domingo, 29 de marzo de 2015

¿Quién orienta a los orientadores?

Me cuentan que un Departamento de Orientación bastante desorientado, por cierto, es decir, que no sabe muy bien por dónde sale el Sol ni dónde está el poniente, y, además,  no poco desnortado, o sea que ha perdido el norte, de un IES o Instituto de Educación Secundaria (¡lástima que se haya sustituido la E de enseñanza por la de educación, lo que no deja de ser poco significativo!),   de cuyo nombre no quiero ni acordarme ni hacer aquí mención, pero que no es un caso único sino, por desgracia, bastante generalizado en estos malos tiempos para la lírica que corren, pretende que los alumnos y las alumnas, cedamos a la moda, de su Centro estudien todos y todas Ciencias, a ser posible, porque tienen más salidas (laborales, se entiende) que las Letras, lo que implica que están dirigiendo a los alumnos (y a las alumnas) como si se tratara de una recua hacia el mercado laboral, a ganarse el pan con el sudor de su frente, como Dios manda, un mercado laboral que, por otra parte, nunca es idéntico a sí mismo, porque sujeto como está a los vaivenes de la oferta y la demanda es esencialmente inestable y voluble como él solo.

Como mal menor se aconseja a los que tengan problemas con Física y Química que estudien Ciencias Sociales, no vayan a econtrarse con un escollo insuperable; y en último extremo Humanidades, o sea, Latín, Griego y Literatura Universal, por ejemplo, porque es la opción que menos salidas (laborales) tiene, la que más puertas comerciales les cierra a los estudiantes, y la que no sirve absolutamente para nada, una chifladura. No es nada nuevo: Ya en mis tiempos, que siguen siendo estos mismos, por aquello de don Antonio Machado de que "hoy es siempre todavía", nos  espetaban a los de Letras aquella vieja afrenta de: "El que vale, vale; y el que no para Letras".

Así hemos llegado a la precaria siutación presente, en que muchos de nuestros jóvenes ingenieros,  académicamente bien preparados, se convierten en pre-parados, y tienen que ponerse a estudiar apresuradamente alemán para emigrar allende nuestras fronteras a encontrar el trabajo que les prometieron aquí.


 Estos consejos, hechos con la mejor voluntad posible, cabe suponer, no voy yo a dudarlo, son sin embargo un auténtico despropósito pedagógico porque no tienen en cuenta las capacidades y cualidades del alumnado: pretenden que los intereses de los alumnos y sus consiguientes demandas se acomoden a lo que hay, a la realidad existente, es decir, al Mercado. De este modo, nunca se cuestiona la realidad existente, porque, como suele decirse, no sin cierta resignación cristiana, "esto es lo que hay, o lo coges o lo dejas". Sin embargo, hay muchas otras posibilidades de estudio: hay carreras o grados, como dicen ahora, interesantísimos que no sirven para nada práctico, hay saberes improductivos, como estas humanidades nuestras, que nos recuerdan el significado original de la palabra STUDIUM: lo que se hace por gusto y por amor, pero no por interés económico. En nuestra época se ha perdido el gusto por el STUDIUM como tal (así lo define un diccionario escolar de latín: empeño, afición, afán, afecto, desvelo, incluido el político, como cuando un historiador como Tácito decía que escribía "sine ira et studio", o sea, sin encono ni parcialidad política, sin odio ni amor, dicho con otras palabras). Se pretende que el STUDIUM sirva para algo práctico como es la inserción del alumnado en el mundo y la cadena laboral, lo que lo desvirtúa como tal actividad que se hacía por puro placer, desinteresadamente, sin ánimo de lucro.

Si les dicen a los padres que lo que quieren estudiar sus hijos "no tiene salidas", estos, como es natural, se llevan las manos a la cabeza considerando que cómo van a permitir que sus hijos se metan en un callejón sin salida, como se supone que son las Humanidades, unos saberes gloriosamente inútiles que nunca han servido para nada práctico, totalmente improductivos, nada rentables.

Pero, puesto que todo lo que diga yo aquí, que soy profesor de lenguas clásicas, parecerá interesado y corporativista, le cedo la palabra a Antonio Gramsci, el teórico marxista, filósofo y periodista, que opinaba lo siguiente sobre la enseñanza del latín y el griego allá por el año 1932 en una página de sus Cuadernos de la cárcel:



En la vieja escuela, el estudio gramatical de las lenguas latina y griega, unido al estudio de las literaturas e historias políticas respectivas, era un principio educativo en cuanto que el ideal humanístico, que se personifica en Atenas y Roma, estaba difundido en toda la sociedad, era un elemento esencial de la vida y de la cultura nacionales. Incluso la mecanicidad del estudio gramatical era animada por la perspectiva cultural. Las nociones aisladas no se aprendían con un objetivo inmediato práctico-profesional: el objetivo parecía desinteresado, porque el interés era el desarrollo interior de la personalidad, la formación del carácter a través de la absorción y la asimilación de todo el pasado cultural de la moderna civilización europea. No se aprendían el latín o el griego para hablarlos, para trabajar de camarero, de intérprete, de corresponsal comercial. Se aprendían para conocer directamente la civilización de ambos pueblos, presupuesto necesario de la civilización moderna; es decir, para ser uno mismo y conocerse uno a sí mismo conscientemente […] 


El latín no se estudia para aprenderlo; desde hace mucho tiempo […] se estudia como elemento de un programa escolar ideal, elemento que engloba y satisface una serie de exigencias pedagógicas y psicológicas; se estudia para acostumbrar a los niños a estudiar de un modo determinado, a analizar un cuerpo histórico que puede tratarse como un cadáver que se recompone continuamente en la vida, para acostumbrarlos a razonar, a abstraer esquemáticamente –capacitándolos para pasar de la abstracción a la vida real inmediata-, para ver en cada hecho o en cada dato lo que tiene de general y de particular, el concepto y el individuo.


Me permitiré, para acabar, recordar aquí también a Marcel Duchamp  y su famosa puerta del portal número 11 de la calle Larrey de París,  el apartamento donde vivió el artista, que utilizaba para dos pasos: entre el estudio y el dormitorio, y entre el estudio y el baño, de manera que la puerta  nunca estaba cerrada sin estar  paradójicamente abierta al mismo tiempo. La puerta nunca podía cerrar una habitación sin abrir otra. Y es que siempre que se cerraba una puerta se abría otra, y ¿quién le pone puertas al campo? Siempre que se afirma algo se oculta otra cosa: cuando se cierra la puerta de Duchamp, queda cerrada una habitación, es cierto, pero se ha abierto otra.

 La puerta del número 11 de la calle Larrey de París, Marcel Duchamp (1927)

Lo mismo que Juvenal se preguntaba en una de sus sátiras:  Quis custodiet ipsos custodes?  (¿Quién vigilará a los propios vigilantes?) me pregunto yo ahora: ¿Quién orientará a los orientadores?

miércoles, 25 de marzo de 2015

A lo hecho, pecho



Vamos a sacar pecho, como suele decirse,  para diseccionar la anatomía de la palabra pecho, precisamente, y sus derivados y compuestos.  Procede, como se sabe, del latín PECTUS PECTORIS, sustantivo de género neutro.  Notamos, lo primero de todo, que en las lenguas hermanas pasa a ser masculino (salvo en francés, donde es femenino). Así tenemos peitto en gallego y en portugués, pit en catalán, petto en italiano, piept en rumano, peitz, pietz y pech, en provenzal, la lengua de los trovadores, y en la lengua de Molière poitrine, término que deriva de una forma popular PECTORINA,  procedente de la raíz PECTOR-, que ha sufrido el rotacismo o conversión de la /s/ silbante en /r/ al quedar entre vocales.


Repasemos algunas expresiones populares castellanas donde aparece la palabra “pecho”, como, por ejemplo, el castizo refrán “a lo hecho, pecho”, donde pecho está por ánimo, lo que quiere decir que hay que afrontar los hechos con responsabilidad y alegría, encararlos y no darles la espalda. Tomarse las cosas muy a pecho, sin embargo, denota no sólo interés y empeño, sino también una actitud tremebunda, pues si nos tomamos las cosas demasiado a pecho podemos llegar a indignarnos demasiado por nimiedades. Otra expresión muy popular es “entre pecho y espalda”, sinónima de “en el estómago”, en frases como “se metió entre pecho y espalda un cocido lebaniego con toda la sopa y todo el compango”. También puede uno pegarse una pechada de algo, lo que sería algo así como un empacho, un atracón o un gran esfuerzo.


Es conocida la expresión “ser hombre de pelo en pecho” que indicaba que un hombre era muy varonil en una época en que no estaba extendida la depilación masculina y era proverbial aquello de “el hombre y el oso cuanto más feo, más hermoso”. Se ha popularizado últimamente la expresión “pecho lobo” para eso mismo, para decir que un hombre tiene vello en el pecho o para ridiculizarlo si no lo tiene. Ir a pecho descubierto es otra expresión que significa ir sin armas defensivas ni una coraza que nos proteja. La palabra en plural es sinónimo de tetas o mamas, como en  “criar un niño a los pechos”, pero también en  singular en “dar el pecho”.


En cuanto a los derivados, cojamos la palabra por la pechera, que es la parte de la camisa y otras prendas que cubre el pecho, o cualquier lienzo o paño con que se abriga éste, y veamos que con ella nos tapamos la pechuga, que además de ser el pecho de las aves dividido en dos, es, coloquialmente, el pecho humano. Y de esta palabra viene el vocablo apechugar, que significa empujar con el pecho, pero también coloquialmente  apechar o sea afrontar, como en la manida frase “hay que apechugar con las consecuencias”. Y es que apechar es cargar, por ejemplo,  con las responsabilidades, hacerles frente, encararlas, y no darles la espalda. 


Entre los compuestos, tenemos antepecho que entre sus varios significados, es un pretil o baranda que se coloca para poder asomarse en las alturas sin peligro de caer. Por cierto que pretil, la palabra  utilizada en la definición,  es un derivado de PECTORILE, que, como se ve, procede también de PECTUS PECTORIS. 


Otro compuesto es repecho, donde el prefijo re- tiene un sentido de oposición, y por lo tanto sugiere que algo, generalmente una dificultad, se le pone al pecho por delante,  por lo que se suele denomianr así a una cuesta bastante pendiente, como muy bien saben los ciclistas. Así en esta declaración de Contador, uno de los más notables, por ejemplo: "Teniendo en cuenta que era un repecho de 1,8 km,  he hecho un gran trabajo".


Cultismos de la raíz PECTOR son los pectorales, como se denominan los músculos del pecho,  y el verbo expectorar, que propiamente significa expulsar las flemas y secreciones acumuladas en el pecho


El pechicolorado, pechirrojo o petirrojo, que de las tres formas se puede decir, es un pájaro con el pecho de color rojo vivo, como su nombre indica.



A través del italiano petto, nos viene, con simplificación de las dos consonantes iguales y seguidas, peto,  que era la armadura del pecho (la coraza estaba compuesta de peto y espaldar) pero también una prenda sin más que cubre el pecho, y los compuestos  parapetar y parapeto, que evoca el muro o baranda que sirve para evitar caídas en escaleras y puentes, pero también el terraplén que en las trincheras protege el pecho de los soldados.


Pero el derivado más curioso, tanto que parece difícil a primera vista de relacionar con esta parte del cuerpo, es la palabra “apretar”, que procede de appectorare, que en principios significaba “arrimar algo al pecho y estrecharlo. Appectorare evoluciona de la siguiente manera: appectorar, por apócope de /e/ final en los infinitivos;   apectorar, tras la simplificación de geminadas; apetorar, por la asimilación de /c/ a /t/ y posterior simplificación de las dos /t/;   apetrar, por síncopa de la /o/ pretónica, y finalmente  apretar, por metátesis del sonido /r/. Y de ahí vienen todos nuestros aprietos y apretones  que tanto nos apretujan. Y también, claro está, el adjetivo prieto, con el significado de apretado y espeso. 



No todas las palabras que acaban en -pecho, sin embargo, proceden de PECTUS y tienen algo que ver con esa parte de nuestra anatomía de la que estamos tratando, como podría parecer a primera vista. Un ejemplo muy claro es despecho, que, aunque puede ser un sinónimo coloquial de “destete”, este uso está ya muy restringido en español oficial contemporáneo. En la acepción más extendida, despecho significa desprecio o menosprecio, como se ve en las locuciones a despecho de (a pesar de)  o cuando decimos  obrar por despecho. Procede del participio latino DESPECTUS, del verbo DE-SPICERE, que propiamente significa mirar algo desde arriba y de ahí mirar por encima del hombro y por lo tanto desdeñar, como se ve en el cultismo despectivo. Este DESPECTUS está relacionado con RESPECTUS, del verbo RE-SPICERE, que quiere decir mirar hacia atrás, volver a mirar, lo que implica una actitud de cierta consideración y respeto,   donde el grupo /ct/ sigue otra evolución: no palataliza en /ch/ sino que el sonido /c/ se asimila a /t/ y posteriormente se simplifica, por lo que desemboca en respeto, es decir, en miramiento, como cuando campa alguien por sus respetos aunque, por la vía culta, siempre conservadora porque es la vía escrita,  se mantenga el grupo en respectivo; y también con ADSPECTUS, del verbo AD-SPICERE mirar hacia, admirar, donde se ha conservado el grupo /ct/, como en aspecto, que es sinónimo de apariencia, y en PROSPECTUS, de PRO-SPICERE, mirar antes, examinar algo con vistas al futuro, y en SU-SPECTUS, de SUB-SCIPERE, propiamente mirar por debajo de las apariencias de una realidad dada lo supuestamente oculto, de donde vienen nuestra sospechas y suspicacias. 

Nos encontramos en el campo semántico de *SPICERE, reforzado en época clásica por el frecuentativo SPECTARE, que es el verbo latente, el verbo "mirar": de ahí espectador, especie, espécimen, espejo y espectro, circunspección o cuidado cuando miramos a nuestro alrededor, prospección, cuando miramos hacia delante,  inspeccción, cuando miramos hacia adentro, y expectativa, cuando miramos con esperanza hacia afuera; estamos ante el verbo que caracteriza a nuestra sociedad, la sociedad del espectáculo, como bien supo ver el llorado Guy Debord, padre del situacionismo,   y ante la sociedad de las muchas expectativas o miras puestas en un futuro esperanzador,  pero nos estamos alejando mucho de la parte de nuestra anatomía donde habíamos puesto nuestras miras.



martes, 17 de marzo de 2015

El corazón y la sesera



Vamos a tratar de encontrarle el sentido a la palabra latina sensus y a la cosa que hay detrás, palabra que significa precisamente "sentido",  como puede verse en los latinajos fosilizados stricto sensu y lato sensu (“en sentido restringido” y “en sentido amplio” respectivamente),  que utlizan en castellano los cultiparlantes. Sensus   vino a desembocar enseguida en castellano en  seso, por asimilación del sonido nasal al silbante y posterior simplificación de ambos. Esta palabra pasó de querer decir, como señala Corominas, “prudencia, discreción”, uso del que deriva el adjetivo sesudo,  a “cerebro, masa encefálica”, de donde tenemos, además del susodicho seso, la coloquial sesera, que es la sede de los sesos pero también un sinónimo de buen juicio e inteligencia.

Conservamos también su raíz culta “sens-“ en palabras como sensual –referente a los cinco sentidos-, sensible, y, con cierto matiz despectivo, sensiblero, y, además, en  sensorial, sensación, sensitivo o sensato –prudente,  dotado de sentido común. Este sensus communis, por cierto, según la expresión que parece que acuñó Cicerón para referirse en el sentido intelectual a la manera ordinaria de pensar y concebir las cosas de las personas, a lo que también denominó vulgaris popularisque sensus  es, según el dicho moderno, el menos común de todos los sentidos, frase que parece que debemos atribuir al periodista norteamericano Horace Greeley,  quien dijo lapidariamente “common sense is very uncommon”, o, lo que es lo mismo, que el sentido común era muy poco común, algo no por contradictorio menos verdadero.

Pero la raíz latina e indoeuropea que está detrás de este vocablo, vamos a ponernos un poco sentimentales y a buscarle un poco el sentido a la cosa, o sea lo mismo, a la palabra, es "sent-", que es la del verbo sentire, ya que sensus es el participio de perfecto de dicho verbo. De ese verbo procede nuestro sentir, y sus compuestos asentir (de ad- en una dirección), consentir (de cum-, que denuncia complicidad), disentir (de dis- prefijo negativo),  presentir (de prae-, con antelación) y resentir (de re- prefijo intensivo y repetitivo), y también, no los perdamos de vista, asenso, consenso y disenso.

También la palabra centinela, pronunciada con ceceo,  tiene su origen en estos latines que estamos tratando, pues nos llega a través del italiano “sentinella”, que era la vigilancia que prestaba un soldado en su puesto de guardia, y, por extensión, el soldado mismo que “percibía”.



Es curioso y no ningún contrasentido cómo se han unido el corazón y la razón, el sentimiento y el pensamiento,  en la evolución del significado de la palabra sensus. Y es que sentire en latín no significaba sólo “percibir por los cinco sentidos, sentir”, sino, además, “pensar, opinar”, como se ve en algunos derivados suyos que todavía conservamos nosotros, por ejemplo en sentencia, sentenciar, sentencioso. 

Este uso se recoge en aquel célebre dicho del comediógrafo Terencio  quot homines, tot sententiae: cuantas personas, tantos pareceres u opiniones. Venía Terencio a decir algo que se ha convertido con el paso del tiempo en un lugar común, un tópico típico: que cada cual tiene su opinión, una opinión propia que sería tan respetable como si fuera una propiedad privada. Pero ya nos advirtió el filósofo de Éfeso cuando dijo que siendo la razón común la mayoría de las personas vivían sin embargo con una opinión personal que no dejaba de ser un idiotismo o una idiotez, un contrasentido o particularidad privada de razón precisamente por su propia pretensión de singularidad.

 

Pensar no quiere decir hacerse ideas de las cosas y expresar opiniones personales sobre las ideas que uno tiene y se va haciendo de las cosas, sino razonar sin pretender llegar a ninguna conclusión o meta, lo que suele traducirse, precisamente, en todo lo contrario: en irse desprendiendo de todas y cada una de las ideas previas que uno tiene guardadas en la sesera; lo mismo que sentir no quiere decir experimentar sensaciones o sentimientos previamente consabidos, sino  no saber  qué es lo que se siente. En ese sentido pensar y sentir vendrían a ser lo mismo: lo mismo razón y corazón, como demuestra la evolución del lenguaje popular, a diferencia de la jerga culta de los políticos, filósofos y pedantes en general, que tiende a separar ambas cosas, el corazón y la razón.

domingo, 15 de marzo de 2015

Las idus de marzo



A Julio César, que fue asesiando el día de las idus de marzo del año 44 antes de Cristo,  le dedicó Borges  (1899-1986) este soneto de su último libro de poemas Los conjurados (1985).
 
CÉSAR



Aquí lo que dejaron los puñales.
Aquí esa pobre cosa, un hombre muerto
que se llamaba César. Le han abierto
cráteres en la carne los metales.

Aquí la atroz, aquí la detenida
máquina usada ayer para la gloria,
para escribir y ejecutar la historia
y para el goce pleno de la vida.

Aquí también el otro, aquel prudente
emperador que declinó laureles,
que comandó batallas y bajeles

y que rigió el oriente y el poniente.
Aquí también el otro, el venidero
cuya gran sombra será el orbe entero.

(Jorge Luis Borges)

oOo

Otra referencia inevitable para un día como hoy es la novela de Thornton Wilder (1948) "Los idus de marzo" (en latín tanto idus, como nonas y calendas tenían género femenino, por lo que sería preferible aplicarle el género femenino a la palabra "idus", pero es algo que no le podemos achacar a Thornton Wilder, que tituló su novela "The Ides of March", sino a su traductor a nuestra lengua).

Es una novela muy aconsejable no sólo para lectores interesados en la novela histórica, sino para interesados en la literatura en general. El propio autor nos advierte en el prólogo de la obra sobre ello: "La reconstrucción histórica no figura entre los propósitos primarios de esta obra, que podría calificarse como una ficción sobre determiandos hechos y personas pertenecientes a los días postreros de la República Romana".

Dividida en cuatro partes, tiene formato epistolar. Marco Antonio, Cleopatra, Julio César, al que se alude como el Dictador,  y el poeta Catulo se escriben e intercambian cartas, lo que le permite al autor narrar un mismo hecho desde diferentes perspectivas, técnica con la que profundiza en la complejidad de los hechos históricos relatados.  

domingo, 8 de marzo de 2015

En el día de la mujer

En el mundo antiguo hubo mujeres escritoras, y, en concreto, poetas o poetisas, si se prefiere, como Safó de Lesbos (siglo VIII a. de C.), considerada la décima Musa, que escribió espléndidos poemas de amor a otras mujeres, científicas y filósofas como Hipacia de Alejandría (siglo III d. de C.), célebre entre nosotros por la espléndida película que le dedicó Alejandro Amenábar (Ágora, 2009), que murió a manos de fanáticos cristianos, entre otras menos conocidas, por no citar a las célebres hetairas como Aspasia, la compañera sentimental de Periclés.


Un artículo de Sofía G., publicado en la revista nihilista Nada, reivindica ahora la figura de Hiparquia como primera filósofa y por lo tanto antecesora de Hipacia de Alejandría y, sobre todo, como precursora del feminismo crítico, una postura que se rebela contra el papel que la sociedad patriarcal le ha asignado a la mujer, que reproduzco por su interés a continuación:

La primera feminista de la historia, entiendiéndose feminismo como la crítica y cuestionamiento de la asignación de roles sociales en base al género y la lucha contra el patriarcado, no fue ni Christine de Pizan (1364) -como sostenía Simone de Beauvoir- ni Mary Wollstonecraft (1759); fue Hiparquía (IV a.C.). Hiparquía fue una perra, única componente femenina de la Secta del Perro y la escuela de los cínicos griegos, discípula de Diógenes de Sínope y compañera sentimental de Crates. Además fue ella, y no Hipatia (s. IV-V), la primera mujer filósofa de la historia.


Lamentablemente no se conservan en la actualidad ninguna de sus obras. Diógenes Laercio habla de ella en su famosa obra “Vida de los filósofos más ilustres” (VI,2) dentro del apartado de Crates, su compañero sentimental, siendo la única mujer citada como filósofa en toda la obra aunque, qué sorpresa, sin tener un apartado propio. Gracias al lexicógrafo griego Suidas (s. X) sabemos que escribió al menos tres obras: Hípotesis filosóficas, Epiqueremas y “Cuestiones sobre Teodoro el ateo”. Teodoro -filósofo cirenaico- tuvo un encontronazo algo más que dialéctico con Hiparquía en Atenas. Teodoro no era muy partidario de que Hiparquía asistiese, por ser mujer, a los banquetes con Crates; según él sólo las hetairas podían hacerlo. La despreciaba sobre todo porque se dedicó a la filosofía. Al parecer durante un banquete en casa de Lisímaco, Hiparquía le dejó en evidencia. Teodoro le preguntó si era ella la que había cambiado la rueca por la filosofía, a lo que Hiparquía le contestó con una pregunta retórica si creía él que había hecho mal en dedicarle al estudio lo que por su condición femenina le hubiese correspondido dedicarle a las tareas domésticas. Enfadado Teodoro, parece ser que le arrancó la ropa intentando dejarla en evidencia, pero al igual que una Friné, su desnudez sólo sirvió para justificar su acción:


A esto nada opuso Teodoro, contentándose con tirarla de la ropa; pero ella no se asustó ni turbó como mujer, sino que como Teodoro la dijese: ¿Eres la que dejaste la tela y lanzadera? respondió: «Yo soy, Teodoro: ¿te parece, por ventura, que he mirado poco por mí en dar a las ciencias el tiempo que había de gastar en la tela?.

 Laercio VI



                                                    Crates e Hiparquia, filósofos cínicos.


Hiparquía procedía de una familia acomodada pero pronto abandonó, con 15 años, todas sus riquezas y su poder social heredado para unirse a los cínicos junto a Crates, viviendo sin propiedades,  públicamente. Se cuenta que Hiparquía y Crates sellaron su amor fornicando en las escaleras de un portal público, algo muy común entre los cinicos, que solían orinar e incluso masturbarse en público sin ningún problema basándose en la anaideia (falta del sentido del ridículo). El discípulo de Hiparquia y Crates, Zenón de Citio, fue el fundador del Estoicismo, corriente que abogaba por la igualdad de sexos y el amor libre.


Hiparquía rechazó la cultura oficial ateniense que recluía, excluía y subordinaba a la mujer, expulsándola del espacio público, tanto cultural, política como sociológicamente. Participaba de la vida pública y tenia “visibilidad”, frente a la “invisibilidad” femenina del momento. Desafió con su comportamiento público, su rechazo a la oikonomía y con su interés intelectual, a una sociedad patriarcal, machista y misógina.


 

viernes, 6 de marzo de 2015

Más sobre Alejandro

Iron Maiden, el legendario grupo británico de heavy metal de la Doncella de Hierro, cuyo nombre evoca una terrible máquina de tortura medieval, dedicó una canción a la figura de Alejandro Magno. El tema está extraído de su álbum Somewhere in Time, publicado en 1986.



La letra refleja bastante bien algunas de las facetas más importantes de la figura histórica de Alejandro: la conquista de Asia Menor, la difusión del helenismo, la fundación de Alejandría en Egipto, ciudad que todavía lleva su nombre, la anécdota del nudo gordiano... No se entiende sin embargo muy bien la afirmación que hace la canción de "He paved the way for Christianity" (¿allanó el camino a la cristiandad?). Se pueden afirmar muchas cosas sobre Alejandro, pero esa, precisamente, y en sentido estricto y riguroso, no. Alejandro es pagano, vivió y murió en el siglo IV antes de Cristo (366-323), y bajo ningún concepto puede considerarse un precursor del cristianismo.

La letra de la canción comienza con una cita de Plutarco, que pone en boca de Filipo de Macedonia, padre de Alejandro, cuando este cumplió 16 años: "My son,  ask for thyself another Kingdom, for that which I leave is too small for thee": Hijo mío, reclama para tí otro reino, porque este que te dejo es demasiado pequeño para ti".

He aquí un vídeo que subtitula la letra de la canción en castellano sobre imágenes de la fallida y espléndida película que Oliver Stone consagró a la figura de Alejandro en el año 2004.


martes, 3 de marzo de 2015

Nuestra herencia política

Los alumnos de Latín y Griego del IES "Manuel Gutiérrez Aragón" de Viérnoles (Cantabria), dirigidos por su profesora Azucena Vidal, hicieron una lectura pública el 5 de febrero en el salón de plenos del Ayuntamiento de Suances, junto con los compañeros del IES "Ría San Marín". El profesor de audiovisuales Juan Carlos Fernández Izquierdo hizo este magnífico trabajo videográfico de once minutos de duración para presentar al concurso "Yo conozco mi herencia, ¿Y tú?", que organiza por tercer año consecutivo la Asociación de Profesores de Latín y Griego de Murcia AMUPROLAG para reivindicar el lugar que merecen las humanidades clásicas en el sistema educativo y el mundo moderno, este año bajo el tema de las instituciones políticas.

El vídeo acaba con una cita en griego moderno del actual presidente de Grecia Alexis Tsipras, al que le toca ahora la ingrata tarea de gobernar y de descubrir que los que mandan son los más mandados, subordinados como están los políticos y la política a los designios económicos de los mercados y al capital: Σήμερα ο ελληνικός λαός έγραψε ιστορία, η ελπίδα έγραψε ιστορία. Ο κυρίαρχος ελληνικός λαός έδωσε σήμερα καθαρή, ισχυρή, αδιαμφισβήτητη εντολή. Η Ελλάδα γυρίζει σελίδα. Palabras que quieren decir:  "Hoy el pueblo griego ha escrito historia, la esperanza ha escrito historia. El pueblo griego soberano ha dado hoy un mandato claro, fuerte, indiscutible.  Grecia pasa página".

¡Suerte a los compañeros que han hecho posible este estupendo trabajo!



domingo, 1 de marzo de 2015

Ópera rock Alejandro

Se estrena ahora en Atenas la ópera rock Alexander,  sobre la figura histórica de Alejandro Magno, con música del compositor griego Costas Atiridis y libreto, en inglés, of course, faltaría más, que es el idioma del rock, de Alexandra Jaranis, aunque se representa con supertítulos en griego para el público heleno.  

La historia comienza en Samotracia, un año antes del nacimiento de Alejandro, cuando Olimpia, la que será la madre del que será a su vez el dueño del mundo, y el rey de Macedonia Filipo se conocen durante los misterios de los Cabiros, y concluye con la muerte de Alejandro en Babilonia 34 años después. ¿Quién era realmente este hombre que cambió la historia del mundo influyendo en la cultura de millones de personas? La ópera intenta aproximar la figura de Alejandro al gran público, especialmente a las nuevas generaciones, en un intento similar al de otra ópera rock Jesucristo Superstar,  que en los años setenta del siglo pasado intentó atraer a la juventud hacia el cristianismo hippy con su mensaje de "paz y amor".

Una orquesta en directo compuesta por diez músicos y un reparto de treinta actores, bailarines y cantantes, interpretan este musical, que está llamado a concitar audiencias internacionales, dado que espera iniciar en breve una gira por todo el mundo.


Un intento similar a éste de acercar la figura del macedonio al público en general, dentro del campo de la cinematografía, fue el de la fallida y a la vez espléndida película de Oliver Stone,  Alexander, del año 2004, que destacó sobre todo por algunas de sus insólitas imágenes y por la música grandiosa de Vangelis.




He aquí un vídeo de la ópera rock:

jueves, 26 de febrero de 2015

Do you speak English?


Ahora que el Ministerio de Educación pretende que en un período de cinco años un tercio de las carreras universitarias españolas y la mitad de los másteres sean bilingües en español e inglés o sólo en inglés, me pregunto yo a qué se debe esa medida. Sólo se me ocurre decir que al complejo de inferioridad que tienen dichas autoridades y a una falta de respeto considerable por nuestra propia lengua y cultura, que pasa a considerarse de segunda categoría y a reservarse al ámbito privado de la comunicación familiar, como si no tuviera entidad suficiente para ser una lengua científica y académica.


La imposición en sí de la lengua de Shakespeare como lengua universitaria no deja de ir  en detrimento de otras lenguas, en primer lugar de la nuestra propia, y en segundo y no menos importante del francés, el alemán o cualesquiera otras. Una cosa es que el inglés se imponga per se, porque es la lengua del Imperio y de la mundialización,  de la ciencia y de la cultura, y otra cosa es que se imponga a golpe de real decreto porque a nuestras autoridades académicas, acomplejadas de nuestro paupérrimo nivel cultural, se les ocurra que todos tenemos que hablar inglés.



Esta falta de interés por la propia lengua revela también un desinterés bastante grande por la propia cultura, por nuestra historia, tradiciones y literatura, y da a entender que a las autoridades sólo les interesa ser competitivos en el mercado laboral internacional, habida cuenta de las pocas posibilidades que se abren a los emprendedores, como llaman ahora a los empresarios en ciernes, en el ámbito nacional, como si lo único que importara fuera el dinero, que ya sabemos que es el único dios real y verdadero.



Conviene, en cualquier caso, tener bien presente que las lenguas clásicas europeas, el latín y el griego, han tenido un papel determinante en la formación de la lengua de Shakespeare, y de todas las lenguas modernas, y especialmente del lenguaje científico, técnico y universitario, tanto en el ámbito de las ciencias sociales, letras o humanidades, como en el de las cienicas naturales, sin olvidarnos de la tecnología.  Tengamos en cuenta que la lengua franca del Imperio sin ser una lengua romance, como el francés, el portugués, el italiano o esta nuestra, contiene más de un 60% de vocabulario de origen latino y no pocos helenismos, alrededor de seis mil, según el calculo de Annie Stefanides.

 Hablas en griego, sólo que no eres consciente de ello



De todas formas, lo importante de las lenguas no es tanto el número de sus hablantes, o sea la cantidad, cuanto lo que se ha llegado a expresar en ellas, es decir, la calidad de sus contenidos.
  

Por esa misma razón algunas de las llamadas lenguas muertas, como el sánscrito, el griego clásico o el latín entre nosotros, están más vivas que muchas de las que hablamos hoy en día, por la importancia de las cosas que se han dicho en ellas. Por eso esas lenguas no han muerto todavía, siguen vivas y coleando, porque son eternas. 


Leo por ahí que el español, o más propiamente el castellano, es una lengua minoritaria todavía en la Red, en comparación con el inglés o el chino, lenguas en las que se redactan miles de blogs y páginas webs. No debería preocuparnos mucho esto, porque lo importante de una lengua no es que se hable o se escriba mucho, sino que en ella se expresen cosas importantes, cosas bellas y verdaderas, o, por lo menos, si no se puede expresar la verdad, que eso parece inalcanzable e imposible,  que se digan palabras que denuncien las mentiras que se hacen pasar por verdades, sobre las que se cimienta la realidad de nuestro mundo. Y para eso sirve cualquier lengua por muy minoritaria que sea.  





sábado, 21 de febrero de 2015

El ciprés, símbolo fúnebre



Que el ciprés (cupressus sempervirens, árbol de follaje perenne siempre verde, de madera resistente y de larga vida) es un símbo fúnebre es algo que nadie pone en duda, acostumbrados como estamos a verlos crecer en cementerios cristianos. Ya los griegos lo consagraron a Hades, su divinidad infernal, y los romanos lo tomaron de ahí para unirlo a Plutón, dando al árbol el sobrenombre de "fúnebre" que aún conserva. El paisaje de la Toscana, sin embargo, está salpicado de innumerables cipreses ornamentales.

Campo de trigo con cipreses, Vincent Van Gogh (1853-1890)

En una célebre oda de Horacio, la dedicada a Póstumo, (II, 14), en la anteúltima estrofa, aparece ya este simbolismo. El poeta le dice a su amigo Póstumo que de todos los árboles que ha plantado sólo los cipreses, odiosos por la muerte que simbolizan, lo acompañarán en su último viaje:

Ay,  qué huidizos, Póstumo, Póstumo, ay,
vuelan los años; ni ha de poner tu fe
freno a arrugas ni a vejez que
urge, ni a muerte que no se aplaca, 

no; ni aunque cuantos días transcurran, tú,
amigo, al insensible Plutón le des
trescientas reses, quien al triple
monstruo retiene, a Gerión, y a Ticio

en triste lago, que hemos de atravesar,
sí, todos los que somos de terrenal
fruto nutridos, ya seamos
reyes o míseros aparceros.

En vano evitaremos a Marte atroz
y olas que en ronco Adriático romperán,
en vano temeremos que haga
Austro en otoño enfermar al cuerpo;

habrá que ver el negro Cocito fluir
de curso lánguido y las danaides, grey
infame,  y el  a eterna pena,
Sísifo el de Éolo, condenado.

Hay que dejar la tierra, el hogar, mujer
querida, y de árboles que plantaste ayer
no han de seguirte, efímero amo,
sino cipreses aborrecidos. 

Un sucesor más digno se beberá
tus cécubos sellados con llaves cien,
y el suelo teñirá de añejo 
vino, mejor que el de nobles cenas.

Ovidio se aprovecha de este simbolismo funerario para reelaborar un mito de transformación en sus Metamorfosis.

Érase una vez  un ciervo consagrado a las ninfas del bosque. No le faltaba de nada al animal, que correteaba y pastaba tranquilamente y libre en la naturaleza, respetado y admirado por todas las criaturas. Su deslumbrante presencia no podía pasar desapercibida ni dejar indiferente a nadie. Sus cuernos brillaban como el oro bruñido a la luz de los rayos del sol; y colgaban de su torneado cuello collares de ristras de diamantes; una cinta de plata, ceñía su frente, de la que pendían pequeñas perlas, que se movían graciosamente a juego con las dos grandes perlas de sus orejas.

El ciervo se dejaba acariciar sin temor por cualquier persona; pero sin duda, con quien más congeniaba era con Cipariso, su mejor amigo, el efebo más hermoso de la isla griega de Ceos. El muchacho acompañaba al ciervo en sus correrías, llevándolo a los manantiales más limpios a beber las aguas más cristalinas y puras y a pastar a los mejores sotos y prados; le hacía guirnaldas de flores que colgaba de sus relucientes astas y, a menudo, montaba sobre su lomo como si se tratara de un caballo. Ambos, el ciervo y el niño, eran las dos más perfectas encarnaciones de la belleza que uno pudiera hallar en aquella pequeña isla, y aun en muchas otras a la redonda.

Cipariso salió un día de caza con su amigo el dios Apolo. Apolo era, además de íntimo amigo, también su amante. Pues a este dios de las artes, y especialmente de la música, no le pasaba desapercibida la belleza sin parangón de Cipariso, del que se había apasionadamente enamorado y con quien procuraba pasar la mayor parte de su tiempo. Divisó Cipariso un bulto detrás de unos arbustos y lanzó contra él su jabalina. Corrió a ver la pieza que había cobrado. El arma del joven cazador había herido de muerte al ciervo consagrado de las ninfas, su ciervo.

Nada pudieron hacer ni Apolo con sus poderes divinos, sus conocimientos médicos y su amor por el muchacho, ni Cipariso, que lloraba desconsolado aquella muerte accidental, deseando, él mismo, la suya propia, culpable como se sentía. Tampoco consiguió Apolo sacar de la cabeza de Cipariso su deseo de morir. El agraciado y ahora desgraciado joven quedó de rodillas, derramando lágrima tras lágrima sobre el cadáver de su amado ciervo, y le suplicó al dios que le dejara llevar luto durante todo el tiempo del mundo por la trágica muerte . Muy triste y apenado quedó Apolo, por la pulsión de muerte de su amigo y amado inconsolable, y con voz honda y profunda pronunció estas palabras: ―Luto serás desde ahora y consuelo del alma doliente.

 Apolo y Cipariso, Claude-Marie Dubufe (1790-1864)



El dios, mal de su grado, aceptó su ruego y convirtió al lindo muchacho en el árbol que lleva su nombre como recuerdo: Kyparissos, Cupressus, Ciprés, relacionado con el duelo y el dolor por los seres queridos, árbol fúnebre donde los haya ya para los romanos, que crecerá en todos los cementerios como símbolo de la perennidad de la muerte.

lunes, 16 de febrero de 2015

Metamorfosis, adaptación cinematográfica de Ovidio

Métamorphoses es una película francesa de Christophe Honoré, estrenada en el festival de Venecia de 2014, que acaba  de editarse en formato DVD en Francia, después de su exhibición en las salas cinematográficas. Basada en el poema épico de temática mitológica de Ovidio del mismo título, es una adaptación contemporánea de algunos de sus mitos,  caracterizados porque sus protagonistas sufren una trans-forma-ción (meta-morfo-sis, en griego) en plantas, animales o minerales.

 

Esta es la sinopsis de la película,  extraída de la página del Festival de Cine Internacional de Gijón: Una soleada mañana, a la salida del Instituto, la inocente estudiante Europa traba contacto con un misterioso camionero. Sin conocerlo absolutamente de nada lo sigue hasta un descampado en las afueras. Allí hacen el amor. Él es joven y guapo; se llama Júpiter, como el dios de dioses. Para enamorar a la chica, cuenta fabulosos relatos encadenados donde las divinidades viven mágicas historias de amor con seres humanos. El primero es el caso de la desaparecida vecina Ío, mutada en becerra por él mismo, tras haberla seducido, para escapar de la ira de su celosa mujer Juno. Atónita, pero no asustada, Europa no sabe si tan seductor individuo es atractivo como un dios o si sencillamente está loco de remate. ¿Acaso importa? Las buenas historias, verdaderas o falsas, embellecen el mundo. Europa decide creer a Júpiter. De su mano descubre una vida nueva en la que los poderosos dioses, libres y errantes, piden limosna a fin de contrastar la buena voluntad de las gentes. Entretanto, continúa produciéndose el juego de las metamorfosis de las formas en otras nuevas; igual que en el colosal poema mitológico de Ovidio, aquí transpuesto a la actualidad. 

 


sábado, 14 de febrero de 2015

Noticia de Heliogábalo, el emperador adolescente



Nacido en Antioquía, ciudad de Siria, en el año 204 después de Cristo, fue proclamado sorprendentemente emperador de Roma a los catorce años, cargo que desempeñará del 218 al 222 de la era cristiana, no llegó a cuatro años. Su verdadero nombre era otro que ahora no importa. Lo relevante es que él se hizo llamar enseguida Elagábalo, que se reinterpretó como Heliogábalo en alusión al sol al que adoraba. Este Rey Sol avant la lettre quiso pasar a la historia como el Sumo Pontífice, o quizá la suprema sacerdotisa, del dios del Sol El-Gabal de Emesa, importando de oriente este culto solar para ponerlo en vigor en Roma como religión de estado, por encima del culto oficial a Júpiter, para lo que hizo traer de Emesa una piedra negra de origen meteorítico, un betilo negro de forma inequívocamente fálica, que representaba a El, la principal divinidad semítica, instaurando un monoteísmo solar, que, de alguna forma, encarnaba también la falocracia del imperio romano.

La belleza de Heliogábalo era radiante, deslumbrante, como los rayos del astro rey que adora, como la de Adonis o Apolo, una belleza femenina, venusina, afrodisiaca, ambigua; oriental, en el sentido etimológico y primario de la palabra, porque viene del sol naciente, desde levante a poniente, a este occidente crespuscular y mortecino: a este occidente desorientado.

El emperador antioqueno, que desprecia la ruda toga romana, habituado como está su cuerpo adolescente al contacto de la fina seda de Damasco, viene a orientarnos, es decir, a orientalizarnos; y nos trae la belleza de un amanecer –Lawrence Alma-Tadema soñó y pintó la corte de Heliogábalo rebosante de pétalos de rosa. Nos trae también, la anarquía, bendita sea, al corazón del imperio romano, representada por un obelisco que los romanos siempre verán con desconfianza.



Las rosas de Heliogábalo, Lawrence Alma-Tadema (1888)

 Enseguida se verá que el joven emperador era un afeminado en el peor sentido que puede tener esta palabra para un antiguo romano tradicional y conservador de la estirpe de Catón el Viejo. Los romanos toleraban que sus emperadores tuvieran, paralelamente a sus relaciones femeninas destinadas a la procreación, algún escarceo amoroso, incluso algún amante masculino o  catamito. Era una moda griega y por lo tanto extranjera, pero no se sentía como bárbara, sino como propia del refinado mundo de la cultura y de la filosofía helénicas. Un ilustre precedente de esta costumbre era el mujeriego Zeus, que se había enamorado de Ganimedes, al que había raptado y subido al Olimpo para que le escanciara el divino licor. Podía verse incluso como un síntoma de virilidad siempre y cuando el emperador adoptara el papel activo, fuera el amante y no el amado.

Se comentaba que algunos de sus ilustres predecesores, el propio Julio, Calígula y quizá  Nerón se habían entregado a tales prácticas alguna vez, pero no dejaban de ser habladurías y chismorreos no siempre dignos de crédito. ¿Cómo el descendiente del divino Augusto iba a ser sodomizado por un esclavo,  como enseguida hizo Heliogábalo, como si en vez de ser el primer ciudadano de Roma fuera él, el emperador, un vulgar catamito afeminado, un concubino destinado al placer estéril de su dueño? ¿Cómo iba a ser  sometido por un  negro dotado de un miembro viril de considerables dimensiones? Ya se encargaba el propio Heliogábalo de ello, pues era requisito indispensable que los amantes del emperador, reclutados entre los forzudos gladiadores, rudos marineros, ágiles atletas y rufianes y sinvergüenzas de los bajos fondos, estuvieran dotados de atributos sexuales de considerables dimensiones –onóbelos, que literalmente significa “miembro de burro-, gentes a veces de la más baja estofa y condición social a los que ofrecía cargos públicos en la administración romana a cambio de sus favores. ¿Dónde se había visto una cosa igual? 

 Busto de Heliogábalo, Museos Capitolinos, Roma

No era habitual que el emperador, la máxima autoridad del imperio romano y dios viviente, fuera poseído por cualquiera de sus súbditos más plebeyos. Pero más intolerable aún era que Heliogábalo, además, para colmo, hiciera público alarde y se sintiera orgulloso de ello. El senador, historiador y contemporáneo Dión Casio nos habla de Hieroclés, un rubio esclavo de la Caria, como el “marido” favorito de Heliogábalo.

Dice la Historia Augusta y, a través de ella, el historiador que la escribe y que se avergüenza de narrar la depravada vida de este personaje: quis enim ferre posset principem per cuncta caua corporis libidinem recipientem, cum ne beluam quidem talem quisquam ferat? Lo que significa algo así como: “¿Quién, en efecto, podría tolerar a un príncipe que recibiera –atención a la sugerencia: recipientem- placer –libidinem- por todos los orificios de su cuerpo, cuando nadie soporta que ni siquiera un monstruo sea así?”

La voracidad de Heliogábalo se ha hecho proverbial prestándole nombre a la gula casi lujuriosa y sin freno. Se habla, todavía hoy, de comidas opíparas o de ágapes dignos de Heliogábalo porque el emperador de refinados gustos orientales disfrutaba de la buena mesa como buen sibarita “bon vivant”.  El Diccionario de la Real Academia Española dice que un heliogábalo (sic, con minúscula) es una "persona dominada por la gula", y explica que es así "por alusión a Heliogábalo, emperador romano, que fue voraz". 

El poeta francés Antonin Artaud le dedicó al emperador Heliogábalo un elogioso libro poético a medio camino entre el ensayo y la novela histórica, titulado “Heliogábalo o El anarquista coronado”, donde celebra que su misión fuera llevar la anarquía a Roma: “Todo tirano en el fondo no es sino un anarquista que se ha puesto la corona y que impone su ley a los demás.”


Pero Roma no podía tolerar que su emperador fuera un anarquista coronado que había hecho dejadez de toda virilidad. Heliogábalo, en efecto, no era Sumo Sacerdote del dios del Sol, sino su sacerdotisa; no era el emperador del Senado y Pueblo Romano, sino su emperatriz.

No es difícil suponer el cruento final del la vida de este adolescente que adoraba al sol: dejó de brillar enseguida, siendo asesinado a los dieciocho años de edad y su cadáver insepulto arrojado al Tíber a su paso por la ciudad eterna, en cuya corriente, en cuya grandeza y hermosura –recordemos aquí a nuestro Quevedo para acabar- huyó lo que era firme y solamente lo fugitivo, que es el nombre, su propio nombre, permanece y dura.

martes, 10 de febrero de 2015

Pedagogos y demagogos

El “paedagogus” era en Roma un esclavo griego que se encargaba de llevar al niño al colegio. Eso es lo que quiere decir la palabra griega “pedagogo”: el que acompaña y guía al niño. La palabra es similar a “demagogo”, ese insulto que los políticos se lanzan a la cara unos a otros no sin motivo, porque todos y cada uno tienen su parte de razón cuando se lo espetan a un adversario, y por eso está teñida de un fuerte matiz despectivo: el demagogo sería el político que, so pretexto de encarnar y representar la soberanía popular, conduce al pueblo por el mal camino, se sobreentiende: el que lo manipula, el que sólo busca su voto para aprovecharse de él y traicionarlo. Y es que “agogós” quiere decir conductor en la lengua de Homero;  “ped(o)” es niño, como en pediatra o pederasta, y “dem(o)” pueblo, como en democracia. Pueden relacionarse sin mucho escándalo, por lo tanto, la pedagogía y la demagogia, los pedagogos y los demagogos, por el elemento que tienen en común, que es la "agogé": lo que en el primer caso nos ha quedado como "agogía" con un resplandor angelical y bondadoso,  y en el segundo como "agogia" con aura maligna, sílaba menos y tufillo demoníaco. Lo uno y lo otro serían dos caras de la misma moneda: el niño o, en el segundo caso, el pueblo, tendrían en común una cosa: se caracterizarían como algo que debe ser conducido a alguna parte por algún experto, llámese "leader", "duce", "caudillo", "Führer", pedagogo o demagogo. 


La connotación positiva de la que se ha impregnado la palabra pedagogo, al contrario de la de demagogo, ya le chirriaba a don Antonio Machado, ya que se entiende modernamente por pedagogo el que conduce al niño hacia la madurez, el Mentor que lo educa y lleva por el buen camino, es decir, el que saca de él lo mejor para que se conduzca bien en la vida… Pero ya nos alertó el poeta de los campos de Castilla y las soledades, a través de su heterónimo Juan de Mairena: Un solo pedagogo hubo, y se llamaba Herodes. Y es que los pedagogos saben a dónde llevan al niño, conocen la meta, que es la integración en el sistema: tratan de hacer que el niño pase por el aro, se domestique, se adultere, y , en definitiva, se convierta en adulto, domándolo como a un potrillo salvaje y rebelde y, en suma, asesinándolo. Ya lo dijo el novelista maudit Jean Genet en alguna parte: "Vivre c´est survivre à un enfant mort". Ellos, los pedagogos, son los que llevan al niño al matadero, los modernos ejecutores de la matanza de los inocentes.

Los adultos deberíamos abandonar la pretensión pedagógica (y ya puestos también la demagógica de gobernar a nuestros semejantes) de educar a los niños maleándolos, como solemos hacer, integrándolos en el sistema y, angelitos que son, corrompiéndolos. No hay nada peor que un pedagogo, porque cree que sabe lo que le conviene al niño, que es desvivirse por un futuro que no existe más que como promesa o amenaza, morir, esto es, dejar de ser un niño, para lo que le lleva a la escuela, ese moderno servicio militar obligatorio, antesala de la esclavitud del trabajo asalariado, o sea de la prostitución mercenaria, que es lo mismo. 

jueves, 5 de febrero de 2015

Los noventa rostros de Venus

Philip Scott Johnson hace en este vídeo un rápido repaso al arte del retrato del rostro femenino en la pintura occidental a lo largo y ancho de los últimos quinientos años. Desfilan en él en rápida sucesión numerosísimas Venus (con)fundiéndose unas con otras: desde la Gioconda de Leonardo hasta el retrato de Françoise de Pablo Picasso. La Sarabanda de Bach pone la banda sonora musical que acompaña a las imágenes.