víctima de la expropiación de tierras decretada por el emperador Augusto. Entran ecos así de la actualidad política en la poesía bucólica virgiliana, que ya no es un simple remedo de la de Teócrito de Siracusa. Augusto había licenciado a muchos legionarios veteranos de las guerras civiles que se establecían como colonos en el norte de Italia, para lo que tuvo que confiscar múltiples tierras, entre ellas las del padre del propio poeta Virgilio.

Es entonces cuando el perezoso Títiro exclama no sin adulación que un dios (pues para él siempre lo será) le ha traído aquellos ocios de los que él disfruta. Pero esa paz de la que él está gozando se ve perturbada por las quejas de Melibeo, que denuncia que no es una paz justa.  El poeta está utilizando la palabra OTIVM en plural -OTIA, un plural poético por razones métricas-, que se contrapone, como se sabe, a NEGOTIVM. No resulta muy errado traducir OTIVM en este y otros contextos como “paz”. Aunque la palabra PAX  puede ser sinónima de OTIVM, esta última conlleva también los significados secundarios de “descanso”, “tranquilidad”, “ociosidad”, "alejamiento del foro y de la política" que hacen que entendamos esa paz como relativa, como una paz armada -si uis pacem, para bellum-, como una guerra "fría" o de baja intensidad, una paz alimentada por la amenaza siempre latente de la guerra. La paz no es sólo ausencia de guerra. Con este nombre, a menudo se alude a otra realidad. Como sugiere Tácito en otro lugar,  miseram seruitutem falso pacem (uocant),  llaman paz sin razón a una miserable servidumbre.


El barón Carl von Clausewitz sentenciará, varios siglos después de Virgilio y de Augusto, que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Dándole la vuela a la frase, podemos afirmar sin mucho escándalo que la política (y la paz) es la continuación de la guerra por otros medios ("pacíficos").

 
  Versión jazzística del "Tityre tu patulae recubans sub tegmine fagi"

Suenan aquí, también, los primeros ecos de la adulación de los poetas del círculo de Mecenas al emperador, que aún no había sido divinizado, aunque sí su padre adoptivo el divino Julio César, por lo que él era el hijo de un dios,  justificándose así la imposición de una línea dinástica de origen celestial.
 
Virgilio vivió la llamada pax Augustea que puso término a las sangrientas guerras civiles que habían padecido los romanos como colofón de la República, unas guerras en las que el propio Augusto había participado y de las que era en parte buen responsable. Su sensibilidad de poeta le hace percibir a Virgilio el sordo clamor de la guerra que late en el seno de esa paz. De alguna manera, Virgilio sugiere que la pax de Augusto que a él le ha tocado vivir es una máscara del bellum, otro nombre de la guerra; y que, por lo tanto, el emperador Augusto no es sino la encarnación más perfecta que podía darse del dios Marte armipotente, el señor de los ejércitos, un Mars pacifer, es decir, un dios de la guerra que trae una falsa paz.

Versión clásica

miércoles, 1 de junio de 2016

No day shall erase you from the memory of time

    Allí donde se alzaban las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York han abierto el Memorial Museum del 9/11, o sea, del 11/9, ya que nosotros citamos las fechas al revés, en primer lugar el día y después el mes, es decir, el museo del 11 de septiembre (del año 2001). En la llamada Zona Cero, en el hueco donde se erguían los dos rascacielos iguales, han colocado unas placas de bronce negro con los nombres grabados de las casi tres mil víctimas de los atentados.

    Dentro ya del museo puede leerse la siguiente cita de Virgilio en la lengua del Imperio: NO DAY SHALL ERASE YOU FROM THE MEMORY OF TIME: Ningún día os borrará de la memoria del tiempo.


    Me preguntaba yo de dónde habrían sacado ese verso virgiliano, hasta que recordé un pasaje muy célebre del canto noveno de la Eneida, donde dos héroes troyanos, Niso y Euríalo, deciden combatir por su cuenta durante la noche contra los enemigos rútulos.

    Niso, movido por el deseo de emprender una acción ilustre que glorifique y dé un sentido heroico a su vida, le revela a Euríalo su plan de atravesar las líneas contrarias. Los enemigos, borrachos y dormidos, habían bajado la guardia. El joven Euríalo le dice que no lo dejará solo en su arriesgada empresa. Pero Niso no quiere exponer a su joven amigo a tanto riesgo: en caso de morir él, quiere que su compañero le sobreviva. Sin embargo, Euríalo no va a cambiar de parecer.

    Ambos, en la noche, atraviesan el campamento enemigo, matando a todos los que encuentran a su paso. A la llegada del alba, cuando estaban a punto de partir victoriosos con sus despojos, son descubiertos por el resplandor de un casco arrebatado como botín. Los dos se apresuran en su huida. Una patrulla de jinetes, sin embargo, cierra las salidas. Niso logra escapar. Su joven amigo se queda atrás. Niso vuelve sobre sus pasos en su busca. Ve que su compañero dispara su lanza y atraviesa a uno de los enemigos. Otro de ellos desenvaina su espada amenazante.

    Niso sale de la maleza donde se ocultaba y grita: ¡Matadme a mí en vez de a él! El muchacho no tiene la culpa. Yo lo he arrastrado hasta aquí. El único delito de Euríalo es haber querido demasiado a su amigo infeliz.. La espada desnuda y ciega del enemigo no duda a la hora de encontrar su objetivo: se clava traspasando las costillas del blanco pecho adolescente de Euríalo. 

Va hacia la muerte Euríalo, y por sus miembros hermosos
corre la sangre, y su frente se rinde, abatida, en el hombro 
como la vívida flor cuando reja de arado la troncha 
se aja y se muere, o la adormidera, doblado su cuello, 
al agobiarse de lluvia tal vez, agachó su cabeza. 

    Niso, fuera de sí, busca al asesino de su amigo muerto en la flor de la edad, y le hunde la espada en la boca. Pero herido al fin él mismo, cae sobre el cuerpo exánime de su compañero y descansa allí por fin en una plácida muerte. Algunos lectores ven en este relato una amistad varonil muy fuerte, muy sentimental pero muy casta entre ambos héroes; sin embargo, el propio Virgilio no deja lugar a muchas dudas. Se trata de algo más que eso: “his amor unus erat”; es decir, para ellos -es lo que las gramáticas llaman un dativo posesivo- había un único amor, o lo que es lo mismo, tenían un único amor, un amor que los unía. 

    Hay, además, una diferencia de edad considerable. Euríalo no ha afeitado todavía su rostro intonso. Apenas sombreado por la primera pelusa de la adolescencia, no es más que un efebo imberbe. Virgilio destaca, además, su extraordinaria belleza (Euryalus, quo pulchrior alter non fuit Aeneadum: que quiere decir algo así como: Euríalo, más hermoso que el cual no hubo ninguno entre los hombres de Eneas). El uno será insigne por su hermosura y lozana juventud; el otro, por su piadoso cariño al mancebo, puer en latín.

    Niso será el erasta o amante o más propiamente pederasta -no tengamos miedo a las palabras a la hora de llamar a las cosas por su nombre- y Euríalo, el erómeno o amado. Tanto el pederasta como el erómeno están bajo la benévola mirada de Eros, que es un dios, lo mismo que el amante y el amado están bajo la protección de las alas del ángel del amor.

 Fortunati ambo! Si quid mea carmina possunt,
nulla dies umquam memori uos eximet aeuo.

    "Fortunati ambo!" Clama Virgilio: Es decir: afortunados los dos amantes. ¿Por qué los considera el poeta afortunados? Sin duda porque han encontrado la muerte el uno en brazos del otro simultáneamente, una muerte, además, heroica que hará que su fama sobreviva a través de los siglos gracias a los versos inmortales del poeta mientras exista Roma, la ciudad eterna que ellos ayudarán con su muerte a fundar.

    ¡Afortunados los dos! Si pueden algo mis versos, ni un día va a borraros jamás del recuerdo del tiempo. Este último es precisamente el verso virgiliano que se cita en inglés en el Memorial Museum del once de septiembre, el 447 del libro noveno de la Eneida: nulla dies umquam memori uos eximet aeuo: Ni un día va a borraros jamás del tiempo que guarda memoria, que recuerda -eso es lo que quiere decir el adjetivo memori de difícil traducción-; o dicho con otras palabras:  día no va a borraros jamás del vivo recuerdo. 

Niso y Euríalo, Jean-Baptiste Roman, (museo del Louvre, París).