martes, 26 de junio de 2018

De Diógenes y Crates

La miniatura anónima (circa 1490) que ilustra el Libro de las buenas costumbres de Jacques Legrand y muestra a los filósofos cínicos Diógenes dentro de su barril leyendo un libro y a Crates con la herencia que ha recibido de su padre a cuestas, de la que se desprende inmediatamente para poder ser libre, nos sirve para presentar la vida imaginaria de Crates que escribió Marcel Schwob.

El título, en francés antiguo, dice: Cómo el estado de pobreza puede ser para cualquiera agradable. 

El autor francés Marcel Schwob (1867-1905) escribió en 1896 unas "Vidas imaginarias" donde relató unas biografías breves de veintidós personajes reales de todos los tiempos no muy conocidos por el gran público en las que mezclaba una exquisita erudición con algunas anécdotas imaginarias que individualizaban al personaje. Por lo que se refiere al mundo clásico de Grecia y de Roma redactó las vidas imaginadas de Empédocles, Eróstrato, Crates, Séptima, Lucrecio, Clodia y Petronio.  Borges tomó este libro como modelo para su Historia universal de la infamia, cuyos protagonistas son reales pero sus hechos son a veces  fabulosos e imaginarios.


Nos interesa particularmente la biografía que le dedica a Crates, el discípulo de Diógenes. Schwob contrapone a ambos filósofos cínicos: de Diógenes dice que mordía como los perros, de Crates que vivía como ellos. Diógenes sería el perro mordaz, agresivo, mientras que Crates sería perro ladrador como Diógenes, sí, pero poco mordedor. Crates también criticaría, según este autor, a su maestro por vivir en un tonel como si fuera un caracol o un paguro, cuando podía vivir al aire libre sin necesidad de techo, igual que él, como un homeless, un sin hogar, un sin techo. Crates sería, según Marcel Schwob, la versión amable de Diógenes, el mejor amigo del hombre.
 

domingo, 24 de junio de 2018

Mare nostrum

La información sobre los flujos migratorios humanos que se producen en el mar Mediterráneo en dos direcciones, del sur hacia el norte y de este a oeste, de las que tenemos noticias no sólo dramáticas sino trágicas a diario, oculta otra información no menos relevante, de la que carecemos porque nos privan de ella, de circulación en sentido contrario de Europa y Norteamérica hacia África y Oriente Medio: la de las fuerzas militares de la OTAN/NATO y la del armamento que los gobiernos occidentales de dicha alianza, incluido entre ellos el de España, venden a los países de los que proceden los refugiados, que son las víctimas de las guerras, población civil principalmente compuesta por mujeres y por niños. 



Cuando hablamos de guerras en este ámbito que va desde las columnas de Hércules del Océano Atlántico hasta el Mar Negro por un lado y por otro desde el Golfo Pérsico hasta el Océano Índico nos referimos a las dos guerras de Iraq, las otras dos guerras que destruyeron la vieja Yugoslavia y Libia y, en la actualidad, la guerra que está devastando Siria. 

Esta doble circulación de población civil que huye de los desastres de la guerra y del flujo de tropas militares y armamento que las provocan está sembrando el viejo Mare Nostrum de cadáveres humanos. 

 
 El Liberty transporta armamento; el Aquarius, salvamento marítimo.

Un collage fotográfico publicado por Il Manifesto refleja gráficamente esta doble circulación y representa la causa y el efecto. Por un lado el navío militar Liberty Pride, que hizo escala en Livorno (Italia) los días 12 y 13 de junio, con un cargamento de armas mensual dirigido a Jordania y Arabia Saudita para las guerras de Siria y Yemen; por otro lado el Aquarius, que entró en el puerto de Valencia el 17 de junio con 106 migrantes a bordo, en el que viajaban mujeres embarazadas y varios menores. 


Escribía Santiago Alba Rico un artículo muy sugerente lleno de refencias clásicas, ya desde su propio título Nuestra Antígona, donde denominaba “palinuros” a las víctimas que han muerto ahogadas en el Mediterráneo en la peligrosa travesía, recordando al piloto de la nave de Eneas, otro refugiado de guerra que huyó de la destrucción de Troya por las tropas aliadas de Agamenón, en busca de mejores costas, y que por la noche cayó al mar durante la travesía nocturna, consiguió llegar a nado hasta la costa italiana donde encontró la muerte de manos de unos bandidos: Entre 1993 y 2013 se ahogaron 20.000 palinuros, con sus propios nombres, cruzando de África a Europa. Sólo en 2016 fueron 5.000. En 2017 fueron 3.000; y 400 en los dos primeros meses de 2018. ¿Cuántos más yacerán en olvidado abismo, en olvidadiza arena, sin nombre ni registro? Desde la Segunda Guerra Mundial nunca había habido en Europa tantos cadáveres insepultos. 

Evoca Alba Rico en un hexámetro de la Eneida de Virgilio, el último del libro V, el naufragio del timonel de la nave de Eneas vencido por el dios del sueño: nūdus in ignōtā, Palinūre, iacēbis harēnā: En olvidado arenal yacerás, Palinuro, desnudo. 

miércoles, 20 de junio de 2018

Hastío de la vida (taedium uitae)

La expresión latina “taedium uitae” (aborrecimiento de la vida), esbozada en Séneca, aparece como tal por primera vez en autores como Tácito, Plinio el Viejo y Aulo Gelio, y de ahí se extiende a la literatura cristiana, donde designa el disgusto por la vida terrenal, y se acompaña muchas veces como lógica consecuencia del “desiderium mortis” (deseo de la muerte)

 Muerte de Marat (David) / Epigrama 472 B Antología Griega VII  (Leónidas de Tarento) 

¿Cómo no recordar aquí el “Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero” de Teresa de Ávila? 

Llega después hasta la literatura moderna, donde son numerosísimos los testimonios de este hastío de vivir que se hace endémico en el siglo XIX y XX: Gabrielle D' Annunzio, Oscar Wilde, Herman Hesse, Jean Paul Sartre, Giacomo Leopardi, que lo denominó en italiano “noia di vivere”, o Fernando Pessoa, que lo clavó en este aforismo: El tedio no es la enfermedad del hastío de no tener nada que hacer, sino la enfermedad más grave de sentir que no vale la pena hacer nada.



La palabra “taedium”es el origen de nuestro tedioso tedio. Significaba cansancio, fatiga, aversión, repugnancia, asco, aburrimiento... La encontramos en “fastidium”, que es un compuesto de *fastitidium donde se ha evitado por haplología la repetición cacofónica de la sílaba -ti-,  compuesto de "fastus" (orgullo, altivez, altanería, desdén) y "taedium" (molestia, disgusto...). La palabra "fastidium" evoluciona al castellano dando origen a un doblete: el cultismo fastidio y la palabra patrimonial hastío, en la que ha desaparecido la f- inicial dejando el recuerdo ortográfico e innecesario de una hache, y ha desaparecido también la -d- intervocálica como lo sigue haciendo en nuestros participios: *hablao, y, en el sur, *venío.

Se ha relacionado a veces la depresión, la melancolía y el “taedium uitae” con órganos de nuestro cuerpo buscando una explicación fisiológica de tales males. Prueba de ello es la palabra spleen, que tiene su origen en el griego σπλῆν σπληνός ὁ —splḗn, que era el nombre de la glándula del bazo. En inglés asimismo quiere decir bazo, escrito spleen. El diccionario de la Real Academia Española acepta la grafía "esplín", adaptada de la pronunciación inglesa, y define el término como “melancolía, tedio de la vida”. En francés, spleen representa el estado de melancolía sin causa definida o de angustia vital de una persona, que acertó a poetizar Baudelaire. 

Contra esta melancolía atrabiliaria -ambas palabras, griega la primera y latina la segunda significan como calcos semánticos que son la misma cosa: bilis negra-, encontramos en cambio el antídoto de una sentencia medieval donde se dice que es la cosa más tonta (lo más necio o estúpido que hay) el desiderium mortis que podría llevarnos a acelerar el viaje al Orco, es decir, a los infiernos por hastío de la vida. Así reza en latín: Taedio uitae properare ad Orci iter stultissimum est.

lunes, 18 de junio de 2018

De la abdicación de Lucio Cornelio Sila

No sólo les parecía una cosa fuera de razón a los que sufrían la tiranía de mala gana y con pesadumbre, sino verdaderamente a todo el mundo, amase o no la libertad, que alguien como Lucio Cornelio Sila, que con tantos trabajos había por fuerza alcanzado la dictadura, dijera ahora en el foro que, satisfecho ya su apetito de mandar, dejaba por hastío de las guerras, por hastío del poder y por hastío de la propia ciudad de Roma la dignidad del cargo que ostentaba, pasando de tirano que fuera a simple particular, retirándose por consiguiente a la quietud y soledad, como había hecho el primer dictador de la república romana, el legendario Cincinato, a fin de que el resto de su vida trascurriera lejos del mundanal ruido en la paz del ocio, apartado de todos los negocios, y en el silencio de la aldea. 

Moneda acuñada con la efige del cónsul Sila (Sulla cos.)

Había mandado, en efecto, quebrar las varas que eran insignia de su dictadura, licenciado su guardia personal y se hacía acompañar sólo de algunos amigos por toda Roma, siendo mirado por todo el pueblo con espanto y maravilla, por la novedad del insólito suceso de que alguien tan poderoso hubiera renunciado por propia voluntad a su poder.

Otro dictador vendrá después de Sila, que no querrá hacer como él, y no abdicará de un cargo que quería vitalicio. Gayo Julio César, en efecto, morirá asesinado en las idus de marzo del año 44 antes de Cristo en nombre de la libertad y la república.

Solamente hubo un muchacho que se atrevió a seguir un día a Lucio Cornelio Sila hasta su casa descerrajándole a la cara algunos pesares por la calle, lo que le hizo reflexionar a éste: “Yo, que nunca solía soportar una palabra de reproche cuando estaba en el poder, tengo que sufrir ahora con paciencia las amargas impertinencias y afrentas de este mocoso”. Hemos de imaginar la irritación del mirar fiero y desapacible de sus ojos azules que se hacía todavía más terrible al que lo miraba por el color de su semblante, donde se mezclaba a trechos lo rubicundo y colorado con una palidez que se diría sepulcral.

 Busto de Lucio Cornelio Sila

¿Quién era aquel mozalbete, poco más que un niño todavía,  que se atrevía a echarle en cara sus crímenes? Probablemente el hijo de alguno de sus muchísimos enemigos, algún vástago resentido de alguno de aquellos cien mil ciudadanos romanos que habían muerto en el curso de la guerra civil, o un huérfano malencarado de alguno de los noventa senadores, quince cónsules, más de dos mil seiscientos caballeros que había hecho asesinar, privando a muchos de sepultura, o que había proscrito, condenado al destierro y confiscado todos sus bienes, dejando en la más absoluta ruina de la miseria a sus herederos...

Resolvió, pues, retirarse a la Campania, a sus propias posesiones, en donde deleitándose con la soledad marítima, pasaría el tiempo consagrado a la pesca y semejantes ejercicios.

Dicen las crónicas que, sin embargo, se le apareció una noche entre sueños un demonio en forma de fantasma ensangrentado que le llamaba no una vez o dos, sino insistentemente, haciendo eco de sí mismo, y que habiendo Sila por la mañana contado esta pesadilla a sus íntimos, no poco supersticioso como era, hizo testamento. La noche siguiente a ese día hubo que llamar al médico de urgencia porque le sobrevino una fuerte calentura. A los pocos días llegó a su fin el curso de su vida. Contaba 59 años de edad al retirarse de la política. Fallecía al año siguiente a la edad de sesenta años.

sábado, 16 de junio de 2018

Crates e Hiparquia

Jerónimo Fernández de Mata, autor español del siglo XVII del que muy poca cosa sabemos, escribió un diálogo en prosa donde reivindica la figura femenina de Hiparquia, la primera mujer filósofa de la que tenemos noticia en el mundo griego que rompió con el estereotipo femenino, muy anterior a Hipacia de Alejandría, y la de su compañero Crates, discípulo de Diógenes, miembros ambos de la escuela cínica. 

Se trata de un diálogo ficticio, donde el autor atribuye unos pensamientos “por conjetura discurridos” a estos personajes, a los que pide disculpas de antemano por “humillar” su nombre, cuando lo que hace en realidad no es tanto humillarlos como tergiversarlos y sacarlos de la calle para meterlos en Palacio. 

Portada del diálogo “Crates e Hiparquia, marido y muger, filósofos antiguos” de Jerónimo Fernández de Mata, publicado en 1637.


Tanto Hiparquia como Crates, en efecto, eran filósofos cínicos y, por lo tanto, debían parecerse más a dos perros callejeros, libres y sin dueño, felices y orgullosos de serlo, que al matrimonio convencional que nos presenta el autor de dos cortesanos que se avienen a aconsejar al Príncipe sobre la mejor forma de gobierno. 

Con Fernández de Mata estamos más cerca del estoicismo de Séneca que del cinismo originario. No en vano dice el autor al comienzo del diálogo que su breve libro se niega “a la plaza” y que “mengua sería si al concurso popular agradase” porque no tiene la presunción de gustar a todo el mundo, sino a un solo individuo. Quién sea ese individuo aparecerá claramente al final del diálogo, en el que Crates narra la larga y parece que infructuosa búsqueda de su maestro Diógenes, linterna en mano, del Hombre, hasta encontrarlo al fin y pararse a oírle: el Gran Hombre resultará que era Alejandro Magno. La obra está dedicada al rey español Felipe IV el Grande,  y finaliza de un modo sorprendente con el menosprecio de la Corte, donde reina la mentira, y la alabanza de la soledad y el retiro apartado de su mundo.

Diógenes, J.W. Waterhouse (1882)
 


Hemos editado el diálogo aquí mismo, al que hemos tenido acceso gracias a los libros que digitaliza Gúguel, con un prólogo, notas explicativas a pie de página, unas apostillas sobre la transmisión árabe de anécdotas cínicas de Diógenes y un epílogo final, con la esperanza de poder contribuir a que se entienda un poco el fenómeno tan repetido en nuestro mundo de cómo la cultura dominante es capaz de neutralizar y asimilar si no totalmente, porque siempre queda afortunadamente algún resquicio para la rebeldía, sí mayoritariamente aquellos movimientos populares y contraculturales como este de los cínicos antiguos que se levantan contra ella.



El grabado anacrónico de arriba en tela del siglo XVII  representa a Hiparquia y a Crates de Jacob Cats (1577-1660). La escena representa a Crates que intenta disuadir a Hiparquiar de su amor, apasionada de él de él como está, haciéndole saber lo pobre que es y lo feo de su aspecto físico,  mostrándole tras haberse despojado de su palio y de su cayado, sus únicas posesiones que yacen por el suelo, la joroba que le sale en la espalda y deforma su cuerpo. Ella sin embargo, contra la opinión de su familia, rechazando las muchas proposiciones de sus pretendientes más ricos, más jóvenes y más atractivos que él, decidirá unirse a Crates en lo que ha sido denominado la “cinogamia” o canigamia”, es decir, una unión libre entre cínicos a manera de perros.




domingo, 10 de junio de 2018

Juicio a la educación

Bryan Caplan, profesor de Economía de la Universidad norteamericana George Mason del condado de Fairfax en el Estado de Virginia, declara contra el sistema educativo que “sólo sirve para tirar el tiempo y el dinero”. Hace bien este profesor de economía equiparando “tiempo” y “dinero” porque, como suele decirse en su lengua, que es la del Imperio, “time is money”, y si perdemos una de estas magnitudes no perdemos una sola, sino ambas juntas, porque son lo mismo. En nuestra lengua, que es la de Cervantes, también se dice que el tiempo es oro.


Este profesor ha escrito un libro, que no he leído ni pienso leer, por cierto, titulado Juicio a la educación, literalmente “contra la educación” (The Case Against Education). No he pasado de la introducción donde escribe lo siguiente, dirigiéndose al lector: “Piensa en todas las asignaturas que has cursado. ¿En cuántas has aprendido algo útil? Las clases que no te van a servir de nada después de graduarte empiezan ya en la guardería”.

Este profesor trata de incendiar el sistema educativo con sus proclamas aparentemente revolucionarias. De la quema sólo se salvan muy poquitas cosas, aquellas útiles e instrumentales, que son según él en la escuela primaria aprender a leer y escribir y a hacer cuentas; en la secundaria algo de matemáticas y carpintería(!), y en la Universidad alguna que otra carrera, muy pocas a la sazón, como Ingeniería e Informática. El resto es totalmente prescindible y superfluo. Es decir, para Caplan sólo interesa aquello que va a insertarte en el llamado mundo del trabajo o, mejor y más propiamente dicho, mercado laboral. 

El argumento básico de este economista al que algunos se han apresurado a considerar filósofo, e incluso “nuevo filósofo”, dando a entender que es alguien que dice cosas sabias como los filósofos pero más novedosas que las que han dicho estos a lo largo y ancho de la historia, es que “la educación es un derroche de tiempo y dinero porque gran parte de sus beneficios no provienen de aprender habilidades útiles para el trabajo”. 

Caplan se define en las entrevistas que le hacen como “libertarian”, que algunos se apresuran a traducir al español como “libertario”, es decir, defensor a ultranza de la libertad del ser humano, cuando en realidad debería traducir ese adjetivo por “liberal” o “neo-liberal”, que no es lo mismo. Es verdad que Caplan critica la dependencia del Estado como los anarquistas decimonónicos y del siglo XX, pero no cuestiona la dependencia del predominio absoluto del Capital. En este punto, en la crítica del Estado, se encuentra con los anarquistas, pero no en la defensa a ultranza que hace del modo de producción capitalista, que ni siquiera se le ocurre cuestionar. Por eso su crítica no es como pretende una enmienda a la totalidad, sino un ataque a la política social de los gobiernos, a los que recrimina que malgasten el dinero de los votantes y contribuyentes en algo como la educación cuya utilidad práctica es nula.

Bryan Caplan es un firme defensor de la Formación Profesional porque prepara a los estudiantes para el trabajo enseñándoles “habilidades laborales específicas” para el desempeño de una profesión, y crítico de la Formación Universitaria de índole humanística, por la misma razón, porque no prepara para la inserción en el mercado laboral. En este sentido, se adelanta a lo que muchos gobiernos y ministerios de educación europeos y principales partidos políticos tanto de izquierdas como de derechas, da igual, siempre están cacareando, porque lo que quieren es trabajadores especializados y sumisos: hay que fomentar la Formación Profesional. 


Sugiere este profesor, que trabaja en una universidad pública, por cierto, que se deje de financiar con fondos públicos la enseñanza. Todo el dinero debería provenir de las matrículas de los alumnos y deberían desaparecer las becas, dejándolo todo en manos de la iniciativa privada.

La opinión de Caplan no es exclusiva de él, ni siquiera de una minoría, sino que está en línea con la de muchos gestores -no vamos a decir pensadores ni muchos menos filósofos, le queda demasiado grande el traje de esa palabra- que abogan por reducir la financiación pública del sistema de enseñanza o educativo, si se prefiere este último término. Se trata de economizar gastos, de rentabilidad, de evitar que se invierta (sic por el terminajo económico) en algo que es poco eficiente porque no interesa. ¿A quién no le interesa? Al Capital, obviamente, cuyo interés, por otra parte, según la conocida fórmula, es incrementarse con el paso del tiempo.

lunes, 28 de mayo de 2018

Nemo sponte sua malus est

Socraticum dictum οὐδείς ἑκὼν κακός -id est, nemo uolens malus fit- noua atque correpta circumlocutio est illorum uerborum quae non solum in dialogo Protagora (358d) οὐδ᾽ ἔστι τοῦτο, ὡς ἔοικεν, ἐν ἀνθρώπου φύσει, ἐπὶ ἃ οἴεται κακὰ εἶναι ἐθέλειν ἰέναι ἀντὶ τῶν ἀγαθῶν, sed etiam in Politica (589c) οὐ γὰρ ἑκὼν ἁμαρτάνει atque in Timaeo quoque (86d–e) κακὸς μὲν γὰρ ἑκὼν οὐδείς a diuo Platone scripta sunt. Quod e Graeca in Latinam linguam ab eruditis doctisque hominibus ut “Nemo sponte sua peccat” translatum est. Nota bene: Hoc uocabulum “peccat” non Christiano sed Latino latioreque sensu tibi intellegendum est. Quod nullum hominem sponte sua malum scienter inferre significat.

Homo igitur qui inter uarias optiones unam malam, quae ei noceat, eligit non propter intimam inprobitatem propriamque malitiam, sed propter omnium rerum inscientiam agit. Ob eam rem si sententiam suam erroneam esse intellegeret, eam pro alia certiore mutaret atque aliter ageret, propterea quod nemo improbus naturaliter fit. Quod non indicat omnes homines probos naturaliter fieri, sed neminem improbum nisi nescium esse, quia illi neque id quod faciunt neque quid faciant sciunt. 

 Neronis sollicitudines,  William Waterhouse (1878)

Qua de causa numquam homines propter improbitatem malitiamue agimus, sed peccata nostra a falsa opinione proficiscuntur, quoniam nemo, sicut Socrates aiebat, sponte est malus, nemo facit ea quae mala sibi esse putat. Hominum enim malitia magnae imperitiae signum est.

In eodem sensu notum quoque est illud, quod Aristoteles citat: οὐδεἰς ἐκών πονηρὸς, οὐδ' ἄκων μάκαρ, id est: nemo uolens malus, nec inuitus felix fit.

Malum enim ex ignorantiae obscuritate oritur, quod sol clarissima luce collustrare poterit. Stulti igitur nesciique homines magis quam improbi nobis timendi sunt.

Socratis autem uerba contraria religionis Christianae sunt, quoniam Christi doctrina dictitat malum in hominibus cum originale peccato intrasse, atque hominem improbum fieri et in peccati errore perseuerare, quia liber sit, posse.

domingo, 13 de mayo de 2018

Epigramas de Calímaco (y II)

En el libro VII de la Antología Griega se hallan estos epigramas o inscripciones funerarias para algunas tumbas, destacando el número 80, que Calímaco dedica a la muerte del también poeta Heraclito de Halicarnaso, al que no hay que confundir con el filósofo presocrático. Calímaco dice que pese a la muerte de Heraclito, sus ruiseñores, es decir, los trinos o versos líricos del poeta perdurarán.

Alguien me dijo, Heraclito, tu suerte, y a mí me brotaron
lágrimas. Recordé     bien cuántas veces los dos
conversando hundimos el sol, pero ya eres, amigo,
     polvo de años atrás     en dondequiera que estés.
Mas viven líricos tus ruiseñores, en que Hades, que todo
borra, no ha de poner     manos encima jamás.

El número 317 está dedicado al célebre misántropo Timón, que aborrecía a la humanidad y la luz del día. Su tumba estaba situada en una escollera prácticamente inaccesible, lo que da idea de su carácter arisco y huraño y de lo mucho que amaba la soledad. El epitafio le pregunta si ahora que está en el reino de los muertos está más contento que cuando habitaba entre los vivos, pero él reconoce amargamente que ni siquiera muerto puede estar solo, por lo que su aspiración de soledad absoluta se ha visto truncada en la muerte. Por eso prefiere la luz del sol, es decir, la vida que las tinieblas soterrañas, porque en el reino de Hades, superpoblado como está, los muertos son mayoría absoluta. Usaban, en efecto, los griegos la expresión “pasar a la mayoría” “eis toùs pléonas eltheîn” como sinónimo de morir.


 Timón de Atenas renunciando a la sociedad.

¿Qué odias ahora, Timón, que has muerto, la luz o la sombra?
-¡Ni tan siquiera aquí     solo me vais a dejar!



El núm. 451 propone que se utilice el eufemimo “dormir un sueño sagrado” para los hombres buenos que han muerto y que no se diga nunca precisamente que han muerto, a fin de no matarlos más, es decir, para que perdure su memoria.

Duerme Saón el hijo aquí de Dicón su sagrado
sueño. No hay que decir     “muerto” del hombre de bien.

El epigrama 471 es uno de los más conocidos. Habla del suicidio de Cleómbroto de Ambracia, que tras la lectura del Fedón de Platón, se quitó la vida, tratando de imitar a Sócrates.



“¡Sol, -despidiéndose-, adiós! Cleómbroto, que era de Ambracia,
desde lo alto de un     muro al Averno saltó,
causa de muerte sin que haya ninguna, salvo el tratado
sobre el alma que él     tanto gustó de Platón.

El número 524 nos recuerda un poco al epitafio nihilista aquel del cementerio civil de la Almudena de Madrid: “Nada hay después de la muerte”. En efecto, el lector le pregunta al sepulcro si allí está enterrado Cáridas, y este le dice que sí. Acto seguido, le pregunta al propio difunto qué hay allá abajo y este responde que mucha tiniebla. El poema acaba con un rasgo humorístico: lo que le ha dicho es la verdad, pero si quiere oír otra cosa más dulce, puede decirle que por ejemplo,

-¿Cáridas yace aquí? -Si dices el hijo de Arimas
el de Cirene, sí    yace debajo de mí.
-Cáridas, ¿qué hay abajo? -Tinieblas. -¿Se vuelve a la vida?
-No, mentira. -Y ¿Plutón?     -Cuentos. -¡Adiós a la fe!.
-Tal mi respuesta veraz a vosotros, mas si otra que guste
quieres, a céntimo el buey     grande en el Hades está.

viernes, 11 de mayo de 2018

Epigramas de Calímaco (I)

Igual que un libro te lleva a descubrir otro, un poeta te lleva también irremediablemente a otro. Conocemos, por ejemplo, un poema largo de Calímaco gracias sobre todo a la traducción que hizo Catulo al latín, pues el original griego, salvo algunos fragmentos, se ha perdido. Se trata de La cabellera de Berenice.

Guiados por la selección de los epigramas de la Antología Griega que tradujo al francés Marguerite Yourcenar y por la traducción al español de los sesenta y tres que publicó el también poeta Luis Alberto de Cuenca, ofrecemos una pequeña antología de Calímaco.

Poeta alejandrino,  Calímaco nació en Cirene, en Libia. Vivió en el siglo III antes de nuestra era. Estudió en Atenas, después hizo carrera en Alejandría, donde llegó a ser bibliotecario del Museo, y poeta áulico y cortesano. Como dice De Cuenca en su introducción: “Desde las fabulosas bibliotecas asirias de Senaquerib y Asurbanipal (siglo VII a. J. C.) la historia de la cultura no había conocido nada igual. En este ambiente, pues, de culto a los valores intelectuales va a desarrollarse la personalidad humana y artística de Calímaco”.


 Museo y Biblioteca de Alejandría

En el epigrama núm. 43 del libro XII de  la Antología Griega manifiesta Calímaco su “odi profanum uolgus”, como dirá Horacio después. Hace el poeta aquí una declaración de principios y se revela como un vate exquisito que huye de lo mayoritario y los caminos trillados como de la mismísima peste. Su amor se dirige casi indefectiblemente a chicos jóvenes, siguiendo la musa efébica del viejo Anacreonte, de Teógnide y de tantos otros, que encontraba parangón en los amores del mismísimo Zeus hacia el bello Ganimedes.


Me harta el poema que es cíclico, y no me recreo
en el camino que aquí     lleva y allá a multitud.
Odio también al amante promiscuo, ni bebo de fuente
pública; asco me da     todo lo que es popular.
Lindo, sí, lindo tú eres, Lisanias; mas antes que dicho
lo haya, el eco ya     “anda con otro” silbó.


 Fauno de Barberini o Sátiro borracho

En el epigrama 102 del mismo libro, dedicado a un tal Epicides, Calímaco reconoce que persigue los amores que huyen de él y rechaza los que se le ofrecen y están a su alcance.

Un cazador, Epicides, acecha en los montes a toda
liebre y rastrea cualquier     huella de corzo que ve
aun soportando la nieve y la helada. Y si alguien le dice:
“¡Pieza abatida ahí!”    nunca la toma a su vez.
Y es de esta clase mi amor: perseguir acostumbra lo que huye;
y lo que está a su merced     deja volando escapar.


Horacio en su segunda sátira del libro primero, versos (105-108) se hace eco y recoge en hexámetros latinos este epigrama de Calímaco,  cuando escribe :

...leporem uenator ut alta
in niue sectetur, positum sic tanbere nolit,
cantat et adponit "meus est amor huic similis; nam
transuolat in medio posita et fugientia captat".

..."Cual cazador que a la liebre en la mucha
nieve persigue y rechaza tocar así a la dejada"
canta y añade "mi amor se asemeja a ese, pues pasa
sobrevolando lo que hay a su alcance y busca lo que huye".

sábado, 5 de mayo de 2018

In memoriam Jesús Lizano


Jesús Lizano (1931-2015)  merece ser recordado no como traductor,  de cuya labor hablamos aquí a propósito de una versión suya de Aristófanes,  sino como uno de nuestros mejores y paradójicamente más desconocidos poetas contemporáneos, de aspecto valleinclanesco y de la talla de un León Felipe, por lo menos, dada la magnitud e importancia de su obra creativa.



Invito a las nuevas generaciones y a los que no lo conozcan a gustar de su poesía, y sobre todo a aquellos que creen que no les gusta la lira de Apolo porque les parece que usa un lenguaje muy sublime y que no entienden. Decidme si no se entiende esto, por ejemplo:


Yo me lo creo todo, / como hombre bien nacido: / que aquél era mi padre / –quién sabe, / quién era su padre–, / que éste es mi amigo / –y quién era su amigo–, / que mi madre era mi madre, / que mi hijo es mi hijo / –quién sabe–. 


Me lo creo, me lo creo: / que cumplo con el deber / cuando sacrifico / mi tiempo, mi pensar, / mis sentidos / para que a todos nos domine / el orden establecido / –quién sabe / quién lo ha establecido–, / que mi madre me torturaba / por mi bien, que por mi bien / moriré, especie de malditos. / Que éste es una autoridad, / que aquél es un obispo / –qué es un obispo–. 


Me lo creo, me lo creo, / me trago / todo el bolo alimenticio. 


Aplaudo todas las leyes, / me creo todos los mitos, / que estoy lleno de mierda / y los demás están limpios. 


Me creo todas las órdenes, / todos los desatinos, / la historia entera me creo / –la historia / de los asesinos–. 


¡Ay, verdad, ay, quién te ve / y quién –ay– te ha visto! 


Me lo creo, me lo creo: / decidme lo que queráis / de los griegos, de los ingleses, / de los turcos, de los indios. / Cumplo con el primer deber / de todo bien nacido / en esta especie de monstruos: / engañarme a mí mismo.

No puedo resistirme a poneros este vídeo en el que el propio Lizano recita con indudable gracia uno de sus poemas más celebrados: Las personas curvas. Merece, mucho, la pena pararse un rato a escuchar voces como la suya y a distinguir, como diría Machado, las voces de los ecos.



No me resisto tampoco a poneros este otro, porque son tan efímeros los vídeos en este canal que el día menos pensado desaparece de la red de redes... Se trata de Mamíferos, otro de sus pequeños grandes poemas.


 

Pero si hubiera que escoger un poema significativo de él, me quedo con estos versos áureos:   "El capitán / no es el capitán. / El capitán / es el mar...".

martes, 1 de mayo de 2018

París, mayo del 68

Mayo del 68 no es más que una fecha de las que hay que saberse para aprobar un examen de Historia, cuyo cincuentenario se apresuran a celebrar ahora algunos condenándolo a no ser más que historia, agua pasada que no mueve molino. Y París no es más que el topónimo de una megalópolis como cualquier otra. Algunos se pondrán nostálgicos y recordarán ahora lo jóvenes que eran entonces y lo viejos que son hoy: entonces tenían menos de veinte años y ahora rondan los setenta. 

 

Sin embargo, siempre que alguien dice NO vuelve a resurgir de algún modo el espíritu libertario de aquel mayo parisino, como vuelve siempre la primavera. No importa que haya pasado medio siglo desde entonces. No importa que muchos adultos que presumen de haber corrido en su juventud delante de los flics, los grises o como quiera llamarse a la policía, estén hoy al otro lado de la barricada, con el enemigo: con el general De Gaulle, con las fuerzas de orden público y con la Francia y la Europa biempensante, la que no piensa ni bien ni mal, en la que hay que incluir, ay, qué pena, a L'Humanité, el periódico y órgano oficial del Partido Comunista Francés, que criticó y denunció (les gustaba mucho conjugar ese verbo) a los falsos revolucionarios que era necesario desenmascarar. Claro que ha quedado muy claro a estas alturas quiénes eran y siguen siendo de verdad los faux révolutionnaires à démasquer, los que quieren que todo cambie para que todo siga igual con la única diferencia de que ahora ocupan ellos (y ellas: tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando) las poltronas del Poder que habían quedado vacantes.


Recuerdan estos eslóganes parisinos, que hicieron hablar a las paredes y muros en la capital del Sena, que los estudiantes salieron a la calle a decir que NO: no a la autoridad y a la jerarquía, al orden establecido, al sistema democrático vigente y dominante, a la miseria y falsedad de la vida cotidiana. Acaso sirvan para renovar la guerra contra la realidad que se llevó a cabo en París hace ya tanto tiempo que parece mentira que haya pasado una cosa así alguna vez en el mundo. Pero estas cosas pasan, y pueden seguir pasando, ahora mismo, en cualquier lugar del vasto universo, esta misma primavera, por ejemplo. Basta con que cualquiera diga que no... Estas cosas pasan, pasan cosas, lo que no acaba de pasar nunca, desengañémonos, es el tiempo, como nos quieren hacer creer los que se apresuran ahora a celebrar el cincuenta aniversario.


Algunos de estos eslóganes o gritos de guerra de aquel  mayo de 1968 parisino conservan aún su carga explosiva, es decir, destructiva, o, lo que es lo mismo, poética o creativa, porque la auténtica creación pasa por la destrucción de lo que no nos deja ser felices, libres y creativos. Así pues, algunos de ellos siguen siendo válidos para renovar la guerra contra la realidad denunciando su falsedad consustancial.



-Haced el amor y volved a empezar (y no hagáis otra cosa, como por ejemplo la guerra, que es la sublimación de la política).

-Declaro el estado de felicidad permanente (y no reconozco ningún otro Estado ni nación en el mundo).

-Inventad nuevas perversiones sexuales (a ver si descubrís alguna que no esté ya descubierta).

-Desabróchate el cerebro tanto como la bragueta (muy apropiado para los que sólo se desabrochan la bragueta, sea para orinar varias veces al día o para hacer el amor de cuando en cuando).

-Consumid más, viviréis menos (sí porque el consumidor no deja de autoconsumirse).

-Bajo los adoquines, la playa (sepultada bajo el asfalto y el alquitrán)



-Prohibido prohibir. La libertad comienza por una prohibición. Queda, por lo tanto, estrictamente prohibido prohibir (Ley de 13 de mayo de 1968).

-La libertad de los demás extiende la mía hasta el infinito (y no acaba, como dicen los liberales, neoliberales y neoconservadores, donde empieza la de los demás, sino que es allí donde se prolonga).

-Dios soy yo (y por lo tanto yo también soy el tirano, el policía, el Estado, por eso la rebelión se alza también contra la institución de uno mismo; y por eso hay que matar al policía que duerme en cada uno de nosotros).

-Amáos los unos a los otros (mensaje evangélico, que también podría traducirse por hacéos el amor y no la guerra, tampoco la guerra del amor, los unos a los otros, y cuando acabéis volvéis a empezar).



-Mejor que la imaginación al Poder, la imaginación contra el Poder, o mejor, el poder de la imaginación contra la imaginación del Poder.

-No sabemos lo que queremos, pero sí sabemos lo que no queremos.

-¡Zelda, te quiero ! ¡Abajo el trabajo! (En vez de Zelda, cada cual puede poner el nombre de su amor, claro, pero declarar el amor es convertirlo en un sacramento y, por lo tanto, dejar de sentirlo tras haberlo sentenciado a muerte).


viernes, 27 de abril de 2018

Dos epitafios griegos

Tumba de niño: El epigrama de Luciano de Samósata, del siglo II de nuestra era, si es de él, que no es del todo seguro, incluido en la Antología Griega V 308, está dedicado a un niño de cinco años llamado Calímaco, que se despide del mundo diciendo que no lloremos por él: si vivió poco también sufrió poco. 


Niño de cinco años de edad, sin miedo en el alma,

 vino a buscarme, feroz,     muerte, a Calímaco, a mí. 

 Mas por mí no llores, pues poco yo de la vida

 supe,  y poco también     supe del mal de vivir.

Tumba de viejo: Se trata de un epigrama anónimo, incluido también en la Antología Griega VII 309, de fecha incierta, quizá del siglo III antes de nuestra era, según Marguerite Yourcenar,  que escribe que es muy del gusto de Calímaco y que lo convierte en el epitafio de un misántropo, es decir de alguien que odia a la humanidad y su organización social basada en la familia,  y así lo traduce al francés, despojándolo de sus coordenadas de nombre propio, lugar de nacimiento y edad para darle validez universal:  Je suis mort sans laisser de fils, et regrettant / Que mon père avant moi n'en eut pas fait autant. En alejandrinos castellanos vendría a ser algo así:  He muerto sin dejar hijos, y lamentando / que no hubiera mi padre hecho antes otro tanto. 


  Yazgo aquí, sesentón, Dionisio de Tarso, soltero. 
 ¡Ah si lo hubiera, ojalá,     sido mi padre también!

viernes, 20 de abril de 2018

Meleagro sobre el alma y el amor

El breve epigrama de Meleagro de Gádara (Antología Palatina, V, 57) compuesto por un dístico elegíaco -sólo un par de versos-  dedicado a Eros, o sea, a Cupido, que es la personificación divinizada del Amor, presenta una curiosa polisemia que puede pasarnos desapercibida en las traducciones actuales si no prestamos atención al texto original.

La traducción en prosa inglesa de W. R. Paton publicada en la Loeb Classical Libray en 1920 dice: Love, if thou burnest too often my scorched soul, she will fly away; she too, cruel boy, has wings. Lo que literalmente es: Amor, si abrasas muy a menudo mi chamuscada alma; huirá volando, ella también, niño cruel, tiene alas.

La traducción francesa, también en prosa, de Pierre Waltz, publicada por Belles Lettres en 1960, presenta por su parte: Si tu brûles trop souvent une âme qui voltige autour de toi, elle s' enfuira, Éros; elle aussi, méchant, elle a des ailes. En castellano: Si quemas muy a menudo un alma que revolotea a tu alrededor, ella huirá, Eros; ella también, malvado, tiene alas.

  
La edición de Waltz incluye en el aparato crítico la propuesta de lectura de Hecker, que consiste, a mi modesto parecer acertadamente, en entender πυρί (fuego) en lugar de περί (alrededor), ya que no está claro qué es lo que escribió realmente y quiso decir el poeta. La diferencia de interpretación sería “que nada en el fuego” o “que nada alrededor”. 

La traducción española de Manuel Fernández-Galiano, publicada por Gredos (Madrid, 1978) en su Bibliteca Clásica, núm. 7, omite la alusión explícita al alma, y la sustituye por la falena, que es un tipo de mariposa: La falena que en torno a ti gira, si tanto la quemas, / se te escapará, Eros; también ella tiene alas. En nota aclaratoria el traductor explica: "En griego la misma palabra significa a la vez mariposa o falena y alma: la mariposa gira en torno al amor atraída por él, pero si los tormentos del amante son excesivos, si el fuego quema demasiado, el alma escapará de la tentación.". 

En las traducciones inglesa y francesa señaladas no se entiende muy bien que se diga que el alma también tiene alas como el propio dios Amor. Ahora bien, la traducción francesa presenta a pie de página una nota aclaratoria, que es que la palabra griega ψυχή significa a la vez alma y mariposa, por lo que el poema, dada la polisemia del término, quiere decir no que el alma tenga alas en sentido figurado, sino que la mariposa o polilla, como prefiero yo, las tiene. La diferencia entre polilla y mariposa es que la polilla es nocturna, como el amor, mientras que la mariposa es diurna. Una traducción más acorde con el original debería decir: “Si quemas, Eros, muy a menudo a un alma que revolotea (o nada) a tu alrededor (o en tu fuego) como una mariposa, huirá de ti; ella también, malvado, tiene alas”. Lo que en un dístico elegíaco castellano podría ser algo así.

Mi alma, polilla en tu fuego, Amor, si tanto la abrasas,
cruel, huirá; también     saben sus alas volar.

Amor guiando a Alma con su antorcha, Mitreo de Capua antigua.

Las representaciones gráficas de Eros y Psiqué, o, si se prefiere traducir los nombres,  de Amor y Alma, le plantean al artista un problema: o representa a Psiqué como una bellísima joven, como en el cuento de Apuleyo, o como una mariposa, o en un compromiso entre ambas imágenes como una muchacha alada como mariposa.

En el mitreo o templo consagrado al dios Mitra de Capua antigua (Santa Maria de Capua Vetere, en la Campania italiana) se ve un relieve en mármol, encastrado en la pared, que representa a un Cupido/Eros desnudo y alado con una antorcha en su mano izquierda, que, sin el arco y las flechas que tanto le caracterizan en otras iconografías, toma con la diestra a Psiqué, que por su parte, ataviada con un largo vestido transparente, cuya cola recoge con la mano derecha, dispone de dos pares de alas, dos anteriores y dos posteriores, a sus espaldas como las de una mariposa. Las dos figuras pueden tener aquí un significado místico en que el Amor ilumina al Alma en su viaje al más allá, lo que explicaría su aparición en un monumento fúnebre, pero en el epigrama de Meleagro que nos ocupa, Amor no ilumina sino que abrasa el alma con el fuego de su pasión.

 Mosaico romano (siglo III-IV de nuestra era) Antioquía (hoy Antakya, Turquía)

En el Canto X del Purgatorio de la Divina Comedia (versos 121-126), Dante Alighieri se hace eco de la metáfora del alma como mariposa (angelica farfalla), que se convierte en un símbolo de inmortalidad: O superbi cristian, miseri lassi, / che, de la vista de la mente infermi, / fidanza avete ne' retrosi passi, /  non v'accorgete voi che noi siam vermi / nati a formar l'angelica farfalla, / che vola a la giustizia sanza schermi? Así traduce estos versos Abilio Echeverría en la edición de Alianza Editorial (Madrid, 1995): Oh soberbios cristianos, gente loca, / que atrás dais pasos en avance ciego, / pues que la ciega mente os equivoca, / ¿no veis que nuestra larva ha de ser luego / la mariposa angélica que no halla / mas que volando al Sumo Bien sosiego? En esta simbología, el alma que sale de su crisálida dejando de ser una larva sólo puede alcanzar la inmortalidad liberándose de la cárcel corporal que es su envoltura carnal, ideas que ya estaban en Platón. La polisemia de la palabra griega psyché se acentúa porque la letra griega psi por la que comienza la palabra Ψ podría representar, según algunos, una mariposa estilizada, por lo que para ellos la mariposa sería no sólo el símbolo del alma, sino también de la ciencia del alma que pretende ser la psicología. .




sábado, 14 de abril de 2018

La vendedora de rosas

Escribe Marguerite Yourcenar en el prólogo de “La Corona y la Lira”, su antología personal de la poesía griega antigua, que las traducciones que fue haciendo a lo largo de los años no eran para el público, sino para sí misma. Comprenden a ciento diez poetas distintos y doce siglos de poesía, la mayoría poco conocidos, ya que de los poetas consagrados  como Homero o Hesíodo sólo incluye algunos versos, poquísimos a decir verdad...
 

A la hora de hacer sus versiones al francés se planteó la eterna cuestión de si se puede traducir a un poeta en prosa. Se hace eco del argumento tradicional en contra del verso que es su escasa fidelidad al original. Las traducciones en verso, en efecto, suelen ser poco literales, porque las exigencias rítmicas de las lenguas no coinciden en absoluto. Ella, que va a decantarse sin embargo por la traducción en verso, aporta a su favor el siguiente argumento de Lafosse, un muy mediocre poeta francés del siglo XVIII según la autora, pero muy juicioso sobre el tema que nos ocupa. Dice así: Digo más, y es una verdad que no temo que se me refute: los versos no deben traducirse más que en verso. No sabríamos ponerlos en prosa, por muy excelente que sea nuestra prosa, sin hacerles perder mucha de su fuerza y de su encanto. Un poeta, al que se le contente al traducirlo dejando sus pensamientos completamente solos privados de la armonía o del fuego de los versos, ya no es un poeta, es el cadáver de un poeta. De modo que todas esas traducciones de verso en prosa, que se consideran fieles, son por el contrario muy infieles, porque el autor que buscamos se encuentra allí desfigurado.


Una buena traducción, comenta Yourcenar, tiene que ser fiel, sin ninguna duda, pero sucede con las traducciones, dice ella, como con las mujeres: la fidelidad sin otras virtudes más, no basta para hacerlas soportables.


La poesía no es sólo literatura, es un uso especial, rítmico o musical si se quiere, del lenguaje. Si traducimos literalmente la letra de una canción trasladamos su contenido, su significado, pero en el trasvase hemos perdido la música que la hace apta para el canto: su prosodia, su poesía.


Marguerite Yourcenar (1903-1987)

La labor de Yourcenar, gran conocedora y amante del mundo clásico, es, en este sentido, encomiable. No sólo es de destacar su buen gusto a la hora de elegir los poemas y poetas que traduce, sino también el “savoir faire” de sus versiones, que convierten los poemas griegos en poemas franceses.


Tomo, como ejemplo, este bello y breve poema de Dionisio el Sofista, poeta del siglo II de nuestra era, contemporáneo del emperador Adriano, del que sólo se conserva este epigrama incluido en la Antología Griega (V, 81), compuesto de hexámetro y pentámetro dactílicos, que podríamos titular: La vendedora de rosas.






Versión de Marguerite Yourcenar:
Sur la place publique assise chaque jour.
Vends-tu des roses, belle, ou vends-tu ton amour?

La traducción literal de la versión de Yourcenar, en prosa atenta solo al significado y al contenido, podría ser: Sentada en la plaza pública cada día, ¿vendes rosas, guapa, o vendes tu amor?.


Una traducción menos fiel quizá, pero atenta al alejandrino y a la rima francesas de la versión de Yourcenar, podría ser esta que se me ocurre a mí ahora:
Sentada cada día en la plaza con la flor,
¿Vendes rosas o acaso, niña bonita, tu amor?


Traduzco, por mi parte directamente al castellano, el epigrama original de Dionisio, lo más fidedignamente que puedo, con un dístico de hexámetro y pentámetro dactílicos,  de esta guisa:
Tienes, florista, el primor de la rosa. Pero ¿qué vendes?
¿Tú a ti misma o quizá     rosas? o ¿todo a la vez?