martes, 22 de marzo de 2016

El tetrafármaco y la tumba de Epicuro






Podría resumirse en sólo cuatro palabras casi toda la doctrina filosófica y la actitud ante la vida que supone el epicureísmo.  Epicuro, como se sabe, fue un filósofo griego que vivió a caballo entre  los siglos IV y III antes de nuestra era. Su filosofía es el materialismo atomista de Demócrito, y su ética es hedonista (de hedoné, placer en griego).  Suele definirse el hedonismo como la búsqueda del placer que evita las situaciones, cosas y personas, que nos deparan dolor y complican innecesariamente la vida. 


Su sistema filosófico se ha presentado a veces como un remedio contra los males de la vida. La receta nos la da un seguidor de su escuela, llamado Filodemo de Gádara en un papiro, el número 1005, que se reproduce arriba,  que fue encontrado en su villa de Herculano, junto a Pompeya, en esa Italia profunda, culta y helenizada que se llamó la Magna Grecia.


La fórmula de Filodemo se conoce como el tetrafármaco o cuádruple remedio. La vacuna cuadrivalente que nos prescribe contra la desdicha para lograr un poco de felicidad en nuestra vida cotidiana, la única que tenemos,  reza en griego así:  Άφοβον ο θεός, ανύποπτον ο θάνατος και ταγαθόν μεν εύκτητον, το δε δεινόν ευεκκαρτέρητον. Una traducción libre de este conjuro cuadrivalente podría ser la siguiente redondilla:


No te inspire Dios temor,
ni la muerte ponga freno.
Que está a tu alcance lo bueno
y  se pasa lo peor.

O esta cuarteta, que dice más o menos lo mismo con otra rima: 

No te infunda Dios tormento,
ni la muerte suspicacias.
Que son los bienes sin cuento,
y uno lleva sus desgracias.

Los adjetivos griegos áfobon y anýpopton comienzan los dos con alfa privativa (a-  ante consonante como en a-cracia y an- ante vocal, como en an-arquía), cuyo significado es "libre de, carente de": áfobon está formado sobre el sustantivo fóbos, que significa "miedo" y es el origen de todas nuestras "fobias";  anýpopton, por su parte, está construído sobre el verbo hypopteúo, que quiere decir "sospechar, suscitar suspicacia o mirar con aprensión y recelo"; es un verbo compuesto a su vez del prefijo hypo, equivalente del latino sub-, esto es, desde abajo,   y del verbo simple opteúo, que quiere decir "mirar, ver", y que se relaciona con "óptico", por ejemplo. 


Por otra parte, los adjetivos eúkteton y euekkartéreton tienen en común el que están fraguados ambos con el prefijo eu-, que significa "bien", como vemos en helenismos tales como euforia, eutanasia, eufemismo... En palabras compuestas este sufijo denota que algo es llevadero, fácil. Algo que sea eúkteton es algo fácil de adquirir, del verbo ktáomai, que precisamente significa procurar, conseguir, lograr. Decir de algo que es euekkartéreton supone decir que es fácil de soportar, del verbo  ekkarteréo, que quiere decir sufrir, sobrellevar. 


Según Epicuro los bienes están al alcance de nuestra mano, delante de nosotros, y los males no son tan malos que no podamos soportarlos, pues como dice el refrán "no hay mal que cien años dure", pero  también  "no hay mal que por bien (en realidad, para bien)  no venga", lo que viene a mostrarnos lo relativas que son nuestras categorías morales 




Los dos grandes miedos contra los que lucha el epicureísmo, porque son los que envenenan la vida haciéndola imposible, son la religión y la muerte. Epicuro no niega la existencia de Dios o de los dioses, afirma simplemente que, si existen,  no se ocupan de los hombres. 


En cuanto a la muerte, es célebre la sentencia que escribió en su carta a Meneceo, donde establece que nosotros y la muerte somos incompatibles: El más aterrador, por tanto, de los males, la muerte, nada es para nosotros, por cuanto mientras nosotros estamos, la muerte no está presente;  y cuando la muerte esté presente, entonces nosotros no estaremos. Por tanto, ni para los que están vivos es,  ni para los que han muerto, por cuanto para unos no está, y los otros ya no están ellos. (Traducción de Luis -Andrés Bredlow).


 

domingo, 20 de marzo de 2016

¡Ya es primavera!



Un hermoso jarrón griego negro con dos asas del período arcaico tardío ático (año 510 antes de nuestra era) conservado/secuestrado actualmente en el museo del Hermitage de San Petersburgo (Leningrado en época soviética), nos anuncia la irrupción en nuestras vidas de la primavera. 

Si observamos de cerca el dibujo,  vemos que aparecen tres figuras masculinas, tres generaciones distintas: a nuestra derecha, un niño en pie; un efebo sentado a la izquierda,  y un  adulto también sentado y con barba en el centro, que sostiene un bastón.  Sobre sus cabezas sobrevuela la figura de un pájaro que atrae su atención y que los tres señalan y admiran.  Pese a la antigüedad del diseño, la escena representada podría muy bien ser la viñeta de un moderno cómic.






Si nos fijamos un poco, podemos leer las siguientes leyendas. El adolescente, que está sentado a la izquierda, exclama: δο χελιδών (¡Mira, una golondrina!). El niño, que está de pie y desnudo afirma: ατηί (Sí, ésa, ahí). Y el adulto sentado en el centro concluye: ν τν Hρακλέα (¡Sí, por Hércules!, con un juramento religioso levemente blasfemo que hoy resulta obsoleto, y que quizá habría que traducir, para adaptarlo y actualizarlo, con un "rediez, rediós, recristo" o algo así,  no muy malsonante). Entre el hombre del centro y el niño puede leerse la conclusión: αρ δη: (Ya es primavera)


Las figuras del ánfora griega  nos recuerdan que la primavera, una vez más, fiel a su cita anual, ya está aquí, porque la golondrina, que es su mensajera,  ha vuelto para anunciarla en el eterno retorno nietzscheano: Perséfone renace y vuelve a los brazos de su madre, y la tierra florece. 

Cabe preguntarse, sin embargo, si tanto la una como la otra son las mismas  o no lo son. Volverán las oscuras golondrinas, decía nuestro poeta romántico por excelencia, pero aquéllas, aquéllas... no volverán en la vida, porque no nos bañamos nunca dos veces en el mismo río: ni la corriente del río, advirtió Heráclito, que fluye y se nos escapa, ni nosotros, que también  huimos de nosotros mismos,  somos ya los que éramos cuando bajamos por primera vez a bañarnos.  

Y es que la primavera/Perséfone siempre retorna, aunque no sea la misma. Ya se encargan los grandes almacenes y superficies comerciales  con sus ofertas y reclamos de modas y temporadas de recordárselo a sus clientes,  incapaces de alejarse de sus pantallas -cavernas mediáticas de Platón- y de salir a comprobarlo al campo por sus propios medios. En efecto, ya es primavera en El Corte Inglés. Y esto no es publicidad. Que conste.


jueves, 17 de marzo de 2016

El excéntrico barón de Taormina




Era un secreto a voces en toda la isla que el barón alemán que se había instalado en Taormina era, además de excéntrico, finocchio, lo que en italiano viene a ser sinónimo de "maricón": no parecían interesarle mucho las mujeres y  sí bastante los lugareños, sobre todo los jóvenes, a los que tomaba como modelos para inmortalizarlos en sus fotografías


Se llamaba Wilhelm von Gloeden, y había venido a Sicilia con su hermana Sofía, que cuidaba de él, buscando un clima soleado y sano para sus pulmones enfermos. Todo el mundo supo en seguida en Taormina que el aristócrata germano era un artista que se dedicaba a hacer fotografías atrevidas de muchachos desnudos, y que pagaba bastante bien. “El barón paga, y paga bien, muy bien”. Se decían unos a otros aquellos campesinos sicilianos que se veían convertidos, de la noche a la mañana, en modelos inesperados de fotografías eróticas, artísticas, insistía el barón, sorprendidos de que se pudiera ganar dinero tan fácilmente por un trabajo tan sencillo como posar desnudos para el ojo indiscreto de una cámara fotográfica.


Algunos de estos modelos, como Pancrazio Bucini, alias “el moro”, se comenta, llegaron a ser incluso sus amantes. Pero eso eran habladurías más o menos infundadas. Ninguno reconoce lo que hacía con el barón von Gloeden, porque de esas cosas que se hacen en la intimidad después de las sesiones de fotografía, exclusivas de cierta camaradería masculina, no se habla, no se debe hablar en público.


Así pues, el aristócrata germano no sólo se recuperó de su tuberculosis, beneficiándose del clima soleado de la isla mediterránea, enclave donde se entrecruzan tantas culturas, sino que además encontró gracias a su afición a la fotografía la luz, la libertad de sus instintos y el erotismo prohibido de la pederastia griega (téngase presente que la isla de Sicilia y el sur de Italia, incluida Nápoles, la Nueva Ciudad o Nea Polis, habían sido colonias griegas en la antigüedad, y habían formado la comunidad que se llamó la Magna Graecia), retratando al aire libre muchachos desnudos que evocan muchas veces a los efebos griegos y que nos transportan como por arte de magia al mundo de Teócrito de Siracusa.




El estallido de la I Guerra Mundial y la entrada en guerra de Italia contra Alemania hacen que el barón von Gloeden abandone Sicilia de repente, y a sus queridos modelos sicilianos, a muchos de los cuales no volverá a ver nunca más, arrebatados por la patria y la guerra,  como carne de cañón sacrificada en el altar de las grandes ideas, muriendo en el frente de combate lejos de su ojo y objetivo.

El aristócrata alemán volvió a Taormina al concluir la guerra, donde se reencontró, sin duda, con la Arcadia feliz, paraíso perdido que había dejado atrás y que ahora recuperaba.

Devoto admirador de la antigüedad clásica, presentó a menudo sus imágenes como recreaciones del mundo del divino Homero, justificando así la desnudez de sus modelos en poses sugestivamente eróticas. Estas gentes sencillas, almas sin doblez, aceptan de buena gana ser pagados por el rico y excéntrico barón que ha vuelto aquí a curarse de la tuberculosis, y que recibe tantas visitas de gentes importantes del extranjero, como un tal Oscar Wilde, y que se ha reencontrado, otra vez, con la Sicilia de Teócrito, con la Magna Grecia, con el paganismo homoerótico de la antigüedad clásica, consigo mismo y su propia juventud.

Decíamos más arriba que muchos modelos del barón murieron en la guerra. Pero tanto el barón como los que eran demasiado jóvenes para ser llamados a filas han muerto ya de una u otra forma, han pasado a la historia, son historia: sus imágenes son fotografías en blanco y negro de muertos que nos están invitando desde el otro lado del espejo a gozar de la vida, de esta vida nuestra, la única que hay. Y parece que nos dicen, en esa vieja y entrañable lengua muerta que es el latín: carpe diem.




Si no se ha conservado más que una cuarta parte del ingente trabajo fotográfico del barón von Gloeden, se debe a que con el ascenso del fascismo en Italia, sus fotografías fueron consideradas pornográficas y confiscadas y destruidas. A los censores del régimen fascista de Benito Mussolini, asesorados por clérigos vaticanos, no les pasó desapercibido el carácter "degenerado" de sus fotografías.

El 16 de febrero de 1931, apenas tres meses después de la muerte de su hermana Sofía, el barón Wilhelm Von Gloeden moría también en su querida Taormina.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Retrato de la joven dama Tornabuoni por Ghirlandaio






En el retrato de la joven dama Tornabuoni de Ghirlandaio, que se encuentra en la Thyssen madrileña,  figura esta frase latina: ARS VTINAM MORES ANIMVMQVE EFFINGERE POSSES! PVLCHRIOR IN TERRIS NVLLA TABELLA FORET. A continuación, en números romanos, figura el año de composición del lienzo: MCCCCLXXXVIII, es decir, 1488, pleno Renacimiento italiano.


El texto latino está tomado de un dístico de nuestro poeta Marcial (Libro X, 32, versos 5 y 6):

Ars utinam mores animumque effingere posset!
Pulchrior in terris nulla tabella foret.

¡Ah si pudiera el arte plasmar el carácter y el alma!
¡Cuadro no iba a haber sobre la tierra mejor!

Al copiar el epigrama,  Ghirlandaio, el pintor, no sé si intencionadamente o quizá sin querer, ha cambiado la terminación del verbo en –t por –s, con lo cual lo ha convertido de tercera en segunda persona, por lo que el hexámetro se ha convertido en una apelación exclamativa:

¡Arte, ojalá, pudieras plasmar el carácter y el alma!

El caso es que viendo el retrato de esta joven Tornabuoni no he podido por mi parte resistirme a la tentación de compartir con vosotros el corto que he visto del realizador argentino Carlos Lascano titulado “Lila”, que retrata a una chica soñadora que me recuerda mucho a la dama florentina de Ghirlandaio y a la inolvidable Amélie Poulain de la  película fracesa "Amélie". La belleza de la actriz Alma García, con su amable sonrisa mitad pícara y mitad inocente, hace que nos enamoremos enseguida de esta joven que no se resigna a aceptar la realidad tal y como es, y no quiere admitir en su fuero interno que la realidad es lo único que hay,   y consigue  transformar nuestra percepción de ella haciendo dibujos con sus lápices de colores en la libreta de apuntes que siempre lleva consigo. Emocionante alarde de colorido y  romanticismo sin palabras en el que el arte consigue reflejar el espíritu que niega la realidad porque no se resigna y el alma humana.

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viernes, 11 de marzo de 2016

Vuelta a casa

El museo parisino del Louvre es el más visitado del mundo. Recibe anualmente la invasión de varios millones de personas. En el año 2013 casi llegaron a diez. 



Tres son sus obras de arte más codiciadas, filmadas y fotografiadas, que no vistas, por la marabunta de los turistas que se amontonan ante ellas. Constituyen el top three, una trinidad que no debe perderse ningún peregrino en su visita al templo de las musas de las bellas artes:    la misteriosa sonrisa de la Gioconda o Mona Lisa que pintó Leonardo,  la prima donna del museo, custodiada constantemente por dos vigilantes de seguridad y blindada tras una vitrina que no oculta los reflejos de la luz; le siguen en visitas, a gran distancia, dos damas más, esta vez escultóricas y de origen griego, la Venus de Milo, encontrada en la isla de Milo (Melos en griego antiguo, una de las cícladas), en 1820,  y la recientemente restaurada Victoria de Samotracia,  descubierta en 1863 en la isla de su mismo nombre, al nordeste del mar Egeo.


La mayoría, cámara, móvil o tableta en ristre, se dedica a sacarles una foto o a hacerse una selfi con estas damas para enseñársela a los amigos: no ven las obras de arte, las filman o las fotografían, que no es lo mismo, para verlas después o para que otros vean que las han “visto”, que han estado allí en su peregrinaje artístico.  No se dan cuenta de que para ver una obra de arte la cámara es un estorbo: basta con posar la mirada directa de nuestros ojos sin ningún filtro para admirarla.


La restauración de la Victoria de Samotracia, la obra maestra de la escultura griega del período helenístico, que data del siglo II antes de nuestra era, ha hecho que aumenten más todavía las visitas al museo.   Tras la restauración, ha salido a la luz un curioso contraste entre la blancura resplandeciente del mármol de la isla de Paros de la diosa y el mármol algo más apagado de la isla de Rodas de la proa de la nave sobre la que se posa en su vuelo. La restauración ha subrayado las formas femeninas de Niqué (victoria en griego, mejor que Nike). El que haya perdido los brazos y la cabeza no le resta atractivo, ya que está provista sin embargo de unas alas que baten al viento con sus plumas hinchadas, como si acabara de posarse sobre el navío victorioso,  y los pliegues de su vestido ondean al  aire todavía.

Ambas obras de arte,  la Afrodita de Milo y la Niqué de Samotracia, exiliadas desde hace más de ciento cincuenta años, deberían volver a su país de origen, a Grecia,  de su ya largo destierro parisino.


Os dejo con el estupendo corto de Aris Caloyerópulos (Ares Kalogeropoulos, en transcripción no fonética),  cuya música también ha compuesto él, que reclama en la lengua del Imperio la devolución del saqueo de todas las obras de arte, incluidos los mármoles de Partenón y la cariátide del Museo Británico, sin olvidar a las dos damas secuestradas en París, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia, a Grecia, su país de origen.



 

sábado, 5 de marzo de 2016

Julio César, el conquistador conquistado

Gallias Caesar subegit, Nicomedes Caesarem.
Ecce Caesar nunc triumphat, qui subegit Gallias:
Nicomedes non triumphat, qui subegit Caesarem.
Según Suetonio, el historiador y biógrafo de los doce césares, éstos eran los versos que cantaban los soldados en son de burla en la ceremonia del triunfo a Julio César en Roma, cuyo nombre propio daría nombre a julio, el séptimo mes del año (antiguamente llamado Quintil), y cuyo cognombre César llegaría a ser sinónimo de emperador que se adjudicarían todos sus seguidores, y pasaría como tal a diversas lenguas (Kaiser, césar, zar). El atrevimiento que muestra la soldadesca no estaba mal visto durante dicha ceremonia, muy similar al de nuestras murgas carnavaleras.  Durante el desfile del triunfo se le permitía a la tropa ridiculizar al general victorioso mediante pullas como ésta o similares a fin de rebajarle, como suele decirse, los humos.

César sometió a las Galias, Nicomedes a César.
Ved que ahora triunfa César, que las Galias sometió.
Y no triunfa Nicomedes,  que a César se la metió.

 Hay un significado erótico indudable en el verbo “subegit” que propiamente significa “empujar hacia arriba” y “poner debajo porque uno se pone encima”, por eso creo que no es muy descabellada la doble traducción que propongo “sometió” / ”se la metió”, ya que admite una doble lectura. Los versos aluden, pues, a la victoria efectiva que se estaba celebrando de Julio César sobre las Galias, que pasaban a engrosar el imperio romano. La ironía de la tropa está en recordarle al divino general que él también, el invencible, había caído rendido ante el rey de Bitinia Nicomedes. En efecto, según el biógrafo nos transmite, César habría tenido en su juventud un íntimo trato con dicho monarca oriental, que habría dañado seriamente su reputación, dado que César había entrado revestido de púrpura en la cámara real y se habría acostado desnudo en un lecho de oro a merced del monarca de Bitinia, que lo habría poseído. 

Suetonio dice que pasa por alto las acusaciones de Dolabela y de Curión, que no deja de mencionar sin embargo: según Dolabela César fue el “rival de la reina de Bitinia”, es decir, que ocupó el lugar femenino, y según Curión el “establo de Nicomedes” y la “furcia o putilla de Bitinia”. Gayo Memio lo acusa incluso, según el citado autor, de haber servido la mesa de Nicomedes en compañía de los eunucos del rey, y de haberle ofrecido la copa y el vino para que bebiera, recordando a Ganimedes, el copero celestial de Júpiter, como si de un catamito se tratara.

Lo que dañó seriamente la reputación de César no es haber tenido relaciones homosexuales, como diríamos hoy con un lenguaje que extrañaría al propio César, con el rey de Bitinia, pues eso hubiera sido un signo de virilidad y no un reproche si hubiera sido César el agente y Nicomedes el paciente, por así decirlo; lo que le reprochan los soldados es lo contrario: que César haya sido penetrado por el citado monarca. Las relaciones sexuales se ven, por lo tanto, como relaciones de dominio, en las que el macho dominante penetra a otro para ejercer sobre él su dominio. Lo malo del divino Julio no es que hubiera sido el marido de todas las mujeres, como también le decía la soldadesca, sino la mujer de todos los maridos.

El moralizante Salustio, contemporáneo de César y tan inmoral en su comportamiento como suelen ser por lo general los muy moralistas, lamenta que la sociedad romana haya incurrido abiertamente en la inmoralidad: “Los varones se entregaban como mujeres, las mujeres tenían su pundonor en venta”. Los dos síntomas de indecencia que enumera Salustio son en cuanto a las féminas la prostitución, y en cuanto a los varones las práctica sexuales pasivas, lo que él denomina con un eufemismo “muliebria pati”. Lo que está mal visto en un hombre hecho y derecho es su comportamiento sexual pasivo, porque eso supone sumisión a otro hombre que adopte un rol activo, y por lo tanto, una humillación cuando no una vejación.

jueves, 25 de febrero de 2016

Un adjetivo nuevo: petaloso



Oigo por la radio que un niño italiano de ocho años ha inventado una palabra nueva, el adjetivo “petaloso”. Una maestra les había pedido a los niños una redacción sobre una rosa, y un niño se sacó de la manga el adjetivo “petaloso” y se lo aplicó a la flor: una flor petalosa  (un fiore petaloso, en italiano, donde el término “fiore” es masculino). A la maestra le hizo gracia el hallazgo de su alumno y decidió escribir a la Academia de la Crusca, consutándole si podía darse por válida la palabra e incluirla en el diccionario. Y la Academia le ha  felicitado por el hallazgo. Tenemos tanto miedo de equivocarnos al hablar que necesitamos consultar a las autoridades académicas competentes si es correcto o no lo que decimos, como si nosotros no tuviéramos competencia lingüística, como si sobre la lengua mandara alguien que está allá arriba por encima de nosotros que nos dijera lo que está bien y lo que está mal dicho, cuando, como se sabe, sobre la lengua no manda nadie más que el pueblo soberano o la comunidad de los hablantes.

 El joven Matteo y su maestra

En realidad, el descubrimiento del niño no es sorprendente. No ha inventado nada que no estuviera ahí previamente descubierto y depositado en el tesoro común e inconsciente de la lengua. Ahí estaba desde los griegos la palabra “pétalon”, que originalmente significaba lámina u hoja de metal y nosotros utilizamos como metáfora para referirnos a las hojas transformadas que forman parte de la corola de la flor. Hemos heredado de nuestra lengua madre el procedimiento –oso/-osa para hacer adjetivos derivados de sustantivos, y así de “ánimo” decimos “animoso”, de miedo “miedoso” o de viento “ventoso” con el significado de “lleno de ánimo, de miedo o de viento”, respectivamente.

Lo que hizo Matteo, que así se llamaba el niño, es tomar la palabra “pétalo” que tenemos en italiano y en castellano,  y que nos ha entrado a través del latín “petalum”,  y formar un adjetivo normal y corriente: “petaloso”: lleno de pétalos, para aplicárselo posteriormente a una flor, por ejemplo, a una rosa, la rosa petalosa. De hecho, la palabra “petalous” existía ya y estaba patentada en inglés, la lengua del Imperio,  donde pétalo se dice petal y lleno de pétalos petalous  aunque eso no lo supiera Matteo todavía ni le quita mérito a su hallazgo.

La historia tiene su encanto porque la palabra la ha puesto en circulación un niño, porque las autoridades académicas la han admitido enseguida en el diccionario de la lengua, y porque, a través de los medios de comunicación, se ha convertido en viral, es decir, que se ha propagado como un virus en tuíter por la Red Informática Universal, y en  tremding topic, que dicen ahora con anglicismo flagrante, es decir que se ha puesto tan de moda que hasta el presidente del consejo de ministros italiano, para dar ejemplo, ha hablado de no sé qué proyecto “petaloso”. Por aquí también decimos a veces, “espinoso”,  porque las rosas no sólo están llenas de pétalos, sino también, ya se sabe, de espinas.    


El procedimiento que ha seguido Matteo es muy viejo. Ya lo empleó Cicerón, por ejemplo, cuando le añadió a la palabra existente latina “mos moris”, que quiere decir,  costumbre, cuya raíz es mor- la terminación de adjetivo “-alis –ale” , inventando y poniendo en circulación el exitoso “moralis morale”. Traducía así el arpinate al latín el adjetivo griego “ethikós”, derivado de “éthos” costumbre, para referirse a lo que está sancionado por las “buenas”  costumbres. Inventaba, de paso, Cicerón la y lo moral. De ahí ya sólo faltaba un paso para inventar inmoral, con prefijo negativo, para lo que no está bien visto porque no es lo que Dios manda,  y amoral con prefijo separativo, para lo que propiamente no se puede calificar de moral ni de inmoral, porque escapa de nuestras consideraciones maniqueas.

El tesoro inconsciente de la lengua no es propiedad privada de nadie, sino que es común, tanto como el aire que respiramos. Sobre la lengua, por mucho que se empeñen las autoridades académicas, no manda nadie. Lo que es del común no es de ningún.

jueves, 18 de febrero de 2016

Algunas etimologías



Las palabras son como los seres vivos,  tienen su propia biografía. Su historia, de la que se ocupa la etimología,  revela algunas curiosidades dignas de tener en cuenta para entender un poco mejor el mundo en el que vivimos y la falsía de la realidad. 

Tomemos una frase como: El soldado, que acababa de cobrar su sueldo por desempeñar su trabajo tan respetable como otro cualquiera, fornicó con una prostituta en un sarcófago


 mujer soldado

sueldo y soldado, por ejemplo, comparten etimología: procede de sóllidus, el nombre de una moneda de oro del bajo imperio romano; soldado, deriva de solidatus, pagado con sólidos. Enseguida nos viene a la mente otra palabra de la misma familia, que ya ha caído en desuso: soldada: lo que se pagaba a los quintos al mes cuando hacían la mili o servicio militar obligatorio: una miseria que no les daba ni para tabaco. Ahora que el ejército español, dependiente del Ministerio de la Guerra, que es como se llamó siempre lo que ahora se denomina  Ministerio de Defensa con ridículo eufemismo, se ha modernizado, dando entrada a las mujeres y profesionalizándose, no viene mal recordar esta etimología. El ejército profesional es un ejército mercenario, de soldados a sueldo, un ejército de soldados y soldadas que luchan por la paz en todos los frentes de combate en misiones humanitarias propias de hermanistas de la caridad armadas de pistolas de verdad. Y que a veces se disparan. Y que matan. Solidus también es un adjetivo que significa sólido, macizo, duro; para denominar su moneda de oro, los romanos recurrieron a la misma metonimia que los españoles para su moneda de cinco pesetas, el duro. Esos duros que nadie te daba a cuatro pesetas porque valían cinco precisamente.

trabajo, procedería de un término latino tripalium, literalmente tres palos, una especie de horca o instrumento de tortura a la cual se ataba el esclavo perezoso o desobediente para ser azotado.

 fornix, fornicis m.:  arco, bóveda; puerta o pasaje ab ovedado; arco de triunfo; acueducto; burdel.

fornicar procede de fornix, arco, arcada o soportal de un edificio, que era donde se ponían las prostitutas en la antigua Roma a ejercer el oficio más antiguo del mundo. De ahí que fornix acabó significando también prostíbulo, y de ahí nos viene a nosotros el nombre del fornicio.(Por cierto había un mandamiento, creo que era el sexto, que ahora reza "no cometerás actos impuros" pero antes decía, me acuerdo bien, que así lo tuve que aprender: "no fornicarás") .


prostituta, es un derivado del verbo prostituere compuesto del prefijo pro- que significa delante de- y del verbo statuere, que propiamente es colocar, poner; por lo que prostituir sería en principio poner en venta, exhibir en público; de donde nuestro "entregar a una mujer a la pública deshonra a cambio de un precio".    El verbo prostituir está relacionado etimológicamente con otros verbos más "respetables" como constituir, destituir,  instituir, restituir, sustituir compuestos todos que son de estatuir. 


sarcófago, del griego σαρκοφάγος que significa literalmente come-carne, o sea, carnívoro, o sea que lo contrario de un vegetariano es un sarcófago 

sábado, 13 de febrero de 2016

No dejan títere con cabeza


 
Lo que más me ha llamado la atención de la detención en Madrid de los dos titiriteros que han permanecido sin juicio previo cuatro días en prisión por orden de un juez(!) es la unanimidad que ha habido en juzgar que el espectáculo no era apto para el público infantil al que en principio iba dirigido, porque contenía escenas de violencia. Que yo sepa –y no es que yo sepa mucho, sino todo lo contrario- los títeres de la cachiporra se llaman así porque al final el bueno da un cachiporrazo al malvado, que suele ser la bruja. Y eso no se considera especialmente violento sino apto para todos los públicos.

Sin embargo, cuando es la bruja, como en el espectáculo de Títeres de abajo,   la que le da el cachiporrazo final a Don Cristóbal, porque “a todo cerdo le llega su Sanmartín”,  el espectáculo se convierte en violento, apto sólo para mayores de dieciocho años –y no sin reparos-, chabacano y de mal gusto, aparte de incurrir por si fuera poco en  el delito de apología o, como dicen ahora, “enaltecimiento del terrorismo”.

No hay quien lo entienda. No hay quien entienda cómo se aplican dos varas distintias de medir, y cómo se considera educativo o por lo menos no inapropiado un espectáculo sí y el otro no. 

Según la tradición, el lobo es el malvado de los cuentos infantiles. Puede venir un poeta, como José Agustín Goytisolo, y desmitificarnos a este personaje, haciendo uso de su libertad de expresión, y decirnos lo contrario:   “Érase una vez / un lobito bueno / al que matrataban/ todos los corderos./ Y había también/ un príncipe malo,/ una bruja hermosa /y un pirata honrado. / Todas estas cosas había una vez. / Cuando yo soñaba/ un mundo al revés”.Y la cosa tiene su gracia y nos da qué pensar sobre la relatividad de nuestros juicios morales y convenciones sociales.

Pero, según parece, hay cosas que no se pueden decir sin incurrir en un delito.  Esto me recuerda a aquel aforismo de Rafael Sánchez Ferlosio: (Última hora) Los hombres matan, la poli abate. Y es que la violencia institucional no es violencia, está legítimamente justificada, ni siquiera se la llama por su nombre, sino que se utiliza un eufemismo: la policía nunca mata a un hombre, lo reduce, lo derriba, lo abate a tiros, como dice Ferlosio, pero, aunque le quite la vida, no lo mata nunca. Los terroristas, sin embargo, matan, asesinan, nunca abaten a sus víctimas... Y si se muestran imágenes o se critica una actuación policial, se incurre en el delito de: ¡enaltecimiento del terrorismo!¿Qué diríamos entonces de este Polichinela, sacado de Cuentos del mundo de los niños (1878), que viene nada más y nada menos que de la Commedia dell´Arte italiana y de una larga tradición cultural europea que remonta a la sátira latina y a la comedia atelana por lo menos,  que les da el cachiporrazo final a dos policías? ¿Desacato a la autoridad? ¿Terrorismo? 


¿No podríamos considerar que los títeres tradicionales de la cachiporra fomentan la violencia machista contra las mujeres, justificando los malos tratos que pueden recibir las tachadas muchas veces de brujas? Sin embargo, a ningún padre que estuviera en sus cabales se le ocurriría llamar a la policía para que detuviera a los titiriteros ni a ningún juez, creo yo, enviarlos a prisión por fomentar lo que ahora se llama con inapropiado anglicismo “violencia de género”. Sólo a alguien que no estuviera en su sano juicio se le ocurriría prohibir un espectáculo así, tan políticamente incorrecto, si bien, se mira, sin embargo. Y yo no soy, que conste, partidario de ninguna prohibición.


En estos tiempos que corren, tan malos para la lírica, la épica y la poesía dramática en general tanto trágica como cómica, y no digamos para la sátira –satura quidem tota nostra est, que dijo Quintiliano, reivindicando la originalidad latina de este género literario- lo que veas:  unos padres han perdido los papeles llamando a la policía, en lugar de marcharse y llevarse a sus hijos si no les gustaba el espectáculo que estanban viendo, y un juez ha prevaricado privando a dos artistas de su libertad de expresión. ¿Para qué vamos a hablar del lamentable papel que han jugado casi todos los medios de comunicación que, como don Quijote de la Mancha enloquecido y desvariando cuando acudió a la representación de "El retablo de la libertad" del titiritero maese Pedro, han blandido sus espadas y no han dejado títere de trapo con cabeza? 

Así retrataba, por cierto, nuestro Cervantes magistralmente la escena: "Viendo y oyendo, pues, tanta morisma y tanto estruendo don Quijote, parecióle ser bien dar ayuda a los que huían, y levantándose en pie, en voz alta dijo: —No consentiré yo que en mis días y en mi presencia se le haga superchería a tan famoso caballero y a tan atrevido enamorado como don Gaiferos. ¡Deteneos, mal nacida canalla, no le sigáis ni persigáis; si no, conmigo sois en la batalla!  Y, diciendo y haciendo, desenvainó la espada y de un brinco se puso junto al retablo, y con acelerada y nunca vista furia comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a este, destrozando a aquel, y, entre otros muchos, tiró un altibajo tal, que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad que si fuera hecha de masa de mazapán." 



 Don Quijote no dejando títere con cabeza
 

martes, 9 de febrero de 2016

El gorrión de Lesbia

Dos versiones musicales del "lugete o Veneres Cupidinesque" de Catulo, la elegía al gorrión de su amada Lesbia -la primera, acompañada musicalmente de la lira con armonía lidia, de género cromático (CBAGbFMR), y la segunda la del grupo Tyrtarion- , y la versión rítmica castellana que hizo del poema Agustín García Calvo: todo un lujo para estos tiempos tan malos para la lírica que corren.



Llorad, dioses de amores y amorcillos,
y cuanto haya de hombres amorosos:
muerto está el gorrioncillo de mi niña,
gorrioncillo de encantos de mi niña,
el que más que a sus ojos ella amaba,
una miel que era él y que a su amita
más que un niño a su madre conocía,
y ni de su regazo se apartaba,
que, de acá para allá alrededor brincando,
a su dueña tan sola le pïaba.
Que ahora va por la senda de tinieblas
a de donde se cree que nadie vuelve.
¡Ah, malditas seáis, tinieblas malas, 
que os tragáis cuanto haya de más lindo!:
gorrioncillo tan lindo me robasteis.
¡Oh mal crimen! , ¡ah triste pajarcillo!,
por tu culpa los ojos de mi niña
hinchaditos de llanto se enrojecen.


sábado, 6 de febrero de 2016

Un eco de Propercio

El poeta Propercio no ha tenido mucha resonancia en nuestras letras, al menos no tanta como la que se merece, si exceptuamos algún eco lejano en Quevedo y poco más. Ha sido mucho más celebrado en la literatura alemana (Goethe) y en la anglosajona (Ezra Pound y Derek Walcot, por ejemplo).

Ezra Pound en la elegía II de su "Homenaje a Sexto Propercio" hace hablar así a Calíope, la musa de la poesía épica, y le recrimina al poeta:

And one among them looked at me with face offended,
Calliope:
'Content ever to move with white swans!
'Nor will the noise of high horses lead you ever to battle;
Nor will the public criers ever have your name;
in their classic horns,
'Nor Mars shout you in the wood at Aeonium,
Nor where Rome ruins German riches,
'Nor where the Rhine flows with barbarous blood,
and flood carries wounded Suevi.
'Obviously crowned lovers at unknown doors,
'Night dogs, the marks of a drunken scurry,
'These are your images, and from you the sorcerizing of shut-in young ladies,
'The wounding of austere men by chicane.'
Thus Mistress Calliope,
Dabbling her hands in the fount, thus she
Stiffened our face with the backwash of Philetas the Coan.

 
 Ezra Pound

Y una entre ellas me miró con cara ofendida,
Calíope:
"Siempre contento de ir llevado por los cisnes blancos! 
Nunca el rumor de los altos caballos te llevará a batalla;
Nunca los pregoneros dirán tu nombre por sus cuernos clásicos,
ni Marte te gritará en el bosque en Eonio,
ni donde Roma arruina las riquezas germanas,
ni donde el Rin corre con sangre bárbara,
y la corriente lleva a heridos Suevos.
Amantes coronados obviamente, junto a puertas desconocidas,
perros nocturnos, las señas de una fuga de borrachos,
estas sos tus imágenes y por ti el hechizamiento de jóvenes señoras encerradas,
la ofensa a hombres austeros con chicana."
Así la Señora Calíope,
mojando sus dos manos en la fuente, así
salpicó nuestra cara con el agua de Filetas de Coo.
(Traducción de Armando Uribe Arce)
 

Entre nosotros, el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (1925-...)  compuso este bello poema "Imitación a Propercio", no sé si inspirado directamente en el poeta latino o en el “Homage to Sextus Propertius” de Ezra Pound, autor al que Cardenal tradujo al castellano (Ezra Pound,  Antología Madrid: Visor, 1984).

Ernesto Cardenal se hace eco aquí de la recusatio o negativa de Propercio a cantar las gestas de Augusto y poesía épica en general de glorificación de los poderosos, siguiendo el consejo interesado de Mecenas,  y prefiere dedicarse a la musa lírica, a sus amores, a su querida Cintia.   

 Ernesto Cardenal



Yo no canto la defensa de Stalingrado
ni la campaña de Egipto
ni el desembarco de Sicilia
ni la cruzada del Rhin del general Eisenhower:

Yo sólo canto la conquista de una muchacha.

Ni con las joyas dela Joyería Morlock
ni con perfumes de Dreyfus
ni con orquídeas dentro de su caja de mica
ni con cadillac
sino solamente con mis poemas la conquisté.

Y ella me prefiere, aunque soy pobre, a todos los millones de Somoza.