viernes, 11 de marzo de 2016

Vuelta a casa

El museo parisino del Louvre es el más visitado del mundo. Recibe anualmente la invasión de varios millones de personas. En el año 2013 casi llegaron a diez. 



Tres son sus obras de arte más codiciadas, filmadas y fotografiadas, que no vistas, por la marabunta de los turistas que se amontonan ante ellas. Constituyen el top three, una trinidad que no debe perderse ningún peregrino en su visita al templo de las musas de las bellas artes:    la misteriosa sonrisa de la Gioconda o Mona Lisa que pintó Leonardo,  la prima donna del museo, custodiada constantemente por dos vigilantes de seguridad y blindada tras una vitrina que no oculta los reflejos de la luz; le siguen en visitas, a gran distancia, dos damas más, esta vez escultóricas y de origen griego, la Venus de Milo, encontrada en la isla de Milo (Melos en griego antiguo, una de las cícladas), en 1820,  y la recientemente restaurada Victoria de Samotracia,  descubierta en 1863 en la isla de su mismo nombre, al nordeste del mar Egeo.


La mayoría, cámara, móvil o tableta en ristre, se dedica a sacarles una foto o a hacerse una selfi con estas damas para enseñársela a los amigos: no ven las obras de arte, las filman o las fotografían, que no es lo mismo, para verlas después o para que otros vean que las han “visto”, que han estado allí en su peregrinaje artístico.  No se dan cuenta de que para ver una obra de arte la cámara es un estorbo: basta con posar la mirada directa de nuestros ojos sin ningún filtro para admirarla.


La restauración de la Victoria de Samotracia, la obra maestra de la escultura griega del período helenístico, que data del siglo II antes de nuestra era, ha hecho que aumenten más todavía las visitas al museo.   Tras la restauración, ha salido a la luz un curioso contraste entre la blancura resplandeciente del mármol de la isla de Paros de la diosa y el mármol algo más apagado de la isla de Rodas de la proa de la nave sobre la que se posa en su vuelo. La restauración ha subrayado las formas femeninas de Niqué (victoria en griego, mejor que Nike). El que haya perdido los brazos y la cabeza no le resta atractivo, ya que está provista sin embargo de unas alas que baten al viento con sus plumas hinchadas, como si acabara de posarse sobre el navío victorioso,  y los pliegues de su vestido ondean al  aire todavía.

Ambas obras de arte,  la Afrodita de Milo y la Niqué de Samotracia, exiliadas desde hace más de ciento cincuenta años, deberían volver a su país de origen, a Grecia,  de su ya largo destierro parisino.


Os dejo con el estupendo corto de Aris Caloyerópulos (Ares Kalogeropoulos, en transcripción no fonética),  cuya música también ha compuesto él, que reclama en la lengua del Imperio la devolución del saqueo de todas las obras de arte, incluidos los mármoles de Partenón y la cariátide del Museo Británico, sin olvidar a las dos damas secuestradas en París, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia, a Grecia, su país de origen.



 

sábado, 5 de marzo de 2016

Julio César, el conquistador conquistado

Gallias Caesar subegit, Nicomedes Caesarem.
Ecce Caesar nunc triumphat, qui subegit Gallias:
Nicomedes non triumphat, qui subegit Caesarem.
Según Suetonio, el historiador y biógrafo de los doce césares, éstos eran los versos que cantaban los soldados en son de burla en la ceremonia del triunfo a Julio César en Roma, cuyo nombre propio daría nombre a julio, el séptimo mes del año (antiguamente llamado Quintil), y cuyo cognombre César llegaría a ser sinónimo de emperador que se adjudicarían todos sus seguidores, y pasaría como tal a diversas lenguas (Kaiser, césar, zar). El atrevimiento que muestra la soldadesca no estaba mal visto durante dicha ceremonia, muy similar al de nuestras murgas carnavaleras.  Durante el desfile del triunfo se le permitía a la tropa ridiculizar al general victorioso mediante pullas como ésta o similares a fin de rebajarle, como suele decirse, los humos.

César sometió a las Galias, Nicomedes a César.
Ved que ahora triunfa César, que las Galias sometió.
Y no triunfa Nicomedes,  que a César se la metió.

 Hay un significado erótico indudable en el verbo “subegit” que propiamente significa “empujar hacia arriba” y “poner debajo porque uno se pone encima”, por eso creo que no es muy descabellada la doble traducción que propongo “sometió” / ”se la metió”, ya que admite una doble lectura. Los versos aluden, pues, a la victoria efectiva que se estaba celebrando de Julio César sobre las Galias, que pasaban a engrosar el imperio romano. La ironía de la tropa está en recordarle al divino general que él también, el invencible, había caído rendido ante el rey de Bitinia Nicomedes. En efecto, según el biógrafo nos transmite, César habría tenido en su juventud un íntimo trato con dicho monarca oriental, que habría dañado seriamente su reputación, dado que César había entrado revestido de púrpura en la cámara real y se habría acostado desnudo en un lecho de oro a merced del monarca de Bitinia, que lo habría poseído. 

Suetonio dice que pasa por alto las acusaciones de Dolabela y de Curión, que no deja de mencionar sin embargo: según Dolabela César fue el “rival de la reina de Bitinia”, es decir, que ocupó el lugar femenino, y según Curión el “establo de Nicomedes” y la “furcia o putilla de Bitinia”. Gayo Memio lo acusa incluso, según el citado autor, de haber servido la mesa de Nicomedes en compañía de los eunucos del rey, y de haberle ofrecido la copa y el vino para que bebiera, recordando a Ganimedes, el copero celestial de Júpiter, como si de un catamito se tratara.

Lo que dañó seriamente la reputación de César no es haber tenido relaciones homosexuales, como diríamos hoy con un lenguaje que extrañaría al propio César, con el rey de Bitinia, pues eso hubiera sido un signo de virilidad y no un reproche si hubiera sido César el agente y Nicomedes el paciente, por así decirlo; lo que le reprochan los soldados es lo contrario: que César haya sido penetrado por el citado monarca. Las relaciones sexuales se ven, por lo tanto, como relaciones de dominio, en las que el macho dominante penetra a otro para ejercer sobre él su dominio. Lo malo del divino Julio no es que hubiera sido el marido de todas las mujeres, como también le decía la soldadesca, sino la mujer de todos los maridos.

El moralizante Salustio, contemporáneo de César y tan inmoral en su comportamiento como suelen ser por lo general los muy moralistas, lamenta que la sociedad romana haya incurrido abiertamente en la inmoralidad: “Los varones se entregaban como mujeres, las mujeres tenían su pundonor en venta”. Los dos síntomas de indecencia que enumera Salustio son en cuanto a las féminas la prostitución, y en cuanto a los varones las práctica sexuales pasivas, lo que él denomina con un eufemismo “muliebria pati”. Lo que está mal visto en un hombre hecho y derecho es su comportamiento sexual pasivo, porque eso supone sumisión a otro hombre que adopte un rol activo, y por lo tanto, una humillación cuando no una vejación.

jueves, 25 de febrero de 2016

Un adjetivo nuevo: petaloso



Oigo por la radio que un niño italiano de ocho años ha inventado una palabra nueva, el adjetivo “petaloso”. Una maestra les había pedido a los niños una redacción sobre una rosa, y un niño se sacó de la manga el adjetivo “petaloso” y se lo aplicó a la flor: una flor petalosa  (un fiore petaloso, en italiano, donde el término “fiore” es masculino). A la maestra le hizo gracia el hallazgo de su alumno y decidió escribir a la Academia de la Crusca, consutándole si podía darse por válida la palabra e incluirla en el diccionario. Y la Academia le ha  felicitado por el hallazgo. Tenemos tanto miedo de equivocarnos al hablar que necesitamos consultar a las autoridades académicas competentes si es correcto o no lo que decimos, como si nosotros no tuviéramos competencia lingüística, como si sobre la lengua mandara alguien que está allá arriba por encima de nosotros que nos dijera lo que está bien y lo que está mal dicho, cuando, como se sabe, sobre la lengua no manda nadie más que el pueblo soberano o la comunidad de los hablantes.

 El joven Matteo y su maestra

En realidad, el descubrimiento del niño no es sorprendente. No ha inventado nada que no estuviera ahí previamente descubierto y depositado en el tesoro común e inconsciente de la lengua. Ahí estaba desde los griegos la palabra “pétalon”, que originalmente significaba lámina u hoja de metal y nosotros utilizamos como metáfora para referirnos a las hojas transformadas que forman parte de la corola de la flor. Hemos heredado de nuestra lengua madre el procedimiento –oso/-osa para hacer adjetivos derivados de sustantivos, y así de “ánimo” decimos “animoso”, de miedo “miedoso” o de viento “ventoso” con el significado de “lleno de ánimo, de miedo o de viento”, respectivamente.

Lo que hizo Matteo, que así se llamaba el niño, es tomar la palabra “pétalo” que tenemos en italiano y en castellano,  y que nos ha entrado a través del latín “petalum”,  y formar un adjetivo normal y corriente: “petaloso”: lleno de pétalos, para aplicárselo posteriormente a una flor, por ejemplo, a una rosa, la rosa petalosa. De hecho, la palabra “petalous” existía ya y estaba patentada en inglés, la lengua del Imperio,  donde pétalo se dice petal y lleno de pétalos petalous  aunque eso no lo supiera Matteo todavía ni le quita mérito a su hallazgo.

La historia tiene su encanto porque la palabra la ha puesto en circulación un niño, porque las autoridades académicas la han admitido enseguida en el diccionario de la lengua, y porque, a través de los medios de comunicación, se ha convertido en viral, es decir, que se ha propagado como un virus en tuíter por la Red Informática Universal, y en  tremding topic, que dicen ahora con anglicismo flagrante, es decir que se ha puesto tan de moda que hasta el presidente del consejo de ministros italiano, para dar ejemplo, ha hablado de no sé qué proyecto “petaloso”. Por aquí también decimos a veces, “espinoso”,  porque las rosas no sólo están llenas de pétalos, sino también, ya se sabe, de espinas.    


El procedimiento que ha seguido Matteo es muy viejo. Ya lo empleó Cicerón, por ejemplo, cuando le añadió a la palabra existente latina “mos moris”, que quiere decir,  costumbre, cuya raíz es mor- la terminación de adjetivo “-alis –ale” , inventando y poniendo en circulación el exitoso “moralis morale”. Traducía así el arpinate al latín el adjetivo griego “ethikós”, derivado de “éthos” costumbre, para referirse a lo que está sancionado por las “buenas”  costumbres. Inventaba, de paso, Cicerón la y lo moral. De ahí ya sólo faltaba un paso para inventar inmoral, con prefijo negativo, para lo que no está bien visto porque no es lo que Dios manda,  y amoral con prefijo separativo, para lo que propiamente no se puede calificar de moral ni de inmoral, porque escapa de nuestras consideraciones maniqueas.

El tesoro inconsciente de la lengua no es propiedad privada de nadie, sino que es común, tanto como el aire que respiramos. Sobre la lengua, por mucho que se empeñen las autoridades académicas, no manda nadie. Lo que es del común no es de ningún.

jueves, 18 de febrero de 2016

Algunas etimologías



Las palabras son como los seres vivos,  tienen su propia biografía. Su historia, de la que se ocupa la etimología,  revela algunas curiosidades dignas de tener en cuenta para entender un poco mejor el mundo en el que vivimos y la falsía de la realidad. 

Tomemos una frase como: El soldado, que acababa de cobrar su sueldo por desempeñar su trabajo tan respetable como otro cualquiera, fornicó con una prostituta en un sarcófago


 mujer soldado

sueldo y soldado, por ejemplo, comparten etimología: procede de sóllidus, el nombre de una moneda de oro del bajo imperio romano; soldado, deriva de solidatus, pagado con sólidos. Enseguida nos viene a la mente otra palabra de la misma familia, que ya ha caído en desuso: soldada: lo que se pagaba a los quintos al mes cuando hacían la mili o servicio militar obligatorio: una miseria que no les daba ni para tabaco. Ahora que el ejército español, dependiente del Ministerio de la Guerra, que es como se llamó siempre lo que ahora se denomina  Ministerio de Defensa con ridículo eufemismo, se ha modernizado, dando entrada a las mujeres y profesionalizándose, no viene mal recordar esta etimología. El ejército profesional es un ejército mercenario, de soldados a sueldo, un ejército de soldados y soldadas que luchan por la paz en todos los frentes de combate en misiones humanitarias propias de hermanistas de la caridad armadas de pistolas de verdad. Y que a veces se disparan. Y que matan. Solidus también es un adjetivo que significa sólido, macizo, duro; para denominar su moneda de oro, los romanos recurrieron a la misma metonimia que los españoles para su moneda de cinco pesetas, el duro. Esos duros que nadie te daba a cuatro pesetas porque valían cinco precisamente.

trabajo, procedería de un término latino tripalium, literalmente tres palos, una especie de horca o instrumento de tortura a la cual se ataba el esclavo perezoso o desobediente para ser azotado.

 fornix, fornicis m.:  arco, bóveda; puerta o pasaje ab ovedado; arco de triunfo; acueducto; burdel.

fornicar procede de fornix, arco, arcada o soportal de un edificio, que era donde se ponían las prostitutas en la antigua Roma a ejercer el oficio más antiguo del mundo. De ahí que fornix acabó significando también prostíbulo, y de ahí nos viene a nosotros el nombre del fornicio.(Por cierto había un mandamiento, creo que era el sexto, que ahora reza "no cometerás actos impuros" pero antes decía, me acuerdo bien, que así lo tuve que aprender: "no fornicarás") .


prostituta, es un derivado del verbo prostituere compuesto del prefijo pro- que significa delante de- y del verbo statuere, que propiamente es colocar, poner; por lo que prostituir sería en principio poner en venta, exhibir en público; de donde nuestro "entregar a una mujer a la pública deshonra a cambio de un precio".    El verbo prostituir está relacionado etimológicamente con otros verbos más "respetables" como constituir, destituir,  instituir, restituir, sustituir compuestos todos que son de estatuir. 


sarcófago, del griego σαρκοφάγος que significa literalmente come-carne, o sea, carnívoro, o sea que lo contrario de un vegetariano es un sarcófago 

sábado, 13 de febrero de 2016

No dejan títere con cabeza


 
Lo que más me ha llamado la atención de la detención en Madrid de los dos titiriteros que han permanecido sin juicio previo cuatro días en prisión por orden de un juez(!) es la unanimidad que ha habido en juzgar que el espectáculo no era apto para el público infantil al que en principio iba dirigido, porque contenía escenas de violencia. Que yo sepa –y no es que yo sepa mucho, sino todo lo contrario- los títeres de la cachiporra se llaman así porque al final el bueno da un cachiporrazo al malvado, que suele ser la bruja. Y eso no se considera especialmente violento sino apto para todos los públicos.

Sin embargo, cuando es la bruja, como en el espectáculo de Títeres de abajo,   la que le da el cachiporrazo final a Don Cristóbal, porque “a todo cerdo le llega su Sanmartín”,  el espectáculo se convierte en violento, apto sólo para mayores de dieciocho años –y no sin reparos-, chabacano y de mal gusto, aparte de incurrir por si fuera poco en  el delito de apología o, como dicen ahora, “enaltecimiento del terrorismo”.

No hay quien lo entienda. No hay quien entienda cómo se aplican dos varas distintias de medir, y cómo se considera educativo o por lo menos no inapropiado un espectáculo sí y el otro no. 

Según la tradición, el lobo es el malvado de los cuentos infantiles. Puede venir un poeta, como José Agustín Goytisolo, y desmitificarnos a este personaje, haciendo uso de su libertad de expresión, y decirnos lo contrario:   “Érase una vez / un lobito bueno / al que matrataban/ todos los corderos./ Y había también/ un príncipe malo,/ una bruja hermosa /y un pirata honrado. / Todas estas cosas había una vez. / Cuando yo soñaba/ un mundo al revés”.Y la cosa tiene su gracia y nos da qué pensar sobre la relatividad de nuestros juicios morales y convenciones sociales.

Pero, según parece, hay cosas que no se pueden decir sin incurrir en un delito.  Esto me recuerda a aquel aforismo de Rafael Sánchez Ferlosio: (Última hora) Los hombres matan, la poli abate. Y es que la violencia institucional no es violencia, está legítimamente justificada, ni siquiera se la llama por su nombre, sino que se utiliza un eufemismo: la policía nunca mata a un hombre, lo reduce, lo derriba, lo abate a tiros, como dice Ferlosio, pero, aunque le quite la vida, no lo mata nunca. Los terroristas, sin embargo, matan, asesinan, nunca abaten a sus víctimas... Y si se muestran imágenes o se critica una actuación policial, se incurre en el delito de: ¡enaltecimiento del terrorismo!¿Qué diríamos entonces de este Polichinela, sacado de Cuentos del mundo de los niños (1878), que viene nada más y nada menos que de la Commedia dell´Arte italiana y de una larga tradición cultural europea que remonta a la sátira latina y a la comedia atelana por lo menos,  que les da el cachiporrazo final a dos policías? ¿Desacato a la autoridad? ¿Terrorismo? 


¿No podríamos considerar que los títeres tradicionales de la cachiporra fomentan la violencia machista contra las mujeres, justificando los malos tratos que pueden recibir las tachadas muchas veces de brujas? Sin embargo, a ningún padre que estuviera en sus cabales se le ocurriría llamar a la policía para que detuviera a los titiriteros ni a ningún juez, creo yo, enviarlos a prisión por fomentar lo que ahora se llama con inapropiado anglicismo “violencia de género”. Sólo a alguien que no estuviera en su sano juicio se le ocurriría prohibir un espectáculo así, tan políticamente incorrecto, si bien, se mira, sin embargo. Y yo no soy, que conste, partidario de ninguna prohibición.


En estos tiempos que corren, tan malos para la lírica, la épica y la poesía dramática en general tanto trágica como cómica, y no digamos para la sátira –satura quidem tota nostra est, que dijo Quintiliano, reivindicando la originalidad latina de este género literario- lo que veas:  unos padres han perdido los papeles llamando a la policía, en lugar de marcharse y llevarse a sus hijos si no les gustaba el espectáculo que estanban viendo, y un juez ha prevaricado privando a dos artistas de su libertad de expresión. ¿Para qué vamos a hablar del lamentable papel que han jugado casi todos los medios de comunicación que, como don Quijote de la Mancha enloquecido y desvariando cuando acudió a la representación de "El retablo de la libertad" del titiritero maese Pedro, han blandido sus espadas y no han dejado títere de trapo con cabeza? 

Así retrataba, por cierto, nuestro Cervantes magistralmente la escena: "Viendo y oyendo, pues, tanta morisma y tanto estruendo don Quijote, parecióle ser bien dar ayuda a los que huían, y levantándose en pie, en voz alta dijo: —No consentiré yo que en mis días y en mi presencia se le haga superchería a tan famoso caballero y a tan atrevido enamorado como don Gaiferos. ¡Deteneos, mal nacida canalla, no le sigáis ni persigáis; si no, conmigo sois en la batalla!  Y, diciendo y haciendo, desenvainó la espada y de un brinco se puso junto al retablo, y con acelerada y nunca vista furia comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a este, destrozando a aquel, y, entre otros muchos, tiró un altibajo tal, que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad que si fuera hecha de masa de mazapán." 



 Don Quijote no dejando títere con cabeza
 

martes, 9 de febrero de 2016

El gorrión de Lesbia

Dos versiones musicales del "lugete o Veneres Cupidinesque" de Catulo, la elegía al gorrión de su amada Lesbia -la primera, acompañada musicalmente de la lira con armonía lidia, de género cromático (CBAGbFMR), y la segunda la del grupo Tyrtarion- , y la versión rítmica castellana que hizo del poema Agustín García Calvo: todo un lujo para estos tiempos tan malos para la lírica que corren.



Llorad, dioses de amores y amorcillos,
y cuanto haya de hombres amorosos:
muerto está el gorrioncillo de mi niña,
gorrioncillo de encantos de mi niña,
el que más que a sus ojos ella amaba,
una miel que era él y que a su amita
más que un niño a su madre conocía,
y ni de su regazo se apartaba,
que, de acá para allá alrededor brincando,
a su dueña tan sola le pïaba.
Que ahora va por la senda de tinieblas
a de donde se cree que nadie vuelve.
¡Ah, malditas seáis, tinieblas malas, 
que os tragáis cuanto haya de más lindo!:
gorrioncillo tan lindo me robasteis.
¡Oh mal crimen! , ¡ah triste pajarcillo!,
por tu culpa los ojos de mi niña
hinchaditos de llanto se enrojecen.


sábado, 6 de febrero de 2016

Un eco de Propercio

El poeta Propercio no ha tenido mucha resonancia en nuestras letras, al menos no tanta como la que se merece, si exceptuamos algún eco lejano en Quevedo y poco más. Ha sido mucho más celebrado en la literatura alemana (Goethe) y en la anglosajona (Ezra Pound y Derek Walcot, por ejemplo).

Ezra Pound en la elegía II de su "Homenaje a Sexto Propercio" hace hablar así a Calíope, la musa de la poesía épica, y le recrimina al poeta:

And one among them looked at me with face offended,
Calliope:
'Content ever to move with white swans!
'Nor will the noise of high horses lead you ever to battle;
Nor will the public criers ever have your name;
in their classic horns,
'Nor Mars shout you in the wood at Aeonium,
Nor where Rome ruins German riches,
'Nor where the Rhine flows with barbarous blood,
and flood carries wounded Suevi.
'Obviously crowned lovers at unknown doors,
'Night dogs, the marks of a drunken scurry,
'These are your images, and from you the sorcerizing of shut-in young ladies,
'The wounding of austere men by chicane.'
Thus Mistress Calliope,
Dabbling her hands in the fount, thus she
Stiffened our face with the backwash of Philetas the Coan.

 
 Ezra Pound

Y una entre ellas me miró con cara ofendida,
Calíope:
"Siempre contento de ir llevado por los cisnes blancos! 
Nunca el rumor de los altos caballos te llevará a batalla;
Nunca los pregoneros dirán tu nombre por sus cuernos clásicos,
ni Marte te gritará en el bosque en Eonio,
ni donde Roma arruina las riquezas germanas,
ni donde el Rin corre con sangre bárbara,
y la corriente lleva a heridos Suevos.
Amantes coronados obviamente, junto a puertas desconocidas,
perros nocturnos, las señas de una fuga de borrachos,
estas sos tus imágenes y por ti el hechizamiento de jóvenes señoras encerradas,
la ofensa a hombres austeros con chicana."
Así la Señora Calíope,
mojando sus dos manos en la fuente, así
salpicó nuestra cara con el agua de Filetas de Coo.
(Traducción de Armando Uribe Arce)
 

Entre nosotros, el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (1925-...)  compuso este bello poema "Imitación a Propercio", no sé si inspirado directamente en el poeta latino o en el “Homage to Sextus Propertius” de Ezra Pound, autor al que Cardenal tradujo al castellano (Ezra Pound,  Antología Madrid: Visor, 1984).

Ernesto Cardenal se hace eco aquí de la recusatio o negativa de Propercio a cantar las gestas de Augusto y poesía épica en general de glorificación de los poderosos, siguiendo el consejo interesado de Mecenas,  y prefiere dedicarse a la musa lírica, a sus amores, a su querida Cintia.   

 Ernesto Cardenal



Yo no canto la defensa de Stalingrado
ni la campaña de Egipto
ni el desembarco de Sicilia
ni la cruzada del Rhin del general Eisenhower:

Yo sólo canto la conquista de una muchacha.

Ni con las joyas dela Joyería Morlock
ni con perfumes de Dreyfus
ni con orquídeas dentro de su caja de mica
ni con cadillac
sino solamente con mis poemas la conquisté.

Y ella me prefiere, aunque soy pobre, a todos los millones de Somoza.

jueves, 4 de febrero de 2016

Evaluando el sistema educativo

        Los profesores tienen la abnegada misión de encarnar a los tipos fundamentales de humanidad con los que el adolescente tendrá que habérselas más tarde a lo largo de su vida. Así tiene ocasión de estudiar, durante seis horas diarias, la brutalidad, la maldad y la injusticia. Para una enseñanza tal, ningún precio sería demasiado alto, pero es impartida, incluso gratuitamente, a expensas del Estado.

En la escuela, el inhumano se presenta ante el adolescente en inolvidables configuraciones. Goza de un poder casi ilimitado. Provisto de conocimientos pedagógicos y larga experiencia, forma al alumno a su imagen.

El alumno aprende todo lo que es necesario para abrirse camino en la vida. Las mismas enseñanzas que son necesarias para abrirse camino en la escuela. Se trata del fraude, la simulación de conocimientos, la habilidad para vengarse impunemente, para asimilar con rapidez los lugares comunes, la adulación, el servilismo, la disposición para delatar a los compañeros ante los superiores, etc.

Lo más importante es el conocimiento del hombre, y el alumno lo obtendrá por el conocimiento de los profesores. Tiene que descubrir las debilidades de los maestros y saber aprovecharse de ellas; de lo contrario, nunca podrá oponer resistencia al sinfín de bienes culturales, totalmente inútiles, que le quieren inculcar.

Nuestro mejor profesor era un hombre alto, asombrosamente feo, que en su juventud, según dicen, había aspirado a una cátedra, aunque fracasó en el intento. Esta decepción hizo que se desarrollaran todas las energías latentes en él. Le gustaba someternos de improviso a un examen y lanzaba grititos de placer cuando no sabíamos contestar... Nos daba clases de Química, pero lo mismo podría habernos enseñado a desenredar madejas. Necesitaba una materia de enseñanza, como los actores necesitan un argumento para su lucimiento. Su deber era hacer de nosotros hombres. No le salía mal. No aprendimos química con él, pero sí aprendimos a vengarnos...

El profesor de Francés tenía otra debilidad: veneraba a una diosa maligna que exigía terribles sacrificios: la justicia...

El Estado aseguraba de una manera muy simple la vitalidad de la enseñanza. Como cada profesor sólo tenía que enseñar, año tras año, una determinada cantidad de conocimientos, perdía el interés y nada le desviaba ya del fin principal: desplegar sus energías vitales ante los alumnos. Todas sus frustraciones, sus preocupaciones financieras, sus desdichas familiares, las arreglaba en clase haciendo participar a sus alumnos. Sin ningún interés por su asignatura, podía concentrarse en formar las almas de los muchachos y enseñarles todas las formas del fraude. Así los preparaba para entrar en un mundo en el que se enfrentarían precisamente a gentes como él: seres deformados, corrompidos, pillos...




Después de haber terminado hasta cierto punto mi educación, tenía motivos para creer que, dotado de algunos vicios medianos y añadiéndoles algunas ruindades no demasiado difíciles de aprender, llegaría a defenderme bastante bien en la vida...

Bertolt Brecht Diálogos de fugitivos



Según el texto precedente del alemán Bertolt Brecht (1898-1956), los alumnos aprenden de sus profesores brutalidad, maldad e injusticia. Las enseñanzas o valores que transmite el sistema educativo, que luego servirán para la vida, son, según el autor el fraude, la simulación de conocimientos, etc. El autor destaca el desinterés del profesorado en general por la enseñanza de su materia, por lo que la evaluación que hace del sistema pedagógico que ha padecido no es muy halagüeña. ¿Podríamos decir que la crítica que hace Bertolt Brecht sigue vigente hoy por aquello de que "hoy es siempre todavía"?





  

miércoles, 20 de enero de 2016

"Que viva y le vaya bien"

El "uiuamus, mea Lesbia, atque amemus", el poema más eufórico de Catulo, y que constituye una invitación a vivir la vida y a hacer el amor, se convierte en este otro poema en estrofas sáficas, el carmen XI de la colección, en un adios definitivo, en el poema de la ruptura. 

Catulo encarga a sus amigos Furio y Aurelio, dispuestos como están a acompañarle a cualquier lugar del mundo como sus fieles sombras, que le digan adiós en nombre suyo a su amada Lesbia (pseudónimo en honor de la poetisa Safo de Lesbos con el que Catulo designaba a su amada Clodia): que viva ella (pero ya no "vivamos") y que le vaya bien con sus trescientos amantes a los que abraza a la vez sin querer de verdad a ninguno, porque el amor de Catulo, que creció como una flor silvestre e inesperada al borde de un camino, ha sido destrozado por el paso de un arado, que la ha tronchado y ajado. He aquí el original latino cantado con el acompañamiento de una lira. De ahí le viene el nombre al género literario de poesía lírica  precisamente.


He aquí el texto latino y una versión rítmica en castellano. La estrofa es la sáfica, compuesta de dos endecasílabos sáficos y un tercer verso formado por un endecasílabo sáfico y un adonio de cinco sílabas.

Poema XI de Catulo

Furi et Aureli comites Catulli,                                                  
siue in extremos penetrabit Indos,
litus ut longe resonante Eoa
tunditur unda,

siue in Hyrcanos Arabesue molles,
seu Sagas sagittiferosue Parthos,
siue quae septemgeminus colorat
aequora Nilus,

siue trans altas gradietur Alpes,
Caesaris uisens monimenta magni,
Gallicum Rhenum horribilesque ulti-
 mosque Britannos,

omnia haec, quaecumque feret uoluntas
caelitum, temptare simul parati,
pauca nuntiate meae puellae
non bona dicta.

cum suis uiuat ualeatque moechis,
quos simul complexa tenet trecentos,
nullum amans uere, sed identidem omnium
ilia rumpens;                                       
                                                                                                   Lesbia, John Reinhard Weguelin (1878)
nec meum respectet, ut ante, amorem,
qui illius culpa cecidit uelut prati
ultimi flos, praetereunte postquam
tactus aratro est.


Furio, Aurelio, cómplices de  Catulo,
tanto si él se adentra en la India extrema
donde el Índico que a lo lejos brama
bate la costa,

como en el mar Caspio o la fina Arabia,
o en los sagas o flechadores persas,
o en el delta que colorea el Nilo
septuplicado,

o a través si va de los altos Alpes
para ver las huellas del  magno César,
el Rin gálico y los horribles y ale-
jados britanos,

todo cuanto la voluntad del cielo
mande, prestos a soportarlo juntos,
estas anunciadle a mi amada nada
buenas palabras:

con sus novios viva y que bien le vaya,
los trescientos que ella a la vez abraza
sin querer a nadie, pero y a todos
desriñonando;

y no cuente ya con mi amor, como antes, 
que por culpa suya se ajó  cual flor al
borde de una campa rozada al paso
por el arado.
 

sábado, 16 de enero de 2016

¿Cosmopolitas?




Publicaba el escritor Rafael Argullol un artículo de opinión titulado “Provincianos y cosmopolitas” en el periódico El País el día 1 de enero de 2016, donde denunciaba lo muy provincianos que nos estamos volviendo y lo poco cosmopolitas que somos,  del que entresaco en cursiva los dos párrafos finales en los que arremete contra la hegemonía reduccionista de la lengua del Imperio, o sea el inglés, que es la lengua de Shakespeare, como decimos los cursis, que a todos se nos impone: 

Una de las grandes metáforas de este proceso en nuestra época es la rápida, universal y consentida mutilación de centenares de idiomas en favor de un idioma avasalladoramente hegemónico. Con toda probabilidad, hace solo tres décadas, nadie se hubiese aventurado a insinuar que para participar en un congreso en Lisboa sobre Camões —poeta nacional portugués— había que intervenir en inglés, o que en cualquiera de nuestras universidades se puede asistir al espectáculo de que un profesor explique a Baudelaire o a Goethe en medio inglés a un público estudiantil que entiende el inglés a medias. Y aún menos, desde luego, se hubiese podido imaginar que se llegaría a la situación de que un entero país —Corea del Sur— pretenda alcanzar a poseer el inglés, como nueva lengua propia, mediante el ingenioso método de llevar a las embarazadas a clases en aquel idioma, de modo que el feto pueda ya adaptarse a lo que prima en el cada vez más reducido universo lingüístico. Obviamente no tengo nada contra lo que los cursis llaman “lengua de Shakespeare” sino contra el reduccionismo que, al maltratar a todos los demás idiomas, también empobrece a la propia lengua inglesa: recientemente, un catedrático de Oxford me contaba que, mientras la mayoría de sus colegas apenas conocen otros idiomas que no sean el suyo, los escritores británicos contemporáneos utilizan una lengua drásticamente empobrecida.

Este sería un buen retrato del provinciano global: aquel que aspira a hablar un solo idioma, lo más utilitario posible, sin importarle la destrucción de los mundos que habitan en los otros idiomas; aquel que se mueve continuamente de aquí para allá, obseso coleccionista de imágenes, al tiempo que es incapaz de fijar la mirada, y no digamos el pensamiento, en paisaje alguno; aquel que está permanentemente informado con aludes de noticias y mensajes que sepultan su capacidad de comprensión. Es posible que un individuo de tal naturaleza se considere a sí mismo un cosmopolita. Pero vive en una pequeña aldea que ha confundido con el mundo.
A propósito de la palabra “cosmopolita” cabe decir aquí que es un helenismo que significa “ciudadano –polita, habitante de una polis- del mundo o cosmos, que es también el universo, y que lo acuñó Diógenes el filósofo fundador de la Secta del Perro –eso y no otra cosa es lo que significa “cínico” en principio, quizá mejor "quínico", como propone Pedro García Olivo-. Cuando le preguntaron que de dónde era, respondió: “cosmopolita”: soy ciudadano del mundo, en lugar de decir ciudadano de Sinope, que es donde había nacido y de donde había sido desterrado, según la leyenda. Por cierto, cuando alguien le reprochó que los de Sinope le habían condenado al destierro, contestó: “Y yo a ellos a quedarse”.

Esta palabra ha perdido casi toda la fuerza subversiva con la que nació, y que debería conservar: uno no es de donde nace, sino de donde pace, como dice el refrán castizo. Y eso quiere decir que uno no pertenece a ninguna nación en concreto, porque la única nación humana es el humus, o sea, la Tierra,  lo que derriba por tierra todos los nacionalismos existentes y emergentes. 
Dice Argullol en su artículo que precisamente el cosmopolita es hoy en día un personaje en extinción, ante el resurgimiento cada vez más pujante de los provincianismos.    Entresaco esta frase de otro párrafo: “El cosmopolita, al no soportar la excesiva claustrofobia de la identidad propia, busca en el espacio absorto de lo ajeno aquello que pueda enriquecer su origen y sus raíces.”

Lo paradójico del asunto es que parece que defender la diversidad lingüística es muy provinciano y muy poco cosmopolita, pero no es así, sino todo lo contrario: no se pueden equiparar nación y lengua, aunque los nacionalistas se apoyen en la existencia de una lengua propia para justificar su nación.  Las lenguas no son propiedad de nadie: hay naciones que tienen más de una lengua, y hay lenguas que no tienen ninguna nacionalidad.

(Las ilustraciones -sin créditos- están tomadas de un artículo sobre el anacionalismo del periódico Diagonal)



viernes, 1 de enero de 2016

¿Qué pasa aquí?

Pues nada, no pasa nada: que el año viejo, el mismo año de siempre, nos sugiere Arcás, se cambia, o lo que es lo mismo, se disfraza y retoca detrás del biombo para parecer un año "nuevo", como si no fuera el mismo perro viejo con distinto collar, un collar donde pone 2016, como podía haber puesto 713 ó 4583 o cualquier otra cifra aleatoria. Lo que pasa es que todo cambia para poder seguir igual (Giuseppe Tomasi di Lampedusa dixit).

Si comparamos el griego de los personajes de Arcás con el griego que hablarían Sócrates y Platón, es decir, con el griego clásico, notamos enseguida que es la misma lengua. Quizá la diferencia más notable, aparte de algunos cambios en la pronunciación, es que para decir año el griego clásico preferiría la palabra "étos", que se sigue utilizando en griego moderno, donde se habla por ejemplo del "sjolicó étos" o año escolar, pero en griego moderno se prefiere para felicitarse el año supuestamente nuevo la palabra de rancio abolengo "jrónos" (que conservamos en cronómetro y cronología sin ir muy lejos, y que tenía un significado más amplio de "tiempo" en general, lo que ayuda también un poco más a la hora de entender mejor el chiste).