sábado, 14 de febrero de 2015

Noticia de Heliogábalo, el emperador adolescente



Nacido en Antioquía, ciudad de Siria, en el año 204 después de Cristo, fue proclamado sorprendentemente emperador de Roma a los catorce años, cargo que desempeñará del 218 al 222 de la era cristiana, no llegó a cuatro años. Su verdadero nombre era otro que ahora no importa. Lo relevante es que él se hizo llamar enseguida Elagábalo, que se reinterpretó como Heliogábalo en alusión al sol al que adoraba. Este Rey Sol avant la lettre quiso pasar a la historia como el Sumo Pontífice, o quizá la suprema sacerdotisa, del dios del Sol El-Gabal de Emesa, importando de oriente este culto solar para ponerlo en vigor en Roma como religión de estado, por encima del culto oficial a Júpiter, para lo que hizo traer de Emesa una piedra negra de origen meteorítico, un betilo negro de forma inequívocamente fálica, que representaba a El, la principal divinidad semítica, instaurando un monoteísmo solar, que, de alguna forma, encarnaba también la falocracia del imperio romano.

La belleza de Heliogábalo era radiante, deslumbrante, como los rayos del astro rey que adora, como la de Adonis o Apolo, una belleza femenina, venusina, afrodisiaca, ambigua; oriental, en el sentido etimológico y primario de la palabra, porque viene del sol naciente, desde levante a poniente, a este occidente crespuscular y mortecino: a este occidente desorientado.

El emperador antioqueno, que desprecia la ruda toga romana, habituado como está su cuerpo adolescente al contacto de la fina seda de Damasco, viene a orientarnos, es decir, a orientalizarnos; y nos trae la belleza de un amanecer –Lawrence Alma-Tadema soñó y pintó la corte de Heliogábalo rebosante de pétalos de rosa. Nos trae también, la anarquía, bendita sea, al corazón del imperio romano, representada por un obelisco que los romanos siempre verán con desconfianza.



Las rosas de Heliogábalo, Lawrence Alma-Tadema (1888)

 Enseguida se verá que el joven emperador era un afeminado en el peor sentido que puede tener esta palabra para un antiguo romano tradicional y conservador de la estirpe de Catón el Viejo. Los romanos toleraban que sus emperadores tuvieran, paralelamente a sus relaciones femeninas destinadas a la procreación, algún escarceo amoroso, incluso algún amante masculino o  catamito. Era una moda griega y por lo tanto extranjera, pero no se sentía como bárbara, sino como propia del refinado mundo de la cultura y de la filosofía helénicas. Un ilustre precedente de esta costumbre era el mujeriego Zeus, que se había enamorado de Ganimedes, al que había raptado y subido al Olimpo para que le escanciara el divino licor. Podía verse incluso como un síntoma de virilidad siempre y cuando el emperador adoptara el papel activo, fuera el amante y no el amado.

Se comentaba que algunos de sus ilustres predecesores, el propio Julio, Calígula y quizá  Nerón se habían entregado a tales prácticas alguna vez, pero no dejaban de ser habladurías y chismorreos no siempre dignos de crédito. ¿Cómo el descendiente del divino Augusto iba a ser sodomizado por un esclavo,  como enseguida hizo Heliogábalo, como si en vez de ser el primer ciudadano de Roma fuera él, el emperador, un vulgar catamito afeminado, un concubino destinado al placer estéril de su dueño? ¿Cómo iba a ser  sometido por un  negro dotado de un miembro viril de considerables dimensiones? Ya se encargaba el propio Heliogábalo de ello, pues era requisito indispensable que los amantes del emperador, reclutados entre los forzudos gladiadores, rudos marineros, ágiles atletas y rufianes y sinvergüenzas de los bajos fondos, estuvieran dotados de atributos sexuales de considerables dimensiones –onóbelos, que literalmente significa “miembro de burro-, gentes a veces de la más baja estofa y condición social a los que ofrecía cargos públicos en la administración romana a cambio de sus favores. ¿Dónde se había visto una cosa igual? 

 Busto de Heliogábalo, Museos Capitolinos, Roma

No era habitual que el emperador, la máxima autoridad del imperio romano y dios viviente, fuera poseído por cualquiera de sus súbditos más plebeyos. Pero más intolerable aún era que Heliogábalo, además, para colmo, hiciera público alarde y se sintiera orgulloso de ello. El senador, historiador y contemporáneo Dión Casio nos habla de Hieroclés, un rubio esclavo de la Caria, como el “marido” favorito de Heliogábalo.

Dice la Historia Augusta y, a través de ella, el historiador que la escribe y que se avergüenza de narrar la depravada vida de este personaje: quis enim ferre posset principem per cuncta caua corporis libidinem recipientem, cum ne beluam quidem talem quisquam ferat? Lo que significa algo así como: “¿Quién, en efecto, podría tolerar a un príncipe que recibiera –atención a la sugerencia: recipientem- placer –libidinem- por todos los orificios de su cuerpo, cuando nadie soporta que ni siquiera un monstruo sea así?”

La voracidad de Heliogábalo se ha hecho proverbial prestándole nombre a la gula casi lujuriosa y sin freno. Se habla, todavía hoy, de comidas opíparas o de ágapes dignos de Heliogábalo porque el emperador de refinados gustos orientales disfrutaba de la buena mesa como buen sibarita “bon vivant”.  El Diccionario de la Real Academia Española dice que un heliogábalo (sic, con minúscula) es una "persona dominada por la gula", y explica que es así "por alusión a Heliogábalo, emperador romano, que fue voraz". 

El poeta francés Antonin Artaud le dedicó al emperador Heliogábalo un elogioso libro poético a medio camino entre el ensayo y la novela histórica, titulado “Heliogábalo o El anarquista coronado”, donde celebra que su misión fuera llevar la anarquía a Roma: “Todo tirano en el fondo no es sino un anarquista que se ha puesto la corona y que impone su ley a los demás.”


Pero Roma no podía tolerar que su emperador fuera un anarquista coronado que había hecho dejadez de toda virilidad. Heliogábalo, en efecto, no era Sumo Sacerdote del dios del Sol, sino su sacerdotisa; no era el emperador del Senado y Pueblo Romano, sino su emperatriz.

No es difícil suponer el cruento final del la vida de este adolescente que adoraba al sol: dejó de brillar enseguida, siendo asesinado a los dieciocho años de edad y su cadáver insepulto arrojado al Tíber a su paso por la ciudad eterna, en cuya corriente, en cuya grandeza y hermosura –recordemos aquí a nuestro Quevedo para acabar- huyó lo que era firme y solamente lo fugitivo, que es el nombre, su propio nombre, permanece y dura.

martes, 10 de febrero de 2015

Pedagogos y demagogos

El “paedagogus” era en Roma un esclavo griego que se encargaba de llevar al niño al colegio. Eso es lo que quiere decir la palabra griega “pedagogo”: el que acompaña y guía al niño. La palabra es similar a “demagogo”, ese insulto que los políticos se lanzan a la cara unos a otros no sin motivo, porque todos y cada uno tienen su parte de razón cuando se lo espetan a un adversario, y por eso está teñida de un fuerte matiz despectivo: el demagogo sería el político que, so pretexto de encarnar y representar la soberanía popular, conduce al pueblo por el mal camino, se sobreentiende: el que lo manipula, el que sólo busca su voto para aprovecharse de él y traicionarlo. Y es que “agogós” quiere decir conductor en la lengua de Homero;  “ped(o)” es niño, como en pediatra o pederasta, y “dem(o)” pueblo, como en democracia. Pueden relacionarse sin mucho escándalo, por lo tanto, la pedagogía y la demagogia, los pedagogos y los demagogos, por el elemento que tienen en común, que es la "agogé": lo que en el primer caso nos ha quedado como "agogía" con un resplandor angelical y bondadoso,  y en el segundo como "agogia" con aura maligna, sílaba menos y tufillo demoníaco. Lo uno y lo otro serían dos caras de la misma moneda: el niño o, en el segundo caso, el pueblo, tendrían en común una cosa: se caracterizarían como algo que debe ser conducido a alguna parte por algún experto, llámese "leader", "duce", "caudillo", "Führer", pedagogo o demagogo. 


La connotación positiva de la que se ha impregnado la palabra pedagogo, al contrario de la de demagogo, ya le chirriaba a don Antonio Machado, ya que se entiende modernamente por pedagogo el que conduce al niño hacia la madurez, el Mentor que lo educa y lleva por el buen camino, es decir, el que saca de él lo mejor para que se conduzca bien en la vida… Pero ya nos alertó el poeta de los campos de Castilla y las soledades, a través de su heterónimo Juan de Mairena: Un solo pedagogo hubo, y se llamaba Herodes. Y es que los pedagogos saben a dónde llevan al niño, conocen la meta, que es la integración en el sistema: tratan de hacer que el niño pase por el aro, se domestique, se adultere, y , en definitiva, se convierta en adulto, domándolo como a un potrillo salvaje y rebelde y, en suma, asesinándolo. Ya lo dijo el novelista maudit Jean Genet en alguna parte: "Vivre c´est survivre à un enfant mort". Ellos, los pedagogos, son los que llevan al niño al matadero, los modernos ejecutores de la matanza de los inocentes.

Los adultos deberíamos abandonar la pretensión pedagógica (y ya puestos también la demagógica de gobernar a nuestros semejantes) de educar a los niños maleándolos, como solemos hacer, integrándolos en el sistema y, angelitos que son, corrompiéndolos. No hay nada peor que un pedagogo, porque cree que sabe lo que le conviene al niño, que es desvivirse por un futuro que no existe más que como promesa o amenaza, morir, esto es, dejar de ser un niño, para lo que le lleva a la escuela, ese moderno servicio militar obligatorio, antesala de la esclavitud del trabajo asalariado, o sea de la prostitución mercenaria, que es lo mismo. 

jueves, 5 de febrero de 2015

Los noventa rostros de Venus

Philip Scott Johnson hace en este vídeo un rápido repaso al arte del retrato del rostro femenino en la pintura occidental a lo largo y ancho de los últimos quinientos años. Desfilan en él en rápida sucesión numerosísimas Venus (con)fundiéndose unas con otras: desde la Gioconda de Leonardo hasta el retrato de Françoise de Pablo Picasso. La Sarabanda de Bach pone la banda sonora musical que acompaña a las imágenes. 




martes, 27 de enero de 2015

Amor y odio: dos variaciones sobre el mismo tema.

1-Catulo:
Los  dos versos seguramente más célebres de Catulo son su declaración de amor y odio simultáneos hacia su amada y odiada Lesbia, pseudónimo literario de Clodia (poema 85):

Odi et amo. Quare id faciam fortasse requiris.
Nescio, sed fieri sentio et excrucior.

Su traducción en versión rítmica del hexámetro y del pentámetro dactílicos que componen el dístico elegíaco sería algo como esto:


La odio y la quiero. Quizá me preguntas que cómo lo hago.
No lo sé, pero así siento que es y es mi cruz.


He aquí la musicalización que hizo Carl Orff de este poema dentro de sus Catulli Carmina:




2.- Marcial:
Dice la copla popular, que algunos atribuyen a don Antonio Machado (hasta tal punto su nombre propio se ha convertido entre nosotros en sinonimo de poeta popular por antonomasia): “Ni contigo ni si ti / tienen mis penas (o mis males, según otra versión) remedio; / contigo,  porque me matas; / y  sin ti porque me muero”. La mayoría de los críticos, sin embargo, consideran que es una copla anónima, que ha alcanzado el estado de gracia de la popularidad. Uno la oye y se identifica con ella inmediatamente. El tema del “ni contigo ni sin ti” ya lo trató nuestro poeta hispanorromano Marcial en uno de sus más breves epigramas, compuesto por un dístico elegíaco. 

Eres difícil y fácil, amable y arisco tú mismo.
Ni contigo capaz soy de vivir ni sin ti.


Sólo el genio de algunos poetas puede expresar con muy pocas palabras como hace aquí Marcial todo un caudal de sentimientos contradictorios de amor y odio hacia una misma persona, en este caso del mismo sexo. Así dice en versión original el epigrama XII, 46 arriba traducido rítmicamente:


Difficilis facilis, iucundus acerbus es idem:
nec tecum possum uiuere nec sine te.

domingo, 25 de enero de 2015

¿Por qué "las" bacantes?

Porque eran las mujeres las que celebraban los ritos de Baco. Serán las mujeres de Tebas las que, cuando llegue la fiesta, se liberarán del yugo que la sociedad en general y la ciudad en particular les imponía entregándose a la bacanal. El rey Penteo prohibirá su celebración para evitar desórdenes públicos. No le gusta ese dios llamado Baco o Dioniso, un forastero que tiene algo de femenino, lascivo y afrodisiaco,  como reconoce él mismo en la tragedia de Eurípides «Las Bacantes» (vv. 233-238): 
 
Y dicen que ha venido un extranjero aquí,
hechicero encantador del país de Lidia,
que de rubios bucles lleva melena perfumada,
con la oscura magia de Afrodita en su mirada,
que durante el día y por la noche se entretiene
organizando bacanales de muchachas.

Cuando llegaban las fiestas, las esposas abandonaban a sus maridos y las madres a sus hijos así como el  gineceo -la habitación presidida por la rueca y el telar que dentro de la casa les estaba reservada a las mujeres, donde hilaban y tejían- y las labores propias de su sexo, y, huyendo de «sus labores», iban a los montes a encontrarse en estado libre y salvaje con la naturaleza, que era el templo donde se le rendía culto al dios, cuyo techo era el cielo abierto.

 La juventud de Baco, William Bouguereau (1884)

Son muchas las quejas de las mujeres que, a través de la literatura clásica, hemos recibido. Por ejemplo el propio Eurípides, pone en boca de Medea (vv. 230_231) la siguiente consideración:

De todo cuanto hay con vida y tiene juicio,
la criatura más desgraciada somos las mujeres.

¿Qué hacen las bacantes en el monte? En las bacanales hay dos elementos primordiales: uno es la música y la danza: La música es un elemento terapéutico y purificador, diríamos que catártico. Predomina la flauta frigia, como instrumento, Con el acompañamiento de flautas, tambores y platillos, los fieles, en particular las mujeres, bailaban hasta entrar en trances extáticos. El otro elemento es el consumo de vino, que, indudablemente, tiene también una función terapéutica, el vino quita las penas proporcionando el olvido de los problemas, y el sueño reparador. Eso hace que el adivino Tiresias exclame en la misma tragedia de Eurípides (vv. 282-283)

«el sueño y el olvido da de males diarios
y no hay de penas ninguna otra medicina» 

 Bacchanalia, Auguste Levêque (1864-1921)



De alguna manera Baco, o Dioniso, es el dios de la liberación. Los romanos le llamaban el padre Líber. En principio de la liberación de la mujer, pero no sólo de la mujer. El dios quiere que se le dé culto sin diferencia de clases y por eso ofrece por igual al rico y al pobre el don del vino que aleja los pesares y preocupaciones. Sin diferencias de clase social ni de sexos, Baco, o Dioniso, viene a liberar a los tebanos de la opresión a la que están sometidos. La opresión no es sólo el poder que encarna Penteo, que a fin de cuentas es un gobernante racionalista que no quiere desórdenes en la ciudad, la opresión es la ciudad misma, la sociedad tal y como está establecida, por eso las bacantes invitan a huir de las calles de Tebas y a ir a danzar a los montes. Proponen la evasión de la ciudad, de la polis, el mayor logro de la civilización griega de época clásica, de la organización política, y la vuelta a la naturaleza. Una vez que lleguen allí se entregarán a la danza desenfrenada, liberadora, que les conducirá al éx-stasis, a un salirse de sí mismas.
 
La ciudad oprimía a los esclavos, privados de libertad, y a los metecos o extranjeros que vivían lejos de sus ciudades de origen sin muchos derechos, pero también a los hombres libres, a los propios ciudadanos. El propio Eurípides en Hécuba hace decir a la reina de Troya (vv. 864-867):

¡Ay! De los mortales no hay ninguno que sea libre;
que o se es esclavo del dinero o de la suerte,
o la mayoría democrática o los decretos
a usar te fuerzan normas contra tu criterio.

La falta de libertad no se debe sólo a la existencia de un poder político opresor: la falta de libertad es consustancial al ser humano, que ha huido de la naturaleza y se ha impuesto el yugo de la ley. En el ritual dionisíaco hay otros elementos que corroboran este retorno a la naturaleza: Se descuartiza un carnero con las propias manos, sin ayuda de ningún utensilio, la técnica humana es despreciada. A continuación, se produce la ingestión de su carne cruda, no cocinada,  lo que supone el mismo desprecio hacia la civilización, personificada aquí por el hallazgo del fuego, que le debemos a Prometeo, que sería el desencadenante de la civilización. 

 El triunfo de Baco o Los borrachos, de Velázquez (1629)

En el año 186 a. de C., el Senado de Roma decidió prohibir el culto a Baco, extendido por Italia y la propia Roma ("Romae primum, deinde per totam Italiam"), que se consideró como una verdadera conspiración para derrocar el régimen imperante. Los senadores romanos veían en estas ceremonias atroces orgías de sexo y sangre con un componente sádico, por lo que decidieron reprimirlas publicando el  senadoconsulto "de Bacchanalibus". El historiador Tito Livio nos lo narra ampliamente en su Historia de Roma, libro 49, capítulos 8-18.
  
 


sábado, 10 de enero de 2015

Una invitación de cumpleaños



He aquí el texto de una carta escrita en latín hace casi dos mil años de puño y letra de una mujer llamada Claudia Severa a su hermana Lepidina, para invitarla a la celebración  de su cumpleaños; una carta que ha llegado hasta nosotros, encontrada en un recóndito lugar del Norte de Gran Bretaña, la Britania romanizada, concretamente, en el campamento fortificado de Vindolanda, donde estaba acuartelada una de las guarniciones romanas que custodiaban la frontera, el muro de Adriano, que separaba la civilización de los territorios de los bárbaros del Norte.


La carta tiene su importancia porque es uno de los primeros documentos que conocemos escritos en latín por una mujer, y, aunque no es un texto literario, refleja bastante fielmente la vida cotidiana de aquellos civiles y militares que intentaban llevar una vida normal en medio de un territorio hostil. 

Se han encontrado más cartas en Vindolanda que ponen de relieve las duras condiciones de vida de los soldados de aquella guarnición. El hecho de que las cartas de Vindolanda estén escritas a mano, y con distintas caligrafías, muestra que no son obra de escribas profesionales, sino que las tropas romanas acuarteladas tenían un alto nivel de alfabetización y culturización.


Hay información bastante cumplida de todo ello en inglés en esta página  

La carta dice así:  Claudia Seuera Lepidinae suae salutem.  (Claudia Severa manda un saludo a su querida Lepidina) III Idus Septembres, soror, (El día tercero antes de las idus de septiembre -el 11 de septiembre, según nuestro calendario actual-, hermana, ) ad diem sollemnem natalem meum (para la celebración de mi fiesta de cumpleaños) rogo libenter facias ut uenias ad nos (te ruego gustosamente que hagas lo posible por venir a vernos). Iucundiorem mihi diem interuentu tuo factura sis. Me harías con tu visita este día muy feliz. Cerialem tuum saluta (Saluda a tu querido Cerial) Aeilius meus et filiolus salutant. (Mi Elio y mi hijito os mandan saludos).  Sperabo te,  soror (Te esperaré, hermana).  Vale, soror, anima mea (Adiós, hermana, mi vida). Ita ualeam karissima et haue (Así esté yo bien, queridísima, y recibe tú mi saludo.   Sulpiciae Lepidinae Cerialis a Seuera ( A Sulpicia Lepidina, esposa de Cerial, de Severa.


He aquí el vocabulario de esta epístola:

ad: para, a
anima -ae: alma

carus -a -um: (con el sufijo superlativo -issim- que conservamos en castellano e italiano) querido
dies diei: día

et: y

facio -is -ere feci factum: hacer
filiolus -i: (diminutivo de filius hijo) hijito


haueo: alegrarse, recibir un saludo (Puede escribirse también sin hache. De hecho conocemos esta fórmula de saludo, en imperativo, en la frase que le decían al césar los gladiadores: Ave, Caesar, morituri te salutant (Salud, César, los que van a morir te saludan)  o en la oración cristiana Ave Maria)

Idus -uum: idus (el día 13 de cada mes, salvo los meses de marzo, mayo, julio y octubre, en los que dicha fecha recaía en el 15). 
ita: así, de este modo

iucundus -a -um: (con el sufijo intensivo -ior-) agradable, placentero, gozoso

interuentus -us: llegada, visita.

carissimus -a -um: Superlativo de carus -a -um querido. Podemos considerar que es una falta de ortografía escribirlo como hace Severa con K en vez de con C.


libenter: de buena gana, con gusto, con agrado,voluntariamente

meus mea meum: mío, mi.

mihi: dativo de ego , que hemos heredado en la declinación española (pues seguimos declinando, aunque no lo parezca ni seamos muy conscientes de ello,  los pronombres personales:  yo me conmigo).
natalis natale: natal, relativo al nacimiento


nos nostrum: nosotros
rogo -as -ae -aui -atum: rogar, suplicar

salus salutis: salud, saludo
saluto -as -are -aui -atum: saludar

September Septembris: septiembre (antiguamente el séptimo mes del año, cuando este comenzaba en marzo, antes de la reforma de Julio César. La palabra está formada por el número siete -septem-, como octubre con el número octo -ocho-, noviembre con el novem -nueve- y diciembre con el decem -diez-)  
sollemnis -e: solemne,  etimológicamente significa acontecimiento que sólo se produce una vez al año: solus annus.
soror -is: hermana (conservamos la forma abreviada de la palabra en sor, como se denominan las monjas; en francés bajo la forma soeur, y en italiano suora)

spero -as -are -aui -atum: esperar

suus sua suum: suyo, su (con un valor afectivo añadido: su querido)

te: Acusativo de tu tú, que conservamos en castellano con la misma forma: te, porque seguimos declinando, aunque no nos percatemos,  el pronombre personal de segunda persona del singualr: tu te ti contigo

tuus tua tuum: tuyo, tu (con valor afectivo añadido: tu querido)

uale: imperativo de ualeo: cuidarse, estar bien de salud, que se utiliza para despedida.

uenio -is -ire ueni uentum: venir

En las columnas de la izquierda tenemos las letras del abecedario latino tal y como las conocemos, y en la derecha como aparecen en las cartas de Vindolanda, una escritura cursiva.



Si quisiéramos utilziar esta caligrafía para escribir una carta, podríamos empezar poniendo "salve" que era el saludo habitual entre los romanos, y lo sigue siendo aún en italiano formal moderno. Lo escribiríamos probablemente así: 

lunes, 5 de enero de 2015

Una película de gran belleza




La grande bellezza de Paolo Sorrentino (2013) es una gran película que comienza con una secuencia en que un turista japonés se desmaya en los jardines del Janículo, víctima del síndrome de Stendhal, ante el impresionante panorama que se ofrece de la ciudad eterna, fulminado por una belleza espectacular e insoportable. Una de las películas italianas más importante de los últimos tiempos que homenajea a la ciudad que fundaran Rómulo y Remo, y que no deja indiferente a nadie. Para mí se trata de una obra maestra, puro cine que, de alguna manera, recuerda a Roma de Fellini y a Gente de Roma de Ettore Scola.

Roma vista desde el Janículo, en el Trastévere

domingo, 28 de diciembre de 2014

Opulento rima con...

... corpulento, feculento, flatulento, fraudulento,  purulento, suculento, truculento, turbulento y virulento.

Corpulento:  Se trata de un antiguo adjetivo que aparece ya en Plauto, formado sobre el sustantivo corpus,  que significa "cuerpo"más el sufijo -ulentus. La RAE define lo define como "de gran corpulencia" y la "corpulencia" como "la grandeza y magnitud de un cuerpo natural o artificial".

Feculento: Quiere decir lleno de heces, de posos, de fango, y, por lo tanto, turbio. Procede de faex faecis, cuya forma de acusativo faecem evoluciona a "hez" en castellano, que usamos sobre todo en plural "heces" y que propiamente significa "sedimento de un líquido" y de ahí "lo más vil y despreciable de algo". Otros derivados cultos de esta palabra son "fecal, fécula, defecar, y soez (antiguamente sohez)".

Flatulento: Este adjetivo, que no existía en latín clásico, se formó tardíamente sobre flatus -us, que quiere decir "soplo, aire" y de ahí también "ventosidad", por lo que significa "acumulación molesta de gases en el tubo digestivo".

Fraudulento:  En latín clásico está ya atestiguado, formado sobre el sustantivo fraus fraudis, que quiere decir "fraude, engaño" por lo que es sinónimo de engañoso y de falaz.

Opulento: Del latín opulentus -a -um. La forma femenina era un epíteto de la diosa Ops, la Tierra, identificada con la madre Cibeles: opulenta Ops. Ops opis significa  "poder, fuerza, riqueza".


Purulento: Procede de pus puris, con rotacismo, que significa "pus, suciedad", relacionado etimológicamente con el verbo "supurar". "Purulento" significa, pues, "que tiene pus".

Suculento:  Adjetivo formado sobre sucus -i ("savia, juto") y el sufijo -ulentus que nos ocupa, y  que puede glosarse por "lleno de" o "abundante en", por lo que  significa "jugoso, sustancioso, muy nutritivo".

Truculento:  Deriva de trux trucis que quiere decir "fiero, salvaje" más el sufijo -ulentus, por lo que quiere decir según la RAE "que sobrecoge o asusta por su morbosidad, exagerada crueldad o dramatismo".

Turbulento: Formado sobre turba -ae que es "desorden, agitación"  más -ulentus. Está relacionado etimológicamente con el adjetivo "turbio", por lo que quiere decir "tubio y agitado" y referido a una persona "agitador".

Virulento: Formado sobre virus -i que significa "veneno, baba, hiel", y que conservamos en castellano como cultismo cuando hablamos de agentes infecciosos, más el sufijo -ulentus, por lo que significa "venenoso, ponzoñoso".



... y también rima con friolento, macilento, sanguinolento, somnoliento o soñoliento, vinolento y violento.

Friolento: De creación romance sobre el modelo de violento, formado sobre frío y el sufijo que nos ocupa..

Macilento: Formado sobre el adjetivo macer, macra, macrum, que quiere decir "delgado, enjuto", de donde procede nuestro "magro" y nuestro "enmagrecer" sinónimo de "adelgazar" así como nuestro "demacrado", y el sufijo -ulentus, evolucionado a -ilentus. Macilentus se oponía en latín a corpulentus como antónimo. En castellano, quiere decir "flaco y descolorido".


Sanguinolento:  En latín antiguo se decía sanguinulentus. La grafía sanguinolentus es más tardía, y de ella procede nuestro vocablo. Está formado con el sustantivo sanguis sanguinis, que significa "sangre", y el sufijo -ulentus, evolucionado a -olentus. El significado es "que echa sangre".

Somnoliento/soñoliento: En latín se decía somnulentus. Formado sobre somnus -i "sueño,  entendido como acción de dormir" y el sufijo que nos ocupa. En castellano tenemos el doblete somnoliento (cultismo) / soñoliento (palabra patrimonial).


Vinolento:  Coexisten en latín la forma uinulentus y uinolentus, formadas ambas sobre uinum -i, que quiere decir "vino",  y el sufijo -ulentus. La forma uinolentus sufrió el influjo de uiolentus, dado que ambas nociones suelen asociarse comúnmente. Así por ejemplo Lucrecio habla de la "uiolentia uini" o la violencia que produce la ingesta desmesurada de vino.


Violento: Del latín uiolentus -a -um, un adjetivo muy usado durante toda la latinidad, lo mismo que el sustantivo uiolentia. La o de uiolentus en lugar de u es normal después de vocal. Está formado sobre el sustantivo uis uis, que quiere decir "fuerza, agresividad, vigor, poder" y el sufijo -ulentus modificado como -olentus. Esta palabra tiene relación etimológica con uir uiri "varón" y con uirtus uirtutis que es lo propio del varón, o sea, la hombría, el valor, la virilidad.



Érase una vez un opulento banquero que había heredado una considerable y nada macilenta fortuna y que, pese a la crisis económica o quizá por ella misma, nadaba, como se suele decir, en la opulencia más escandalosa. Su suculento patrimonio se había fraguado a lo largo de muchas décadas con el patrocinio de empresas fraudulentas y negocios turbios y no poco turbulentos.  Sus enemigos siempre decían que tener trato con él era como tener un grano purulento en la mejilla que,  a fuerza de acariciarlo, se volvía sanguinolento. Físicamente, era un tipo fornido y corpulento,  de duras facciones, y, habida cuenta de su afición gastronómica al cocido,  de pesadas digestiones y de estómago e intestino flatulentos.  Muy vinolento por su adicción a la sangre consagrada de Cristo, solía ponerse muy violento cuando alguien le llevaba la contraria, por lo que daba rienda suelta a su marcado carácter virulento y agresivo, y,  en algunos casos, hasta cruel y  truculento, o bien se ponía,  después de haber trasegado él solo una botella de vino de rancia y feculenta cepa,  triste y melancólico;  y eructaba entonces y luego se sumergía en un silencio muy friolento con sofocos repentinos de calor que lo inducían a una modorra somnolienta, si no soñolienta. 

martes, 23 de diciembre de 2014

Narciso se hace ¿un selfie o una selfie?

¿Selfi? ¿Un o una? El problema que tenemos en castellano cuando adoptamos un anglicismo como este de "selfie" (pronunciado selfi) es que debemos atribuirle un género gramatical masculino o femenino que en inglés no tiene. En inglés "self" significa lo mismo que nuestro prefijo griego "auto", es decir, la reflexión o reflejo de uno mismo o de una misma, que, para el caso, es lo mismo.

Parece ser, según las estadísticas de San Google, que los castellanoparlantes preferimos el género masculino al femenino en este caso, y decimos "un selfi", como si estuviera implícito "retrato",  y no "una selfie", a pesar de que el género femenino estaría apoyado si se sobreentiende fotografía o foto. De hecho, si hubiera que buscar una palabra castellana para "selfi" recurriríamos al neologismo "autofoto", que sería femenino como lo es foto, a pesar de acabar en -o.   En efecto, tenemos una sola palabra femenina de rancio abolengo acabada en -o, que es mano (ya lo era en latín, viniendo como procede de manus -us de la cuarta declinación). Cuando comenzaron a introducirse en la lengua de Cervantes las palabras abreviadas  "moto", "radio" y "foto" (de motocicleta, radiofonía y fotografía, respectivamente), muchos hablantes las sentían como masculinas y decían y llegaban a escribir, por lo tanto, cosas como "comprarse un amoto", "encender el arradio" y "salir bien en el afoto" (sic).


Hacerse un selfie, es como se sabe, hacerse un autorretrato o tomarse uno una foto con el móvil, y más exactamente, según el Diccionario de la lengua inglesa de Oxford, que la eligió como palabra del año 2013,  es «una fotografía que uno toma de sí mismo, normalmente con un 'smartphone' o 'webcam', y que se cuelga en una web de medios de comunicación social».


No deja de haber un componente narcisista y egocéntrico o ególatra, bastante idiota por cierto, en el acto de hacerse un selfi; es como si nos miráramos en el espejo y dejáramos constancia de ello en la red de redes subiendo la imagen en primer plano para contemplación propia y de los demás. Podríamos llegar a hablar de "selfitis", lo mismo que hablamos de "hepatitis" cuando tenemos una infección del hígado, para referirnos a la inflamación del ego o tumoración o hinchazón de la propia pesonalidad como si de un globo se tratara. Todo Narciso necesita un espejo donde reflejar su belleza, y las llamadas redes sociales como Facebook o Tuenti cumplen ese papel a la perfección, publicando imágenes sin fin para exhibicionismo y voyeurismo.

El viejo mito de Narciso, que muere cuando intentaba abrazarse y besarse a sí mismo creyéndose otro, cobra realidad y nos alerta sobre el riesgo  que corremos cuando idolatramos las imágenes, es decir, cuando imaginamos la realidad y nos fiamos de las apariencias -y la realidad está entretejida de numerosas apariencias: no es más que eso-, e ignoramos la presencia de lo demás y los demás en nuestro entorno. Por otro lado, cada vez que hacemos "click" en un "me gusta", hacemos como la ninfa Eco:  incapaces de decir algo que no haya sido dicho ya, repetimos por enésima vez las palabras que han dicho otros, haciéndonos eco de resonancia de ellas.

Publicar selfis es tan idiota, en el sentido etimológico griego de la palabra,  como publicitar uno en las redes sociales los gustos personales musicales, literarios, y las opiniones políticas y religiosas en general o del tipo que sean sin el mínimo atisbo de pudor o de espíritu crítico, todo ello porque sí, porque aquí estoy yo, yo soy así y "viva yo",  lo que no deja de ser una exageración del amor propio, puro narcisismo.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Lluvioso rima con copioso



No pocos son los adjetivos castellanos acabados en –OSO que denotan abundancia y que hemos heredado del latín, como los del refrán "otoño lluvioso, año copioso", o, por seguir con la meteorología,  "enero heloso, febrero nevoso, marzo airoso (o ventoso) y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso". Estos adjetivos son muy numerosos, y, por lo general, bastante transparentes en su significado. Casi siempre suelen derivar de sustantivos, y su sufijo puede glosarse como "caracterizado por" o "lleno de"  (hielo, nieve, aire o viento, lluvia y hermosura, en el último caso, respectivamente).

Que procedan de la primera declinación latina, es decir de sustantivos acabados en -a,  hay un saco de ellos para el lector curioso (de cura -ae "cuidado", aunque sería de esperar "curoso", pero el adjetivo sufrió ya en latín la influencia de incuria, que es la negación de cura, "descuido", y la influencia de otros sustantivos de la misma declinación como furia, inuidia, copia... ), como por ejemplo brumoso, calumnioso, delicioso, envidioso, espinoso, espumoso, fabuloso, famoso, furioso, glorioso, gracioso, injurioso, leproso, licencioso, lluvioso, misericordioso, pomposo, victorioso y un largo etcétera. Entre los menos transparentes, pero no muy opacos,  podemos citar:  acuoso (derivado de aqua-ae "agua"),  copioso (derivado de copia -ae, “abundancia”), goloso (de gula –ae “apetito”),  hermoso (deriva de forma –ae: “belleza”), lacrimoso (de lacrima –ae “lágrima”),  moroso (de mora –ae “retraso, tardanza”), nebuloso (de nebula –ae “niebla”),  proceloso (de procella –ae “tempestad, tormenta”),  rugoso (de ruga –ae “arruga”) y tenebroso (de tenebra –ae “tiniebla”). 


 El repertorio de los derivados de sustantivos acabados en -o de la segunda declinación podría resultar tedioso y hasta odioso para los estudiosos más animosos, dada su cuantiosa nómina. Muchos derivan de sustantivos neutros, como artificioso, beneficioso, dañoso, escandaloso, escrupuloso, espacioso, imperioso, ingenioso, lodoso, odioso, ocioso, monstruoso, peligroso, portentoso, precioso, prodigioso, silencioso, venenoso o vicioso.  Otros salen de sustantivos masculinos tales como añoso, morboso, nervioso o ventoso, por citar sólo algunos ejemplos.  Entre los que son un poco menos transparentes podemos destacar: belicoso (de bellum –i “guerra”), desastroso (de astrum –i “astro”, con la connotación de nacido bajo una mala estrella lo que propiamente constituye un desastre), jocoso (de iocus –i  “broma, juego, gracia, risa”),   meticuloso (de metus –i “miedo”, y más exactamente de su diminutivo meticulus),  viscoso (de uiscum –i “liga, es decir, masa hecha con muérdago para cazar pájaros”, de ahí que sea sinónimo de  pegajoso)  y  populoso (de populus –i “pueblo”).

El listado de adjetivos en –OSO que procedan de palabras de la tercera declinación acabadas en consonante es amplio y sería muy ambicioso pretender ser exhaustivo. Ejemplos claros son: amoroso, cartilaginoso, clamoroso, contagioso, decoroso, doloroso, frondoso, laborioso, religioso, rencoroso, sabroso, supersticioso, temeroso, vertiginoso, vigoroso, virtuoso y voluminoso. Otros menos claros, podemos explicarlos gracias a la etimología, como capcioso (de captio -onis "caza, trampa para cazar"),  facineroso (de facinus facinoris “crimen”), generoso (de genus generis “origen”, con la connotación de bueno, bien nacido, de buena estirpe o linaje o cepa, y por lo tanto, fértil; es término campesino como se ve en la expresión “ager generosus” que alude a un terreno productivo), libidinoso (de libido libidinis “deseo sexual”). Otros ejemplos son más luminosos (de lumen luminis “luz”) y nos alumbran con su luz. Hay que citar también meloso (de mel mellis “miel”, ominoso (de omen ominis “mal agüero o mal presagio”), oneroso (de onus oneris “peso, carga”), sedicioso (de seditio –onis “discordia, motín, agitación, revolución”)  y voluptuoso (de uoluptas uoluptatis “placer, deleite, gozo”).


Son tantos estos adjetivos que constituyen una rima fácil y muy socorrida para pareados.

Adjetivos sacados de sustantivos de la cuarta declinación, aparte de afectuoso, fastuoso e  impetuoso, “lleno de, respectivamente, afecto, fasto e ímpetu –esta última palabra es una de las pocas que tenemos en castellano que sean de origen latino y cuya –u no haya pasado a -o, junto a espíritu y tribu-,   tenemos algunos ejemplos como anfractuoso (de anfractus –us “vuelta, giro, encorvamiento”),  luctuoso (de luctus –us “luto”), sinuoso (de sinus –us “curva, pliegue”),  suntuoso (de sumptus –us “lujo”) y tortuoso (de tortus –us, “curva, vuelta, espiral”).

Adjetivos formados sobre sustantivos de la quinta declinación hay muy pocos, la verdad, dado el escaso número de palabras acabadas en –e que había en latín. Podemos citar especioso (de species –ei “aspecto exterior, apariencia”, por lo que en castellano significa, según el diccionario de la RAE,  hermoso, precioso,  perfecto”  pero también “aparente y engañoso”), y  pernicioso (de pernicies –ei  “ruina, destrucción”).

En la nomenclatura química, el sufijo -oso se aplica cuando un elemento funciona con su menor valencia: óxido ferroso, por ejemplo (de ferrum -i "hierro" en latín).


En 1949 A. Ernout publicó un estudio titulado “Les adjectifs latins en –osus et en –ulentus”, muy meritorio porque hacía un recuento bastante exhaustivo de estos adjetivos latinos basándose en un corpus amplísimo de textos,  sin contar por entonces con la ayuda de los medios informáticos de los que disponemos ahora para su elaboración. De ese artículo se han extraído los datos anteriores.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Dos viñetas de Montt


El diálogo de estos peces abisales ha tocado fondo, como se suele decir, con la siguiente constatación:  en el fondo, todos, por muy profundos que nos creamos, somos superficiales, porque el fondo es la superficie en la que nos movemos.

OoO


Rinde Montt, el dibujante chileno, un homenaje en esta viñeta al maestro argentino Quino por su célebre Mafalda que gritaba adolescente y rebelde: "¡Paren el mundo, que me quiero bajar!". Esta vez nos encontramos ante una Mafalda quincuagenaria que ha cumplido recientemente los cincuenta años,  y que bastante indignada  sigue gritando que paren el mundo, pero no para bajarse ella esta vez, cómodamente instalada ya en su sillón como persona adulta, sino para que se bajen algunos, no pocos, de esos congéneres que si no nos hacen a todos la vida imposible, nos la amargan bastante. No hace falta, supongo, dar nombres propios.

    

jueves, 11 de diciembre de 2014

Vida post mortem, según Arcás



Las viñetas y tiras cómicas de Arcás aparecieron por primera vez en los quioscos griegos a principios de los años 80. Su obra, desde entonces hasta la actualidad, ha ido creciendo considerablemente. Al mismo tiempo, su identidad personal y aspecto físico han sido y son un misterio hasta para sus propios lectores y editores griegos. Arcás ha preferido mantener el anonimato bajo la firme creencia de que a un artista debe conocérselo más por su obra que por su personalidad propia. 

Su particular sentido del humor (casi negro), impregnado de un tono sarcástico, está presente en casi todas sus historietas. Sin embargo, lo que realmente explica su éxito es la universalidad de los temas que trata. En este sentido, puede decirse de él, sin exagerar, que es ya todo un clásico, porque su humor está fuera del tiempo. A pesar del paso de los años, los diversos personajes que ha ido creando nos siguen haciendo reír igual que el primer día. 

La vida de después, además de ser una de los mejores y más celebradas historietas de Arcás (o Arkás, si se prefiere),  es la más larga por ahora. Narra la vida de Arni, un hombre joven que ha muerto de repente de un infarto y que se encuentra de pronto en el paraíso conversando con un ángel sobre lo humano y lo divino.


 
A lo largo de casi ocho años de presencia semanal en la prensa, el genial dibujante griego ha publicado más de cuatrocientas  historietas a toda página sobre este personaje, lo que le ha proporcionado material para ocho álbumes de La vida de después. Pero ese material ha dado más de sí todavía.  Había algunas páginas, que por diversas razones habían quedado sin publicar en el cajón de su creador, y que se han reunido ahora en este nuevo y entretenido álbum que acaba de publicarse en Grecia  que lleva por título: Los inéditos. Como muestra (tomada de aquí), un botón:

-Ángel, ¿qué opinión tienes sobre la incineración de los cadáveres?
-¡Es un progreso! ...En la Edad Media los quemaban vivos.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Enriqueta, Fellini y Madariaga según Liniers

1.- El invierno y las ideas:
  mihi: a mí, me (dativo de ego) / hiems, hiemis: (el) invierno / prosum prodes prodesse profui: ser útil (verbo compuesto de "pro" para, en favor de, de provecho a y de "sum" ser)  / idea -ae: idea (palabra griega que nos ha entrado en castellano a través del latín y que se refiere a las ideas de Platón o platónicas, es decir, a los prototipos ideales de las cosas) / refrigero: refrescar, refrigerar, enfriar.

La entrañable Enriqueta, uno de los personajes más emblemáticos de Liniers (Ricardo Siri, Buenos Aires, 1973),  y su gato Fellini, compañero de fatigas, vienen  a decirnos que el invierno que se avecina y se nos cuela ya por las rendijas de puertas y ventanas también tiene su encanto: refrigera nuestras ideas, es decir, nos ayuda a desprendernos del ardor y fogosidad de nuestras propias convicciones, de nuestras creencias más íntimas, que quedan congeladas. En realidad, no hay nada menos privado y más público, menos nuestro y más común que nuestras supuestas "propias"  ideas.

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 2.- ¿Está escrito el futuro?

futurum -i: lo que va a ser, el porvenir, el futuro (que no existía propiamente dicho en latín todavía) /
 in: en / stella -ae: estrella /   scribo -is -ere scripsi scriptum: escribir / littera -ae:  letra / 
 autem: sin embargo / non: no / intelligo -is -ere intellegi intellectum: entender.

Enriqueta y Fellini se asoman esta vez al universo en mitad de la noche estrellada y se preguntan si el futuro está escrito en los astros, como predica la astrología, esa superchería científica... Enriqueta dice que sí, Fellini argumenta que si es así, sin embargo, no se entiende la letra con la que ha sido escrito .
 
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 3.- Las memorias de Enriqueta
cum: cuando / autobiographiam: autobiografía / scribo -is -ere scripsi scriptum: escribir / hic haec hoc: este / erit: futuro imperfecto del verbo sum  ser / bonus -a -um: bueno / pagina -ae: página.

Enriqueta dice que algún día, cuando se ponga a escribir sus memorias,  recordará ese día de paz en plena naturaleza como uno de los más significativos de su biografía, precisamente porque no pasó absolutamente nada... salvo cuatro cosillas sin importancia: las nubes en el cielo, un par de pajarillos revoloteando, la compañía de Fellini y el aire que acariciaba sus mejillas.

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4.- Madariaga, otro fiel compañero de  Enriqueta 

 hic haec hoc: este / mundus -i: universo, mundo / inmensus -a -um: inmenso  / sum es esse fui: ser
fortunatim: por suerte / congredior, -eris, congredi, congressus sum: encontrarse. 

Otra vez se asoma Enriqueta a la inmensidad del espacio y del mundo en mitad de la noche estrellada, y reflexiona sobre la grandeza del universo y el milagro que se ha producido de haberse encontrado en un universo tan gigantesco con su buen amigo Madariaga, el imprescindible osito de peluche. .