lunes, 14 de noviembre de 2016

Propercio huyendo del amor



Se propuso Propercio, herido del amor de Cintia, hacer un viaje a Atenas para tratar de olvidarla, convencido como estaba de que si dejaba de verla y ponía tierra y mares por medio lograría librar su alma de esa dolorosa pasión. 

Hace al final de esta elegía (III, 21) buenos propósitos: la filosofía académica de Platón o la de Epicuro podrán consolarlo, también la oratoria de Demóstenes o las comedias de Menandro, es decir, la literatura, sin olvidar las obras de arte tanto pictóricas como escultóricas que podrá ádmirar allí. Confía lograr con el viaje, en definitiva, y con la cultura el alejamiento y olvido defintiivos de Cintia.

Ignoraba, sin embargo, Properico aquel verso de Horacio que dice post equitem sedet atra cura: detrás del jinete galopa a su grupa la negra murria. Es decir, que en vano se propone distraerse, alejarse y olvidarse de Cintia, porque ella, quiera Propercio o no,  va a ir siempre con él como si fuera su propia sombra. Nadie huye de su propia sombra. 
  


 Magnum iter ad doctas proficisci cogor Athenas
    ut me longa graui soluat amore uia.
Largo viaje a la culta Atenas  emprendo a la fuerza
porque distancia a mí   libre de males de amor.

crescit enim assidue spectando cura puellae:
    ipse alimenta sibi maxima praebet Amor.
Crece en efecto mi pena  al mirar a menudo a mi niña:
sirve al amor el amor     mismo el menú principal.

omnia sunt temptata mihi quacumque fugari
    possit: at exsomnis me premit usque deus.
Todo lo he intentado a fin de lograr como sea
que huya; mas él,  dios que no     duerme,  me acosa sin fin. 


...at exsomnis me premit usque deus


 bis tamen aut semel admittit, cum saepe negarit:
     seu uenit, extremo dormit amicta toro.
Una con todo o dos veces me acepta, por más que se niega:
 o ella  si viene, a dormir     se echa vestida al diván.

unum erit auxilium: mutatis Cynthia terris
    quantum oculis, animo tam procul ibit Amor.
Sólo habrá una salida: cambiado el país, cuanto a mi vista
Cintia se aleje, el Amor         lejos de mi alma se irá.

nunc agite, o socii, propellite in aequora nauem,
    remorumque pares ducite sorte uices;
¡Venga ya, compañeros, al agua botad  el navío,
turnos a suerte echad     para remar a la par,

iungiteque extremo felicia lintea malo:
    iam liquidum nautis aura secundat iter.
y desplegad propicias las velas a lo alto del mástil:
ya abre a la navegación         ruta la brisa a favor!   

 Romanae turres et vos valeatis, amici,
    qualiscumque mihi tuque, puella, vale.
¡Torres de Roma, adiós, y también a vosotros, amigos,
y como quiera a ti,     niña, conmigo que estés!



ergo ego nunc rudis Hadriaci uehar aequoris hospes,
    cogar et undisonos nunc prece adire deos.
Voy pasajero bisoño a ser  del Adriático ahora 
y hoy a los dioses del mar      debo elevar mi oración.

deinde per Ionium uectus cum fessa Lechaei
    sedarit placida uela phaselus aqua,
Cuando mi lancha, bogando a través del Jónico, arriado 
haya en Corinto, en paz         plácida, velas después,

quod superest, sufferre, pedes, properate laborem,
    isthmos qua terris arcet utrumque mare.
en lo que queda, a sufrir preparáos,  pies, el camino,
donde el Istmo en mitad     parte a las aguas en dos.

inde ubi Piraei capient me litora portus,
    scandam ego Theseae bracchia longa uiae.
Cuando me acoja la orilla del puerto después  del  Pireo,
remontaré el largo vial          que hizo Teseo erigir.



illic in spatiis animum emendare Platonis
    incipiam aut hortis, docte Epicure, tuis;
Empezaré en los espacios allí de Platón a curarme 
mi alma, o en tu jardín,         sabio Epicuro, tal vez;

persequar aut studium linguae, Demosthenis arma,
    libaboque tuos, munde Menandre, sales;
 o estudiaré arte de hablar, de Demóstenes arma, 
y libaré el humor,              fino Menandro, de ti;


aut certe tabulae capient mea lumina pictae,
    siue ebore exactae seu magis aere manus.
o  atraerán los cuadros pintados sin duda a mis ojos 
su obras quizá de marfil    hechas o  bronce mejor.

aut spatia annorum et longa interualla profundi
    lenibunt tacito uulnera nostra sinu:
O el transcurrir de los años  y larga del  mar la distancia 
van en mi corazón      mudo la llaga a sanar;

seu moriar, fato, non turpi fractus amore;
    atque erit illa mihi mortis honesta dies.
o he de morir por mi sino, no de un triste amor malherido;
y el de mi muerte será            día de honor para mí.

viernes, 11 de noviembre de 2016

"Homo tontolculus"


A propósito de la viñeta de Forges sobre la evolución del pithecanthropus erectus,  que se ha convertido en “homotontolculus”, el último homínido de la era virtual y tecnológicamente emprendedora (que no aprendedora), que camina hacia atrás, móvil en ristre como su único instrumento prensil (y en España hay ya más celulares que españoles, dicho sea entre paréntesis),  vamos a entretenernos aquí un poco con el origen de la palabra “tonto” precisamente. ¿De dónde procede?

Su etimología es muy discutida. Para algunos, vendría del latín attónitum, participio de attonare, verbo formado a su vez por el prefijo  ad- y el verbo tonare “atronar”, que en principio significaría “tronado, tocado por el trueno o herido por el rayo”, lo que, si no es verdad, parece a simple vista bastante ingenioso.

Lo que está claro y no discute nadie es que el término evoluciona por la vía culta o, lo que es lo mismo, bajo la influencia conservadora de la lengua escrita, a “atónito” en castellano, que la RAE define  como  “pasmado o espantado de un objeto o suceso raro”. Esto sucede una vez que cae bien pronto la –m del acusativo,  y que la u  final se abre en o (muy pocas palabras como espíritu, ímpetu o tribu conservaron esta u en fin de palabra), y que la t geminada se simplifica, del siguiente modo:  ATTÓNITU(M)> ATTÓNITO> ATÓNITO. 

Hasta aquí no hay objeción, y todo el mundo está de acuerdo. Según los partidarios de la ingeniosa etimología, el cultismo “atónito” por la vía popular o vulgar sufriría, al ser palabra esdrújula, la síncopa temprana de la “i”, y la pérdida de la a- inicial átona, fenómeno no muy generalizado, pero que le sucedió también, por ejemplo, a la palabra “amorem”, que conservamos restituida como “amor” pero que por la vía popular derivó a “mor”, en la expresión algo ya obsoleta: “por mor de”, es decir “por amor de”. La evolución que proponen los partidarios de esta ingeniosa  teoría sería: ATÓNITO> ATONTO > TONTO. 

Son tres las objeciones que se le pueden achacar:

-Primera: La palabra “tonto” no está atestiguada en castellano hasta 1570, una fecha bastante tardía para una término de uso tan común. Sólo tiene poco más de cuatrocientos años reconocidos de existencia. A partir de ahí, aparecen recurrentemente sus numerosos compuestos tontería, tontear, tontuelo, atontamiento, tontaina y demás, pero antes de esa fecha no hay rastro en ningún documento escrito.  

-Segunda:  La sonorización de las oclusivas sordas intervocálicas se produjo históricamente antes de la síncopa de las vocales átonas en interior de palabra; es decir que el paso *atónido es previo a la pérdida de la /i/,  por lo que sería muy extraño que  la /i/ se hubiera perdido antes y mantenido la /t/, como argumentan los defensores de la ingeniosa pero peregrina teoría.

-Tercera y más grave objeción: la evolución de la o breve acentuada de “attónitum” es, como se sabe, el diptongo ue en castellano. Es decir, suponiendo que se hubiera perdido la a- inicial átona, la evolución esperada de (at)tónitu(m) al castellano, tendría que haber sido tónito>tónido>tondo>*tuendo, que no está documentada. 

Pero lo más curioso es que, de hecho, esa a- inicial no se ha perdido, y la evolución de ATÓNITO prosiguió a ATÓNIDO > ATONDO > ATUENDO.  Por muy extraño que parezca, la palabra “ATUENDO” procede de “atónito”, y es por lo tanto el término patrimonial, atestiguado como está a partir de 1019 bajo la forma no diptongada todavía “atondo”, del doblete correspondiente al cultismo "atónito". La RAE define “atuendo” como “aparato, ostentación, atavío y vestido”. La deriva semántica de este término, que pasa de adjetivo a sustantivo, y de significar “pasmado, aturdido” a “vestimenta” se debe a la pompa, fausto o aparato estruendoso que ostentaba la majestad real, que se extendió al ajuar y al mobiliario que acompañaba al monarca en sus viajes, y que causaba estupor y asombro, y que dejaba atónito –herido o deslumbrado por un rayo, asombrado-  a todo el mundo, tanto a cortesanos como a plebeyos,  a la vista de la parafernalia estrepitosa y escandalosa del rey. De ahí pasó a designar a los avíos más modestos con los que cubrimos nuestra desnudez los súbditos del soberano. 

Lo que nos trae, sin querer a la memoria, el cuento aquel de "El traje nuevo del emperador" de Hans Christian Andersen, más conocido como "El rey desnudo", cuya moraleja es que no tiene por qué ser verdad aquello que todo el mundo cree que lo es, o que la verdad no depende de la opinión de la mayoría democrática. Sólo un niño se atrevió a decir lo que todos veían y nadie osaba proclamar: "El emperador está desnudo". El nuevo atuendo del rey era, francamente, ridículo y brillaba por su ausencia.
¿Cómo explicamos, entonces, el origen de la palabra “tonto”, si desechamos la procedencia de “atónito” y no encontramos en latín nada que se le parezca ni mucho ni poco de donde pudiera proceder? 

Para el maestro Corominas, y esta parece la teoría más plausible hasta la fecha, la palabra “tonto” sería una creación  expresiva o imitativa, de origen onomatopéyico, que se ha producido en varias lenguas, y que puede relacionarse con "bobo". Las personas con problemas de entendimiento o comprensión suelen hablar balbuceando; si repetimos la sílaba "bo", resulta bobo, creamos una onomatopeya, es decir, hacemos una palabra que imita la forma de hablar de la persona a la que alude, como los niños cuando dicen el "guauguau" en lugar de "perro". Se repetiría la sílaba "to": toto reforzando la pronunciación con un infijo nasal /n/: de donde saldría "tonto" o, más usual en hispanoamérica, "zonzo" (reforzando la sílaba "zo"). 

Este procedimiento de creación de palabras expresivas es muy frecuente en el lenguaje infantil, como demuestran los ejemplos papa, mama, caca, tete, tata, titi, coco, nana, nene, y un largo etcétera. De similar origen que la palabra "tonto" sería “tuntún”. En la expresión “al tuntún”, voz creada con la repetición de la sílaba tun tun, se sugiere que se hacen las cosas de golpe, sin plan ni concierto, “a tontas y a locas”.  La repetición de la consonante y la vocal evoca la idea de insistencia necia, es la imitación de un balbuceo o intento de decir algo que no tiene sentido, como los casos paralelos que cita Corominas de chocho, bobo, lelo, soso, fofo, memo y, especialmente, zonzo, que como hemos dicho, se usa en hispanoamérica como sinónimo de tonto.

Parece que la palabra "tonto" surgió en Italia, siendo una creación del italiano moderno y no del latín,  y de ahí se extendió a España y Portugal, por lo que resulta ajena a otros ámbitos del romance como al francés y al rumano.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Han Hon Hen

La lengua sueca, que es de origen germánico, no distingue géneros gramaticales masculino/femenino ni en sustantivos ni en adjetivos. Dispone de un género UTRUM, “animado” digamos, de palabras acabadas en -en, reservado en principio a los seres vivos sea cual sea su sexo, por ejemplo en häst, un caballo) e “inanimado” (género NEUTRUM, o palabras acabadas en -ett, reservado en principio a las cosas ett hus una casa) que designa a los seres inertes, aunque también se da un reparto de “individuos” frente a “abstracciones”; por ejemplo, en björk “un abedul” -especie- frente a ett träd “un árbol” -género o concepto general-. 
  
El reparto, en todo caso, está muy lejos de ser racional, como sucede en todas las lenguas, donde las divisiones de género que no son más que clasificaciones de palabras no responden a abstracciones, sino que las abstracciones se hacen a posteriori. Por eso las gramáticas suecas aconsejan que aprendamos la palabra con su correspondiente artículo “en” “ett” porque sí, sin buscar muchas explicaciones. Es decir, que, una vez enunciada la "regla", las excepciones son tan numerosas que vale más olvidarse de la "regla" : por ejemplo el género de la palabra “león”: por lógica, según lo expuesto,  debería ser UTRUM, es decir, debería llevar el artículo determinado EN, sin embargo lleva ETT, y se dice ett lejon “un león”, y no el esperado *en lejon.

Como prefijos las formas en y ett que estamos viendo funcionan como artículo indeterminado, como sufijos funcionan como artículo determinado: en häst un caballo,  hästen el caballo

La única excepción a este sistema general es el pronombre de tercera persona del singular, donde aparte de los susodichos géneros UTRUM o común ("den") y NEUTRUM ("det") hay un masculino ("han") y un femenino ("hon").  Normalmente, el masculino "han" se usaba como género no marcado.  

Al parecer, el SAOL, el diccionario de referencia de la lengua sueca, publicado y revisado cada diez años por la Academia  de  dicha lengua -organismo que otorga cada año el Premio Nobel de Literatura y que este año se ha lucido concediéndoselo al excelente compositor pero no escritor Bob Dylan- en su última edición del 15 de abril del año pasado introduce un pronombre personal de tercera persona neutro creado ex professo por el movimiento feminista de ese país en los años sesenta del siglo pasado como alternativa al uso del género gramatical masculino como no marcado, en situaciones que hacen referencia tanto a mujeres como a varones. En sueco existía, como queda dicho, un pronombre masculino han (él) y otro femenino hon (ella), y ahora se propone o impone el pronombre hen, que no tiene género, es decir, que es neutro: ni él ni ella, sino *elle o algo así, diríamos en español, o ello si no estuviera reservado para las cosas. Hen sirve para referirse a una persona sin especificar si es varón o mujer, bien porque se desconoce su sexo biológico o bien porque es irrelevante precisarlo; también puede utilizarse para hablar de las personas transexuales o de aquellas que no se identifican con ninguno de los estereotipos sexuales. Uno de los argumentos a favor de esta imposición es que diciendo “hen” se evita la expresión políticamente correcta “él o ella”, pero lo malo del invento es que “hen” en sueco es también un sustantivo que significa “gallina”.

Algo parecido han propuesto algunos feministas que se haga en castellano so pretexto de “visibilizar a la mujer”. Para evitar expresiones no discriminatorias y redundantes como “los suecos y las suecas están contentos y contentas” podría utilizarse una terminación neutra -ni masculina ni femenina- acabada en -e: “les sueques están contentes”. Evitaríamos así fórmulas engorrosas y políticamente correctas como la repetición de lo mismo con distinto morfema de género gramatical. Con esta propuesta marcaríamos el género masculino, hasta ahora no marcado o genérico.

Un profesor, por ejemplo, que tenga chicos y chicas en clase, que suele ser lo habitual, salvo en algunos colegios concertados que segregan al alumnado por su sexo, no podrá decir “mis alumnos” para referirse a la totalidad del grupo, sino “mis alumnes”, con todos los adjetivos que quiera aplicarles concordados en género neutro y número plural: estudioses, vagues o lo que sea... Asimismo, una madre que tenga un hijo y una hija no hablará en plural de sus “hijos” porque no sería políticamente correcto -sólo podría decirlo según el rigor feminista que se quiere aplicar en el caso de que fueran todos varones- sino de sus “hijes” -sin especificar su sexo.

No hace falta decir que es tan ridículo como artificioso, y ¡sexista!, contra lo que pretenden, dado que al crear ex nihilo un género gramatical no marcado, estamos marcando el masculino, que antes era el no marcado, lo que va contra la economía de la lengua, que no tiene nada que ver con la economía capitalista, sino con los procesos de ahorro de repeticiones innecesarias por superfluas.

El hecho de querer imponerle normas a la lengua es igual que querer poner puertas al campo. Las Academias de la Lengua dicen que ellas no son prescriptivas, sino descriptivas, pero lo malo es que la descripción que hacen acaba convirtiéndose para mucha gente en prescripción. La Academia describe supuestamente  el habla de la gente, pero la gente que va de culta por la vida acaba hablando lo que escribe/dicta la Academia, que pasa de ser descripción a prescripción.

Lo peor de todo  es que  hay "algunes", algunos y algunas, que no "satisfeches" con promulgar todo tipo de leyes y reales decretos desde arriba, creen que hablando y escribiendo así van a solucionar algún problema, cuando lo que están haciendo es crear uno donde no lo había.

En la viñeta de arriba se hace burla de la decisión de la academia sueca de utilizar Hen ("gallina") como pronombre bisexual frente a Han ("él") y Hon ("ella"), y los contrapone a otros monosílabos existentes en esa lengua con el resto de las vocales.

lunes, 31 de octubre de 2016

El hilo de Ariadna



La palabra latina FILVM evoluciona al castellano perdiendo la –M final (es lo que se conoce como apócope)  y abriendo la vocal U en O. Son raras las palabras procedentes del latín que hayan conservado esta U final.  Espíritu, ímpetu y tribu son tres de ellas. En el caso que nos ocupa FILUM evolucionó a FILO, que podemos definir como el borde agudo de un instrumento cortante, por ejemplo, de una navaja, pero también hablaremos del filo de un abismo para indicar que nos encontramos al borde de un precipicio. El plural de FILVM en latín era FILA, dado que estamos ante una palabra de género neutro, y de este FILA procede nuestro femenino FILA, puede que por influjo del francés FILE o puede que directamente. En todo caso estamos ante un derivado de FILVM entendido como “borde muy fino”, hilera. 

De FILO obtendremos el adjetivo FILOSO y el verbo AFILAR, con el significado de “sacar FILO”, es decir, punta a un cuchillo, por ejemplo, oficio del que se encargaba el AFILADOR. Todavía recuerdo yo la cantilena de mi infancia con la que se presentaba el afilador en el barrio: ¡El afilador! ¡Afila cuchillos, navajas, tijeras…! 

A través del francés DÉFILER nos llega DESFILAR que quiere decir “marchar en FILA”, con la connotación militar de “marchar las tropas en orden y formación ante las autoridades en ciertas solemnidades”. Y también, por esa misma vía, del francés ENFILER nos llega ENFILAR que propiamente significa “poner en fila”, para completar los verbos que acaban en –filar, tenemos también PERFILAR, que viene a nosotros a través del occitano antiguo PERFIL “dobladillo”, de donde, “contorno de un objeto” y de ahí “completar con esmero algo”. 


A través del francés FILET, derivado de FILUM, que significaba “espaldar de un animal y concretamente, médula, por la forma afilada que tiene ésta” nos llega FILETE, esa loncha delgada, según la Academia,   de carne magra o de pescado limpio de raspas.

Pero no veamos la cosa de REFILÓN o de soslayo, oblicuamente desde uno de sus filos, es decir, al sesgo, sino que, dejando aparte algunas palabras que ya estaban en latín como FILAMENTO, FILIFORME, FILIGRANA  prosigamos la evolución de FILUM que como doble te que es da origen también a una palabra patrimonial, que es HILO.

Este cambio es característico del castellano, aunque no se produce siempre pues tenemos muchas palabras latinas que empiezan por f- (fuente, frente...). Se debe según Menéndez Pidal al influjo del eusquera, que carece de F- inicial. Si observamos las lenguas romances hermanas,  todas ellas han conservado la F- inicial latina: gallego y portugués FIO, catalán y francés FIL, italiano FILO y rumano FIR. En la lengua de Cervantes se ha conservado la F inicial en el cultismo FILO, pero se aspiró y posteriormente se perdió la aspiración, conservándose su recuerdo con la grafía H- en el vulgarismo HILO. Algún recuerdo nos queda de la aspiración de esa F- inicial latina en palabras como jamelgo, que deriva de FAMELICVM, y jondo cuando se habla del cante que sale de las honduras del alma.
    
 Y llegamos así al HILO, y al verbo HILAR y a las HILANDERAS de Velázquez, por ejemplo, cuadro que da vida al mito de Aracné que nos contaba Ovidio en sus Metamorfosis: la historia de aquella ilustre tejedora que osó desafiar a la mismísima Palas Atenea a bordar un tapiz. La labor de HILADO de esta HILANDERA era tan extraordinaria y ella tan consciente de ello y soberbia que la diosa la castigó convirtiéndola en una araña que teje incansablemente su telaraña.

Pero no acabaremos esta RETAHILA, es decir, esta RECTA FILA “hilera derecha”, sin mencionar otro célebre HILO, el HILO DE ARIADNA, con el que la princesa de Creta e hija del rey Minos, ayudó a su amado Teseo a salir del Laberinto. Matar al monstruo que habitaba en su interior era labor del héroe, que a eso había ido desde Atenas para liberar a su ciudad del tributo anual que debía rendirle de catorce vidas humanas, pero el problema venía después. ¿Cómo salir del Laberinto en el que habitaba el monstruo, aquel “semibovemque virum semivirumque bovem” “toro de hombre mitad y hombre de toro mitad” (uno de los peores versos de Ovidio y de la poesía latina y, a la vez, uno de los más ingeniosos según otros)?.  


No había más que recoger el hilo del ovillo que había desplegado al entrar para poder volver sobre sus pasos y salir del laberinto: A eso sigue invitándonos Ariadna: a no perder el hilo, a seguir tirando del hilo para poder salir del laberinto en el que nos encontramos.

viernes, 21 de octubre de 2016

Eunucos, castrados y capones


La palabra eunuco procede del latín "eunuchus" y está tomada del griego "eunûchos", término compuesto de "euné", que significa lecho nupcial, y el verbo "ékho" guardar, custodiar. Etimológicamente, por lo tanto, significa "aquel que custodia la cama (de las mujeres)".  No hace falta decir que estos vigilantes estaban castrados, práctica muy extendida en los harenes de las cortes de los monarcas orientales. 

Así define el término el diccionario de la academia:  Hombre castrado que se destinaba en los serrallos a la custodia de las mujeres. De ahí, hombre castrado, sin más, y, por consiguiente, hombre poco viril, afeminado.  

En la antigüedad, fue práctica común la castración de niños con dos fines. Habría que distinguir el ámbito religioso del civil.  En el civil, abundaron los eunucos en las cortes de los monarcas orientales. El rey de Persia los utilizaba como guardianes de su harén y como leales protectores de su trono, ya que no podían iniciar una dinastía propia al carecer de descendencia. En época de Augusto algunos personajes importantes cercanos al emperador tuvieron esclavos eunucos como Mecenas y Sejano.

En el ámbito religioso, aparecen los eunucos relacionados con cultos de diosas femeninas de Anatolia. Atis, por ejemplo, es en la mitología clásica el joven consorte de la diosa Cibeles (Cíbele o Cibebe en su forma lidia, la gran diosa madre de Anatolia) y el prototipo de sus devotos eunucos. Según el relato frigio,  es hijo de Agdistis y de la ninfa Nana. Atis fue amado por Agdistis, ser andrógino o hermafrodito, es decir, que poseía los dos sexos, y enloquecido por él hasta el punto de autocastrarse en el curso de una ceremonia orgiástica, provocando con su ejemplo la automutilación de los espectadores. Este mito, según Pierre Grimal, era la transposición de escenas que se desarrollaban realmente en el culto asiático de la diosa Cibeles. 

 Cibeles y Atis, altar romano procedente de Asia Menorr (finales del siglo III)
Atis, apoyado en un árbol ala derecha, observa a la diosa madre Cibeles 
que se acerca en su carro tirado por dos leones.
 


Su culto entró en Roma en torno al 150 de nuestra era. Se le otorgaron atributos celestiales y llegó a ser una deidad solar, suprema, todopoderosa que brindaba supuestamente a sus iniciados una especie de inmortalidad. Suele representarse como un joven afeminado, con el distintivo gorro frigio.

Fue práctica muy común durante el Renacimiento la castración de niños cantores, llamados castrati, en italiano (plural de castrato), para que conservaran una voz aguda de soprano, mezzo-soprano o contralto. En castellano se los denominó “capones”, del verbo “capar” que es sinónimo de “castrar”, aunque hoy día esta palabra se reserva a los pollos que se castran para su engorde.

La irregular película Farinelli, il castrato (1994), del director Gerard Corbiau nos ha dejado sin embargo esta magnífica aria de Handel de la ópera Rinaldo, un auténtico cántico a la libertad: Lascia ch'io pianga / mia cruda sorte, / e che sospiri / la libertà./ Il duolo infranga / queste ritorte / de' miei martiri / sol per pietà. Déjame llorar /  mi dura suerte, / y suspirar / por la libertad; / rompa el dolor / estas cadenas / de mis martirios / sólo por piedad. 
 

 


lunes, 17 de octubre de 2016

¿Zeus y Ganimedes?

    Me escribe y consulta una antigua alumna de la que conservo un inestimable recuerdo si la obra escultórica en mármol blanco “Le vainqueur” (El vencedor) del escultor francés Adolphe Thabard (1831-1905) que yo desconocía totalmente, podría ser una versión erótica e inédita del tema tradicional del rapto de Ganimedes, como había leído ella en alguna página de la Red. 

    Recuerdo yo que habíamos traducido en clase los siete versos que le dedica Ovidio en sus Metamorfosis (X, 155-161) a este Ganimedes, al que los romanos llamaron Catamito, y que será luego más conocido como el aguador de la constelación de Acuario, el pastorcillo frigio de Troya que enamoró a Júpiter, que se transformó en águila real y lo raptó, arrebatándolo y llevándolo en su vuelo hasta el Olimpo. 

Quiso entonces el rey de los dioses a Ganimedes
frigio en amor, y se halló que Júpiter ser deseaba
algo que no era. En ave ninguna se digna mudarse
otra, si el águila no es que pudiese el rayo llevarle. 
Y sin demora, batido el aire con alas de hechizo, 
rapta al troyano, que hoy todavía escancia bebidas 
y echa a Júpiter néctar en contra del gusto de Juno. 

    Y recuerdo también que habíamos visto en clase cuántos tratamientos había tenido en la historia de las artes, tanto de la pintura desde Rubens, hasta Corregio, o Rembrandt entre otros, como en la escultura, pero ninguno desde luego como éste, que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Limoges (Francia) y data de 1888. 

El vencedor, Adolphe Thabard (1888)
    ¿Nos hallamos ante un combate amoroso en el que Ganimedes, el vencido, lucha con el águila y la derrota, y se convierte, de ahí el misterioso título, en el vencedor? Sí y no. Sí que se trata de un combate, pero no parece que sea muy amoroso. Cierto es que el muchacho muestra una postura que hace resaltar de un modo erótico unas nalgas que raramente se muestran así a la contemplación del espectador, lo que puede explicarse como tributo a la musa garçonnière, de la que tanto gusta el escultor en otras varias de sus obras. Recibo esta otra foto, en color y con más iluminación, donde puede apreciarse mejor el águila derribada.

 

    Y esta otra imagen que muestra una vista parcial del conjunto, donde se aprecia el detalle del pico aplastado y el cuello estrangulado del águila:


    Lo primero que se me ocurre es que no es lógico imaginar a Ganimedes venciendo a Zeus, el rey de los dioses y padre de los hombres. Sería un contrasentido. En la historia que narra Ovidio, al menos, el vencedor es Zeus: el águila logra abducir al muchacho sin ningún problema. Es verdad que un artista podría darle la vuelta al mito y presentarnos la historia del revés, desmitificándola como una victoria del muchacho sobre el dios pederasta, pero tendría que ser un tratamiento más moderno o posmoderno, más propio en todo caso del siglo XX o XXI que de finales del XIX como es el grupo que nos ocupa. 

    Rebuscando en los bancos de imágenes de la Red, encuentro otras dos obras escultóricas anteriores a esta con un motivo semejante: un niño desnudo que lucha contra un águila y la derrota. Todas son de las misma época, finales del siglo XIX, y todas pertenecen a escultores franceses. La que me pone sobre la pista de la que estamos tratando es el título bastante explícito de una de sus antecesoras: “La primera victoria de Aníbal” (1885) de Antoine Bourdelle, que no deja lugar a dudas sobre quién es ese niño desnudo que, sonriente, vence al águila, a la que atrapa en su vuelo.

La primera victoria de Aníbal,  de Antoine Bourdelle (1885)


    Y también encuentro este bronce, unos años más antiguo, Aníbal derribando al águila (circa 1870) de Charles Adrien Prosper d'Épinay, que representa al joven Aníbal estrangulando al águila, cuya temática se acerca más a la de Thabard. 
Aníbal derribando al águila de Charles Adrien Prosper d'Épinay (circa 1870)

    Los tres artistas representan una misma escena: un joven Aníbal se enfrenta a un águila poderosa, y consigue derribarla y estrangularla. El primero que aborda este tema es d'Epinay (circa 1870), el segundo sería Bourdelle (1885) y en tercer lugar estaría Thabard (1888). 

    ¿En qué se inspiraron y basaron? No encuentro, por mi parte, en la biografía de Nepote sobre Aníbal ni en Tito Livio ni en el griego Polibio ninguna alusión a este hecho singular. Lo único que comentan las fuentes de la infancia de Aníbal es que su padre lo obligó a jurar odio eterno hacia los romanos. Leo, sin embargo, a propósito de Prosper d'Epinay que después de la lectura de la novela histórica Salambó que Gustave Flaubert había publicado en 1862 en París con notable éxito, se entusiasmó con la anécdota literaria ficticia de que el joven Aníbal, cuando era poco más que un muchacho todavía, consiguió derribar y estrangular a un águila que lo atacó en la cima de un monte, lo que le inspiró su obra escultórica. 

    Hace mucho que leí Salambó de Flaubert, novela cuya lectura recomiendo encarecidamente a los amantes del género. Hojeando la novela ahora, encuentro que, efectivamente, se narra allí la siguiente anécdota: "De continuo (Aníbal) inventa trampas para los animales feroces. La otra luna, ¿lo creerás?, sorprendió un águila; esta lo arrastraba y la sangre del ave de rapiña y la sangre del niño se esparcían por el aire en anchas gotas como rosas voladoras. El animal, furioso, lo envolvía con sus alas batientes; él la estrechaba contra su pecho, y a medida que agonizaba el águila redoblaba su risa, sonora y soberbia como los choques de las espadas”. 

    ¿Qué representa esta águila? No es ya a Zeus viejo verde y pederasta enamorado del lindo pastorcillo frigio Ganimedes, al que abducirá y convertirá en el copero del Olimpo según unos y en su amante, además, según otros, sino a la propia Roma, cuyo emblema y estandarte militar de sus legiones, como se sabe, era un águila precisamente, la reina de las aves del firmamento. Recuérdese el monumental enfado del emperador Augusto cuando se enteró de que los germanos le habían arrebatado sus águilas, o sea sus legiones, a Quintilio Varo. El novelista francés utiliza el simbolismo del águila como una alegoría del poder militar de Roma. El niño o joven efebo no es Ganimedes, sino el futuro general cartaginés que hará temblar a los romanos y que llegará hasta las puertas de Roma, y que a punto estuvo de vengar el sucidio de la reina Didó, abandonada por el despiadado Eneas, y de destruir el incipiente imperio romano si no se hubiera demorado en las delicias de Capua.

viernes, 14 de octubre de 2016

Rosa rosae

Una de las primeras palabras latinas que se aprende a declinar, si no la primera, es el nombre de la rosa: nominativo: rosa; vocativo, rosa; acusativo, rosam; genitivo, rosae, etcétera. Y así se van deshojando como si fueran los pétalos de la flor las diversas terminaciones de la palabra, que son seis como las caras de un dado que se arroja al aire. Les gustaba mucho a los romanos comparar la palabra con el dado: ambos tienen seis posibilidades de realización en la teoría, pero en la práctica, cuando se lanza un dado al aire, o cuando se pronuncia una palabra sacándola del tesoro de la lengua,  el resultado de la jugada ha de ser inevitablemente una sola cara, un solo caso o caída, que eso es lo que significa "casus",  el que requiera la situación de la frase. 




La rosa era, además,  la flor consagrada a Venus: flos Veneris,  flos Veneri sacer. (Aprovecho para hacer notar de paso cómo la palabra "flor" tan "femenina" en castellano era sin embargo "masculina" en latín, y lo sigue siendo todavía en italiano: il fiore, lo que demuestra una vez más la relatividad sexual de los géneros gramaticales).  Es, por cierto, ésta palabra una de las más internacionales no sólo gracias a que en las lenguas derivadas del latín se conserva prácticamente idéntica (italiano rosa, francés rose, portugués rosa), sino porque la tenemos igualmente en inglés rose, y en alemán Rose, y a que del nombre común de la rosa deriva también el del color universal de la rosa.



Os propongo un pequeño entretenimiento. Se trata de analizar la función de la palabra “rosa” en los versos y frases siguientes, adivinando a qué forma de la declinación de ROSA ROSAE correspondería.  

Tened presente que los casos de una palabra latina –es decir las formas de aparición que puede presentar en una frase- son seis, como queda dicho. Uno de ellos, el vocativo, sirve para apelar o invocar a la rosa –de ahí su nombre, vocativo–. Los cinco restantes sirven para hacer otra cosa, para decir algo de ella: nominativo cuando es el sujeto de una frase predicativa o el atributo de una atributiva, acusativo cuando es el complemento directo, genitivo cuando es el complemento del nombre, dativo cuando es el complemento indirecto y ablativo cuando es la mayoría de los complementos circunstanciales. He aquí unos ejemplos resueltos:


 ROS-A (Nominativo singular)
 Una rosa es una rosa es una rosa (Gertrude Stein):

ROS-A (Vocativo singular)
 “¡Rosa fresca, rosa fresca, 
tan garrida y con amor, 
cuando yo os tuve en mis brazos,  
 non vos supe servir, non”. 
(Romance castellano anónimo)

ROS-AM (Acusativo singular)
 “Marchitará la rosa el viento helado” (Garcilaso de la Vega)

ROS-AE (Genitivo singular)
 “La magia y el aroma de la rosa del desierto nos guiaron”. (Beatrix Mannel)

ROS-AE (Dativo singular)
A la rosa le gusta ser rosa, y al hombre ser hombre”. (Javier Gomá)

ROS-Ā (Ablativo singular)
En una rosa caben todas las primaveras”. (Antonio Gala)




ROS-AE (Nominativo plural)
 “A florecer las rosas madrugaron 
 y para envejecerse florecieron”.  
 (Calderón de la Barca)

ROS-AE (Vocativo plural)
 “¡Perfumad este libro mío, oh rosas rojas como la sangre!” (Walt Whitman)

ROS-AS (Acusativo plural)
"Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos" (Gabriel García Márquez)

ROS-ARVM (Genitivo plural)
 “¿Puede uno recordar el amor? Es como tratar de evocar el aroma de las rosas en un sótano” (Arthur Miller)

ROS-IS (Dativo plural)
“El Principito les dijo a las rosas: Sois muy bellas, pero estáis vacías”. (Antoine de Saint-Exupéry )

ROS-IS (Ablativo plural)
“¡Ah si sus ojos lloraran / 
por aquellas rosas frágiles,
 para luego deshojarlas 
 en sus trenzas, con mis dedos!” 
(Rafael Carbonell). 
 

He aquí otros ejemplos para entretenimiento con sus soluciones al final.  
1.-“Somos rosas, dijeron las rosas” (Antoine de Saint-Exupéry)
2.-“La inmortalidad de la rosa es que es la hermana gemela de las rosas futuras” (Ramón Gómez de la Serna).
3.- “Tembló, encendióse, se cubrió de rosas” (José Martí)  
4.- “La vida es una rosa de la que cada pétalo es una ilusión y cada espina una realidad”. (Aldred de Musset).
5.-  “Coged las rosas mientras podáis; / veloz el tiempo vuela. / La misma flor que hoy admiráis, / mañana estará muerta. (Robert Herrick).
6.- “Cultivo una rosa blanca, / en julio como en enero, / para el amigo sincero / que me dé su mano franca” José Martí
7.- “¡Oh aroma de su sexo! ¡Oh rosas y alabastros!” (Rubén Darío)
8.- “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante” (Antoine de Saint-Exupéry)
9.- - “A estas rosas tan perfectas en su jarro / hazles tú, mi amigo, la mejor música (Luis Pimentel)
10.- “Oh rosa, estás enferma” (William Blake)
11.- “La rosa no dejaría de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se llamase de otro modo” (William Shakespeare).
12.-“Aunque a una rosa le varíes su nombre seguirá manteniendo su fragancia” (variación de la anterior).
13.- “¿Que es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen. / Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen. / Mi amante besóme las manos, y en ellas, / ¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas”. (Juana de Ibarbourou)
14.- -“Un clavel a una rosa le pide amores / y callando lo escuchan las demás flores” (Antonio Roldán)
15.- “A las aladas almas de las rosas / del almendro de nata te requiero, / que tenemos que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero”. (Miguel Hernández)
16.- "¡Oh, poetas, no cantéis la rosa,  / hacedla florecer en vuestros versos". (Vicente Huidobro)


A propósito de la rosa, el dibujante italiano Massimo Cavezzali -medio bizantino y medio toscano-  publicó esta viñeta acompañada de un texto  sencillo pero entrañable en la lengua de Dante: "Senza dire mai niente sono riuscita a dire quasi tutto" pensó la rosa e fu contenta della sua vita. Lo que en nuestra lengua viene a decir: "Sin decir nunca nada he acertado a decirlo casi todo" pensó la rosa y estuvo satisfecha de su vida.

Soluciones: 1 (ROS-AE nom. pl., ROS-AE nom. pl)    2 (ROS-AE gen. sing. y ROS-ARVM)     3 (ROS-IS ab. pl.)  4 (ROS-A nom. sing.)     5 (ROS-AS)    6 (ROS-AM)    7 (ROS-AE voc. pl.)    8 (ROS-Ā)    9 (ROS-IS dat. pl.)    10 (ROS-A voc. sing)    11 (ROS-A nom. sing., ROS-A nom. sing)    12 (ROS-AE dat. sing)    13 (ROS-AE nom. pl. todas las veces)    14 (ROS-AE dat. sing)    15 (ROS-ARVM)     16 (ROS-AM)

martes, 11 de octubre de 2016

Sembrando dudas

A la pregunta que Dios en la viñeta de Alberto Montt le hace al Diablo sobre qué es lo que está haciendo en el cerebro de un ser humano, éste responde en nuestra versión latina "dubia sémino" a la vez que implanta signos de interrogación en la materia gris que harán que esa masa encefálica se cuestione, al aflorar la incertidumbre, todas sus supuestas certezas o creencias, todas sus fes, esencialmente ciegas como son todas a la luz de la razón, poniéndolas en tela de juicio. 

La palabra "dubia" es el plural de "dubium" que significa "duda" (de la que deriva el adjetivo culto castellano dubitativo), y que conservamos en el viejo aforismo judicial del derecho romano "in dubio pro reo", que quiere decir que el juez, en caso de duda, dictamina a favor del acusado.

Precisamente con la palabra latina "dubium" está relacionado el verbo "dubitare" de donde viene nuestro dudar (dubitar, dubidar, dubdar, dudar), relacionado en su orgien con el número dos ("duo"), por lo que significa "estar dividido entre dos posibilidades", ya que el número dos representa la duda, el descubrimiento de que el uno no es ninguno (y que no hay una sola y única cosa, sino múltiples y varias) y que, por lo tanto, la unidad no existe de por sí, sino que es fruto de la dualidad, lo que nos lleva, mucho más lejos, al posible descubrimiento ontológico de que yo (y el Yo) no soy uno, sino, por lo menos, dos.

También las lenguas hermanas dan razón de este origen: en italiano tenemos dubbiare, en portugués duvidar y en francés douter (y de ahí redouter, con el significado añadido como efecto secundario de "temer").

En cuanto a la otra palabra que utiliza Satanás: "sémino",  es la primera persona del presente de indicativo del verbo "seminare", es decir, "siembro, estoy sembrando". Precisamente de este verbo procede nuestro sembrar (seminare, seminar, semnar, semrar, sembrar) y los cultismos inseminar e inseminación, diseminar (sembrar al vuelo, esparcir) y seminario, lo que nos remonta a la antigua raíz indoeuropea *see- de la que derivan también semen, simiente y semilla, pertenecientes todas al mismo campo semántico.

Y es que frente a las certezas y a las verdades divinas que nos inculca Dios (o Alá o Jehová), el diablo, por su parte, siembra la  fecunda semilla de las dudas.

Sirva como colofón esta reflexión magistral de Rafael Sánchez Ferlosio: Predicar una nueva fe entre practicantes de un viejo culto animista, tibio y desgastado puede ser un propósito con esperanza de éxito, pero proponer el escepticismo y el agnosticismo entre gentes entusiasmadas y enfervorizadas con sus propios dioses patrios no sólo parece tarea desesperada, sino también el mejor modo de atizar el fuego, ya que para la llama de la creencia no hay mejor leña que el hostigamiento, porque permite inflamarse a los creyentes en eso que suele llamarse santa indignación.